Una sencilla historia de amor: Cartas 432ª a 435ª

Marín 20 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira.

Admiro su capacidad para rellenar hojas, aunque comience la carta diciendo que no sabe qué contar, siempre metido en la Escuela; que ve a todos con cara de sueño y él más que ninguno, con lo que le gusta dormir; que no tiene ninguna falta y espera seguir así para poder vernos el sábado.

“Tal como tenía proyectado ayer, me fui a Vigo. Llegué a la Estación y estaban mi tío y un par de primos esperándome. Inmediatamente nos fuimos a dar un paseo y acabamos en la Marina tomando una buena mariscada. Luego nos fuimos a casa y allí ya estaba reunida toda la familia. No puedes imaginarte lo mucho que disfruté. Cuando llegó la hora de marcharme, malditas las ganas que tenía de hacerlo, pues estaba realmente animado. Nos habían dicho que teníamos que estar en la Escuela a las 10,10 y me vi obligado a coger el tren de las 8. Lo malo fue que, cuando me presenté aquí, me entero de que el Comandante dijo que habían ampliado la hora de retirada hasta las 12,30 de la noche; yo me tiraba de los pelos. Ya no tenía humor para salir, así que me metí en el bar de la escuela junto con Huertas y Goenechea, y Forja y Fuentes, que estaban de santo, y allí estuvimos tomando unas copas hasta cerca de las 12. Cuando llegó esa hora tenía bastantes ganas de acostarme; lo malo fue que empezó a llegar la gente y, como venían de celebrar los santos, el que más y el que menos traía un poco de vino de más y allí se armó la buena, pues estaba muy avanzada la noche y nadie quería callar. El resultado fue que esta noche casi no dormimos”.

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Palmeira 20 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Le digo que, como no se me ocurría nada, comencé la carta por el final diciéndole que le quiero; que, sin pretenderlo, resultó una carta un tanto filosófica acerca del amor y los diferentes comportamientos; que una telefonista de Coruña nos “sopló” que hoy pasaría un inspector de Telefónica a revisar las cuentas o algo por el estilo.

“Hoy no he podido ir a clase. Verás: me dijo una telefonista de Coruña que probablemente vendría entre hoy y mañana un inspector de Telefónica —ni más ni menos cuando mi madre no está— y Digna y yo nos pasamos la mañana ordenando papeles y colocándolo todo lo mejor que pudimos. Al final llegó a las tres de la tarde; pero aquel chico, de 27 años y una facha imponente, tenía bien poco de inspector y, para colmo, era simpático. Sólo venía para arreglar los contratos de unos abonados. Lo peor es que tuve que perder la clase, porque estuvo hasta las nueve y no era cuestión de dejar a Digna sola con él”.

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Palmeira 24 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Le cuento lo aburrida que estuve toda la tarde oyendo llover y tratando de enseñarle unos pasos de baile a Rosita, que se empeñó en aprender a bailar; que me dio mucha pena que se marchase con tan mal tiempo, a pesar de estar hecho un lobo de mar con tantas prácticas; que procuraré portarme muy bien y ayudar mucho a mi madre para que no se vea agobiada y me deje de buena gana ir a Villagarcía; que acabo de mirar la foto del baile y me parece preciosa (foto que desapareció sin saber su paradero).

“Esta semana voy a procurar portarme como nunca: estudiaré mucho y así no tendré remordimiento de conciencia, ayudaré a mi madre en la costura para que al final de la semana no esté toda agobiada y luego me deje ir de buena gana. Y te escribiré todo lo que pueda para que no me digas que si tus amigos reciben más cartas que tú. Bueno, ya será un poquito de cuento, ¿no? Tú procura portarte bien para que no te entreguen ningún sobrecito azul, a no ser que sea mío”.

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Palmeira 25 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Como perdí el autobús de las 6,30, en vez de tirar andando hacia Palmeira, lo hice hacia Carreira con intención de coger desde allí el autobús de la noche; que me daba miedo que mi tía me liase para quedarme y lo hubiese hecho de buena gana, pero preferí venirme porque son puntos que voy acumulando para el sábado.

“No sé lo que me pasa hoy que se me cierran los ojos y no sólo ahora, ya se me cerraban durante la clase. A ver si resulta que me contagiaste la enfermedad del sueño… Lo peor es que pensaba quedarme un poco trabajando en una muñeca que quiero hacer para el Catecismo, pero, así, no creo que aguante mucho. Hoy le prometí al capellán que la haría para el día 7, que es cuando hacen la Primera Comunión todos los niños de la parroquia. Ese día vamos a pasarlo en grande. Después de la misa de Comunión tendremos un desayuno a base de bien en el Café de Manolo. Si estás aquí, ya te invitaremos y, como necesitaremos servicio, hasta puedes echar una mano. Harías un camarero la mar de elegante”.

Una sencilla historia de amor: Carta 431ª

Palmeira 18 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Rafaeliño: Son algo más de las dos de la madrugada. ¿Crees que tengo sueño? Ni pizca, por lo tanto quiero aprovechar para escribirte un poco.

Me quedo hasta tan tarde porque prometí que le haría una muñeca a una primita mía de la Magdalena y, como la abuela tenía mucho interés en que se la mande mañana, que está ella de santo, no tuve más remedio que hacérsela hoy. Mi madre estaba apuradísima y no pudo ni dirigirme, pero yo me puse y me salió y, además, una obra de arte. Me pasé cosiendo desde las tres de la tarde hasta hace unos minutos en que le di fin y sólo salí una media hora para oír el sermón de San José.

Pienso en lo que estarás tú haciendo a estas horas; tal vez durmiendo o quizá de juerga con tus tíos. ¿Te encuentras mejor de la gripe? Cuídate, no vaya a ser que el sábado te tengas que meter en la cama. No te lo perdonaría.

¿Fuiste a Santiago como pensabas? Yo, ayer, sin que haya sucedido nada extraordinario y sin haber salido de Palmeira, lo pasé maravillosamente: fui al Rosario, pero se acabó muy tarde y, cuando salimos, ya no llegamos al cine primero. Éramos nueve chicas y no acabábamos de ponernos de acuerdo sobre a qué sitio ir. Al final terminamos yendo cuatro al cine y cinco al baile (ayer trajeron una orquesta estupenda y, como era el único sitio en el que había baile, se cayeron chicos de todos lados). Yo fui una de las que se decidieron por el cine y te aseguro que lo pasé de lo mejor. Resultó una película simpatiquísima y me reí a más no poder, hasta pegué saltos en la butaca. Después del cine dimos unas vueltas y me vine para casa. Hice lo mismo que otras muchas veces y, sin embargo, ayer disfruté más que nunca. Luego, en cama, estuve un buen rato acordándome de ti.

Empiezo a notar algo de sueño y no es de extrañar, ya que dentro de un rato darán las tres de la madrugada. Y lo peor es que mañana, por ser día festivo, tendré que levantarme más temprano que los otros días. Me parece que a ti te sucede todo lo contrario…

Hasta mañana, muchos, muchos besos.

Rafaeliño, continúo hoy, día 19. ¿Quieres creerme que hace más de tres horas que intento empezar a escribir sin lograrlo? Veremos si ahora puedo hacerlo.

Estoy en el teléfono. Mi hermana se marchó a Villagarcía con Mary-Carmen, mi prima, que vino a buscarla. Mi madre se fue al Rosario y se quedó un poco con Puri, la hermana de Pacucha, que está enferma. Cuando termine de escribir la llamaré para que se quede en el teléfono y luego ya puedo marcharme a donde quiera, que será al cine, lo más probable.

Hoy, que podía escribirte durante la tarde, me fastidió tener que estar en el teléfono. Me pasé todo el tiempo recibiendo telegramas de felicitaciones. Llegó a dolerme el brazo. Después, que no paraban de pedir conferencias. Hace un momento llamó Angelito a Pacucha y me dio un salto el corazón porque creí que eras tú: me dijeron que me hablaban a mí y luego era Angelito para que le avisase yo a Pacucha.

Mañana van a ir a Vigo mi madre y mi hermana —la recoge en Villagarcía— con Ana María y otras hermanas. Es probable que luego continúen a Santiago para que vea un médico a mi hermana, a ver si le receta algo que la haga engordar un poco. Ahora es ella la que se está echando de turista y yo la que me tengo que quedar en casa. Me gustaría ir con todas a Vigo, pero te aseguro que me quedo casi tan contenta en casa.

¿Sabes que se está poniendo una tarde fea? Acabo de asomarme un momento a la puerta y hace frío y mucho viento. Me parece que no voy a moverme de casa.

Le dije a mi hermana que, en cuanto viese a Ana María, le pidiese las fotos y, si no, que se las den a alguien conocido que venga en el vapor. Todos los días estoy pendiente del cartero a ver si llegan las dichosas fotos.

Ves, ya se cerró a llover. Era mucho pedir que pudiese terminar el día bien. Y yo que quería salir por lo menos a dar una vuelta… Ya estoy cansada de tanto teléfono. También es bien cierto que Dios castiga sin palo ni piedra y yo hoy merecía un poquito que me la jugase.

Rafaeliño, ¿verdad que vas a venir el sábado? Tengo muchas, muchas ganas de verte y, si no vienes, me muero, ¡eh! De verdad.

