Una sencilla historia de amor: Cartas 401ª a 404ª

Marín 27 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Que, cansado de ver uniformes, se asomó con varios compañeros a una ventana que daba al campo de deportes de los jefazos en el que jugaban al tenis unas chicas y, aunque les parecieron feísimas, comenzaron a llamarlas guapas y ellas se lo creyeron; que para una vez que se le ocurre ir al cine le dice un compañero que lo he llamado por teléfono; que, a pesar de tener de nuevo función, hoy no piensa ir no sea que vuelva a llamarlo (qué lejos quedaban todavía los móviles); que tiene mucho que estudiar para aprenderse al pie de la letra las lecciones, pues si no las recitan de forma literal —de memoria— no aprueban; que parecen niños de colegio (elijo un párrafo tan largo para dejar constancia de la movida que teníamos que organizar para poder vernos unas horas y ya no digamos si viniese a Palmeira: cruzar la Ría en vapor y coger otro autobús, además).

“Creo que esta semana los días me van a parecer años. Por fin podré ir a verte, si a alguno de los condenados profesores no se le ocurre dejarme encerrado el sábado, como le ocurrió a dos de mis compañeros por las cosas más imbéciles. ¡No sabes bien las ganas que tengo de estar a tu lado! Como el sábado nos dejan salir a eso de las 3´40, trataré de coger el autobús para alcanzar un tren que pasa por Pontevedra a las 4´15 y llegaría a Villagarcía a las 5 de la tarde. ¿Estarás tú allí? Si por cualquier cosa perdiese ese tren, iría en el siguiente y me tendrías que indicar un buen sitio para buscarte. Pienso que si coges el vapor que sale a eso de las tres de la Puebla llegarías con el mismo tiempo que yo a Villagarcía con lo que ni el uno ni el otro tendría que esperar (acaba de entrar un fragata y me entregó una carta tuya que leeré después de comer). Cativiña, lo que sí te agradezco es que no andemos con despistes y perdamos tiempo en encontrarnos, date cuenta que tenemos muy poco y debemos aprovecharlo hasta el máximo”.

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Marín 29 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Dice que por fin me escribe con una buena pluma recién adquirida que paga con vales; que este mes no va a cobrar un “chico” con todo lo que le van a descontar, pero que se siente feliz de no resultar una carga para sus padres; que no se encuentra del todo bien (ni se encontrará, a causa del gluten, puedo casi afirmarlo con certeza al ir descubriendo aspectos que antes eran desconocidos hasta para los mismos científicos), pero remará, correrá y lo que haga falta, con tal de venir a verme; que se ha librado de salir a remar, a causa de fuerte lluvia y que ruega para que no se levante temporal y la que no pueda ir sea yo; es una carta muy bonita en la que se nota el estreno de la pluma.

“Cativiña, ahora hace buen tiempo. Supongo que la Ría estará en buenas condiciones y por fin podremos estar juntos. Si sucediese algo que me impidiese ir, te avisaría con tiempo. Prométeme que en esas horas que vamos a estar juntos me vas a querer mucho, mucho. Tanto como yo a ti. ¡Quién pudiera estar ahora a tu lado! Pienso que desde hace unos meses nuestro noviazgo vive de ilusiones, el día que lo veamos realidad no vamos a creerlo”.

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Marín 31 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Dice que los tratan como a niños pequeños, que les dan diez puntos para cuatro meses y por cada pequeña mala acción se los van descontando y pueden llegar a formarles un consejo de disciplina y quedarse varias semanas sin salir; que a él ya le pusieron dos faltas: por soplarle un examen a un compañero y por hablar en la habitación a las once de la noche y eso que se está portando lo mejor que puede para que no lo castiguen el sábado; que tienen superiores comprensivos, pero también alguno que descarga su mal humor en ellos.

“Muchas veces pienso que se vive más feliz sin tener la novia cerca. A éstos los castigan y nada pierden, a no ser una juerga en Vigo y, al fin de cuentas, si quieren emborracharse lo pueden hacer en el Casino de la Escuela y, de allí, a la cama; pero yo pienso que si no agarro estos días resulta que me paso la vida separado de ti y esto no puede ser. Para colmo, no puedo beber y ahogar las penas con el vino; por culpa del maldito estómago, o lo que sea, no tengo ni ese consuelo”.

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Carril 4 – 2 – 57

Rafael F. Ráfales

Marín

A juzgar por esta carta, se ve que hemos podido encontrarnos en Villagarcía; que, a causa del temporal, no hay vapor de regreso a Palmeira y continúo en Carril; que no tendré más remedio que volver en tren, autobús y una larga caminata bajo la lluvia para cubrir la distancia entre las dos estaciones; que desde Villagarcía intenté hablar por teléfono con mi casa y, a duras penas, lo logré por la tarde; que estoy muy feliz porque quiere que vaya a las fiestas de la Jura.

“¿De verdad quieres que en julio vaya a Marín? ¿Sabes una cosa?… Desde ahora comenzaré a juntar dinero y te prometo que ese día llevaré el traje más bonito que haya tenido en mi vida, porque quiero estar muy guapa para ti solito”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 397ª a 400ª

Marín 20 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Parece ser que cuando comenzaba a escribir la carta lo llamé por teléfono y eso le dio ánimo o hubiese resultado una carta muy tristona; que ese día montó guardia un compañero que le parece un excelente muchacho y que también, como él, está pendiente de reunir algún dinero para casarse (compañero al que conocí, ya casada, lo mismo que a su mujer y a su primer hijo); casi toda la carta, preciosa, al menos para mí, es un conjunto de frases cariñosas y mucha pena por no poder venir a verme.

“Quiero trabajar mucho y bien, pues tan pronto tenga una seguridad de que las cosas se nos dan bien, nos casamos y a vivir. Ten por seguro que si todo sale como hasta ahora no tardaremos tanto en hacerlo como suponía al principio. Cativiña, tengo ganas de estar juntos de una vez, de tener nuestra casa y de hacer nuestra vida. ¡Ya no quiero ni pensarlo! Debe ser tan bonito tener una niña con los ojos tan verdes como su madre y oírse llamar papá. ¡Ya me veo con canas y hasta con barriga!”.

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Palmeira 22 – 1 – 57

Rafael F. Ráfales

Marín

Le cuento que estaba escribiéndole en el Mercantil y que daba gusto, porque no había más que un par de chavales jugando al futbolín; pero comenzó a llenarse de gente que no paraba de charlar o jugar a las cartas y he tenido que venir a acabar la carta en casa; que el día anterior no le escribí porque nos mandó mi madre a Digna y a mí a recoger la ropa que había quedado olvidada en el Agro, yo llevaba unas zuecas kilométricas, perdí el equilibrio y me caí de narices; para completar, fui a Correos a llevar una carta para mi padre y, ¡chaf!, me metí en un enorme charco.

“Al entrar en el teléfono tuve la impresión de llegar a un funeral: encontré a Digna y a mi hermana muertas de miedo diciendo que se va a terminar el mundo enseguida. Según ellas, una especie de aurora boreal que se vio estos días era una señal. Digna está decidida a dejar al novio y mi hermana está apurándome para que vayamos a rezar el Rosario y hasta dice que de ahora en adelante me ayudará a fregar la loza para que Dios se lo tenga en cuenta el día del Juicio. Te aseguro que casi me metieron el pánico en el cuerpo. Pero ¿sabes una cosa? Le voy a pedir a Dios que se espere un poquito, por lo menos hasta que esté casada contigo. Se lo pediré con tanto fervor que estoy segura de que me lo concederá”.

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Marín 23 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Al escribirme todos los días dice que pocas cosas puede contarme; que, a veces, le dan ganas de copiar un trozo de la novela que está leyendo, bromea; que se llevó una enorme alegría al leer que podemos vernos en Villagarcía; que le explique el parentesco que tengo con esa señora, porque en una carta le llamo “prima”, en otra “tía” y se arma un lío descomunal.

“Ayer recibí otra carta tuya. Tengo que volver a leerla porque me enteré vagamente de lo que dices. Dime una cosa: qué te es esa señora de Villagarcía a la que en una carta llamas prima y en otra tía; en fin, que me estás armando un lío. Me agradó mucho que ella hubiese pensado lo mismo que nosotros. Se ve que tiene cabeza y ello la honra. Así da gusto, pues puedes ir allí con entera confianza y yo me quedo más tranquilo. Creo que va siendo hora de que las cosas nos vayan saliendo bien”.

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Marín 24 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Se queja porque se había acostumbrado a mis llamadas telefónicas y ahora no las hago; que ya se incorporó al trabajo, aunque sólo a las clases teóricas, todavía no hace ejercicios que exijan gran esfuerzo; que los alumnos médicos se sienten unos privilegiados en cuanto al tratamiento de sus jefes de clínica, pero no así con los duros ejercicios físicos que tienen que realizar —llueva o truene— corriendo, dándole al remo o trepando por una cuerda.

