Noviembre, mes para el recuerdo.

Cuando niña, me aterraban las historias de aparecidos y, sin embargo, eran estas historias con las que más disfrutábamos mis amigas y yo. Por las noches, a la salida del rosario, nos sentábamos en la escalinata de una casa -pared medianera con la casa de mi abuela- que hoy se quedó reducida a dos o tres peldaños a causa de las muchas capas de alquitrán que fue recibiendo la carretera -antes de tierra- a lo largo de los años. Nos contábamos las más lúgubres historias de espectros en las que casi siempre hacía acto de presencia la Santa Compaña.
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El Señor protege a los tontos

Lo que voy a contar hoy, no sé si insertarlo en la categoría de despiste o, más bien, en el de idiotez supina. El caso es que no atino por dónde comenzar mi rocambolesca historia…

Estos días, a causa de un tema que bien podría considerarse laboral, estuve disfrutando de la visita de mi nieto gallego y de su encantadora novia. Por la sencilla razón de que el sábado decidieron vivir la noche madrileña, pensaban acostarse tarde y nadie estaba dispuesto a madrugar, optamos por cambiar los planes que nos habíamos trazado para el domingo, acordando decidir sobre la marcha. Sigue leyendo

Generosidad

Un domingo del mes de septiembre. A la puerta de la iglesia algunas señoras detrás de una mesa recogían dinero para la campaña contra el cáncer. Con mi despiste habitual, entendí que  aquel dinero iba destinado a Cáritas.

Saqué la cartera del bolso y deposité mi donativo en la bandeja, dejando muy claro que si no era más espléndida en mi aportación se debía a que tenía una asignación mensual por banco dedicada a esa institución. Sigue leyendo

Increíble…, pero cierto.

Lo que ganaba como albañil asalariado no le alcanzaba para mantener a su familia: la mujer y un hijo de siete años. Por eso emigró a Alemania, después de pedir consejo a un amigo que se había ido años atrás; el cual le aseguró que los camareros españoles estaban muy bien conceptuados en aquel país y, como no le iban a pedir currículo, con ganas de trabajar y unas lecciones que el mismo le daría, tenía empleo asegurado. Sigue leyendo

Lembranza

Ayer asistí a la misa funeral de un amigo muy querido: Pepe o Cristobo, para la mayoría de los vecinos de Palmeira; don José, para otros, en función de su trabajo como radiotelegrafista de Marina; Pepiño para los íntimos, entre los que se encontraban los miembros de mi familia materna. Por el lado paterno guardábamos un parentesco indirecto, ya que una hermana suya estaba casada con un tío mío, hermano de mi padre.

Como comentaba a un amigo y lector de este blog, la misa en recuerdo de Pepe resultó francamente emocionante. El coro bordó una serie de canciones elegidas para el momento, poniendo un mayor énfasis, si cabe, en la Salve Marinera cantada al final de la misa en honor del fallecido y en reconocimiento de los muchos favores prodigados altruistamente a todo el que acudía a él durante el desempeño de su cargo en la Marina. Sigue leyendo

Lo dicho: en ristra

Cuando un despiste no pasa de eso, de ser un despiste sin más consecuencias… Pero si ese despiste llega a perturbar el sueño de un tercero a las tres de la madrugada…

El caso es que hace unos días se fue de safari a Nairobi un hijo mío con la familia. Hacía poco más de una semana que había sufrido una intervención quirúrgica y, aunque el hecho no encerraba demasiada gravedad, no había dado suficiente margen de recuperación al postoperatorio. Por tal motivo, como cualquier madre que se precie, no las tenía todas conmigo y esperaba con ansia noticias. Sigue leyendo

Llegar a viejo tiene su intríngulis

Estoy totalmente convencida de que los años potencian los despistes. El mío de ayer -o los míos, porque se dieron en cadena- así lo confirma.

Como es mi costumbre, al atardecer bajé a dar unas vueltas por el paseo marítimo. Estaba un poco triste, ya que por la mañana se habían marchado mis hijos y nieto y parecía haber quedado la casa vacía, a pesar de que el hueco que dejan unos, muy pronto vienen otros a ocuparlo. (Ventajas de familia numerosa… Aunque lo ideal sería reunirnos todos al mismo tiempo, cosa que sólo ocurre en Navidad). Sigue leyendo