
Marín 9 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Tenía intención de venir a Palmeira, pero les comunicaron a última hora que estaban en régimen de estudio y nadie podía pernoctar; en toda la carta me dice que lo siente un montón y más cuando leyó en la mía «ven el sábado»; que, para colmo, tampoco puede venir la próxima semana y que está hasta el gorro de la dichosa Escuela; que se hubiese quedado más tranquilo si lograse hablar conmigo por teléfono; pero lo hizo con mi madre, apenas se oía y se quedó un poco cortado.
«No sé lo que voy a hacer hoy. Decididamente me voy al cine. Proyectan una película de Cantinflas en Pontevedra, se titula “Abajo el telón”; me da la impresión de que ya la he visto. De todas formas, me meteré allí, pues ya sabes que es un tío que me hace gracia. Luego cenaré en Pontevedra y me vendré a la Escuela. Lo peor es mañana: el día se me va a hacer interminable y te aseguro que me agradaría poder olvidarme de ti; así, al menos, estaría tranquilo y no dándome golpes en la cabeza por no poder estar a tu lado».
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Palmeira 9 – 3 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Es una de las cartas más largas que le he escrito, un poco renegando de la Escuela y de todos los que inventan las órdenes; pero también le digo que me he reído mucho con una conquista de mi hermana: un chiquillo larguirucho que habíamos conocido Ana M.ª, Lucita y yo en la estación de Villagarcía y que, a pesar de que le faltaba un diente de delante, presumía a más no poder y le tomamos mucho el pelo. Luego resultó una conquista de mi hermana en el baile de Riveira y la llamó varias veces por teléfono desde Santiago; que fui al cine a la Puebla y, al volver, encontramos la calle llena de máscaras y nos unimos a ellas; y muchas más cosas; pero quiere escribir mi madre a mi padre y tengo que cederle la única pluma de que disponemos.
«Tengo puesta la radio muy bajito. Encontré una emisora en la que sólo se oyen canciones italianas. Son muy dulces cantando los italianos. Me gustaría conocer Italia. ¿Te gustaría pasar allí la luna de miel? Me imagino paseando en góndola por Venecia contigo… Cuando una sueña, llega hasta donde se proponga; para eso son los sueños. Pero no creas que siempre me imagino cosas así de buenas: también sueño que somos muy pobres y que tengo que trabajar mucho para ayudarte; entonces sí que lo paso bien y soy mucho más feliz que cuando me imagino todas esas tonterías».
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Marín, 11 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Me dice que, a pesar del poco tiempo del que dispone para hacerlo, me está escribiendo con asiduidad, aunque sea bajo la vigilancia del «proto»; que, al no poder ir a Palmeira, se fue al cine y, después, al Casino y de bares con los compañeros, por Pontevedra y Marín, haciendo tiempo hasta la hora de dormir; que el domingo, al acabar la misa, se fue a Villagarcía con parte de la promoción y se lo pasaron en grande —contándome con detalle lo que hicieron y lo que se gastaron, que fue bastante, sobre todo en una cena por todo lo alto— hasta coger el último tren en el que pudieron llegar lo más tarde posible a la Escuela a hora no sancionable.
«Bien poco te podías imaginar tú que me podía encontrar tan relativamente cerca. Siempre que estoy en Villagarcía me sucede igual: me da la impresión de que te tengo a un paso y me hubiera agradado llamarte dando un grito y que al momento estuvieses a mi lado. Y ya ves, dos días que he podido pasar a tu lado tuve que dejarlos y todo por la idea imbécil de un cabezota de la Escuela. Te he contado todo lo que hice para que estés completamente tranquila y sepas que, aun separados, tu recuerdo siempre estuvo a mi lado y ¡qué solo me sentía a la noche cuando llegué a la estación y tú no estabas para decirme adiós!».
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Marín 13 – 3 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Me está escribiendo unos minutos antes de un examen de Educación Física que apenas tuvo tiempo de estudiar; dice que recibió una carta mía muy larga y que le gustó tanto que no puede esperar para responderla; que todo lo que le digo en ella es bonito.
«Cativiña, me hablas del día de S. José. No, decididamente te lo digo, ese día no puedo ir a Palmeira. Aunque nos dejasen pernoctar la noche del día anterior, no tendría tiempo a pasarlo contigo, pues no podría coger combinación. Por otro lado, tal como te decía en una de mis cartas, nos han sacado a todos los de la Escuela el permiso para pernoctar y esto parece que va a durar bastante, pues no volverán a concederlo hasta que exista más disciplina, cosa un poco difícil de lograr. Ese mismo día me ha invitado mi tío a ir a Vigo. Te voy a explicar: ese día es el santo de mi tía y en la ocasión que estuve allí me hizo darle mi palabra de que iría a pasarlo con ellos y te aseguro que me agradaría ir, pues sé que les doy una buena alegría».