“En este momento me acabas de llamar, pero en vez de darme una alegría me dio rabia. No lo comprendo: empezamos a hablar y se organizó un enorme follón entre tú, la que organizaba la comunicación, Naty y no sé quién demonios más; resultando que, de golpe y porrazo, se corta y me quedo con las ganas de oírte. Estuve un buen rato con el teléfono en la mano esperando a que volviesen a oírse las voces y, en vista de que no oía nada, decidí colgar. Espero que tu próxima llamada sea con mejores resultados. Me fastidia que no pudiésemos hablar hoy porque tenía varias preguntas que hacerte sobre nuestro próximo encuentro”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 393ª a 396ª

Marín 11 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Se trata de una larga carta en la que me narra todas las peripecias ocurridas durante su primer día en la Escuela Naval: diana a las seis de la mañana; ducha con agua poco menos que helada que dejaron correr haciendo ruido sin mojarse siquiera; café al que tuvieron que añadir la mantequilla del pan para que supiese a algo; tiempo muerto; formación en el patio y desfile: a él, que era el más alto, lo pusieron a la cabeza de la fila y, como no había hecho las Milicias, no tenía idea de desfilar y armó un tremendo desbarajuste; que todavía no empezaron a estudiar, pero se pasan el día con muchos ejercicios físicos, aprender a saludar y cosas así; que le escriba mucho, porque en Pontevedra hay muchas chicas guapas y se pirran por los marinos; que si la próxima semana libra y no le cae ningún “paquete” viene a verme, o quedamos unas horas en Villagarcía; aunque acaba de estar en Palmeira un par de días, se ha quedado sin blanca y los primeros meses apenas recibe paga, porque le descuentan lo que gastó en uniformes y demás cosas que necesitaba.

“Muñequiña, sólo quiero pedirte que me escribas todo lo que puedas. Ya sabes lo doloroso que es ver a los demás recibir sus cartas, mirar lo contentos que se ponen y yo tener que conformarme con abrir la taquilla y ver tu fotografía que tengo colocada en un rinconcito de la misma. Entre nosotros tenemos un chico casado y con dos hijos; hombre joven, de gran mérito -algún día te hablaré de él- y creo que pocas veces he encontrado a alguien que quiera tanto a su mujer (a mí me da envidia, porque se ve que necesariamente tiene que ser un matrimonio feliz); ayer recibió carta de su mujer, me fijé en él y casi le caían las lágrimas. Después de comer fuimos a tomar unas tacitas de vino y me decía que quería hacer algo para alegrarse y sacarse de encima la terrible morriña”.

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Marín 16 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Parece ser que ha entrado en la Escuela una epidemia de gripe y está el Hospital a rebosar; que a él lo metieron en una habitación de oficiales y se encuentra tan a gusto que si no fuese porque no podría venir a Palmeira, no se movería de allí mientras pudiese; que al Hospital le han dado en llamar el “Hotel Clavero” o el “Clavero Hilton” (apellido de su director).

“Cativiña, te puedo asegurar que mi mayor deseo en el presente momento es estar a tu lado. Cuando llegué aquí, después de los dos días que pasé junto a ti (mejor dicho, un día) me daba la impresión de que no había sucedido tal cosa, de que todo había sido un sueño. ¡Se pasó tan pronto! Además no sé lo qué me sucede, pero cuando estoy en Palmeira siento que no llego a estar contigo, me parece que no puedo obrar libremente y que cien ojos vigilan lo que hacemos y otros tantos oídos nos escuchan; todo ello hace perder naturalidad y creo que no llegamos a tener la confianza de costumbre. Me decía que en Villagarcía podíamos tener más libertad y volveríamos a ser nosotros. Creo que si me pongo a pensar que no puedo ir me desesperaré y es mejor convencerme de que a la siguiente semana sí podremos estar juntos. Es natural que me suceda esto: antes, cuando estaba en Ferrol, te encontrabas muy lejos y no había posibilidad de hacer un desplazamiento para pasar un día a tu lado. Ahora es desesperante pensar que con media hora de tren podía estar contigo y pasar unos bonitos ratos juntos y, sin embargo, no lo puedo hacer. Me tendré que contentar con pensar que me quieres mucho ¿es así?, y que tus deseos son los mismos que los míos”.

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Marín 17 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Dice que está muy alegre porque recibió una larga carta mía y, a continuación, una llamada telefónica (el no encontrar la carta a la que se refiere, me hace pensar que equivoqué la fecha y aparecerá fuera de lugar en cualquier momento) en la que cree que sólo dijo tonterías porque, al encontrarse rodeado de gente, no sabía qué decir.

“Tienes razón cuando dices que soy poco amigo del teléfono. Sí, no me gusta; me da la impresión de que muchas personas, sin relación con nosotros, escuchan lo que decimos y esta idea hace que me inhiba tremendamente al hablar y me limite a decir tonterías y, sin embargo, ¡cuánto me gusta oírte! Son estos detalles los que más me hacen quererte”.

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Palmeira 19 – 1- 57

Rafael F. Ráfales

Marín

Parece que la gripe hace acto de presencia en todos lados: a mí también me martillean las sienes y, a pesar de ello, no me libro de preparar la cena y ayudar a mi madre a terminar un abrigo que tiene que entregar con la máxima urgencia; que me fastidiaría coger la gripe porque no podría ver la película del domingo que es muy buena; que mis primos de Villagarcía están encantados de que vaya los fines de semana a su casa.

“Hoy vinieron mis primos de Villagarcía y ya les dije que iría a su casa. Mi prima se alegra mucho de que vaya, es más, aún antes de conocer nuestros proyectos lo había pensado ella y me lo iba a decir. Resulta que también ella y su marido, cuando eran novios, hicieron lo mismo que pensamos hacer nosotros. Él estaba de Alférez en Vigo, tenía libre el mismo tiempo que tú y, para poder estar un poco más tiempo juntos, ella venía a mi casa –vivíamos en Carril- y allí se encontraban. De esto hace unos quince años”.

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Marín 17 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Se ve que son muchas las cartas que se trastocaron por despiste, sobre todo a principio de año, que, por costumbre, era muy fácil seguir poniendo la misma fecha; en este caso se nota la falta de cartas que yo le escribí.

Una sencilla historia de amor: Carta 392ª

Aprovecho la carta para contar una anécdota sobre la figura del “tío Moncho”, una persona encantadora que sólo tenía un defecto: el terror a subir en ascensor. Precisamente, de ese miedo cerval, conservo el recuerdo del episodio que quiero contar.

Acabábamos de estrenar casa mi marido y yo en el 7º piso de un moderno edificio de la Plaza de España, apenas recién casados. Nos dirigíamos hacia nuestro nuevo hogar, acompañados de mi suegra y de su hermano Moncho (“Tío Moncho”, para los más pequeños) y, al llegar al ascensor, Moncho se negó con firmeza a meterse en aquel trasto, asegurando que prefería subir los siete pisos a patas. Después de una serie de ruegos y razonamientos de que su miedo era infundado, logramos que accediese a entrar en el ascensor y, por sentirse más seguro, supongo, pegase la espalda a una de las paredes, con expresión de no tenerlas todas consigo.

Estábamos entre el tercero y el cuarto piso cuando el ascensor se paró bruscamente. Si alguno de los ocupantes se asustó con el frenazo procuró ocultar su miedo bromeando, intentando que la lividez del rostro de Moncho desapareciese.

No recuerdo si fueron minutos o más largo el tiempo que duró la reparación de la avería, pero puedo asegurar que la espera se hizo eterna para todos, por mucho que tratásemos de disimularlo.

También puedo garantizar que, para Moncho, aquella fue la primera y única vez que se metió en un ascensor.

Ferrol 1 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Muñequiña: No quiero que comience el año sin que recibas mi carta; ya sé que no será muy larga, pero, de todas formas, quiero que sea un símbolo de nuestra unión y mi deseo de que el próximo año nos encontremos reunidos.

Hoy es un día que me hubiese agradado mucho recibir una carta tuya y, como hace unos días que no me envías nada, confiaba casi seguro recibirla en este día; pero bueno, no fue así y hay que conformarse.

Está visto que no he de poder escribirte una carta; ahora mismo lo estoy haciendo con gran prisa. Ayer me acosté muy tarde y para despertarme tuve que sudar. A la noche ya había dejado papel y sobre a mi lado para escribirte antes de salir e hice bien, pues tengo los minutos contados si es que quiero levantarme e ir a misa. Creo que debo empezar el año bien ¿tú qué opinas?

Antes de proseguir quiero enviarte un beso muy grande y con él pido que en el presente año tengamos más suerte en nuestra unión y podamos pasar gran parte del mismo unidos.

Ayer me acosté a las seis de la mañana y parece que después de estos días en mi casa perdí la costumbre de trasnochar, pues ahora estoy completamente baldado. Cenamos mis padres y hermanos reunidos; después de la cena los pequeños pidieron permiso para ir al baile y yo me quedé con mis padres, pues tenía interés en pasar la noche con ellos. En casa de mi abuela había dos personas solas: mi abuela y una tía (antes era una enorme familia, llegábamos a reunirnos más de 30 personas; pero ahora todos se han desperdigado mundo adelante y da verdadera tristeza verlas tan solas estos días), así que decidimos ir a pasar la noche con ellas, es decir, la despedida de año. Así lo hicimos y luego de tomar las uvas nos fuimos a casa de Felo donde había una enorme reunión. Allí pasamos el resto de la noche. Por cierto que, aunque te parezca mentira, estuve hablando gran parte de la noche de ti. Verás: me tocó en la mesa al lado mi tío Moncho y él fue el que me empezó a hablar de ti. Me hacía gracia que me preguntase si te había hablado de él, pues decía que quería que, cuando le conocieses, tuvieses la impresión de que hace mucho tiempo que os tratabais. Me preguntaba si eres tan bonita como la foto que llevo en la cartera, ¿tú qué crees? Yo le decía que no, que te pareces a “Doña Urraca”, la de los Pulgarcitos y que, además, tenías una voz que para oírla hay que ponerse auriculares. Y, en fin, otras muchas cosas ¿no te suenan los oídos? Pero que, a pesar de todo, yo te quería. Quizás demasiado, sí; decididamente un poquito más de lo debido.

