
Marín 8 – 4 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
«Queridiña: Ya se han pasado estos días y ahora estoy contento y creo que recuperaré mi alegría. Mucho he sentido no poder estar a tu lado; el tiempo es maravilloso y creo que en Palmeira lo hubiésemos pasado magnificamente; pero, en fin, no hubo forma y ahora ya no hay nada que hacer, así que es mejor que ya no queden ni vestigios de ellos.
Neniña, te voy a contar lo que hice este par de días: el sábado, después de cenar, estaba terriblemente apesadumbrado; no me entraba en la cabeza que teniendo dos días de fiesta por delante no pudiese ir a verte. Casi todos mis compañeros marcharon, pero yo preferí estar solo. Los sábados podemos estar en cama hasta las cinco de la tarde; así que decidí acostarme.Ya en cama empecé a pensar en lo que podíamos haber hecho en caso de estar juntos y, sin darme cuenta me quedé completamente dormido. Cuando desperté eran las seis de la tarde y había tenido la enorme suerte de que no pasase el profesor de servicio, pues en ese caso me hubiesen castigado. Me levanté de mucho mejor humor. Creo que es la primera siesta que echo desde que me vine a la Escuela y bien sabe Dios que sientan maravillosamente. A eso de las siete salí de aquí con dirección a Pontevedra. Tenía ganas de ver una película simpática y poderme reír un rato. Busqué un cine y me metí en uno que proyectaban “Faldas de acero”, una película de Bob Hope. Resultó una imbecilidad como casi todas las interpretadas por él.
Salí del Cine y aún era temprano, así que decidí dar una vuelta hasta el Casino. Cuando llegué allí me encontré con la sorpresa de un baile organizado por los Ingenieros de Montes. Estaba muy animado. Me senté un rato en una mesa en compañía de algunos de mi Promoción y estuve viendo como bailaban. Mary, te aseguro que allí pasé el rato viendo bailar y que de muy buena gana lo haría estando contigo; pero así, solo, sería incapaz de bailar una sola pieza aunque me matasen. Mientras oía la orquesta –tocaba cosas muy bonitas- los pies se me iban, cerraba los ojos y me imaginaba que tú estabas a mi lado y, al igual que en los Carnavales de Villagarcía, me sentí un rato feliz (¿te dije alguna vez que los días de Carnavales en aquel baile estabas tan bonita, tanto, tanto que solo con mirarte me llenaba de placer?).
A las 10,30 marché y fui a coger el coche. Para mala suerte no salió hasta las 11,15 h., así que cuando llegué a la Escuela me encontré con el bar cerrado y tuve que conformarme con tomar vasos de leche y bollos de pan como toda cena.
Ayer, durante la mañana tenía el proyecto de bañarme, pero me fue completamente imposible. Resulta que el primer domingo de mes hay que formar una Junta Médica para revisión de los Quintos. Me tocó a mí formar parte de ella, así que tuve que pasarme casi toda la mañana en la Ayudantía de Marina de Marín reconociendo a los marineros.
Después de comer decidí dar un paseo por las playas de Marín. Es un sitio delicioso, con unas playas llenas de casetas a las que se llega por un camino bonito sombreado de árboles a todo lo largo. Me fui con Aguanell. Ya llegados a la playa me entraron unas enormes ganas de bañarme. Como no llevaba bañador se lo pedí a un muchacho de la Escuela. Pasé un buen rato metido en el agua. Estaba francamente buena. Luego de vestirme nos dirigimos en busca de algún merendero. Allí encontramos unas cuantas chicas de Marín y pasamos el rato de charla mientras merendábamos. Nos vinimos todos juntos y de cabeza a la Escuela.
Así se han pasado estos dos días. Mary, es posible que tú no notes mi falta; al fin de cuentas tenías una serie de cosas que hacer y así se va el tiempo bien; pero yo tenía la impresión de una absoluta necesidad de ti. Mary, no sé lo qué me sucede, media hora a tu lado es para mí un día de vida y sólo en ti encuentro el porqué de vivir. Sí, cativiña, todas mis ilusiones sólo tienen un fin: lograr abrirme paso en la vida y el fruto obtenido poder presentártelo diciéndote: “Ven a mi lado para siempre, ahí tienes, todo lo obtenido con mi lucha es sólo para ti, por ti peleé y sólo quiero una recompensa, que ahora y siempre me quieras”.
Lo peor de todo es que sufro. Tiemblo al pensar en el enorme número de veces que se nos va a repetir esta situación. No sé, cuando me sucede algo así paso por unas tremendas fases depresivas y sólo encuentro un poco de calma estando solo; pero esto no es vida, creo que de una vez deben desaparecer estos problemas imbéciles que nos están empañando los mejores años de nuestra juventud.
Muñequiña, te quiero con toda mi alma. Pero, por favor, pide que en la vida todo nos vaya saliendo bien para que de una vez podamos estar juntos para siempre.
Adios. Un beso
Rafael»
Postdata:
A lo largo de la lectura de las cartas me voy dando cuenta de que ya no se queja de los dolores y molestias que venía padeciendo desde siempre, a pesar del cambio sufrido en su modo de vida que no parece ser el más prometedor. Ello me hace creer que debía de estar recurriendo a calmantes u otra medicación que le hiciese más llevadero su estado y que pienso -ahora que estoy completamente convencida de su celiaquía- que, aunque atenuase en parte las molestias, el duodeno seguía sufriendo las tremendas consecuencias que le estaba produciendo el gluten.