Te quiero mucho.

Mary-Carmen

Una sencilla historia de amor: Cartas 427ª a 430ª


Marín – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

La carta no tiene fecha definida, pero, a juzgar por el contenido, parece que encaja aquí; le cuento bastantes cosas: que pretendía mi padre que fuese mi madre a las Fallas de Valencia, pero que no es posible a causa de los muchos compromisos que tiene contraídos para esas fechas; que lo mismo ocurriría si nos fuésemos mi hermana y yo; que me estoy dedicando a la mecánica con el arreglo de una bicicleta y no se me da nada mal; que estoy a plan ahorrativo y, al paso que llevo, podremos casarnos en unos cuantos años; que no me enfado si el sábado va al fútbol con su tío de Vigo, que los días pasan rápido y en Semana Santa podremos vernos sin tanta restricción; y que la bicicleta, en apariencia, quedó imponente.

“Hoy me pasé la tarde, desde que llegué de Riveira, haciendo de mecánico. No tuve una clase y salí a las cinco. Estaba la tarde estupenda y me vine andando. Después, hasta que se hizo de noche, me lo pasé arreglando una bicicleta. Hacía lo menos dos años que estaba arrinconada y toda escacharrada. La desmonté, la limpié, miré los neumáticos y encontré dos pinchazos, les puse unos parches y, como estaba bastante cansada, lo dejé para mañana. Ahora me queda ver si pierden aire y montarla. Lo que más me inclinó a arreglarla fue porque suben el coche a tres pesetas, me sale la ida y vuelta en seis y ese dinero puedo muy bien ahorrármelo, pues mi madre seguirá dándomelo”.

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Marín 15 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Me cuenta que está escribiéndome desde el Casino de Marín, un lugar más agradable que la Escuela, mientras hace tiempo para llamarme por teléfono; aunque teme no encontrarme o que las interferencias no nos permitan hablar, como suele ocurrir; que recibió mi carta con retraso; que hoy se dedicaron a hacer prácticas de tiro entre dos destructores y acabaron bastante cansados; que lleva un par de días sintiéndose mal y sin apetito (al leer sus últimas cartas me sentía extrañada de que no se quejase del estómago y más al tener el convencimiento de que es celíaco; y, aunque hay párrafos preciosos, procuro extraer aquellos que pueden dar alguna luz sobre la enfermedad), pero que no quiere hospitalizarse, no fuese a quedarse sin poder venir el fin de semana, pues siempre puede haber una posibilidad por muy remota que sea.

“Llevo cuatro días de un humor malísimo, no sé ciertamente lo que puede ser: ando todo el día mareado, con un buen dolor de cabeza y me es completamente imposible comer, tanto es así que estuve dos días sin probar bocado. De buena gana me hubiese ido al Hospital, pero no quiero hacerlo por dos razones: por un lado, porque no quiero acostarme estando el domingo por medio y teniendo alguna posibilidad de verte —aunque muy remota—; por otro lado, no me conviene porque estamos en plenos exámenes y hay que estudiar bastante”.

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Palmeira 16 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Desde que utilizo la bicicleta llego más pronto; que hoy me estaban esperando en el camino Lolita y otro primito, nos paramos a cazar ranas y, aunque no cazamos ninguna, lo pasamos muy bien; que ya podía llegar el día de vernos porque estoy cansada de darle besos a su foto y me gustaría poder dárselos a él.

“Anteayer se me ocurrió ir andando a la Magdalena, después de venir de clase en bicicleta. No tenía idea de la distancia que hay desde la Puebla hasta allá, pero ahora lo sé bien. Cuando llegué comenzaba a oscurecer y se quedaron todos admirados de mi atrevimiento. Querían que me quedase y lo haría de buena gana si no fuese por las clases. Seguramente vuelva el día de san José. Estuve animando a mis primas a que me acompañen a Marín y me prometieron que cualquier día que haga bueno lo harán. Tendrás que enseñarnos la Escuela. ¿No tendrás por ahí un amigo un poco presentable que haya cumplido los 35? Por supuesto, deberá tener tu estatura para que haga pareja con mi prima. Menos, nada. Ella cumplió los 35, pero parece no tener más de 26. Además, posee una buena fortuna. La otra prima —en realidad, son parientes de mi madre— es más bajita y bastante tímida, al menos con los chicos, y no le va a la zaga a la otra en posesiones (si saben que te estoy diciendo esto, me matan y ya no quieren venir conmigo. ¡Con lo puritanas que son las dos!). Bueno, ya te las compondrás para que no lo pasen mal y así es probable que no sea la última vez que vayamos”.

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Marín 18 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

A pesar de comenzar la carta de una manera un tanto hiriente, a causa de que yo me comporté de forma sarcástica por teléfono —según él— y sin razón alguna, acabó de la manera más bonita; que, a pesar de pasar una noche muy mala, hasta con fiebre, al día siguiente se encontraba mejor, cogió el tren y se fue a pasar el día a Santiago; que al pasar por Villagarcía se asomó a la ventanilla por si yo estaba esperándolo en la estación, aunque resultaría poco menos que una quimera; que en Santiago pasó la tarde con varios de sus antiguos compañeros recordando tiempos; también estuvo con Pellit, hermano de mi amiga Sina.

“Ayer estuve con Pellit. Me dijo que su hermana tiene verdaderas ganas de que vayas a pasar unos cuantos días en Santiago. Me insistió mucho en que te lo dijese y, francamente, me pareció verle bastante interés. Como su hermana se cambió de piso, te mando la tarjeta con la nueva dirección. Cativiña, en caso de que decidas ir, deberás buscar días que cuadren con sábado y domingo, por ejemplo, de viernes a domingo; así estarías con ella la mitad del tiempo y conmigo la otra mitad. ¿Qué te parece? Me agradaría mucho que pudieses ir, creo que sería un placer recorrer a tu lado, una vez más, las rúas compostelanas y recordar tiempos pasados”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 423ª a 426ª

Marín 9 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Tenía intención de venir a Palmeira, pero les comunicaron a última hora que estaban en régimen de estudio y nadie podía pernoctar; en toda la carta me dice que lo siente un montón y más cuando leyó en la mía «ven el sábado»; que, para colmo, tampoco puede venir la próxima semana y que está hasta el gorro de la dichosa Escuela; que se hubiese quedado más tranquilo si lograse hablar conmigo por teléfono; pero lo hizo con mi madre, apenas se oía y se quedó un poco cortado.

«No sé lo que voy a hacer hoy. Decididamente me voy al cine. Proyectan una película de Cantinflas en Pontevedra, se titula “Abajo el telón”; me da la impresión de que ya la he visto. De todas formas, me meteré allí, pues ya sabes que es un tío que me hace gracia. Luego cenaré en Pontevedra y me vendré a la Escuela. Lo peor es mañana: el día se me va a hacer interminable y te aseguro que me agradaría poder olvidarme de ti; así, al menos, estaría tranquilo y no dándome golpes en la cabeza por no poder estar a tu lado».

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Palmeira 9 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Es una de las cartas más largas que le he escrito, un poco renegando de la Escuela y de todos los que inventan las órdenes; pero también le digo que me he reído mucho con una conquista de mi hermana: un chiquillo larguirucho que habíamos conocido Ana M.ª, Lucita y yo en la estación de Villagarcía y que, a pesar de que le faltaba un diente de delante, presumía a más no poder y le tomamos mucho el pelo. Luego resultó una conquista de mi hermana en el baile de Riveira y la llamó varias veces por teléfono desde Santiago; que fui al cine a la Puebla y, al volver, encontramos la calle llena de máscaras y nos unimos a ellas; y muchas más cosas; pero quiere escribir mi madre a mi padre y tengo que cederle la única pluma de que disponemos.

«Tengo puesta la radio muy bajito. Encontré una emisora en la que sólo se oyen canciones italianas. Son muy dulces cantando los italianos. Me gustaría conocer Italia. ¿Te gustaría pasar allí la luna de miel? Me imagino paseando en góndola por Venecia contigo… Cuando una sueña, llega hasta donde se proponga; para eso son los sueños. Pero no creas que siempre me imagino cosas así de buenas: también sueño que somos muy pobres y que tengo que trabajar mucho para ayudarte; entonces sí que lo paso bien y soy mucho más feliz que cuando me imagino todas esas tonterías».

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Marín, 11 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Me dice que, a pesar del poco tiempo del que dispone para hacerlo, me está escribiendo con asiduidad, aunque sea bajo la vigilancia del «proto»; que, al no poder ir a Palmeira, se fue al cine y, después, al Casino y de bares con los compañeros, por Pontevedra y Marín, haciendo tiempo hasta la hora de dormir; que el domingo, al acabar la misa, se fue a Villagarcía con parte de la promoción y se lo pasaron en grande —contándome con detalle lo que hicieron y lo que se gastaron, que fue bastante, sobre todo en una cena por todo lo alto— hasta coger el último tren en el que pudieron llegar lo más tarde posible a la Escuela a hora no sancionable.

