
Marín 8 – 5 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Neniña: Ya estamos en régimen de estudios. Ahora tendré que pasarme todo el día metido en un aula repasando un poco las once asignaturas que tenemos en este curso. Me fastidia todo esto de los exámenes, pues aunque no es mucho lo que tengo que estudiar, sí es bastante desagradable y por ello, al hacerlo contra gusto, me lleva leer una página casi media hora. Es hoy día 8 y el día 18 acabamos todos los ejercicios, así que tenemos por delante diez días de exámenes que van a ser largos como un año.
Aun cuando comenzó el régimen de estudios, yo aún no empezaré hoy, pues me nombraron para ser el médico de una marcha. Verás: hoy van los soldados de infantería de marina al tiro a Penizas. Penizas es una playa que queda a 15 km de la Escuela, donde se realizan todos los ejercicios de tiro. Un médico, acompañado de un enfermero con su botiquín, marcha en una ambulancia para aquella localidad mientras los muchachos hacen el recorrido a patitas. Ya allí no haces nada, a no ser que se produzca alguna lesión. Corrientemente pides una metralleta y tiras todo lo que quieras, pues te dan munición de sobra. A mí me agrada mucho; además te pagan la marcha con unas 75 pts., cosa que siempre viene bien. Pero hoy tengo muy mala suerte, pues está lloviendo bastante y me parece que voy a coger una buena mojadura.
Desde el día que llegué no me moví de la Escuela, aunque creo que un día de estos voy a tener que hacerlo, ya que debo salir a cortarme el pelo. Ayer vino a hacernos compañía el médico del minador “Júpiter”, uno de los barcos que están unos días en la Escuela. Nos estuvo hablando de la Armada y nos dio muchos ánimos, pues él está muy contento y dice que, tan pronto como salgamos de aquí, se acabaron todas las tonterías. Da gusto oír hablar a alguien así.
Tengo que correr bastante al escribirte, pues al acabar esta carta aún tengo que escribir otra a mi casa y, encima, he de estar preparado para salir a las 8,30 h de la mañana, así que me queda muy poco tiempo.
Ayer nos invitó don Luís (el comandante médico) a ir a su casa y hacer una comida de despedida. Indudablemente tendría que ser fijada para el domingo y a mí me fastidió; aún no se lo dije, pero me limitaré a darle las gracias y decirle que no puedo ir. Me fastidia quedar mal con él, pero no me queda otro remedio.
Supongo que esta carta la recibirás el viernes. Me estoy preguntando dónde nos veremos el próximo sábado. ¿Quieres que vaya ahí? A mí tanto me da, aunque la verdad es que prefería Villagarcía; pero, de veras, no tengo inconveniente alguno en ir a esa. Lo que sí teníamos que arreglar es lo del último sábado, pues ya sabes que ese día quisiera pasarlo contigo, aunque sólo fuesen unas pocas horas.
Cativiña, esta semana se me está haciendo larguísima. Aún comenzamos hoy el miércoles y me da la impresión de que ya deberíamos estar finalizándola. Me acostumbré muy mal esta última temporada, pues entre las vacaciones y esos días de fiesta que hubo por medio de la semana se me pasó el tiempo en un momento.
Estoy pensando que no hay derecho a que nos hagan salir directo para Cartagena, pues lo menos que podían hacer era dejarnos un par de días de descanso antes de la marcha, así los pasaría a tu lado.
Miro desde aquí a todos mis compañeros y, sin excepción, todos están inclinados sobre sus cuartillas. Es curioso observar que casi parece que nos pusiésemos de acuerdo para escribir a esta hora del día.
Muñequiña, esto se acaba. Ya nada tengo que decirte. Espero recibir tu carta hoy, pues se cumple el plazo que me habías indicado y te aseguro que, si cuando vuelva de Penizas no encuentro la carta, no te lo perdono en varios días.
Te quiero
Rafael