Pues bien, a eso de las cuatro de la mañana mis padres decidieron venirse para casa; yo quería hacerlo con ellos, pero no me dejaron, así que tuve que quedarme. A las cinco de la mañana salimos a tomar el chocolate y para entrar en un café teníamos que hacerlo casi practicando lucha libre, pues, como llovía mucho, la gente estaba metida en los cafés y el abarrote era enorme. Por fin logramos que nos sirviesen y a eso de las seis de la mañana nos retiramos para casa. Así acabé el año; quizás el más pacífico de todos y aún, a pesar de ello, estoy ahora totalmente cansado. Se ve que voy viejo.

¡Ah! Por cierto que mañana cumplo 25 años ¡Ya está bien! Ahora estos condenados se echan sobre uno a toda velocidad y cuando menos me dé cuenta me encuentro casado y con una porrada de hijos. ¡Si pudiera ser!

Muñequiña, ya pocos días faltan para estar juntos y aunque sea un solo día siempre será algo ¿no es así? ¿Tienes muchas ganas de verme? Yo rabio.

Un beso muy grande de Rafael

Una sencilla historia de amor: Cartas 388ª a 391ª

Palmeira 14 – 12 – 56

Rafael F. Ráfales

Madrid

Le digo que, al encontrar extraño recibir un telegrama con la nota escueta referente al resultado de la oposición, llamé por teléfono a mi tía Charo y, por ella, me enteré de lo demás; que me entristeció mucho pensar en qué condiciones se presentó a los exámenes; que estoy muy orgullosa de él y que no se preocupe si no puede venir a Palmeira tan pronto como pensaba, que lo primero es que se encuentre bien.

“Rafaeliño, ¡eres todo un tiazo! No tendría tanta importancia que aprobases y hasta que sacases tan buena puntuación si estuvieses en condiciones normales; pero, dada tu situación, ¡vaya si tiene mérito! Y por eso te admiro y estoy muy orgullosa de ti. ¿Sabes qué decía ayer mi madre? Que ya podían estar contentos y orgullosos de ti tus padres; hasta creo que también ella lo está un poquito”.

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Ferrol 24 – 12 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Por fin ya está en casa; parece que al llegar a Ferrol lo recibieron como a un pequeño héroe y hasta la prensa se hizo eco de su triunfo; que por la calle no paran de felicitarlo y, si no me escribe mucho estos días, es porque tiene que hacer bastante papeleo, elegir telas y probar los uniformes que ha de vestir en la Escuela Naval; que hará lo posible por venir a Palmeira y, si no le fuese posible, espera poder hacerlo cada semana desde Marín; que en Madrid no le vieron nada en el estómago y eso le produjo una enorme alegría.

“La última semana que pasé en Madrid la dediqué a mirarme por el mejor radiólogo de allí. Lo bueno es que no se ve ninguna lesión en el estómago y todo lo que aparece es una apendicitis crónica. Hay posibilidades de que la sangre que perdía tuviese su origen en este apéndice lesionado, así que en el mes de julio me operaré”.

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Palmeira 25 – 12 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Le digo que no le escribí antes porque no sabía si hacerlo a Madrid o a Ferrol; que tuve que ir a Santiago a comprar cosas para mi madre y, al ser época de vacaciones, no se veía un alma por la calle y causaba verdadera tristeza; que estuvimos ensayando a las niñas del Catecismo para cantar y bailar por las calles al Niño Jesús; que tuvieron un éxito enorme y recaudaron mucho dinero para excursiones.

“Esta tarde fuimos a Puebla a ver una película muy bonita, ‘Creemos en el amor’, y, cuando comenzaba a escribirte, con todos ya acostados, a la telefonista de la Puebla se le ocurre hacer la confrontación de las conferencias del día y nos pasamos más de una hora liadas porque, con los muchísimos telegramas de felicitación que hubo hoy, no acabábamos de ponernos de acuerdo”.

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Palmeira 26 – 12 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Es una carta bastante larga en la que le cuento una serie de acontecimientos que ocurrieron durante el día: que es fiesta en Palmeira y aproveché para ir a Riveira a comprar unas lanas y la vuelta la hice andando, a pesar de ser una buena caminata; que estoy haciendo una alfombra de trapos para el comedor; que mi hermana está empeñada en ir al baile mientras mis padres duermen; que acabo de hacer una trampa para que no den la lata algunos desaprensivos que se creen que el teléfono solo sirve para jugar despertando a la gente a las tantas de la madrugada.

“¡Vaya imaginación la de mi hermanita! Acaba de proponerme irnos al baile mientras mis padres duermen. Verás: resulta que ayer y hoy organizó baile una Sociedad que hay aquí y trajeron una orquesta estupenda. A mi hermana alguien le dio dos invitaciones y quería hacer uso de ellas. Lo bueno del caso es que hace un momento vino toda decidida a decirme si nos marchábamos dentro de un poco por el portal de la huerta que queda casi enfrente del baile. Como nosotros dormimos abajo, mis padres ni se enteraban. Si yo aprobase la idea, ella está decidida a llevarla a cabo y hasta le parece de película la escapatoria. Ya me extrañaba a mí mucho que a estas horas no estuviese metida en la cama”.

Una sencilla historia de amor: Carta 387ª

Me parece que esta carta no necesita aclaración: habla por sí misma.

Madrid 13 – 12 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Mi neniña: ¡Por fin! ¿Cuántas veces te he prometido esta carta? Y, la verdad, muchas, en muchas ocasiones deseé escribirla; pero uno y otro día que lo intentaba me encontraba con que no tenía ni un minuto libre para hacerlo. Te darás idea de lo mucho que tuve que trabajar; al llegar la noche estaba rendido, no podía con mi alma y sólo deseaba una cosa: dormir. Pensaba en que debía hacer un esfuerzo y escribirte; pero me daba cuenta de que, lo poco que te podía decir en una carta, me iba a significar un esfuerzo más y ¡ya estaba cansado de sobra!

Estoy contento, muy contento, pero no tanto como esperaba: me faltas tú. Te lo digo de todo corazón, estos días te necesito mucho, mucho. Veo a mis compañeros disfrutando; los momentos que tengo libres estoy con ellos y trato de contagiarme su alegría; pero no lo logro, creo que sólo tú podrías saciarme, hacerme dar cuenta de que he triunfado y que debo gozar un poco de la vida, que debo olvidarme de todo lo pasado. Mary-Carmen, te quiero mucho, mucho, con toda mi alma. No puedes darte idea de lo mucho que agradecí tus cartas. De las fuerzas que me dieron y de las veces que las he besado pensando que lo hacía a ti. Mi cativiña, tú eres mi vida y ahora, precisamente ahora, que puedo gozar, es cuando la necesito.

Los que hemos aprobado estamos orgullosos. Creo que lo merecemos y bien. Hace unos días decía el Presidente que en su vida había visto unas Oposiciones tan reñidas y que el primero de las Oposiciones del pasado año no valía para sacarle los cordones de los zapatos al último de esta promoción. Son palabras textuales. Y, en verdad te digo, y no es porque yo tuviese parte en ellas, que la gente que ha salido adelante es francamente buena.

Yo he perdido un número dos. Hasta el último examen estuve a punto de que me sacasen el número tres, pues estaba empatado con otro muchacho, pero, a Dios gracias, logré ganármelo en el ejercicio escrito que, según mis compañeros, fue el mejor de todos.

Ahora, ya pasado todo, te puedo contar lo sucedido. Dos días antes de comenzar el examen de Quirúrgica (el segundo telegrama que recibiste), estando en el Hospital, me caí redondo al suelo. Cuando desperté estaba en una cama, a mi lado, Fuentes (que sacó el nº 1) y Huertas, un muchacho de Cartagena, de las mejores personas que he conocido en mi vida y que se unió a nosotros desde el primer momento; hemos formado una trinca y creo que, a partir de ahora, lucharemos juntos a lo largo de nuestra carrera. Nos hemos protegido mucho y pensamos venir juntos a las próximas oposiciones, si Dios me depara una mejor salud a partir de ahora. Lo conocerás y verás cómo te ha de agradar mucho (es la delicadeza representada en el hombre). Pues bien, lo que te contaba, me hice inmediatamente una analítica de sangre y resultó que había perdido la mitad de sangre en una nueva hemorragia.

Comprenderás cómo me quedé. Moralmente destrozado, veía que todo se iba al garete, cuando ya tenía parte del camino recorrido. Me vine a casa, pensé bien la cosa y decidí que, aunque fuese en camilla, iría a los exámenes. Me hice una transfusión de sangre y con ella me fui. Ni que decir tiene que, estando con el enfermo, temía caerme de un momento a otro y mi examen fue muy pobre; no tenía fuerzas para hablar.

Gracias a Dios, respondí pronto al tratamiento que me hice y en los dos prácticos siguientes recuperé puntos. Ahí tienes la razón de la pérdida de mi puesto.