«Bien poco te podías imaginar tú que me podía encontrar tan relativamente cerca. Siempre que estoy en Villagarcía me sucede igual: me da la impresión de que te tengo a un paso y me hubiera agradado llamarte dando un grito y que al momento estuvieses a mi lado. Y ya ves, dos días que he podido pasar a tu lado tuve que dejarlos y todo por la idea imbécil de un cabezota de la Escuela. Te he contado todo lo que hice para que estés completamente tranquila y sepas que, aun separados, tu recuerdo siempre estuvo a mi lado y ¡qué solo me sentía a la noche cuando llegué a la estación y tú no estabas para decirme adiós!».

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Marín 13 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Me está escribiendo unos minutos antes de un examen de Educación Física que apenas tuvo tiempo de estudiar; dice que recibió una carta mía muy larga y que le gustó tanto que no puede esperar para responderla; que todo lo que le digo en ella es bonito.

«Cativiña, me hablas del día de S. José. No, decididamente te lo digo, ese día no puedo ir a Palmeira. Aunque nos dejasen pernoctar la noche del día anterior, no tendría tiempo a pasarlo contigo, pues no podría coger combinación. Por otro lado, tal como te decía en una de mis cartas, nos han sacado a todos los de la Escuela el permiso para pernoctar y esto parece que va a durar bastante, pues no volverán a concederlo hasta que exista más disciplina, cosa un poco difícil de lograr. Ese mismo día me ha invitado mi tío a ir a Vigo. Te voy a explicar: ese día es el santo de mi tía y en la ocasión que estuve allí me hizo darle mi palabra de que iría a pasarlo con ellos y te aseguro que me agradaría ir, pues sé que les doy una buena alegría».

Una sencilla historia de amor: Carta 422ª

Marín 6 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Muñequiña: Voy a escribirte desde el Hospital. Es hoy mi día de guardia. Acabo de realizar la visita por las salas y ahora estoy en mi habitación en espera de que den las 10:30 h de la noche para poder acostarme.

Hoy fue un día de mucho movimiento y me encuentro francamente cansado. Se me cierran los ojos y tengo unas enormes ganas de poder acostarme; ahora estoy echado en cama —sin acostarme— y estoy seguro de que, si cierro los ojos, ya no despierto hasta mañana. Cuando venía al Hospital pasé por el Casino por si acaso tenía una carta; en efecto, así era y la guardé y hasta este momento no la he leído. Tenía muchas ganas de recibirla y me quedé todo contento una vez leída.

Hoy me hubiese agradado escribirte a la mañana, pero me fue imposible hacerlo, pues tuve que escribir a mi casa, ya que les debía carta desde hace una serie de días y ayer recibí una de mi padre que debía contestar. Hice una larga carta y, cuando quise escribirte a ti, ya era muy tarde para ello, pues hoy salimos de estudio antes de la hora para asistir a la misa por los caídos en el Baleares.

Fui a visitar a ese muchacho familiar tuyo. Estuve un buen rato de charla con él y mañana pienso hablar con don Luis, el médico que lo operó, para que me diga qué tal fue el traumatismo y en qué condiciones está el muchacho después de la operación. Indudablemente fue un buen cacharrazo el que llevó, tanto es así que hubo que operarle para sacarle las esquirlas; ahora aún le queda una buena estancia en el Hospital, calculo que hasta finales de abril o principios de mayo.

Muñequiña, me admiro al pensar qué pueden poner en sus cartas estos muchachos que, como Goenechea, les escriben todos los días a sus novias. Supongo que harán la letra de 5 metros de longitud y llenarán un par de cuartillas en un segundo; me pregunto eso porque yo, aquí encerrado, me encuentro en completa imposibilidad para decir nada que no sea lo que tú sabes.

Supongo que esta carta la recibirás el viernes y un día más ya estaré a tu lado. ¿Te das cuenta, mi vida, qué rápido se va el tiempo? Aún me da la sensación de que era ayer cuando bailábamos y tan contento me sentía y, ahora, cuando menos lo espere, volveré a encontrarme a tu lado y me sentiré una vez más muy feliz. Cativiña, no te olvides de lo que hablamos el sábado, vete a la Puebla y así, cuando yo llegue, ya estamos juntos; es tiempo que ahorramos y tenemos más lugares para pasar el rato. Otro encargo es el siguiente: antes de venirte a la Puebla, ese mismo día, llamas al Café y le dices que voy a ir allí a dormir. Como es de suponer, no llegaré a las diez, sino que lo haré más tarde —pues ese día quiero estar todo lo posible a tu lado— y, si quieren prepararme cena, no es necesario que me esperen. En fin, las cosas que tú sabes. No te olvides en forma alguna de ello, pues no quiero que me suceda como otras veces, que tengo que dejarte a las diez.

Estoy deseando saber si han salido las fotografías. Tengo tan pocas fotos en las que estemos tú y yo juntos que rabio por verlas. Además, las que tengo son bastante malas. Quiero tenerlas porque, mientras las miro, mis recuerdos vuelan fácilmente hacia aquellos gratos momentos y el tiempo se me hace más agradable.

Mi neniña, yo también sentí el dejarte. Pasé a tu lado dos días muy felices, tanto, tanto que se fueron antes de que tuviera tiempo a darme cuenta de que estaba contigo.

Realmente nuestra vida hasta ahora fue toda a base de renunciaciones, pero por una vez parece que todo empieza a aclararse y el panorama se nos presenta mucho mejor. Por otro lado, bien es verdad que es muy poco el tiempo que pasamos juntos, pero también lo es que ese tiempo lo vivimos para nosotros, sin una sombra que nos empañe por un momento.

Estoy pensando que el día 30 de este mes cuadra en sábado; el 1 es domingo y es fiesta (¿te acuerdas de esta fecha?); es magnífico pensar que podíamos pasar de sábado a la noche del lunes juntos. ¿Qué te parece? No sé si el lunes tendré que desfilar en Pontevedra; de todas formas, ya buscaría un arreglo para estar el máximo tiempo juntos. ¿Te parece bien?

Hoy, cuando me acueste y teniendo en cuenta que podré dormir hasta mañana a las 9, me dedicaré un buen rato a pensar en ti. Supongo que mi último pensamiento será tuyo y ahora, como un adelanto, solo puedo decirte: ¿es posible que te pueda querer más?

Un beso más grande aún

Rafael

Una sencilla historia de amor: Carta 421ª

Palmeira 6 – 3 – 57

Rafael F. Ráfales

Marín

Queridísimo Rafael: Estoy esperando que venga Digna para acostarme. Mientras tanto voy a escribirte un poco, pero no echaré la carta hasta mañana porque si no recibes dos juntas.

Como estoy sola, hoy se quedó Digna conmigo. Hace cosa de una hora pasó por aquí “o Felipe” (Entierro de la Sardina) y se marchó con él. Creo que medio pueblo iba allí armando jaleo. Todos los años hacen este entierro, pero hoy resultó simpatiquísimo: vistieron a un chico medio tonto y talmente parecía un hechicero indio; lo metieron en una especie de urna hecha con palos y paja con farolas a los lados y se fueron con él a hombros, mientras que uno vestido de cura le echaba responsos. Lo más simpático fue que al lado le pusieron un bollo enorme de pan, filloas y dos botellas de vino y no paraba de comer y empinar por un agujerito que tenía la careta. Lo peor es que cuando acabe el recorrido el pobre chico no se va a tener en pie.

Estos días no te quejarás, ¡eh! No hago más que escribirte en papel bonito. Lo que pasa es que no tengo de otro ni me acuerdo de comprarlo, pues si no tendría que racionarlo. Si no me equivoco, hoy te tocó estar de guardia. Se me acaba de ocurrir mirando en el calendario. Si lo hubiese hecho antes te llamaba por teléfono, pero ahora que son ya casi las doce lo más seguro es que estés bien dormido. Es lo malo que tiene la Escuela: a estas horas que podía hablar contigo todo el tiempo que quisiera y con mayor tranquilidad que durante el día, estáis todos durmiendo como niños buenos.

Acaba de llegar Digna. Quería contarme las cosas que hizo el Felipe, pero la mandé a la cama. Estuvimos intentando colocar la radio en la habitación y no hubo forma, porque no tenemos en donde enchufarla. Hasta quitamos la pera de dar luz y enganchamos el enchufe en los hilos, pero hacía un ruido tan grande que tuvimos que dejarlo.

No sabes cómo deseo que llegue pronto el sábado porque también yo tengo muchas ganas de verte. Hoy, cuando volvía de la iglesia, me encontré a Pacucha y Angelito y estuve con ellos unos cinco minutos. Querían darme envidia y me dijeron muchas cosas para fastidiarme.

¿Sabes cuántos realitos tengo? 247. Si mañana voy a Riveira llevo 200 a la Caja de Ahorros.

Rafaeliño, estaba finalizando la carta y encontré en un libro esta cuartilla en la que había una dirección —seguro que equivocada—, la corté e intentaré rellenarla ahora, por la mañana, porque, de todas formas, la carta no saldría hasta mañana.

Quizá sea ésta la última carta que te escribo esta semana, pues, de no echarla hoy, ya no la recibirías antes del sábado.

Hace un rato me llamó mi hermana desde Boiro para decirme que no las espere hasta mañana por la tarde. Ahora se cogen ellas las vacaciones.

