
Marín 27 – 1 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Que, cansado de ver uniformes, se asomó con varios compañeros a una ventana que daba al campo de deportes de los jefazos en el que jugaban al tenis unas chicas y, aunque les parecieron feísimas, comenzaron a llamarlas guapas y ellas se lo creyeron; que para una vez que se le ocurre ir al cine le dice un compañero que lo he llamado por teléfono; que, a pesar de tener de nuevo función, hoy no piensa ir no sea que vuelva a llamarlo (qué lejos quedaban todavía los móviles); que tiene mucho que estudiar para aprenderse al pie de la letra las lecciones, pues si no las recitan de forma literal —de memoria— no aprueban; que parecen niños de colegio (elijo un párrafo tan largo para dejar constancia de la movida que teníamos que organizar para poder vernos unas horas y ya no digamos si viniese a Palmeira: cruzar la Ría en vapor y coger otro autobús, además).
“Creo que esta semana los días me van a parecer años. Por fin podré ir a verte, si a alguno de los condenados profesores no se le ocurre dejarme encerrado el sábado, como le ocurrió a dos de mis compañeros por las cosas más imbéciles. ¡No sabes bien las ganas que tengo de estar a tu lado! Como el sábado nos dejan salir a eso de las 3´40, trataré de coger el autobús para alcanzar un tren que pasa por Pontevedra a las 4´15 y llegaría a Villagarcía a las 5 de la tarde. ¿Estarás tú allí? Si por cualquier cosa perdiese ese tren, iría en el siguiente y me tendrías que indicar un buen sitio para buscarte. Pienso que si coges el vapor que sale a eso de las tres de la Puebla llegarías con el mismo tiempo que yo a Villagarcía con lo que ni el uno ni el otro tendría que esperar (acaba de entrar un fragata y me entregó una carta tuya que leeré después de comer). Cativiña, lo que sí te agradezco es que no andemos con despistes y perdamos tiempo en encontrarnos, date cuenta que tenemos muy poco y debemos aprovecharlo hasta el máximo”.
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Marín 29 – 1 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Dice que por fin me escribe con una buena pluma recién adquirida que paga con vales; que este mes no va a cobrar un “chico” con todo lo que le van a descontar, pero que se siente feliz de no resultar una carga para sus padres; que no se encuentra del todo bien (ni se encontrará, a causa del gluten, puedo casi afirmarlo con certeza al ir descubriendo aspectos que antes eran desconocidos hasta para los mismos científicos), pero remará, correrá y lo que haga falta, con tal de venir a verme; que se ha librado de salir a remar, a causa de fuerte lluvia y que ruega para que no se levante temporal y la que no pueda ir sea yo; es una carta muy bonita en la que se nota el estreno de la pluma.
“Cativiña, ahora hace buen tiempo. Supongo que la Ría estará en buenas condiciones y por fin podremos estar juntos. Si sucediese algo que me impidiese ir, te avisaría con tiempo. Prométeme que en esas horas que vamos a estar juntos me vas a querer mucho, mucho. Tanto como yo a ti. ¡Quién pudiera estar ahora a tu lado! Pienso que desde hace unos meses nuestro noviazgo vive de ilusiones, el día que lo veamos realidad no vamos a creerlo”.
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Marín 31 – 1 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Dice que los tratan como a niños pequeños, que les dan diez puntos para cuatro meses y por cada pequeña mala acción se los van descontando y pueden llegar a formarles un consejo de disciplina y quedarse varias semanas sin salir; que a él ya le pusieron dos faltas: por soplarle un examen a un compañero y por hablar en la habitación a las once de la noche y eso que se está portando lo mejor que puede para que no lo castiguen el sábado; que tienen superiores comprensivos, pero también alguno que descarga su mal humor en ellos.
“Muchas veces pienso que se vive más feliz sin tener la novia cerca. A éstos los castigan y nada pierden, a no ser una juerga en Vigo y, al fin de cuentas, si quieren emborracharse lo pueden hacer en el Casino de la Escuela y, de allí, a la cama; pero yo pienso que si no agarro estos días resulta que me paso la vida separado de ti y esto no puede ser. Para colmo, no puedo beber y ahogar las penas con el vino; por culpa del maldito estómago, o lo que sea, no tengo ni ese consuelo”.
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Carril 4 – 2 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
A juzgar por esta carta, se ve que hemos podido encontrarnos en Villagarcía; que, a causa del temporal, no hay vapor de regreso a Palmeira y continúo en Carril; que no tendré más remedio que volver en tren, autobús y una larga caminata bajo la lluvia para cubrir la distancia entre las dos estaciones; que desde Villagarcía intenté hablar por teléfono con mi casa y, a duras penas, lo logré por la tarde; que estoy muy feliz porque quiere que vaya a las fiestas de la Jura.
“¿De verdad quieres que en julio vaya a Marín? ¿Sabes una cosa?… Desde ahora comenzaré a juntar dinero y te prometo que ese día llevaré el traje más bonito que haya tenido en mi vida, porque quiero estar muy guapa para ti solito”.















