
Palmeira 26 – 4 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Le digo que en cuanto me senté a escribirle llegaron Lolita y su madre, se agregó Naty, nos tumbamos las tres en una cama turca que hay en el teléfono y, mientras los mayores charlaban, nos quedamos dormidas; que a mí pronto vino mi madre a decirme que tenía que bajar a ayudarle aunque sólo fuese hasta la una; que por la tarde estuve cosiendo en un vestido que había cortado mi madre para ella y, como con el luto de mi abuela se quedó a medio hacer, me preguntó si lo quería, y yo encantada porque es muy bonito; que me quedé muy triste al saber que no puede venir.
“Rafael, no puedes figurarte cómo me fastidió la noticia de esta tarde. Cuando mi hermana me llamó para que subiese a hablar contigo, me figuré para lo que era. Les tengo una antipatía a todos esos mandamás de la Escuela… Me dio mucha rabia, porque aquí ya habíamos hecho nuestro proyecto sobre cómo pasar la tarde de mañana: figúrate, yo tengo más de una docena de discos, todos antiguos pero muy bonitos, y Maruja, la novia de Paco, también tiene algunos y lo único que nos faltaba era la gramola que pensábamos pedírsela hoy a unos parientes míos que tienen una de hace mil años, pero que funciona bien. Maruja también se quedó muy triste; menos mal que sólo nos había dado tiempo de decírselo a Marité”.
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Marín 27 – 4 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Me escribe a toda velocidad porque tiene que preparar una charla que ha de dar por la tarde y no le avisaron con más tiempo; también me envía la nota del “paquete” que le metieron por llegar unos minutos de nada tarde a clase; que ya le extrañaba que en el tiempo que lleva en la Escuela no le hayan puesto ningún castigo; que está con la ilusión de que los días 2 y 3 sean considerados festivos, aunque no se fía demasiado.
“Cativiña, el que te diga que tengo muchas ganas de verte, creo que es una cosa que carece de importancia, pues ya lo sabes de sobra. Y si te digo que te quiero mucho, no te cojo de sorpresa. ¿Qué te voy a decir, pues? No lo sé. Sólo quiero que sepas que toda mi vida está a tu lado”.
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Palmeira 27 – 4 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Al escribirla en dos etapas, resulta una carta bastante larga en la que le cuento muchas cosas; que estuve acompañando a una vieja amiga a la que se le murió el abuelo y al regreso me esperaba mi madre para que le ayudase en la costura; que si tuviésemos la suerte de dos festivos seguidos, prefiero que venga a Palmeira; en caso contrario ya vería la forma de ir yo a Villagarcía; que hace tres o cuatro días que está actuando aquí una compañía de comedias que creo que es bastante buena y ni siquiera he tenido tiempo de ir a verla; que continúo la carta el domingo, porque por la noche acabamos muy tarde; que pensándolo bien casi me alegro de que no haya venido, pues se puso un tiempo horrible para viajar; que pensaba pasarme la tarde en casa, pero me dije que no era plan encerrarme un domingo y acabé yendo al cine con mis amigas, ya que el teatro lo habían adelantado a las seis de la tarde, para dejar espacio al baile, y no me apetecía ir a esa hora; que procure portarse bien para evitar castigos y fastidiar los pocos días que nos quedan.
“En lo sucesivo procura portarte bien, no vayas a estropear ahora los pocos días que nos quedan para estar juntos. Cada vez que pienso que podías estar conmigo y no lo estás, me dan ganas de echarme a llorar. Pero no lloro. Las lágrimas sólo me salen cuando se trata de películas sentimentales”.
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Palmeira 6 – 5 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Se trata de una larga carta en clave de humor, a pesar de las pequeñas desgracias que me ocurrieron: un resfriado que, con tanto tirón, me está quedando la nariz de Pinocho; que hice unas compras en Villagarcía que me habían encargado mi madre y mi hermana y con las prisas por coger el vapor, nada resultó del gusto de ninguna; que decidí quedarme yo con los zapatos de Naty y, al vérmelos puestos, volvió a probárselos y le encantaron; para lo de mi madre he tenido que volver a Villagarcía y traer las cosas a su gusto.
“Ya ves, Rafael, si soy calamidad: trato de hacer las cosas bien y me salen peor. Salgo de una y me meto en otra. Si no quieres verte metido en estos problemas más vale que cuando llegues a Cartagena te busques una cartagenera y no pienses más en mí, total yo no te traería más que complicaciones. Aunque, pensándolo bien, ¿qué haría yo sin ti? No, por favor, no te vayas. Me quedaría muy triste y tú no querrías eso, ¿verdad?”.