Ahora he recuperado mucho, hago una vida normal y, aunque no estoy completamente bien, creo que en muy poco tiempo, con mucho reposo, me pondré como nuevo. Ya todo pasó y no creo que esto se repita. No tienes que preocuparte, pues ya estoy bastante bien; en caso contrario no te hubiese dicho nada.

Antes de proseguir quiero que sepas que les estoy muy agradecido a tus tíos. Zenón se ha portado maravillosamente conmigo y es una cosa que en la vida dejaré de agradecerle. El día que se enteró de que estaba malo, me fue a buscar un médico y, siempre que pudo, me vino a ver y, en fin, otras muchas atenciones que en su día te contaré y de las que le estoy agradecido de todo corazón.

Viendo lo que me está sucediendo he decidido no marcharme de Madrid sin mirarme por los mejores médicos de la Capital. Hoy me he pasado casi todo el día en el radiólogo y tendré que volver mañana. Tiemblo al pensar lo que me va a cobrar, pues me lleva hechas cincuenta radiografías (no exagero). Lo bueno es que no encuentra nada en estómago, de momento. Parece ser que hay algo de apéndice o zona cercana. ¡Si fuese eso! Yo lo tengo dicho muchas veces, pero se reían de mí en Ferrol y siempre supuse que lo que achacaban a estómago no era tal cosa. Veremos lo que sucede. Decididamente no marcho de ésta hasta saber algo.

Mañana nos presentarán al Director General de Sanidad y a la noche les daremos una cena a los del Tribunal en uno de los mejores hoteles madrileños; creo que nos saldrá la cosa por unas 300 pesetas por barba, pero ¡qué se le va a hacer!

Mi neniña, no sé cuándo te volveré a escribir, aún tengo muchos asuntos que resolver y, como me paso el día en médicos, no me queda casi tiempo libre. Tan pronto llegue a Ferrol empezaré como antaño.

Lo malo es que, al acabar tan tarde, creo que no voy a poder ir a Palmeira; ya veremos si hay forma. Sabes las ganas que tengo de verte y haré lo posible, pero en estas condiciones no sé si podré.

Con toda mi alma te envío un beso. ¿Estás contenta de tu novio?

Adiós, amorciño.

Rafael

Una sencilla historia de amor: Cartas 383ª a 386ª

Palmeira 7 – 12 – 56
Rafael F. Ráfales
Madrid

Mis despistes son de antología, me confundo tanto con las fechas que luego me hago un lío al tratar de organizar las cartas; para colmo se trata de unas cartas muy similares al escribirnos con tanta frecuencia: vuelta a las clases, al Rosario, a las actividades caseras… y un baile en el Café Betanzos que, por lo que parece -no me acuerdo de nada-, organizaba una pandilla de chicos que vinieron de América y, aunque mis amigas se fueron a curiosear desde la calle, preferí quedarme escribiéndole.

“Hoy recibí carta de mi tía y también me escribieron un poco mis primos: Chus me dice que ha ido contigo al Cine Victoria. Luego me pone: “¡Chínchate!”. Pues claro que me da envidia, bien quisiera poder ir yo también. Mi tía me dice que estás estudiando como un negro. Me lo figuro. Me agradó muchísimo que me hablasen de ti en la carta, porque así tuve la impresión de que también me habías escrito”.

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Palmeira 8 – 12 – 56
Rafael F. Ráfales
Madrid

Le cuento que acabo de llegar de una merendola que nos dieron por el “éxito” obtenido con el coro; para colmo, al señor cura, don Camilo, se le ocurrió tocar él el órgano -sin apenas tener idea-, unir su voz áspera a las nuestras y ¡menudo coro mixto!…

“Hoy terminamos con las novenas y los ensayos y creo que lo he de sentir bastante. Lo estaba pasando muy entretenida. Además ahora empezaba a acostumbrarme a esta vida de piedad que me hace sentir una especie de satisfacción, algo así como lo que se siente cuando uno cree haber cumplido con el deber. Hasta los trabajos que menos me gustaban –fregar la loza, por ejemplo, que siempre lo odié porque estropea las manos- ahora casi lo hago con gusto. De verdad, desde hace unos días me noto muy contenta y quisiera compartir mi alegría con los demás. Si pudiese te enviaría una poquita en la carta. Vamos a ver cuánto dura, ojalá fuese así toda la vida y cuando tú estuvieses de mal humor, yo te alegraría”.

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Palmeira 10 – 12 – 56
Rafael F. Ráfales
Madrid

Que aunque estuve tentada de quedarme en cama, porque me sentía algo griposa, acabé levantándome y no falté a clase; que el día anterior se me ocurrió ir andando a Riveira para calentarme los pies y volví con la nariz hecha un tomate a causa del frío; que tengo unas ganas enormes de que venga para jugar con su pelo y sus orejas, aunque él se burle de mi nariz.

“Ayer se me ocurrió ir dando un paseo hasta Riveira para calentar los pies y llegué allí helada, sobre todo la nariz que parecía un tomate (gracias a Dios tú no estabas aquí para burlarte). Se me ocurrió ir hasta Riveira porque estaban allí mis tíos y mi hermana, que fue a pasar el día a Carreira, y pensé que el paseíto me sentaría bien. Volví en el coche de las nueve con intención de ir al cine en Palmeira, pero lo que hice fue meterme en la cama, acordarme mucho de ti y pensar que mañana voy a recibir una carta tuya”.

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Palmeira 11 – 12 – 56
Rafael F. Ráfales
Madrid

Le digo que, a pesar de estar muerta de sueño, tengo necesidad de escribirle y, después, echar una mano a mi madre para la que toda ayuda es poca; que acabo de hacer la cena, estoy toda colorada y si me viese me llamaría aldeana; que en cuanto me llamen tendré que dejar de escribir; que tengo la esperanza de que, mi madre, acompañada de una señora simpatiquísima que le hace compañía y le echa una mano, aunque sólo sea enhebrándole agujas, se olvide de mí y tarde en llamarme.

“Hoy, como todos los días, fui a Riveira, pero uno de los profesores marchó a comprar un coche y salimos más temprano. Después de clase me invitaron a merendar con las sobras de una boda (con sobras y todo daba palabra de merendar así todos los días) y luego fuimos a ver la casa en la que van a vivir los novios y los regalos de boda ¡Menudos regalos! Sólo de pensar en que a mí también me podían regalar cosas tan bonitas, me entraron ganas de casarme. ¡Qué! ¿Te animas? Pienso que hace ilusión ver tantos regalos, pero también creo que se puede tener la misma ilusión sin ellos, porque no depende la felicidad de los regalos. Mira, yo no sé hablar -mejor dicho, escribir- de estas cosas; pero ¿sabes?, sé que si algún día voy a casarme contigo no podré pensar en algo que no sea nuestra felicidad, mejor, hacerte feliz”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 379ª a 382ª

Palmeira 22 – 11 – 56
Rafael F. Ráfales
Madrid

Comienzo la carta con bastante desánimo, porque tengo la impresión de que vamos a estar mucho tiempo separados y en Madrid apenas pudimos vernos; pero enseguida cambio de actitud y le digo muchas cosas: que cuando lleve la carta a Correos espero no encontrarme con un “aparecido” de los que dicen que salen a partir de la medianoche y me lleve un susto de muerte; que me invitaron a una boda, pero no voy porque no es en Palmeira; que no podemos quejarnos, puesto que, aunque sólo fuese una hora diaria, pudimos vernos en Madrid y eso no todo el mundo lo puede hacer; que rezo cada día para que se ponga bien.

“Acaban de dar las doce de la noche. Estoy metida en la cocina con la radio encendida escuchando “La Voz de Madrid” en su programa de medianoche, que es algo formidable. No tengo sueño ninguno y creo que sería capaz de estar aquí hasta las tres de la madrugada; pero mi madre no está con esas y ya me llamó varias veces desde la cama. Desde luego, hasta que lleve la carta a Correos no pienso acostarme. Dicen que, a veces, al señor Cándido se le ocurre mirar en el buzón por la mañana antes de pasar el coche y, si es verdad, es un día que adelanta la carta”.

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Palmeira 30 – 11- 56
Rafael F- Ráfales
Madrid

Le cuento que acabo de llagar de Coruña de recoger a mi hermana que volvía de Asturias; que en Coruña me encontré con varios amigos suyos, entre ellos a uno que acababa de llegar de Madrid y al que habían suspendido en el primer ejercicio de las Oposiciones de Marina; que estoy convencida de que él logrará sacarlas con buena nota y, para colmo, podrá venir a verme a Palmeira cuando le den permiso en la Escuela; que tengo que ayudar a mi madre para recuperar los días que estuve fuera pues, como de costumbre, está apuradísima.

“No sabes cuánto me acordé de ti los día que estuve en Coruña. Resulta que se equivocaron al calcular el tiempo que tardaría en llegar el barco y nos mandaron salir con un día de antelación. Esperábamos que entrase el miércoles por la mañana, pero no lo hizo hasta las 12,30 de la noche y, como el muelle estaba ocupado por otros barcos, no pudo atracar hasta el jueves a mediodía. Después, para no andar a la carrera al ir a coger el tren y para que Naty viese algo de Coruña, nos quedamos hasta hoy. No puedes darte idea de las personas conocidas que nos encontramos en los Cantones, entre ellos a Pepe Arnoya que me pidió tu dirección para escribirte. Parecía que estuviésemos en Santiago”.