Hoy no voy a clase porque no me sé las lecciones. Me pusieron un examen de toda la Historia para después de Carnavales y aún no empecé a leerlo. En cuanto coma me pondré a estudiar toda la tarde sin levantar cabeza y mañana, si Dios quiere, voy a clase y suelto el rollo.

Te aseguro que hoy no hay quien pare en casa. Para encender la cocina me vi negra y, para eso, con un humo enorme. Se me irritaron tanto los ojos que hasta lloré de rabia. Ahora no paran de escocerme. Me parece que voy a meter la cabeza en un cubo de agua fría a ver si se me pasan.

Te quiero mucho. Hasta el sábado. Muchos besos.

Mary-Carmen

Una sencilla historia de amor: Cartas 418ª a 420ª

Palmeira 27 – 2 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Es una carta en la que le cuento muchas cosas, aunque nada nuevo: que al volver de clase me esperaban mis primas para que las disfrazase, la cena por preparar y mi madre para que le echase una mano de última hora; que supongo que, al no poder vernos en Villagarcía, trataríamos de encontrarnos aunque sólo fuese durante unas horas en Puebla y tendría que realizar el viaje de regreso de madrugada. (Me gustaría que las parejas actuales, que lo tienen todo, hasta coche propio o de papá, leyesen esto y sacasen alguna consecuencia).

“El sábado es seguro que no vaya a Villagarcía. Tengo a mi madre con unos apuros enormes y, para más, anda con algo de gripe. Estos días ponen en la Puebla la película “Sissi”. No sé si la habrás visto. Si es que no la viste, podía ir yo a la Puebla y nos quedábamos al cine. Creo que se sale a tiempo para coger el coche de las diez, pero lo encuentro demasiada paliza por tu parte para estar tan poquito tiempo juntos”.

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Carril 5 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Al final parece ser que he podido venir a Villagarcía, pero hace tan mal tiempo que el regreso por mar es imposible; que, visto el panorama, no me queda otra que volver por tierra expuesta a coger una buena mojadura, como en la ocasión anterior; que me causó mucha pena dejarlo en el tren y volví a casa de mis primos muy triste.

“Está lloviendo y soplando el viento de una forma que asusta. Me parece que si espero a ir por el vapor tendré que invernar aquí. Lo peor es que no traje un mal libro para estudiar y hoy le dijeron a mi madre que las Oposiciones son en mayo. Casi lo prefiero porque así tendré el verano libre; pero habré de ponerme a estudiar de firme, pues hasta ahora no lo hice y, desde que me enteré de la convocatoria, me entraron unas ganas enormes de estar en mi casa, pues aquí estoy perdiendo el tiempo”.

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Palmeira 5 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Le digo que mi hermana siempre me pide a mí que dé la cara para que la dejen ir a los sitios y luego las amigas, para colmo, me dicen que soy una mandona; que mal saben ellas que, mientras veían las máscaras tranquilamente, yo estaba a cien por hora planchando el vestido que había de llevar mi hermana al baile; que soy una incomprendida; que hoy me he quedado sola con mi abuelo y continúo la carta al día siguiente mientras mi madre y mi hermana están en la Magdalena; que, aprovechando que no está mi madre, las chicas del taller se disfrazaron con lo que encontraron a mano y hasta llamaron a un fotógrafo para dejar constancia del sarao organizado (siento no conservar ninguna foto de la ocasión).

“Hace un momento pasaron los padres de Nacho a recoger a Naty -perdió el último coche y la llevaron ellos-. Me estuvieron animando para que fuese yo también; pero no quise, ni siquiera me pasó por la imaginación tal idea. Creo que en la vida sentí tan poco interés por un baile. Me agrada mucho más recordar desde la cama los momentos que pasé contigo”.

La cuarta carta me parece muy graciosa y he decidido escribirla por separado.

Una sencilla historia de amor: Cartas 414ª a 417ª

Palmeira 22 – 2 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

Le cuento que he pasado la tarde aburrida y para animarme se me ocurrió disfrazarme y gastarles una broma a las chicas del taller; que estoy deseando que llegue el domingo para hablar con él por teléfono, aunque poco podemos decirnos con tantas escuchas; que haga muy bien todo lo que le manden para que no lo castiguen el sábado y podamos vernos aunque sea en Villagarcía.

“Verás lo que hice: me embadurné toda la cara con polvos de talco, me pinté las ojeras con carbón, hice unos dientes de cebolla y luego me cubrí con una tela negra, aprovechando que mi madre estaba arriba atendiendo a unas señoras, porque, de encontrarse allí, podía darle un patatús. Apagué las luces y me presenté en el taller con una vela encendida. Si vieras cómo chillaban las chicas; y es que parecía la Muerte de verdad. Claro que, por poco, me gano un coscorrón de mi madre por armar aquel jaleo; pero, al menos, logré animarme un poco, aunque fuese a base de una broma tan macabra”.

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Marín 23 – 2 – 57
Mary Carmen G. Fontao
Palmeira

Como de costumbre, me escribe durante la clase de estudio, pendiente de los paseos del profesor; que le gusta recibir cartas, pero ¡qué difícil es escribirlas cuando nada nuevo tienes para contar!; y las llamadas telefónicas…, con cinco personas alrededor -incluido el director del hospital- y las telefonistas curiosas; que recibió dinero de casa Fuentes y se va a dar una mariscada el grupo completo, porque con lo poco que cobran apenas tienen para pagar el autobús.

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Marín 24 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Acabamos de hablar por teléfono y dice que las llamadas telefónicas, además de costarle un riñón por lo rápido que pasan los minutos, hacen que se acuerde más de mí; que hoy es el baile de gala en el Casino de Pontevedra y se alegra de estar de guardia, porque lo pasaría mal al ver a tanta chica de largo y yo no estuviese; que se imagina cómo estaría yo con un traje de esos.

“A partir de mañana voy a intentar no salir a la noche. Ya te decía que casi todas las noches voy a cenar fuera. Quiero no gastar más dinero, pues si sigo a este paso voy a empeñar hasta el sable. Así que intentaré quedarme en la Escuela y te escribiré a las tardes y en las clases de estudio estudiaré un poco de Medicina, pues la estoy dejando muy olvidada, aunque otra cosa no (maldita sea, acaban de llamarme para otro tío; lo malo es si esta noche les da por venir borrachos) puedo hacer con este condenado sistema de la Escuela. Me agradaría poder llevar a cabo lo que digo; lo malo es que las tres horas que pasas fuera de la Escuela son horas de liberación y, si te faltan, los días te parecen enormes; pero habrá que sacrificarse e intentar lo proyectado”.

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Marín 26 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

A pesar de reñirme duro por la ausencia de cartas, es una larga carta muy bonita; que tienen permiso del profesor para estudiar o, poco menos, hacer lo que quieran durante la clase de estudio, y el que no lee una novela le escribe a la novia; que llegó a Pontevedra un compañero de carrera y mañana irán él y Fuentes a reunirse con él; que atendió al hijo del Comandante de Marina de Riveira y le prometió ponerlo al corriente de fiestas y acontecimientos que puedan interesarle; que está enfadadísimo por lo poco que le escribo y si es a propósito no podría hacerlo mejor; que comienza a cansarse de mi falta de interés.

“Mary, esto de las cartas ya es el colmo. Te puedo asegurar que me está molestando bastante, no te lo digo incomodado pero es así; parece que gozas con molestarme y, la verdad, no concibo cómo te cuesta tanto llenar un par de hojas; es vergonzoso que una carta -que escribes de tarde en tarde- traiga una letra enorme y cuando empiezo a leerla me encuentro con que he acabado. ¿No crees que estás abusando un poco? El que sea más o menos complaciente contigo no significa que vaya a aguantar tanto y, te lo digo de verdad, me estoy cansando. Sí, a una carta mía un poco seria, me respondes con una decente, ¿te crees que me conformo? No, hijiña, tardo mucho en olvidarme de las cosas y aunque nada te vuelva a decir, es un pequeño granito que va aumentando”.

Postdata

Es cierto que me escribía con más frecuencia; pero hay que tener en cuenta que a él le resultaba más fácil que a mí expresarse y que yo, durante el día, tenía una serie de obligaciones que me impedían escribir de un tirón y por la noche se iba la luz más de una vez y, con ella, la inspiración.

Una sencilla historia de amor: Cartas 410ª a 413ª

Marín 16 – 2 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Se trata de una carta muy similar a las anteriores, quejándose de los cortes en las manos a causa de tanto remar y otros ejercicios por el estilo (me pregunto qué necesidad tenía un médico de remar tanto; pero era el reglamento y había que cumplirlo); que el próximo fin de semana tampoco podrá venir a verme porque los ha invitado a comer -a él y a Fuentes, un compañero- el director del hospital y ya no pueden alargar más la fecha; que, para colmo, el otro fin de semana tiene guardia y ni siquiera podrá disponer de unas horas para estar con su padre que viene a Santiago; que me llamó por teléfono y estuvo hablando con mi madre convencido de que era Digna y, además de tutearla, vete a saber lo que le dijo.

