Tiempo de meditación

 

Hoy que el momento caótico que nos toca vivir invita a reflexión, creo que el hermoso poema del Mário de Andrade se presta a ello.

Me lo dejaron en el wassap (adjudicándoselo a Pedro Salinas) y, a pesar de conocerlo, lo había olvidado. Sólo con ver el título recordé gran parte. Lo traslado a mi blog con el deseo de que alguien más lo lea.

Aunque a lo largo de mi vida traté siempre de distinguir entre lo esencial y lo superfluo, la pandemia me está enseñando a valorar todavía más lo que realmente vale la pena tener en cuenta: la entrega a los demás, pues siempre encontrarás algo de ti que puedas compartir.

 

                                         MI ALMA TIENE PRISA

 

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos, y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a manipuladores y oportunistas.

Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros. 

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso  como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca con sus triunfos. Que no se considere electa antes de hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan solo andar del lado de la verdad y de la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas… Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Si… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y mi conciencia.

 MARIO DE ANDRADE

*Fotografía de Pablo Matera

 

Recordando a Kraus

Viendo que no encontraba la manera de conectarme a Internet con el ordenador portátil del que en estos momentos dispongo, además de otros inconvenientes causados por mi torpeza en el manejo del aparato, opté por dedicar mi tiempo de vacaciones a la lectura de los pocos libros que traigo con ese fin y que casi nunca llegué a abrir, escuchar música y ver alguna de las siete u ocho películas que metí en el equipaje, entre ellas “La vida de los otros”, película alemana que me dejó un regustillo amargo cuando la vi hace años.

Me disponía a llevar a cabo los preparativos para ver de nuevo la citada película en el televisor, cuando mis ojos se posaron en el retrato del tenor Alfredo Kraus, que tengo en la estantería del salón, y recordé de pronto que había muerto un 10 de septiembre, fecha en la que, por encontrarme lejos de Madrid, ni siquiera pude asistir a la capilla ardiente instalada en el Teatro Real.

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El hombre discreto

El comentario de Magdalena a mi relato anterior me trajo a la memoria la respuesta que el Hermano Antonio Zarzosa, fundador del albergue Santa María de la Paz para hombres sin hogar, le dio a la pregunta formulada por uno de los alumnos de 6º de Básica en una visita a dicho centro.

Entre las virtudes que traté de inculcar en mis educandos, una fue la generosidad. Para desarrollarla procuré fomentar situaciones que la encauzasen: como la de hacer rosquillas y buñuelos que los alumnos vendían a sus compañeros en los recreos y con el dinero recaudado apadrinábamos un niño o mitigábamos alguna necesidad. En cuanto las madres tuvieron noticia de mi “ocurrencia”, se pusieron manos a la obra de aquello que mejor sabían hacer y pronto mi iniciativa se vio apoyada con su colaboración aportando bizcochos -muchas veces ya divididos en porciones que procuraban fuesen iguales-, tartas de diversas clases o lo que a cada cual se le diese mejor preparar. Sigue leyendo

Valeria

La veía casi a diario cuando bajaba con su madre al parque. A veces coincidían en el mismo banco y la madre de Marina se entretenía acariciando con el bastón el lomo de Rufino, el caniche que siempre acompañaba a la mujer.

Era una mujer solitaria, de buen porte, que todavía conservaba vestigios de una belleza glacial que sin duda resultase aún más acusada en su juventud. A juzgar por las charlas mantenidas con Marina y su madre, nunca estuvo casada y no por falta de hombres que la pretendiesen. A Marina, aficionada a la ópera, le parecía ver en aquella mujer a una especie de Turandot devoradora de hombres; pero sin final feliz.
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Horas bajas de una bisabuela

Hasta el momento actual tenía la sensación de estar soportando con la moral bastante elevada este encierro forzoso motivado por una pandemia que nadie sabe a ciencia cierta de donde proviene… Me sentía bien porque había comenzar a organizar mi tiempo de una forma rentable -a pesar de las constantes interferencias con mensajes, wassaps y llamadas telefónicas-: estaba aprendiendo a colocar  cada cosa en el lugar adecuado al tiempo que me detenía a recordar momentos vividos, a seleccionar libros leídos antaño para leerlos de nuevo, a ver una y otra vez los vídeos de mis bisnietos mostrando lo fácil que resulta divertirse en casa, y hasta escenificar algún cuento con el móvil para que mis bisnietos se rían de la “Bisa” y no la borren de su memoria. Sigue leyendo

Como cada mañana

Como cada mañana al acabar de desayunar, me asomé al ventanal que da al pequeño jardín a esparcir el almuerzo a los pájaros. Me llamó la atención que ninguno hiciese acto de presencia al verme aparecer. Ni siquiera al lanzar el primer puñado de la comida que voy reuniendo desde el día anterior, desmenuzándola al máximo ya que se trata de pájaros muy pequeños.

