El canto del cisne

evalucion

Imposible pasar por alto la ópera Falstaff compuesta por mi operista favorito, Giuseppe Verdi; opera que nada tiene que envidiar a la mejor obra cómica de Mozart, otro de mis compositores preferidos. Esta ópera resultó el canto del cisne de un compositor casi octogenario que, basándose en un magnifico libreto de su amigo Arrigo Boito, que superó las fuentes shakesperianas, compuso una obra alegre, juvenil, de fino y vigoroso humor al mismo tiempo, estrenada en el Teatro de la Scala de Milán el 9 de febrero de 1893 y en el Teatro Real de Madrid el 10 de febrero de 1894. Sigue leyendo

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Nunca es tarde si la dicha es buena

Cuarenta y cinco años viviendo en Madrid capital y, hasta hoy, no me había dado cuenta de lo poco que conocía de esta región.  Es cierto que había visitado con alguna frecuencia ciudades como El Escorial, Aranjuez, Alcalá de Henares, El Pardo,  Chinchón… y hecho unas cuantas salida a la Sierra… Y, sin embargo, no me había percatado de la existencia de verdaderas joyas perdidas entre montañas de la geografía madrileña, sin apenas contacto con el resto del mundo, si no es porque a mi yerno, tratando de tomar un pequeño respiro en el trabajo cotidiano y huir por unos días de la contaminación,  se le ocurrió buscar al azar en Internet  una casa rural que reuniese las condiciones apetecidas y, a poder ser, bien alejada del mundanal ruido. Sigue leyendo

La Calisto

Hace días asistí a la ópera “La Calisto” en el Teatro Real, del compositor veneciano de la etapa barroca, Francesco Cavalli, libreto de Giovanni Faustini, basado en el “Libro ll de “Las Metamorfosis” de Ovidio.

Al ver que, en el último minuto antes de comenzar la función, el aforo no llegaba a la mitad, pensé que poco podía esperar de la obra… Pero me equivoqué: por lo pronto el escenario (salvo durante un corto prólogo) gozó de una luminosidad un tanto psicodélica a la que estamos poco habituados los asistentes al Real; y los personajes que aparecían en escena, no iban totalmente uniformados -como en óperas anteriores- sino que vestían los más variopintos ropajes. Aunque diferentes en la  temática, la obra me hizo recordar “El sueño de una tarde de verano” (o “El sueño de una noche de San Juan”, que parece ser lo correcto), de Shakespeare.  Tal vez se debiese a los enredos amorosos entre seres humanos y  quiméricos y las pasiones ambiguas generadas por las artimañas de unos y otros. Sigue leyendo

Realismo apabullante

En el libro de relatos “Historias de un tranvía”, de mi paisano Wenceslao Fernández Flórez, hay un cuento, “Las tribulaciones de un mal fisonomista”, en el que me encuentro totalmente identificada con el protagonista. Y como este blog nació con el fin de dar cuenta de mis innumerables despistes, hoy quiero narrar las últimas peripecias en la materia.

Por la tarde tenía cita con el dentista. Al acabar, decidí venir a ver “La bomba”, un concurso televisivo que suelo comentar por wassap con mi amiga Magdalena.

Cuando me disponía a encender el televisor, caí en la cuenta de que era miércoles de ceniza: en esas fechas, tenía por costumbre asistir a misa con mi madre y, cuando ella ya no podía acompañarme, al volver a casa con la ceniza en mi frente, se la traspasaba a la suya. En su recuerdo, continúo la tradición de no faltar a misa ese día. Sigue leyendo

Cuento de Navidad

Lo veía cada semana el día que le correspondía hacer la compra en el hipermercado. Tendría apenas cumplidos los veinte años. En su tez negra, con los rasgos propios de la raza, sus ojos desprendían un halo de nobleza.

La primera vez que se encontraron, el muchacho le ofreció un ejemplar de “La Farola”. Marina, cargada con las bolsas de la compra, rehusó el ofrecimiento con un movimiento de cabeza.
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