“Ya no quiero decirte lo que pasa por mí. Estoy francamente disgustado. Por un lado el no poder ir a verte, por otro el temor a que creas que podría hacerlo. Muñequiña, comprenderás de sobra que si no voy es porque me es completamente imposible. Aún no quedan aquí todos mis males: el próximo domingo estoy de guardia y no hay forma de que se arregle. Ya no sé lo que vas a pensar. Ten por seguro que si hablase contigo y me dijeses que no me preocupase, que comprendías perfectamente estas cosas, ya me quedaría mucho más tranquilo y todo esto se me haría mucho más llevadero”.

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Marín 18 – 2 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Enfadadísimo por lo poco que le escribo, pero estoy segura que ha tenido que haber una razón poderosa que debimos de aclarar por teléfono, porque el final de la carta es cariñoso; que, como de costumbre, me escribe en la clase de estudio, no deja de pasear el “proto” entre las mesas y, aunque es el más comprensivo de todos, tiene que andar con cuidado; que estuvo unas horas en Santiago intentando solucionar un problema médico de un señor conocido; que el domingo fue al cine en Pontevedra y no se enteró de media película porque creía tenerme a su lado y no dejaba de volver la cabeza.

“Quisiera saber si realmente continuarías enferma; de ser así te podría disculpar pero interiormente creo que no puede ser tal cosa y en ese caso me pregunto cómo es posible que en una semana hubieses enviado el total de una carta (la que recibí el pasado lunes se había atrasado y en realidad pertenecía a la semana anterior). Me dices que no te agrada que haga comparaciones; hija mía, aunque no quiera debo hacerlas: de mis seis compañeros con novia tres o cuatro reciben carta en días alternos y los restantes, diaria. Puedo asegurarte que no les ha faltado ni un día”.

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Marín 19 – 2 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Es otra carta preciosa en la que dice que no debía haberse enfadado por tardar tanto en escribirle, aunque tenía sus razones; pero que, al recibir mi carta, se olvidó por completo.

“Neniña, me agrada que te incomodes, eso indica que me quieres; lo encontraría muy bien si en ello hubiese un fondo de razón, pero ten por seguro que todas tus sospechas son infundadas. ¿No te dije en ocasiones que tendría que ir a comer a casa de don Luis? Me negué una vez a hacerlo usando un pretexto; en esta segunda ocasión ya no lo podía hacer, hay ciertos momentos en que la vida social te requiere un sacrificio, pero es mejor esto a parecer un lobo; por otro lado me conviene quedar amistosamente con ese señor, es cirujano y Dios sabe si en la vida me podrá ayudar. Así que, mi neniña, déjate de pensar en tonterías, quiéreme mucho, como deseo que lo hagas, y ten la confianza que siempre has dicho depositabas en mí. ¿Estamos? Te quiero mucho, mucho, mucho más de lo que crees y, aunque no lo quisiera, tú siempre estás en mi recuerdo”.

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Marín 19 – 2 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Me envía dos cartas con la misma fecha porque al día siguiente ha de preparar una conferencia que tiene que dar y no le va a quedar tiempo para escribirme; que lo hace desde el Casino ya que se está muy cómodo, allí la cena resulta baratísima y es mucho mejor que la de la Escuela; que se ve obligado a terminar pronto la carta puesto que tiene que estar en la habitación a las 10,15 como muy tarde.

“Otro asunto, ya no me atrevo a hablar de ello. Neniña, sabes que el domingo estoy de guardia y haga lo que haga no puedo ir a Palmeira. Sí podía hacerlo a Villagarcía, pues me he enterado que para volver pasa un tren a las 7 de la mañana del domingo, lo podía coger y así estaba aquí a las 9 de la mañana, hora en que tengo que entrar de guardia. No tengo confianza alguna en que podamos hacer esto, pues no sé cómo podrás estar tú para ese día; pero te ruego, neniña, que si hay alguna forma, vengas a Villagarcía, aunque no tengamos baile, me es lo mismo. Tengo muchas ganas de verte, pero también quiero demostrarte que sólo me importas tú y aun habiendo baile de Fachas en Pontevedra, mando todo a paseo y sólo quiero estar a tu lado”.

Una sencilla historia de amor: Carta 409ª

Palmeira  9 – 2 – 57

Rafael F. Ráfales

Marín

Rafaeliño: Prometí escribirte y voy a hacerlo. Son algo más de las doce de la noche. Hasta hace un momento estuvieron aquí cosiendo mi madre y mi hermana, pero ya se fueron a la cama. Yo les dije que me quedaba estudiando un poco…

No sabes lo a gusto que se escribe estando sola, sin prisas y escuchando una música maravillosa. Así sí que se puede soñar. Ya lo estuve haciendo. ¿Quieres saber qué pensaba? Me veía en la fiesta de la que me hablaste. Llevaba un traje blanco largo y muy bonito, tanto que podía comparársele a los de esas chicas hijas de comandantes y coroneles. Bailaba contigo y estaba tan contenta de llevarte a mi lado, tan orgullosa de ti y era tan feliz que todo me parecía un sueño. Y así es. Yo no tuve ocasión en mi vida de llevar un traje de noche y no puedes imaginarte lo maravilloso que le parece eso a una chica y mucho más en mis condiciones. Creo que la más fea se imagina un hada con un traje de esos. Me acuerdo que una vez, siendo muy pequeña, hizo mi madre dos trajes largos para unas hermanas que iban a esa fiesta precisamente; las veía tan guapas con aquellos vestidos  que para mí ya no existía nada mejor y me dije que algún día llevaría uno así.

Rafaeliño, ¿te atreverías a llevarme a esa fiesta? ¿No tienes miedo que te deje quedar mal?  Muchas veces me llamaste aldeana ¿te acuerdas? Creo que tenías razón y también tu padre cuando te tomaba el pelo… Pero no me importa mucho porque sé que a tu lado aprenderé muchas cosas y a cambio yo te querré mucho, mucho.

Y ahora permíteme que descienda a la realidad porque sino Dios sabe la cantidad de barbaridades que discurriría y no quiero.

Me pregunto qué estarás haciendo en este momento. ¿Durmiendo, acaso? ¿En casa de   tíos? ¿Y si resulta que estás pasándolo bien con tus amigotes en el Suevia?… Se me ocurrió decir el Suevia porque hace un momento estuve escuchando la retransmisión de una revista que están poniendo allí. No se te ocurrirá a ti escribirle a ninguna Petrusca, o como se llame, porque si no sería capaz de hincharte un ojo.

Cuando fui a llevar la otra carta a Correos vi que quedaba una noche estupenda. No sé, pero me da la impresión de que mañana hará un día bueno.  ¡Mira que tenemos mala suerte! ¿Vendrás el domingo? Ojalá se ponga el tiempo bueno de una vez.

¿Crees que el domingo de Carnaval estarás libre? Me gustaría que así fuese, porque entonces me las arreglaría para que me dejasen ir a Villagarcía y ese día -el sábado, quiero decir- hay baile de disfraces. Pero ya hablaremos con calma cuando vengas sino, por carta, sería mucho rollo. El día que me vine hicimos  muchos proyectos Ana Mª y yo. Pensaba ir con mi madre a Vigo cualquier día de este mes, pero mi madre decidió dejarme a mí en casa y llevar a Naty porque dice que sale menos que yo y hay que repartir. Me gustaría ir, pero no osé protestar. Hay que ganar méritos para las ocasiones…

Se me cierran los ojos y voy a dejarlo aquí. Mañana en un momentito que tenga desocupado seguiré escribiendo y así saldré de las dos acostumbradas cuartillitas.

Continúo hoy, domingo. Son algo más de las cinco y aún estoy sin saber qué hacer durante la tarde. No me gusta pasar el domingo todo el día metida en casa. No me hace gracia la idea de meterme aquí en el cine, pero más me horroriza pensar en desplazarme a Puebla o Riveira y eso que hace un momento me llamó mi madrina para que me llegase hasta Riveira dando un paseo y luego iba al cine con ellos.

Ahora mismo estoy escuchando la información de los partidos de futbol; no es que me interesen mucho, pero tengo una quiniela y, de paso, me entero de los resultados. No creo que pase de los seis u ocho aciertos de costumbre.

Hoy apareció un día precioso. Al salir de misa anduve dando unas vuelta por la carretera y daba gusto. No daban ganas de venirse para casa. Me acordé mucho de ti, pero casi preferí que no hubieses venido, porque hoy por la mañana, con todo lo que tuve que hacer, no sé cómo me las arreglaría para estar contigo. A no ser que vinieses a ayudarme a preparar  la comida…

Acabo de subir para hacerme unas fotografías. Vino Naty a decirme que estaba arriba un fotógrafo y allá me fui. No sé cómo saldrán, porque el que nos las hizo era un niño que no tendría más de trece o catorce años.

No sé por qué hoy me gustaría hablar contigo por teléfono. Sin embargo, aunque quiera, no podré  pues lo más natural es que no estés en la Escuela. Me quedaré con las ganas.

Esta carta va escrita por etapas. Me fui yo sola al cine, vi la película y me vine la primera. Ahora estoy contenta de haber ido porque me reí a más no poder. La película no valió gran cosa pero tuvo detalles de carcajada; además, un poco verdes y, como tú no estabas, pude reírme a mis anchas. De todas maneras te eché mucho de menos y hoy me encontré más sola que nunca.