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Palmeira 2 – 12 – 56
Rafael F. Ráfales
Madrid

Es una carta en la que le cuento todos los pormenores de la matanza del cerdo que, al faltar mi abuela a la que ayudaba, me toca a mí la mayor parte de los trabajos; que soy una experta en la preparación de chorizos y morcillas, pero lo que no me gusta es ponerles la comida a los hombres que lo mataron; que me voy de casa hasta que el cerdo está colgado en canal, porque soy incapaz de escuchar sus berridos mientras lo atrapan y colocan en el banco, aunque del resto ni se entera.

“Si vieras el trastazo que me di hace poco más de una hora… Resulta que con los jaleos del cerdo nos olvidamos de cerrar la puerta del gallinero y, cuando me di cuenta, era ya de noche. Al ir a cerrarla pegué un resbalón y fui a parar encima de un montón de zarzas y, como no se veía nada, eché las manos acribillándolas de espinas, sobre todo la izquierda que si la toco, salto. La gorda va a ser mañana para sacármelas, porque yo no dejo que nadie me meta una aguja. Ya me las apañaré sola. Lástima que no estés tú aquí, a ti sería capaz de dejarte que me martirizases”.

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Palmeira 6 – 12 – 56

Le cuento que, a los trabajos cotidianos, añado tres horas de clase -de 4 a 7 de la tarde- en Riveira, con vistas a unas posibles Oposiciones, a pesar de continuar con bastante trabajo en casa y, como complemento, cantar en la novena a la Virgen.

“Estoy muy contenta porque parece que los profesores responden y más que nada nos hacen estudiar. Preparándonos para Oposiciones sólo somos dos: un chico, ya casado, y yo. Empiezan las clases a las cuatro y salimos a las siete; aunque yo estos días salgo a las seis y media para coger el coche, porque después no llego a la Novena”.

Una sencilla historia de amor: Carta 378ª

De vez en cuando escribo una carta completa para dejar constancia de que el gluten -siempre según mi criterio- continúa haciendo mella en su organismo y, por mucho que traten de solucionar el problema por medios quirúrgicos, al no suprimir la causa de las lesiones, vamos de mal a peor. Lo admirable es que en sus condiciones tenga los arrestos de presentarse a unas Oposiciones de tal envergadura.

Madrid 22 – 11 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Mi neniña: (adjunto envío una nota con todos los posibles apelativos que podría decirte; súmales: te quiero más que a todo eso; te quiero más que a las oposiciones (aprobado, ¡eh!). Me da la impresión de que no voy a saber escribir ¡Hace tanto tiempo que no lo hago! Acaban de dar las tres de la mañana; te escribiré durante un rato y luego me pondré a dormir, pues mañana tengo que levantarme temprano para ir a la Biblioteca a mirar unos cuantos temas. Creo que es hoy el primer día que tengo relativo descanso y, ya ves, aprovecho para escribirte. Creo que te lo mereces y bien, pues no puedo decir otra cosa más que estoy muy contento de ti, que ya he recibido cuatro cartas y con ellas cuatro alegrías.

Ayer han comenzado los exámenes quirúrgicos. Este año les da por presentarnos un enfermo de tipo quirúrgico al que hay que diagnosticar y tratar. Nunca lo había hecho hasta ahora; parece que nos quieren volver locos. Además tenemos que exponer un tema de Anatomía topográfica. No sé lo que saldrá de aquí; trataré de hacerlo lo mejor que pueda y, la verdad, confío bastante en aprobar este examen, pues la quirúrgica es mi fuerte; no puedo opinar lo mismo del próximo, con un enfermo médico, al que tengo bastante miedo. Hasta ayer no supe cómo iban a ser los exámenes, de aquí que estudiase como un bruto. Ahora estoy un poco más tranquilo y hasta puedo dormir lo suficiente. No sé el número de días que llevaba sin dormir y hasta puedo decirte que, a pesar de mis proyectos, no he podido ir ni un día al cine. Creo que tendré que dejarlo para cuando llegue a Ferrol.

Muñequiña, no sabes las enormes ganas que tengo de que esto se acabe. Tengo ganas de irme a Galicia, llueva o truene o haga frío; olvidarme de todos los días malos pasados en este Madrid y tratar un poco este condenado dolor de estómago.

Y, hablando de ello, quieres creer que no me ha cesado de doler. Creo que cada día es peor. Cuando me parece que no me va a molestar, basta con que me acuerde de ello para que a los cinco minutos tenga que estar tomando mi vasito de leche. En fin, espero que esto me pase a los pocos días de estar allá y más si salgo con bien de las Oposiciones -ahora ya voy teniendo alguna experiencia-, pues hay que reconocer que pasé el primer examen -el peor- y bastante bien colocado.

El día que supe la nota, fui a casa de tus tíos. Hablé con Charo, pero no pude hacerlo con Zenón. El domingo fui hasta su casa, pero no estaban más que los niños. Cuando llegué a mi casa, me encontré a tu tío que había venido a felicitarme. Estuve con él un rato.

Hoy, cuando venía para casa, me encontré a Charo. Me dijo que había recibido carta tuya y que te estaba contestando, pero que había dejado la carta a medio acabar y no la finalizaría hasta mañana.

Cativiña, continúa en pie lo de hacerte la visita cuando acabe todo esto. Tengo muchas, muchas ganas de estar a tu lado sin problema alguno, pues esta última temporada casi no podía pensar en que te tenía a mi lado; además siempre estaba de muy mal humor por culpa del dichoso estómago. Quiero vivir para nosotros, olvidarme de todo esto ¡Si Dios me ayudase! Entonces sí que podríamos pasar unos días muy felices.

A través de tus cartas veo lo aburrido que lo debes pasar. No me extraña ¡Es un cambio tan enorme! Y sin embargo cambiaba con todo gusto la tranquilidad de Palmeira por el enorme “follonazo” de Madrid. Ya te contaré algún día la serie de cosas que me sucedieron con tranvía, Metro, etc. Sólo te adelanto que hace un par de días, pensando en mis cosas, me metí en el Metro que hace la línea a Vallecas y allí fui a dar. Hoy hice lo mismo en un tranvía. Y así todos los días.

Ya son las 8,30 de la mañana. Debo dormir. Te escribiré cuando pueda. Te quiero mucho. Adiós, amorciño.

Rafael

Una sencilla historia de amor: Cartas 375ª a 377ª

Palmeira 15 – 11 – 56

Rafael F. Ráfales

Madrid

Le cuento las peripecias de mi viaje de regreso de Madrid que resultó muy rápido para aquella época, ya que el tren no se vio obligado a realizar largas esperas, como era habitual; que a mi lado venía un militar de Santiago que, por lo visto, me conocía, aunque yo no lo había visto en mi vida, y no cesó de hablar; que en Villagarcía comí en casa de unos parientes y aún tuve tiempo de descansar un rato hasta la hora de coger el vapor; que me acordé mucho de él durante el viaje, a pesar de lo que hablaba el militar del que todo el mundo debía de estar hasta el gorro; que estoy deseando que llegue mañana para llamarle por teléfono, aunque no sea lo mismo que hablar en persona; que estoy escribiendo con una pluma de las de mojar y con una tinta peor y así va la carta; y que hace muchísimo frío.

“Y dejando a un lado las Oposiciones ¿cómo te encuentras en el otro aspecto? ¿Qué tal va tirando tu estómago? Cuídate mucho, me preocupa más esto que lo otro: Oposiciones hay muchas y tú…, tú eres único. Además ya sabes la cara tan fea que pones cuando al cacharrito ese le da por hacer de las suyas. ¡No hombre, no!: tú siempre tienes una carita de angelito con pelo rizado y todo. Lo de la cara fea es pura broma”.

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Palmeira 16 – 11 – 56

Rafael F. Ráfales

Madrid

Entre otras cosas, le digo que seguramente iré a Coruña a esperar a mi hermana que vuelve de Asturias; que prefería que fuese verano, porque hace tanto frío que no dan ganas de salir a la calle; que me he pasado la tarde bordando, aunque pensaba ir a Riveira a hablar con un señor para unas posibles clases con vistas a las Oposiciones, pues en mi casa sólo podría estudiar por la noche y me quedaría dormida encima del libro; que dejé la carta para terminar al día siguiente y me encontré con una grata noticia.

“Esta mañana recibí tu telegrama dándome la noticia bomba. No puedes darte idea de mi enorme alegría. Cuando lo leí tuve la impresión de que era a mí misma a quien habían aprobado. Estoy muy orgullosa de ti, de tener un novio tan inteligente y trabajador. Un beso tan grande como ese Sobresaliente que te dieron”.

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Palmeira 18 – 11 – 56

Rafael F. Ráfales

Madrid

Le digo que pensaba ir al cine, pero, al final, a causa del enorme temporal de lluvia y viento, decidí quedarme calentita en casa; que estoy escuchando una música preciosa en la radio que hace que le recuerde todavía más, lo peor es que se mezcla con el ruido de la orquesta que llega del baile; que intenté hablar por teléfono con mi hermana y me puse de mal humor, porque no hubo manera a causa de los ruidos e interferencias; que me pasé la mayor parte del día haciendo vida de piedad.

