
Marín 20 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira.
Admiro su capacidad para rellenar hojas, aunque comience la carta diciendo que no sabe qué contar, siempre metido en la Escuela; que ve a todos con cara de sueño y él más que ninguno, con lo que le gusta dormir; que no tiene ninguna falta y espera seguir así para poder vernos el sábado.
“Tal como tenía proyectado ayer, me fui a Vigo. Llegué a la Estación y estaban mi tío y un par de primos esperándome. Inmediatamente nos fuimos a dar un paseo y acabamos en la Marina tomando una buena mariscada. Luego nos fuimos a casa y allí ya estaba reunida toda la familia. No puedes imaginarte lo mucho que disfruté. Cuando llegó la hora de marcharme, malditas las ganas que tenía de hacerlo, pues estaba realmente animado. Nos habían dicho que teníamos que estar en la Escuela a las 10,10 y me vi obligado a coger el tren de las 8. Lo malo fue que, cuando me presenté aquí, me entero de que el Comandante dijo que habían ampliado la hora de retirada hasta las 12,30 de la noche; yo me tiraba de los pelos. Ya no tenía humor para salir, así que me metí en el bar de la escuela junto con Huertas y Goenechea, y Forja y Fuentes, que estaban de santo, y allí estuvimos tomando unas copas hasta cerca de las 12. Cuando llegó esa hora tenía bastantes ganas de acostarme; lo malo fue que empezó a llegar la gente y, como venían de celebrar los santos, el que más y el que menos traía un poco de vino de más y allí se armó la buena, pues estaba muy avanzada la noche y nadie quería callar. El resultado fue que esta noche casi no dormimos”.
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Palmeira 20 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Le digo que, como no se me ocurría nada, comencé la carta por el final diciéndole que le quiero; que, sin pretenderlo, resultó una carta un tanto filosófica acerca del amor y los diferentes comportamientos; que una telefonista de Coruña nos “sopló” que hoy pasaría un inspector de Telefónica a revisar las cuentas o algo por el estilo.
“Hoy no he podido ir a clase. Verás: me dijo una telefonista de Coruña que probablemente vendría entre hoy y mañana un inspector de Telefónica —ni más ni menos cuando mi madre no está— y Digna y yo nos pasamos la mañana ordenando papeles y colocándolo todo lo mejor que pudimos. Al final llegó a las tres de la tarde; pero aquel chico, de 27 años y una facha imponente, tenía bien poco de inspector y, para colmo, era simpático. Sólo venía para arreglar los contratos de unos abonados. Lo peor es que tuve que perder la clase, porque estuvo hasta las nueve y no era cuestión de dejar a Digna sola con él”.
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Palmeira 24 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Le cuento lo aburrida que estuve toda la tarde oyendo llover y tratando de enseñarle unos pasos de baile a Rosita, que se empeñó en aprender a bailar; que me dio mucha pena que se marchase con tan mal tiempo, a pesar de estar hecho un lobo de mar con tantas prácticas; que procuraré portarme muy bien y ayudar mucho a mi madre para que no se vea agobiada y me deje de buena gana ir a Villagarcía; que acabo de mirar la foto del baile y me parece preciosa (foto que desapareció sin saber su paradero).
“Esta semana voy a procurar portarme como nunca: estudiaré mucho y así no tendré remordimiento de conciencia, ayudaré a mi madre en la costura para que al final de la semana no esté toda agobiada y luego me deje ir de buena gana. Y te escribiré todo lo que pueda para que no me digas que si tus amigos reciben más cartas que tú. Bueno, ya será un poquito de cuento, ¿no? Tú procura portarte bien para que no te entreguen ningún sobrecito azul, a no ser que sea mío”.
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Palmeira 25 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Como perdí el autobús de las 6,30, en vez de tirar andando hacia Palmeira, lo hice hacia Carreira con intención de coger desde allí el autobús de la noche; que me daba miedo que mi tía me liase para quedarme y lo hubiese hecho de buena gana, pero preferí venirme porque son puntos que voy acumulando para el sábado.
“No sé lo que me pasa hoy que se me cierran los ojos y no sólo ahora, ya se me cerraban durante la clase. A ver si resulta que me contagiaste la enfermedad del sueño… Lo peor es que pensaba quedarme un poco trabajando en una muñeca que quiero hacer para el Catecismo, pero, así, no creo que aguante mucho. Hoy le prometí al capellán que la haría para el día 7, que es cuando hacen la Primera Comunión todos los niños de la parroquia. Ese día vamos a pasarlo en grande. Después de la misa de Comunión tendremos un desayuno a base de bien en el Café de Manolo. Si estás aquí, ya te invitaremos y, como necesitaremos servicio, hasta puedes echar una mano. Harías un camarero la mar de elegante”.