Entre el animador del baile que está asesinando de mala forma las canciones más bonitas y mi prima la de Carreira que, para castigo mío está hoy aquí, van a acabar con mi sistema nervioso. Cuando llegué del cine me encontré con todos los cajones de la casa abiertos y revueltos; pero lo peor fue que entre ella y Lolita me tiraron una taza de nata que después de muchos días logré juntar para hacer un postre. Si las cojo en el momento, las mato. Ahora están armando jaleo para que les dé la cena y vaya a acostarlas y lo malo es que estoy sola en casa: mi madre se fue a un entierro a la Puebla y vendrá en el coche de Santiago y mi hermana no sé a dónde habrá ido.

Ahora sí que voy a parar y creo que esta vez ya está bien, porque quiero mandar a esas dos a la cama a ver si no dan la lata y, además, dentro de un momento se marcha Digna al baile y tendré que echar un vistazo al teléfono.

Rafaeliño, te quiero mucho, mucho. Deseo que llegue muy pronto el domingo para estar a tu lado y decírtelo muchas veces como tú quieres.

Muchos besos

Mary-Carmen

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Posdata:

La lectura de la anterior carta me ha hecho comparar aquella etapa, en la que poco necesitabas  para considerarte casi una princesa, con el momento actual en el que los contenedores de ropa no dan cabida a tanto despilfarro (aunque siempre habrá alguien dispuesto a aprovechar los derroches de otros).

Lo cierto es que guardo un recuerdo imborrable de aquel baile en el que las miradas de los presentes convergían, no sé a ciencia cierta si en mi persona o en el precioso vestido amarillo a godets  -ni siquiera de color blanco ni largo del todo, como había soñado,  sino tobillero- que mi madre confeccionó con la magia que ponía en todo lo que caía en sus manos y, además, para el que había sabido elegir un color que potenciaba el dorado de mi piel morena por el sol y el verde de mis ojos.

Tampoco desmereció el traje que lucí por la mañana en la Jura: un sencillo dos piezas celeste que -estoy convencida- resultó de lo más elegante en su sencillez.

Una sencilla historia de amor: Cartas 405ª a 408ª

Palmeira 5 – 2 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín

La mala calidad de la tinta apenas permite leer lo escrito; parece ser que tengo bastante que estudiar, debido a unas posibles Oposiciones, y el tema que me traigo entre manos -Geografía Política- no se me da nada bien; que todavía he llegado hoy de Villagarcía a causa del temporal y durante el viaje, Ana Mª y yo, hicimos un montón de proyectos que le contaré el día que nos veamos de nuevo; que acaba de irse la luz y, si no vuelve, tendré que estudiar con una vela.

“Acaba de marcharse la luz y el caso es que si no vuelve me hace una jugada. No tendré más remedio que estudiar con una vela y así no sé el tiempo que aguantaré. Vivir en un pueblo pequeño (llámalo aldea, si quieres, anda) es un verdadero asquito”.

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Marín 5 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Es una carta muy larga y muy bonita, en la que me cuenta montones de cosas, a pesar de tener un dedo “escacharrado” de tanto remar y realizar una serie de ejercicios físicos con los que castigaron a toda la promoción a causa de la barrabasada de uno solo que pretendía fastidiar a todo el grupo; para completar, nada más entrar de guardia, tuvo que atender a un marinero que se había quemado las piernas con una garrafa de gasolina ardiendo y, al finalizar, su dedo escacharrado parecía una salchicha; que al terminar la guardia le entregaron mi carta y le pareció preciosa; de la suya, son tantas las cosas que me gustan que es difícil elegir.

“Sí, cativiña, lo que te dije del día de la Jura es tan cierto como que tú existes. No sé si surgirán inconvenientes, pero de momento y hasta ese día mi mayor alegría será que tú estés a mi lado. ¿Te acuerdas de cuando acabé la carrera? Tú fuiste el único ser querido que estuvo a mi lado y muchas veces tengo pensado que en aquellos momentos, cuando veía resuelto uno de los problemas de mi vida, fueses tú precisamente la que estuvieses conmigo. No puedo permitir que en este segundo paso vayas a dejarme y sea como sea estarás a mi lado. Además tengo la otra razón: quiero convencer a mis padres para que vengan aquí -comprenderás que a mí me agradará que lo hagan y supongo que a ellos les gustará igualmente-; pues bien, me parece que esa será la ocasión ideal para que te conozcan; sé que les vas a agradar y que ese día será uno de felicidad para todos nosotros”.

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Marín 7 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Se queja siempre de que sus cartas parecen cortadas por el mismo patrón, porque en la Escuela nunca sucede nada diferente al día anterior; que el único lugar en el que logra escribir es la clase de estudio, siempre con el miedo a que lo pillen y no le dejen salir el sábado;

que tienen en el dormitorio un tío que ronca, pero más que los ronquidos le molestan los gritos de los compañeros para que se calle; el resultado es que anda todo el día dormido.

“Ayer recibí una carta de mi tío el de Vigo. Hace unos tres años que no lo veo. Es un hermano de mi madre que hace unos años se vino a vivir a Vigo, estamos muy unidos y, francamente, me gustaría ir a visitarlo (rompe después esa carta, no me la remitas). A pesar de todo tengo ganas de volver junto a ti. Si el sábado se presenta bueno, lo haré, pero si el tiempo no lo está, entonces voy a Vigo. He estado pensándolo y creo que es mejor así. Mientras el tiempo permanezca de esta forma me expongo a hacerte una visita y encontrarme sin lancha para volver con lo que tendría un gran disgusto y un castigo grande. Siendo así es preferible que aproveche el mal tiempo para ir a Vigo un sábado, vendría el domingo por la mañana e iría a comer con el médico que me invitó con lo que mataría dos pájaros de un tiro; así quedaría completamente libre y podría ir todos los domingos a verte hasta que me tocase guardia”.

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Marín 9 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira

Como no tiene otro momento para hacerlo, me escribe en la clase de estudio pendiente de que no lo pillen y le metan un “paquete”; que también está escribiendo a sus padres, pues su hermano Luis se pegó un buen porrazo en la nariz, con fractura, y quiere darles algunos consejos; que intentó dos veces hablar conmigo por teléfono y no hubo manera; que, encima, tiene que llamarme desde el Hospital y hay tanta gente al lado que parece que todos están pendientes de lo que dice y eso le corta; que su tío de Vigo insiste en que vaya a verlos algún fin de semana y seguramente aprovechará el próximo, que parece que habrá temporal y no podrá venir a Palmeira.

“Cativiña, me pregunto ahora qué es lo que te puedo decir. Realmente es más que difícil escribir frecuentemente desde aquí, ya que no tienes nada nuevo que decir. Es pasarse días y días encerrado oyendo siempre las mismas conversaciones, idénticas quejas, constantes esperanzas de que venga el sábado. El hablarte de que si hacemos instrucción o saltamos el potro, no creo que sea muy agradable de leer y esto es lo único que te puedo decir, ya que aquí estoy tan alejado del Mundo que no me entero de nada de lo que sucede fuera de estas murallas. Cada vez que pienso que desde que estoy aquí no leo un periódico me quedo admirado. Antes me dedicaba a leer una serie de ellos para estar al corriente de lo que sucede en el Mundo, ahora como no venga él a mí a contarme sus penas, yo no me entero de nada”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 401ª a 404ª

Marín 27 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Que, cansado de ver uniformes, se asomó con varios compañeros a una ventana que daba al campo de deportes de los jefazos en el que jugaban al tenis unas chicas y, aunque les parecieron feísimas, comenzaron a llamarlas guapas y ellas se lo creyeron; que para una vez que se le ocurre ir al cine le dice un compañero que lo he llamado por teléfono; que, a pesar de tener de nuevo función, hoy no piensa ir no sea que vuelva a llamarlo (qué lejos quedaban todavía los móviles); que tiene mucho que estudiar para aprenderse al pie de la letra las lecciones, pues si no las recitan de forma literal —de memoria— no aprueban; que parecen niños de colegio (elijo un párrafo tan largo para dejar constancia de la movida que teníamos que organizar para poder vernos unas horas y ya no digamos si viniese a Palmeira: cruzar la Ría en vapor y coger otro autobús, además).

“Creo que esta semana los días me van a parecer años. Por fin podré ir a verte, si a alguno de los condenados profesores no se le ocurre dejarme encerrado el sábado, como le ocurrió a dos de mis compañeros por las cosas más imbéciles. ¡No sabes bien las ganas que tengo de estar a tu lado! Como el sábado nos dejan salir a eso de las 3´40, trataré de coger el autobús para alcanzar un tren que pasa por Pontevedra a las 4´15 y llegaría a Villagarcía a las 5 de la tarde. ¿Estarás tú allí? Si por cualquier cosa perdiese ese tren, iría en el siguiente y me tendrías que indicar un buen sitio para buscarte. Pienso que si coges el vapor que sale a eso de las tres de la Puebla llegarías con el mismo tiempo que yo a Villagarcía con lo que ni el uno ni el otro tendría que esperar (acaba de entrar un fragata y me entregó una carta tuya que leeré después de comer). Cativiña, lo que sí te agradezco es que no andemos con despistes y perdamos tiempo en encontrarnos, date cuenta que tenemos muy poco y debemos aprovecharlo hasta el máximo”.