“Hoy hice una vida de lo más piadoso. Por la mañana fui al catecismo y me cargaron nada menos que con veinte niños de cuatro a seis años ¡Menuda lata me dieron durante la misa! Después tuvimos una conferencia con nuestro flamante capellán. Por la tarde fui al Rosario y a ensayar para cantar en la novena de la Virgen. Y ahora estoy escuchando música de baile ¡Y qué música! Sin querer se me van los pies. Lo peor es que aquí abajo hay un salón de baile, se oye la orquesta demasiado y no me deja escuchar ésta, que es mucho mejor”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 372ª a 374ª

Palmeira 28 – 7 – 26

Cuando comencé la andadura de este blog, mi intención era titularlo “Antología del despiste” (creo que, si nos remontamos a su inicio, así constará); después fueron surgiendo otros temas que no eran precisamente despistes y, de todo ello, salió una mezcla heterogénea de pequeñas historias basadas, en su mayoría, en vivencias, pues mi imaginación no da para mucho más.

Y, más tarde, aparecieron las cartas, tantos años guardadas y no vueltas a leer. Al principio mi intención era escribir sólo aquellas que considerase que contenían algún interés; pero, al ir leyéndolas, me parecía que a todas las unía algo —comentario que hice en más de una ocasión— y no digamos ahora que, a lo largo de su lectura, estoy descubriendo que mi marido era celíaco. Mi interés en darlas a conocer aumenta.

Al ver que mi nieto no acababa de subir las últimas cartas que le dejé —o creí haberle dejado antes de venir de vacaciones—, le di un toque de atención y me respondió que él no había recibido nada. Del paradero de esas cartas no tengo la más leve noción (de los originales sí, pero no los tengo a mi alcance) y bien que lo siento, porque se referían a mis andanzas por Madrid, diferenciándose en el contenido de las cartas habituales, que son repetición unas de otras. Pero está visto que no me queda otra que dar un salto en el tiempo —que es bien pequeño— y olvidar esas cartas.

Después del percance, queda claro que el título con el que bauticé este blog es el adecuado.

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Ferrol 19 – 10 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Metido en casa estudiando, los días son muy parecidos y poco tiene que contarme; sin embargo, siempre encuentra tema con el que rellenar varias cuartillas y tiempo para hacerlo, pues dice que se las ingenia muy bien en la organización de los horarios; en esta ocasión prescindió de ir al cine y escribirme para ponernos de acuerdo sobre su estancia en Madrid; que ésta es la última carta que me escribe antes del viaje, pues es mucho lo que le falta por estudiar.

“Cativiña, de aquí salgo el sábado, día 27, en el rápido de las tres de la tarde. Creo que llega a Madrid entre las 11 y las 12 de la mañana; por tanto, el domingo, día 28, estaré en ésa entre las 11 y las 12 de la mañana —siempre que a la RENFE le dé por caminar a su hora—. Comprenderás que me agradaría verte cuanto antes. Tú dirás qué hago (indícamelo en tu carta, no se te olvide; prefiero que decidas tú, pues yo no sé desenvolverme ahí y supongo que decidirás mejor que yo). ¿Voy a buscarte a esa dirección? ¿Nos vemos en algún otro sitio? ¿Me vas a buscar? No tengo inconveniente en ir hasta tu casa —ya aprenderé a andar por ahí; con la lengua nadie se pierde—, pero tú decidirás lo que debo hacer. Te digo esto porque no volveré a escribirte. Pronto se nos irán estos días y, cuando menos lo pensemos, nos encontraremos juntos. Tengo unas ganas enormes de verte. Ponte más guapiña que nunca, como sólo tú sabes hacerlo; quiero estar muy orgulloso de mi novia y, viéndola, poder recuperar y disfrutar todo el tiempo perdido. Aun con los billetes, tan cerca de mi marcha, tengo la impresión de que no voy a poder ir; es una cosa extraña —supongo que no pasará de una simple impresión—, pero que se me ha metido en la cabeza y no hay quien me la saque”.

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Madrid 20 – 10 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Le cuento que me llevó mi tío, el soltero, a conocer lugares interesantes; que llevamos con nosotros a mi primo más pequeño y la gente nos miraba con extrañeza al ver una pareja tan desigual, pues se debían de creer que éramos los padres del niño; que por la tarde salí con mi tía a comprar botones de todas clases para mi madre, en Pontejos, y acabamos agotadas, porque, en Madrid, hay que andar siempre corriendo para atrapar el metro o el tranvía; que estoy acabando la carta al día siguiente, pues ayer tuve que ayudar a preparar la cena a mi tía, y que hoy he salido con una hermana suya y dos amigas solteronas que rondaban los 60; que a una de ellas la acompañaba una sobrina de diez años, bastante antipática, con la que me entretuve mucho.

“No sé qué hora será, pero no creo que falte mucho para que dé la una de la mañana. Cuando llegamos de pasear encontramos aquí la animación de todos los festivos y, charlando, se nos pasó el tiempo. Disfruté en estos momentos mucho más que durante la tarde. Sobre todo, me reí con un amigo de mi tío que es algo tartamudo y tiene que hacer verdaderos esfuerzos para hablar”.

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Madrid 22 – 9 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Es una carta de felicitación por su santo en la que bromeo en cuanto a la delgadez de los dos, pues no cesa de quejarse de lo delgado que está; “menuda pareja de espárragos vamos a parecer —le digo—, porque yo tampoco estoy muy metida en carnes”; que me llevé una enorme alegría al recibir su carta cuando volvía de oír misa por ser el aniversario de la muerte de mi abuela; y una serie de instrucciones para cuando llegue a Madrid.

“Rafaeliño, mira —suponiendo que recibas la carta el día de tu santo—, hoy no te mates estudiando, disfruta, pasea, vete al cine o haz algo por descansar un poco tu cansado cerebro. No creo que por un día de no estudiar vayas a venir peor preparado de lo que estás. Conque ¡hala!, a pasarlo bien sin pensar en cosas desagradables. Y, cuando pienses que vas a venir a Madrid, imagínate que yo te espero para llevarte a muchos sitios bonitos y deja de pensar en las dichosas oposiciones. Ya tendrás tiempo de pasar malos ratos”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 369ª a 371ª

Ferrol, 6 – 10 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Madrid

Otra bonita y larga carta en la que me dice que sigue estudiando con interés, a pesar de lo agotado que se encuentra; que decidió ir al cine para despejar la mente y continuar trabajando con más fuerza; que vio una película muy interesante y francamente bien interpretada, aunque no se acuerda del título; que, a partir de ahora, me escribirá con menos frecuencia, pues necesita dedicar cada minuto al estudio; que recibió mi primera carta desde Madrid y le pareció muy corta, que esperaba recibir una carta más larga en la que le contase muchas cosas, pero se nota que me siento feliz en casa de mis tíos y que me acuerdo de él, y eso es lo que cuenta; que, si pudiese enterarme del tema del alojamiento para varios, le haría un gran favor.

“Tengo unas ganas enormes de ir ahí, pero al tiempo estoy temblando. Te voy a hablar con franqueza: me parece un disparate ir a Madrid, estoy seguro de que voy a gastar el dinero en vano, sin una remota posibilidad de salir adelante. Sé lo que digo y hablo con completa sinceridad. Estoy haciendo todo el esfuerzo que puede dar mi cuerpo; aun así, tengo que marchar para esa sin llevar leídos los temas del práctico —y no creo que tenga tiempo de hacerlo—; por otro lado, a los temas del teórico aún estoy dándoles la primera mirada; me falta un número enorme por leer y supongo que, llegado el momento, no seré capaz de abrir la boca. No soy pesimista, lo único que hago es mirar claramente y darme cuenta del estado de las cosas. Yo trabajo, lo hago como un negrito, como no puedes imaginarte; pero el cuerpo no me responde y la cabeza menos. Si un día me paso hasta la noche estudiando, al siguiente me encuentro completamente destrozado, con una tensión enorme y sin ser capaz de fijar una idea. Te aseguro que una de las causas que más me impulsa a ir es estar a tu lado. Ya sé que solo serán unos momentos, que aun ahí tendré que trabajar hasta matarme; pero el pensar que, aunque solo sea por un momento, pueda verte y, encima, esa pequeñísima esperanza que queda al pensar que puedo tener suerte, es lo único que me impulsa algo. A veces me siento un poco optimista al hacer el viaje y confío en la facilidad que tengo para los exámenes orales, ese pequeño don que, gracias a Dios, no he perdido. Pero la memoria me está jugando verdaderas malas pasadas esta temporada”.

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Madrid, 7 – 10 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

A pesar de lo mucho que tiene que estudiar, se queja de que mis cartas son cortas; en esta ocasión le escribo cinco hojas contándole mis andanzas por Madrid, tal como me pide; que estamos celebrando el santo de mi tía con un grupo de familiares y amigos y lo echo mucho en falta, porque es gente encantadora y sé que lo pasaría muy bien; que acabo de bailar un tango con mi tío y, aunque es un buen bailarín, me encantaría que fuese con él; que, para desayunar, mi tío —se levantó a las 6,30— nos había preparado una gran fuente de churros; que fui a ver el Museo del Prado con mi tío y unos amigos; que, para lo de la pensión, me tiene que decir el número de personas que van a venir; que fui al cine con mi primo de 10 años y vimos dos películas bastante buenas, el NO-DO, una revistita de Tom y Jerry y no sé cuántas cosas más en una sola sesión; que llevé al más pequeño de mis primos a dar una vuelta en el vaporcito del Retiro; que la casa de mis tíos queda muy cerca del Ministerio y con buenísima combinación; que le envío una carta bien larga, como me pidió, pero que no lo veo muy lógico si tiene que estudiar tanto; claro que, si le sirven para relajarse, le escribiré muchas.