Esperé un buen rato sin resultado. Volví un poco más tarde y, al ver que el jardín seguía desierto, me olvidé del tema. Sigue leyendo

Covid 19

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Desde este encierro domiciliario voluntario que me he impuesto hace varios días a causa de la pandemia que venimos sufriendo, pude observar que gran parte de la población se mostraba ajena a la grave situación que estamos atravesando y continuaba sin cumplir unas normas mínimas de convivencia: a pesar de hacerse pública a través todos los medios informativos la necesidad de permanencia de los ciudadanos en sus domicilios -salvo excepciones no muy claras- miraba como la gente entraba y salía, sin guardar la mínima distancia recomendada, en la confitería que alcanzo a ver desde mi ventana. Y lo que es peor: ayer el jolgorio y griterío de los niños -y de los no tan niños- que llegaba desde el parque cercano hacía suponer que eran muchos los que se habían echado a la calle. Entiendo que resulte duro para los padres mantener a los chavales encerrados en casa, pero mucho peor sería que la enfermedad se extendiese a pasos agigantados y el personal sanitario que está al pie del cañón acabe también enfermo o extenuado. Sigue leyendo

La flauta mágica

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A lo largo del tiempo se han hecho muchas preguntas acerca del significado que Mozart quiso conceder a “La flauta mágica”: ¿Oratorio masónico? ¿Rito para iniciados? ¿Singspiel fantástico? ¿Cuento de hadas didáctico?… Querámoslo o no, todo en “La Flauta” está repleto de referencias y simbología masónicas, cosa nada extraña si compositor y libretista lo eran. Sea lo que fuere, Mozart quiso plasmar sus ideales sobre el amor, la amistad, la sabiduría, la verdad…, dando vida a unos sentimientos representativos de toda la humanidad y no privativos de la hermandad en la que militaba.

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El elixir de amor

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Aquejada de un proceso intestinal largo y latoso, decidí cambiar la entrada de la ópera “El elixir de amor” para la última representación, con la finalidad de restablecerme de mi dolencia. No resultó difícil el trueque y, ahora, lo entiendo; pero en aquel momento no me paré a pensar si con el cambio saldría perdiendo… Con todo, no me arrepiento del aplazamiento, puesto que dio lugar a mi casi total recuperación pudiendo asistir a la función con buen ánimo.
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Don Carlo

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La primera vez que asistí a la ópera Don Carlo había bregado duro durante toda la jornada, me sentía medio griposa, salí tarde del trabajo más tarde de lo acostumbrado y, para colmo de males, la obra comenzaba una hora antes de lo habitual, dada su larga duración. Imposible llevar coche a causa de la dificultad para aparcar por la zona. Un taxi, ¡ni soñarlo!, además de caro no era garantía de llegar a tiempo por culpa del atasco que imperaba a la hora de salida de los colegios…. No me quedaba más solución que depender de una combinación entre autobús y Metro. Sigue leyendo

Un feligrés nada común

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Aquel año veraneaba en Torre del Mar, un bonito pueblo entre marinero y turístico de la Axarquía Malagueña.

A la salida de la misa del domingo, me fijé en un cartel que anunciaba la IX Semana Bíblica. Me parecieron interesantes los temas a exponer; así que me puse al corriente de los requisitos que había que hacer para inscribirse y, sin pensármelo dos veces, me apunté. Sigue leyendo

Don Justino

Al no saber desenvolverme en otros medios, quiero agradecer al historiador Pepe Álvarez Castrelo, desde este humilde blog, la entrañable semblanza que escribió en el Programa de Fiestas de Palmeira sobre la figura de Plácido Betanzos -al que me unía una bonita amistad nacida del cariño que se profesaron desde siempre nuestras madres-, y del inesperado y estupendo trabajo sobre la labor docente que mi bisabuelo materno desarrolló como maestro en Palmeira. Este agradecimiento lo hago extensivo al periodista y escritor  Francisco A. Vidal, que se preocupó de indagar sobre el librito escrito por mi bisabuelo, “La Perla Agrícola”, lo que dio lugar al trabajo de Castrelo. Sigue leyendo

Capriccio

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Clemens Krauss fue el autor del libreto de la última ópera de Richard Strauss, Capriccio -estrenada en Munich en 1942-, escrito con la colaboración del propio compositor, casi octogenario, en el que desarrolla una idea de su amigo, el escritor judío Stefan Zweig, planteando el viejo dilema entre la primacía de la palabra o de la música en la ópera:

“Lleva ya el lenguaje canto en su interior, o la música vive sólo impulsada por él? Una está en el otro y quiere ser el otro. La música despierta sentimientos que impelen a la palabra. En la palabra vive un ansia de sonido y de música”. (Richard Strauss y Clemens Krauss: “Capriccio”. Escena VI). Sigue leyendo

De parajarillos y ordenadores

gorrion

¡Hola!, de nuevo aquí. El próximo curso trataré re restringir actividades: no se puede abarcar lo inabarcable cuando llegas a cierta edad. Bueno, hasta ahora he logrado alcanzar (casi, casi…) lo que me fui fijando, teniendo en cuenta que mis posibilidades físicas e intelectuales menguan día a día. Y no hablemos del ordenador que, a sus muchos años para una computadora con el disco duro a rebosar, pidió a gritos la jubilación; y el que me trajeron de la tienda parece no cumplir con los requisitos adecuados a mis necesidades. Pero esa es otra historia… Sigue leyendo