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Marín 29 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Dice que por fin me escribe con una buena pluma recién adquirida que paga con vales; que este mes no va a cobrar un “chico” con todo lo que le van a descontar, pero que se siente feliz de no resultar una carga para sus padres; que no se encuentra del todo bien (ni se encontrará, a causa del gluten, puedo casi afirmarlo con certeza al ir descubriendo aspectos que antes eran desconocidos hasta para los mismos científicos), pero remará, correrá y lo que haga falta, con tal de venir a verme; que se ha librado de salir a remar, a causa de fuerte lluvia y que ruega para que no se levante temporal y la que no pueda ir sea yo; es una carta muy bonita en la que se nota el estreno de la pluma.

“Cativiña, ahora hace buen tiempo. Supongo que la Ría estará en buenas condiciones y por fin podremos estar juntos. Si sucediese algo que me impidiese ir, te avisaría con tiempo. Prométeme que en esas horas que vamos a estar juntos me vas a querer mucho, mucho. Tanto como yo a ti. ¡Quién pudiera estar ahora a tu lado! Pienso que desde hace unos meses nuestro noviazgo vive de ilusiones, el día que lo veamos realidad no vamos a creerlo”.

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Marín 31 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Dice que los tratan como a niños pequeños, que les dan diez puntos para cuatro meses y por cada pequeña mala acción se los van descontando y pueden llegar a formarles un consejo de disciplina y quedarse varias semanas sin salir; que a él ya le pusieron dos faltas: por soplarle un examen a un compañero y por hablar en la habitación a las once de la noche y eso que se está portando lo mejor que puede para que no lo castiguen el sábado; que tienen superiores comprensivos, pero también alguno que descarga su mal humor en ellos.

“Muchas veces pienso que se vive más feliz sin tener la novia cerca. A éstos los castigan y nada pierden, a no ser una juerga en Vigo y, al fin de cuentas, si quieren emborracharse lo pueden hacer en el Casino de la Escuela y, de allí, a la cama; pero yo pienso que si no agarro estos días resulta que me paso la vida separado de ti y esto no puede ser. Para colmo, no puedo beber y ahogar las penas con el vino; por culpa del maldito estómago, o lo que sea, no tengo ni ese consuelo”.

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Carril 4 – 2 – 57

Rafael F. Ráfales

Marín

A juzgar por esta carta, se ve que hemos podido encontrarnos en Villagarcía; que, a causa del temporal, no hay vapor de regreso a Palmeira y continúo en Carril; que no tendré más remedio que volver en tren, autobús y una larga caminata bajo la lluvia para cubrir la distancia entre las dos estaciones; que desde Villagarcía intenté hablar por teléfono con mi casa y, a duras penas, lo logré por la tarde; que estoy muy feliz porque quiere que vaya a las fiestas de la Jura.

“¿De verdad quieres que en julio vaya a Marín? ¿Sabes una cosa?… Desde ahora comenzaré a juntar dinero y te prometo que ese día llevaré el traje más bonito que haya tenido en mi vida, porque quiero estar muy guapa para ti solito”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 397ª a 400ª

Marín 20 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Parece ser que cuando comenzaba a escribir la carta lo llamé por teléfono y eso le dio ánimo o hubiese resultado una carta muy tristona; que ese día montó guardia un compañero que le parece un excelente muchacho y que también, como él, está pendiente de reunir algún dinero para casarse (compañero al que conocí, ya casada, lo mismo que a su mujer y a su primer hijo); casi toda la carta, preciosa, al menos para mí, es un conjunto de frases cariñosas y mucha pena por no poder venir a verme.

“Quiero trabajar mucho y bien, pues tan pronto tenga una seguridad de que las cosas se nos dan bien, nos casamos y a vivir. Ten por seguro que si todo sale como hasta ahora no tardaremos tanto en hacerlo como suponía al principio. Cativiña, tengo ganas de estar juntos de una vez, de tener nuestra casa y de hacer nuestra vida. ¡Ya no quiero ni pensarlo! Debe ser tan bonito tener una niña con los ojos tan verdes como su madre y oírse llamar papá. ¡Ya me veo con canas y hasta con barriga!”.

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Palmeira 22 – 1 – 57

Rafael F. Ráfales

Marín

Le cuento que estaba escribiéndole en el Mercantil y que daba gusto, porque no había más que un par de chavales jugando al futbolín; pero comenzó a llenarse de gente que no paraba de charlar o jugar a las cartas y he tenido que venir a acabar la carta en casa; que el día anterior no le escribí porque nos mandó mi madre a Digna y a mí a recoger la ropa que había quedado olvidada en el Agro, yo llevaba unas zuecas kilométricas, perdí el equilibrio y me caí de narices; para completar, fui a Correos a llevar una carta para mi padre y, ¡chaf!, me metí en un enorme charco.

“Al entrar en el teléfono tuve la impresión de llegar a un funeral: encontré a Digna y a mi hermana muertas de miedo diciendo que se va a terminar el mundo enseguida. Según ellas, una especie de aurora boreal que se vio estos días era una señal. Digna está decidida a dejar al novio y mi hermana está apurándome para que vayamos a rezar el Rosario y hasta dice que de ahora en adelante me ayudará a fregar la loza para que Dios se lo tenga en cuenta el día del Juicio. Te aseguro que casi me metieron el pánico en el cuerpo. Pero ¿sabes una cosa? Le voy a pedir a Dios que se espere un poquito, por lo menos hasta que esté casada contigo. Se lo pediré con tanto fervor que estoy segura de que me lo concederá”.

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Marín 23 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Al escribirme todos los días dice que pocas cosas puede contarme; que, a veces, le dan ganas de copiar un trozo de la novela que está leyendo, bromea; que se llevó una enorme alegría al leer que podemos vernos en Villagarcía; que le explique el parentesco que tengo con esa señora, porque en una carta le llamo “prima”, en otra “tía” y se arma un lío descomunal.

“Ayer recibí otra carta tuya. Tengo que volver a leerla porque me enteré vagamente de lo que dices. Dime una cosa: qué te es esa señora de Villagarcía a la que en una carta llamas prima y en otra tía; en fin, que me estás armando un lío. Me agradó mucho que ella hubiese pensado lo mismo que nosotros. Se ve que tiene cabeza y ello la honra. Así da gusto, pues puedes ir allí con entera confianza y yo me quedo más tranquilo. Creo que va siendo hora de que las cosas nos vayan saliendo bien”.

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Marín 24 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Se queja porque se había acostumbrado a mis llamadas telefónicas y ahora no las hago; que ya se incorporó al trabajo, aunque sólo a las clases teóricas, todavía no hace ejercicios que exijan gran esfuerzo; que los alumnos médicos se sienten unos privilegiados en cuanto al tratamiento de sus jefes de clínica, pero no así con los duros ejercicios físicos que tienen que realizar —llueva o truene— corriendo, dándole al remo o trepando por una cuerda.

“En este momento me acabas de llamar, pero en vez de darme una alegría me dio rabia. No lo comprendo: empezamos a hablar y se organizó un enorme follón entre tú, la que organizaba la comunicación, Naty y no sé quién demonios más; resultando que, de golpe y porrazo, se corta y me quedo con las ganas de oírte. Estuve un buen rato con el teléfono en la mano esperando a que volviesen a oírse las voces y, en vista de que no oía nada, decidí colgar. Espero que tu próxima llamada sea con mejores resultados. Me fastidia que no pudiésemos hablar hoy porque tenía varias preguntas que hacerte sobre nuestro próximo encuentro”.

Una sencilla historia de amor: Cartas 393ª a 396ª

Marín 11 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Se trata de una larga carta en la que me narra todas las peripecias ocurridas durante su primer día en la Escuela Naval: diana a las seis de la mañana; ducha con agua poco menos que helada que dejaron correr haciendo ruido sin mojarse siquiera; café al que tuvieron que añadir la mantequilla del pan para que supiese a algo; tiempo muerto; formación en el patio y desfile: a él, que era el más alto, lo pusieron a la cabeza de la fila y, como no había hecho las Milicias, no tenía idea de desfilar y armó un tremendo desbarajuste; que todavía no empezaron a estudiar, pero se pasan el día con muchos ejercicios físicos, aprender a saludar y cosas así; que le escriba mucho, porque en Pontevedra hay muchas chicas guapas y se pirran por los marinos; que si la próxima semana libra y no le cae ningún “paquete” viene a verme, o quedamos unas horas en Villagarcía; aunque acaba de estar en Palmeira un par de días, se ha quedado sin blanca y los primeros meses apenas recibe paga, porque le descuentan lo que gastó en uniformes y demás cosas que necesitaba.

“Muñequiña, sólo quiero pedirte que me escribas todo lo que puedas. Ya sabes lo doloroso que es ver a los demás recibir sus cartas, mirar lo contentos que se ponen y yo tener que conformarme con abrir la taquilla y ver tu fotografía que tengo colocada en un rinconcito de la misma. Entre nosotros tenemos un chico casado y con dos hijos; hombre joven, de gran mérito -algún día te hablaré de él- y creo que pocas veces he encontrado a alguien que quiera tanto a su mujer (a mí me da envidia, porque se ve que necesariamente tiene que ser un matrimonio feliz); ayer recibió carta de su mujer, me fijé en él y casi le caían las lágrimas. Después de comer fuimos a tomar unas tacitas de vino y me decía que quería hacer algo para alegrarse y sacarse de encima la terrible morriña”.