“Ayer, después de dejar la carta, salimos a dar una vuelta. Para mí resultó un paseo de película. Pensábamos recorrer Madrid en el coche de un primo de mi tía, pero éramos demasiadas personas para un coche tan pequeño. Acabamos cogiendo un autobús de esos de dos pisos y, como era el principio del trayecto, nos sentamos cómodamente en el piso de arriba. Recorrimos lo más céntrico de Madrid viendo el aspecto de la capital por la noche y en domingo: los cafés, desde el más elegante al más pobre tabernucho, estaban abarrotados; las colas de los cines eran enormes; las calles, llenas de gente… y de coches. Todo eso vimos desde el autobús, que nos dejó a la puerta de casa. Yo procuro fijarme en aquello que puede resultar interesante para enseñártelo cuando vengas”.

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Madrid, 12 – 10 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Le digo que ayer fui a pasar el día a casa de una prima de mi madre que vive al otro extremo de Madrid; que querían que me quedase unos días con ellos, pero les dije que en otra ocasión; que esta tarde subí con mis primos y una hermana de mi tía a la terraza del edificio y que en la terraza del edificio contiguo estaban celebrando un guateque con picú; que me invitaron a la salida de misa (en la colonia se conocen todos), pero dije que no; que desde donde estábamos se oía la música de maravilla y lo estaba pasando la mar de bien jugando con los niños; que, al anochecer, dejamos a los niños con los hombres y nos fuimos a dar un paseo; en realidad, lo que hicimos fue ver escaparates y me lo pasé muy bien.

“Me invitó a pasar unos días en su casa una prima de mi madre, pero me encuentro tan a gusto aquí que seguramente no iré, a pesar de tener tres primos que me vuelven loca, sobre todo el que estuvo en Palmeira; a este lo llevo todos los días al colegio y luego voy a recogerlo. Y lo que es peor, se le metió en la cabeza dormir conmigo y tengo que pasar la noche entera colocándolo bien, porque tiene la manía de dormir atravesado. Hoy lo cambié para su cama cuando se quedó dormido”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 365ª a 368ª

Palmeira 25 – 9 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Me las prometía felices creyendo que podría escribirle en el teléfono, mientras Digna iba a la Puebla, pero Nacho no ha cesado de llamar, invitando a unos y a otros a un guateque de los muchos que organiza en su casa; que apareció Rosita a hacerme compañía, se empeñó en que le enseñase a manejar el teléfono -sin atinar ni una- y ya no pude seguir escribiendo; que mis padres no dan señales de vida desde que llegaron a Madrid, cuando en otras ocasiones me llamaban todos los días; que espero que no cambien de idea y me dejen ir al volver ellos; que no paro de trabajar en tareas diversas; que tengo muchas, muchas ganas de verle y de ser su guía en Madrid; que no paran de traerme telas y las cojo sin poner fecha, sin darme cuenta de que cuanto más trabajo tenga mi madre, menos posibilidades tendré de irme; que en octubre se casa Mary-Lola en Santiago y que es la primera de la pandilla en desfilar; y que Digna ya lleva más de una hora durmiendo y yo, aquí, escribiéndole a él.

“Durante el día no paro, pues mi temperamento no me deja estar un momento quieta. Ayer me pasé el día entero lavando: hace dos semanas que tenemos enferma a la lavandera y, viendo que se me amontonaba la ropa, me la fui a lavar al Agro. Todavía me faltan las sábanas que me dan mucha rabia y las dejé para mañana. Estos días estoy dejando la cena hecha al mediodía y así puedo salir por la noche a dar una vuelta hasta las diez. Ayer vinieron a buscarme Pacucha y Marité, fuimos a ver el ensayo de la obra esa y parece que resultará. Después de cenar me puse a coser con la radio encendida; pensaba estar sólo media hora, pero, viendo que la cosa iba bien, me entusiasmé y me quedé hasta las dos de la mañana”.

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Ferrol 27 – 9 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Es una carta preciosa que, si no fuese tan larga, me gustaría publicar completa por las cosas tan bonitas que me dice, a pesar de encontrarse mal y no lo exteriorice; parece que se está tomando las cosas con más tranquilidad, saliendo a la calle a respirar un poco de aire y pararse a hablar con la gente, pues comenzaba a hacerlo sólo consigo mismo, repasando los temas por la calle; que se encontró con un amigo que no pudo presentarse a oposiciones por corto de talla, acaba de establecerse en un pueblo de Madrid y se siente feliz porque en dos meses se casa -aunque no sea con un gran sueldo- después de nueve años de noviazgo; que ve posibilidades en el lío en el que se ha metido, a pesar de tener momentos bajos; y yo pienso que es una persona con una fuerza de voluntad fuera de lo común.

“Escúchame, literata, ¿desde cuándo te dedicas a leer novelas no aptas para menores? Si no estoy equivocado, esa novela la leí hace cosa de un par de años, cuando se lanzó en España, me parece recordar que su autor era finlandés o algo parecido, un tal Mika Waltari (no sé si se escribe así). Si es esa la novela que digo, ten cuidadito, que las niñas no deben leer cosas verdes y, aunque el color es muy tenue, hay algún personaje, como Nefernefernefer, que es bastante ligerilla y quizá te llegue a pervertir. De manera que no me querías dar un beso por no pecar y ahora me sales con esas. Y tú eres la que en Santiago me decías que leía “novelas malas”; pues bien, a la próxima te regalo “Cuerpos y almas” o “Algo flota sobre el agua” y, si te animas, alguna novela naturalista, tipo “Bonjour tristesse”. No me tomes en serio, pues en realidad me agrada que dejes de leer birrias y te dediques a cosas mejores, como esa que indicas. A mí me agradó bastante, no demasiado, pero tengo que reconocer que tiene hermosos pasajes, aunque por momentos se hace pesada”.

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Palmeira 28 – 9 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Parece que, al fin, me voy a Madrid, acompañada por mi padre aprovechando su viaje a Valencia; hubiesen estado más tiempo de turistas, pero mi padre tenía que regresar al trabajo; que mi hermana se quedó feliz en Asturias; y que me entristece dejar sola a mi madre, a pesar de que la acompaña Digna y cualquiera de las chicas del taller estaría dispuesta a echarles una mano, si fuese necesario; pero es que nos vamos tres de un golpe…

“Creo que mi hermana quedó encantada en Asturias. Lo único que siente es que allí no podrá coger un acento como el de Madrid y esa fue siempre su ilusión. El día que llegaron finalizaban las fiestas y aún tuvo tiempo de bailar un poco. Ayer empezó la clase de música por la mañana y por la tarde una pasantía para cultura general. A mí no me dejan ir a Asturias desde Madrid, a conocer a la primita que nació, porque dicen que no es un viaje adecuado para una chica sola”.

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Ferrol 2 – 10 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Madrid

De nuevo una carta larga y preciosa, pero con el temor de que, al irme tan pronto a Madrid, ya no esté cuando llegue él; sin embargo, quiere ser positivo y piensa que eso no va a ocurrir, que alguna cosa nos ha de salir bien; y yo, leyendo las cartas, pienso en la enorme fuerza de voluntad que tenía para afrontar un temario de tanta envergadura en sus condiciones físicas y, para colmo, parecerle que no me escribía lo suficiente; de verdad que me siento un poco tontorrona al comparar las cartas y no concibo cómo podían gustarle las mías.

“Cativiña, quizá mis cartas escaseen más que hasta la fecha. No puedes imaginarte la enorme necesidad que tengo de tiempo. Ayer mismo utilicé el tiempo que hubiese empleado escribiéndote para repasar unos temas que me quedaban atrasados. Estoy trabajando hasta muy adelantada la noche. A veces me dan las cinco de la mañana en pleno estudio y, si me acuesto, es porque veo que mi cuerpo, cansado de la pesada y aún presente enfermedad, no es capaz de aguantar más. Comprenderás que una hora que tenga es siempre una hora de adelanto. Por otro lado pienso que ahí no tendrás tanta necesidad de mis cartas y más que el rato que puedas estar leyéndolas te llevarán un poco de cariño; pero eso ya sabes de sobra que lo tienes, que me tienes por completo a tu lado, siempre pensando en ti y queriéndote cada día más y, aunque no te escriba como antes, ten la completa seguridad de que fuerzas mayores me obligan a ello y que, las pocas veces que escriba, en mis cartas irá todo mi corazón”.

Una sencilla historia de amor: Carta 364ª

Palmeira 22 – 9 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Rafaeliño: No sé durante cuánto tiempo podré escribirte porque está oscureciendo y no tenemos luz, y como la avería es bastante gorda no sé lo que tardará en venir.

Esta tarde fui a Carreira. Llegué hace un poco. Fui solo y exclusivamente para que madrina me dirigiese en una labor que estoy haciendo. Lo bueno del caso fue que charlando se nos olvidó por completo el objeto del viaje. No me acordé hasta que estaba de vuelta en el coche. Bueno fue que no hiciese el viaje en balde, porque, por lo menos, traje varios periódicos interesantes y una novela, Sinuhé el Egipcio; pero no sé si tendré tiempo de leerla por ahora. No quiero empezarla ya que, si me gusta, aprovecharé todos los momentos desocupados para leerla y así abandonaré otras cosas que tengo que hacer.