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Marín 16 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Parece ser que ha entrado en la Escuela una epidemia de gripe y está el Hospital a rebosar; que a él lo metieron en una habitación de oficiales y se encuentra tan a gusto que si no fuese porque no podría venir a Palmeira, no se movería de allí mientras pudiese; que al Hospital le han dado en llamar el “Hotel Clavero” o el “Clavero Hilton” (apellido de su director).

“Cativiña, te puedo asegurar que mi mayor deseo en el presente momento es estar a tu lado. Cuando llegué aquí, después de los dos días que pasé junto a ti (mejor dicho, un día) me daba la impresión de que no había sucedido tal cosa, de que todo había sido un sueño. ¡Se pasó tan pronto! Además no sé lo qué me sucede, pero cuando estoy en Palmeira siento que no llego a estar contigo, me parece que no puedo obrar libremente y que cien ojos vigilan lo que hacemos y otros tantos oídos nos escuchan; todo ello hace perder naturalidad y creo que no llegamos a tener la confianza de costumbre. Me decía que en Villagarcía podíamos tener más libertad y volveríamos a ser nosotros. Creo que si me pongo a pensar que no puedo ir me desesperaré y es mejor convencerme de que a la siguiente semana sí podremos estar juntos. Es natural que me suceda esto: antes, cuando estaba en Ferrol, te encontrabas muy lejos y no había posibilidad de hacer un desplazamiento para pasar un día a tu lado. Ahora es desesperante pensar que con media hora de tren podía estar contigo y pasar unos bonitos ratos juntos y, sin embargo, no lo puedo hacer. Me tendré que contentar con pensar que me quieres mucho ¿es así?, y que tus deseos son los mismos que los míos”.

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Marín 17 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Dice que está muy alegre porque recibió una larga carta mía y, a continuación, una llamada telefónica (el no encontrar la carta a la que se refiere, me hace pensar que equivoqué la fecha y aparecerá fuera de lugar en cualquier momento) en la que cree que sólo dijo tonterías porque, al encontrarse rodeado de gente, no sabía qué decir.

“Tienes razón cuando dices que soy poco amigo del teléfono. Sí, no me gusta; me da la impresión de que muchas personas, sin relación con nosotros, escuchan lo que decimos y esta idea hace que me inhiba tremendamente al hablar y me limite a decir tonterías y, sin embargo, ¡cuánto me gusta oírte! Son estos detalles los que más me hacen quererte”.

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Palmeira 19 – 1- 57

Rafael F. Ráfales

Marín

Parece que la gripe hace acto de presencia en todos lados: a mí también me martillean las sienes y, a pesar de ello, no me libro de preparar la cena y ayudar a mi madre a terminar un abrigo que tiene que entregar con la máxima urgencia; que me fastidiaría coger la gripe porque no podría ver la película del domingo que es muy buena; que mis primos de Villagarcía están encantados de que vaya los fines de semana a su casa.

“Hoy vinieron mis primos de Villagarcía y ya les dije que iría a su casa. Mi prima se alegra mucho de que vaya, es más, aún antes de conocer nuestros proyectos lo había pensado ella y me lo iba a decir. Resulta que también ella y su marido, cuando eran novios, hicieron lo mismo que pensamos hacer nosotros. Él estaba de Alférez en Vigo, tenía libre el mismo tiempo que tú y, para poder estar un poco más tiempo juntos, ella venía a mi casa –vivíamos en Carril- y allí se encontraban. De esto hace unos quince años”.

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Marín 17 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Se ve que son muchas las cartas que se trastocaron por despiste, sobre todo a principio de año, que, por costumbre, era muy fácil seguir poniendo la misma fecha; en este caso se nota la falta de cartas que yo le escribí.

Una sencilla historia de amor: Carta 392ª

Aprovecho la carta para contar una anécdota sobre la figura del “tío Moncho”, una persona encantadora que sólo tenía un defecto: el terror a subir en ascensor. Precisamente, de ese miedo cerval, conservo el recuerdo del episodio que quiero contar.

Acabábamos de estrenar casa mi marido y yo en el 7º piso de un moderno edificio de la Plaza de España, apenas recién casados. Nos dirigíamos hacia nuestro nuevo hogar, acompañados de mi suegra y de su hermano Moncho (“Tío Moncho”, para los más pequeños) y, al llegar al ascensor, Moncho se negó con firmeza a meterse en aquel trasto, asegurando que prefería subir los siete pisos a patas. Después de una serie de ruegos y razonamientos de que su miedo era infundado, logramos que accediese a entrar en el ascensor y, por sentirse más seguro, supongo, pegase la espalda a una de las paredes, con expresión de no tenerlas todas consigo.

Estábamos entre el tercero y el cuarto piso cuando el ascensor se paró bruscamente. Si alguno de los ocupantes se asustó con el frenazo procuró ocultar su miedo bromeando, intentando que la lividez del rostro de Moncho desapareciese.

No recuerdo si fueron minutos o más largo el tiempo que duró la reparación de la avería, pero puedo asegurar que la espera se hizo eterna para todos, por mucho que tratásemos de disimularlo.

También puedo garantizar que, para Moncho, aquella fue la primera y única vez que se metió en un ascensor.

Ferrol 1 – 1 – 57

Mary-Carmen G. Fontao

Palmeira

Muñequiña: No quiero que comience el año sin que recibas mi carta; ya sé que no será muy larga, pero, de todas formas, quiero que sea un símbolo de nuestra unión y mi deseo de que el próximo año nos encontremos reunidos.

Hoy es un día que me hubiese agradado mucho recibir una carta tuya y, como hace unos días que no me envías nada, confiaba casi seguro recibirla en este día; pero bueno, no fue así y hay que conformarse.

Está visto que no he de poder escribirte una carta; ahora mismo lo estoy haciendo con gran prisa. Ayer me acosté muy tarde y para despertarme tuve que sudar. A la noche ya había dejado papel y sobre a mi lado para escribirte antes de salir e hice bien, pues tengo los minutos contados si es que quiero levantarme e ir a misa. Creo que debo empezar el año bien ¿tú qué opinas?

Antes de proseguir quiero enviarte un beso muy grande y con él pido que en el presente año tengamos más suerte en nuestra unión y podamos pasar gran parte del mismo unidos.

Ayer me acosté a las seis de la mañana y parece que después de estos días en mi casa perdí la costumbre de trasnochar, pues ahora estoy completamente baldado. Cenamos mis padres y hermanos reunidos; después de la cena los pequeños pidieron permiso para ir al baile y yo me quedé con mis padres, pues tenía interés en pasar la noche con ellos. En casa de mi abuela había dos personas solas: mi abuela y una tía (antes era una enorme familia, llegábamos a reunirnos más de 30 personas; pero ahora todos se han desperdigado mundo adelante y da verdadera tristeza verlas tan solas estos días), así que decidimos ir a pasar la noche con ellas, es decir, la despedida de año. Así lo hicimos y luego de tomar las uvas nos fuimos a casa de Felo donde había una enorme reunión. Allí pasamos el resto de la noche. Por cierto que, aunque te parezca mentira, estuve hablando gran parte de la noche de ti. Verás: me tocó en la mesa al lado mi tío Moncho y él fue el que me empezó a hablar de ti. Me hacía gracia que me preguntase si te había hablado de él, pues decía que quería que, cuando le conocieses, tuvieses la impresión de que hace mucho tiempo que os tratabais. Me preguntaba si eres tan bonita como la foto que llevo en la cartera, ¿tú qué crees? Yo le decía que no, que te pareces a “Doña Urraca”, la de los Pulgarcitos y que, además, tenías una voz que para oírla hay que ponerse auriculares. Y, en fin, otras muchas cosas ¿no te suenan los oídos? Pero que, a pesar de todo, yo te quería. Quizás demasiado, sí; decididamente un poquito más de lo debido.

Pues bien, a eso de las cuatro de la mañana mis padres decidieron venirse para casa; yo quería hacerlo con ellos, pero no me dejaron, así que tuve que quedarme. A las cinco de la mañana salimos a tomar el chocolate y para entrar en un café teníamos que hacerlo casi practicando lucha libre, pues, como llovía mucho, la gente estaba metida en los cafés y el abarrote era enorme. Por fin logramos que nos sirviesen y a eso de las seis de la mañana nos retiramos para casa. Así acabé el año; quizás el más pacífico de todos y aún, a pesar de ello, estoy ahora totalmente cansado. Se ve que voy viejo.

¡Ah! Por cierto que mañana cumplo 25 años ¡Ya está bien! Ahora estos condenados se echan sobre uno a toda velocidad y cuando menos me dé cuenta me encuentro casado y con una porrada de hijos. ¡Si pudiera ser!

Muñequiña, ya pocos días faltan para estar juntos y aunque sea un solo día siempre será algo ¿no es así? ¿Tienes muchas ganas de verme? Yo rabio.

Un beso muy grande de Rafael