Está visto que siempre he de andar rodeada de niños. No sé por qué, pero tengo la impresión de que si llego a casarme no tendré ni un solo hijo. El caso es que traje de Carreira a mi prima y a una amiga que se le antojó traerla. Hace menos de una hora que hemos llegado y ya me estoy arrepintiendo de haberlas traído: tenía guardadas en un cajón unos cuantos cientos de nueces —esta noche se cayeron todas con el viento— para mi madre, que le gustan mucho; pero me las encontraron y entre las dos, Lolita y otra niña más de aquí, no me dejaron ni una para muestra. Todavía no acierto a comprender cómo fueron capaces de tragárselas todas. Pero no fue sólo eso sino que me dejaron la habitación hecha un asco. Ahora están jugando con los muñecos de Naty, que los tiene guardados como oro en paño. Si llega a estar aquí, da un golpe.

Mi vidiña, acabo de llegar de la Puebla, sólo he tenido tiempo de cambiar el calzado que traía mojado.

La película me encantó. La encontré sublime. Creo que lloré más de lo que esperaba y, como no tenía pañuelo ni a ti para pedírtelo, tuve que lavarme la cara con las lágrimas. De cinco que éramos, fui la única que lloró y me fastidió un poco, porque salí con los ojos hinchados y aún me escuecen.

Rafaeliño, durante la película me acordé mucho de ti. Tanto deseé tenerte a mi lado que casi, casi tuve la impresión de que estabas conmigo. Y, en realidad, estabas, lo estás siempre.

Hoy pasamos la mar de calamidades para ver la película, pero bien valió la pena. Cuando queríamos salir para la Puebla, empezó a llover a cántaros; esperamos un poco y en un escampe nos fuimos disparadas, pero nos cogió la lluvia a mitad del camino. Paramos algunos coches de los que pasaban y, como éramos muchas, no cabíamos. Con todo llegamos a la película, mojadas, pero llegamos. A la salida tuvimos más suerte: llovía más aún y ya había pasado el coche de Santiago; pero allí enfrente estaba, como llovido del cielo, el chico aquel de Vigo con su coche. Tenía la localidad para la función siguiente y, aun así, tuvo la delicadeza de traernos. Al llegar me dijeron Digna y Rosita que había estado aquí preguntándoles por mí. Te lo digo porque sé que no eres celoso aunque, a decir verdad, un poquito me gustaría que lo fueses. Yo lo soy mucho, ¿sabes?

Hoy recibí tu carta. Me agradó. Y más, porque a la hora que me la entregaron ya no la esperaba. Sólo la leí una vez y bastante apurada, pero antes de dormir me la leeré con calma y pensaré en ti y te mandaré muchos besos. Tenemos encima una tormenta bastante grande de truenos y relámpagos y lo malo es que tanto Digna como yo le tenemos bastante miedo. La única valiente en este caso es Rosita que, si no para de llover, tendrá que quedarse aquí a dormir. En cuanto acabe la carta me voy a preparar la cena para acostarnos enseguida. Hoy, con la disculpa de la tronada, dejaremos cerrado el timbre y no habrá temor a que nos despierten de noche.

Siento no poder echar esta carta hoy, pero el caso es que anduvo Digna buscándome sellos y no los encontró por ninguna parte y en Correos no los venden sino que tienes que llevar la carta a sellar y a esta hora ya no recogen.

Te quiero mucho

Mary-Carmen

Una sencilla historia de amor: Cartas 360ª a 363ª

Ferrol – 13 – 9 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Por fin ha decidido tomarse un día de “juerga” e ir al cine a ver la película Estación Termini, que le gustó mucho, pero el final le dejó un sabor amargo, pues dice que últimamente le gustan más las películas con final feliz que le hagan disfrutar un rato y luego no dejen nada; que le gustaría haberla visto conmigo y, aunque le hiciese pregunta tras pregunta durante la película, no me diría que me callase, como otras veces; que recibió una carta mía de cuatro hojas que le gustó mucho y que espera otra mañana, porque ya han pasado tres días; que se hizo una nueva analítica y todo estaba perfecto, lo que le produjo una enorme alegría y muchas ganas de estudiar; que, aunque no le asusta presentarse delante de un tribunal, pues siempre gozó de bastante tranquilidad, teme que le fallen las condiciones físicas, unido al poco tiempo que está dedicando al temario.

“Cada día que te escribo hablo de lo mismo. Mis cartas son una perfecta repetición. Sé que te cansarán. Pero tienes que comprender, cativiña, que no vivo más que para esto. Ahora no existe mundo exterior, sólo cuatro paredes, unos libros y una idea que no hay forma de sacarme de la cabeza: salir adelante sea como sea. Lo malo es que ahora ni pensando en ti logro tranquilizarme; al contrario, quiero estar a tu lado y mi deseo sólo se logrará plenamente si todo sale bien; así me sucede que, al acordarme de ti, recuerdo el presente problema y ya se fastidió todo”.

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Palmeira 17 – 9 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Le digo que, al fin, se han ido mis padres y hermana, pero continúo acompañada: mientras escribo tengo a Digna y a mi prima Victorita a cada lado de la cama leyendo cuentos (lo que no entiendo es cómo podía escribir en medio de las dos); que lo poco que le escribí los últimos días lo pienso desquitar ahora que tengo menos trabajo (la prueba está en que esta carta tiene seis hojas); que, aunque mis acompañantes ya duermen como marmotas y veo que la luz no les molesta, prefiero acabar la carta mañana y tendré más cosas que contarle; que me pidió Digna que le quedase en el teléfono mientras iba un momento a la Puebla y apareció Rosita con un trozo de fieltro para que le arme un casquete para llevar a la boda; y un montón de cosas.

“Hoy noto dentro de mí una enorme tristeza. Durante el día estuve la mar de contenta; pero, al llegar la noche, de repente me puse triste. Creo que ya empiezo a echar en falta a la familia. Si ellos no se fuesen, mientras hacía la cena, estaría mi primo charlando conmigo. ¡Mira que le cogí cariño al crío ese! Y mi hermana vendría de vez en cuando a fastidiarme; pero ¡qué a gusto le dejaría que hiciese de mí un pandero! Hoy éramos cuatro en la mesa y, sin embargo, casi no hablamos nada. Hasta mi abuelo, que ama el silencio, decía que no hay nada mejor que una casa llena de gente”.

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Ferrol 20 – 9 – 56

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Me dice que se siente más optimista y ha fijado su horario de trabajo hasta las cuatro de la mañana; que sólo le puso de mal humor el no recibir mi carta, “puesto que es lo único grato que tengo y, por tanto, lo mucho que las valoro”; que tiene la impresión de estar tremendamente alejado de mí, de que nos separa toda una vida y se alegra de estar ocupado, pues, si no, tendría la cabeza metida en Palmeira; que muchas veces se ve paseando conmigo por la Castellana o el Retiro; que cuando llegue a Madrid podrá pasar sólo el domingo conmigo e hizo la promesa de que ese día iríamos a misa juntos.

“Nada nuevo te puedo contar. Comprenderás perfectamente la vida que hago. Trabajo y más trabajo. Hoy charlábamos durante un rato mi madre, Couce y yo. Mi madre le decía a Manolo que deseaba que recibiese carta de una vez, pues estaba muy fastidiado. Y Manoliño decía que ni por un momento podías imaginarte lo muchísimo que estábamos trabajando. Decía: «Mi novia, que está aquí y ve que con ella sólo paso un par de horas después de cenar, no cree que pueda estar todo el día sobre los libros, para cuanto más la tuya». Y creo que es así; cuando voy al cine me da la impresión de cometer un exceso enorme. Creo que llevo un mes sin ir por casa de mi abuela y no podría decir el tiempo que hace que no salgo por la mañana. Así, encerrado, difícilmente puedo contarte algo”.

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Palmeira 20 – 9 – 56

Rafael F. Ráfales

Ferrol

Que me las prometía felices en cuanto a “no dar golpe”, pero no contaba con la recogida del maíz y todo lo que supone; que, para completar, tengo que hacer las cuentas decenales del teléfono y, lo último: me clavó Digna —sin proponérselo, por supuesto— la llave de la puerta en un costado y, en el primer momento, creí que me quedaba sin respiración; que, un día antes, me había tragado una espina gorda de pescado y tan nerviosa me puse que me parecía sentirla pinchándome por todo el cuerpo; que por la tarde subí a la huerta con intención de deshojar maíz y acabé debajo de una parra, vendimiando e hinchándome de uvas; que me sentía tan alegre como si las uvas, sin fermentar, se me hubiesen subido a la cabeza; que será porque se acerca el día de encontrarnos.

“Rafaeliño, voy a dejarte unos minutos porque acaba de llegar Rosita con todos los preparativos para que la ayude a arreglarse e ir a la boda y ya va siendo hora. Después tengo que quedarle a Digna en el teléfono para ir a verla. Hace cerca de media hora que no cesa de pasar gente: el casarse de blanco es aquí un acontecimiento que no suele suceder más que muy de tarde en tarde”.