
Ferrol 17 – 4 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Me dice que, a pesar de darle permiso para no escribirme mientras está en Ferrol, sería incapaz de no hacerlo, aunque sean cartas más cortas y distanciadas; que poco tiene que contarme, a no ser la rutina de cada día; que hoy estuvieron dos primitas de Betanzos en su casa y le hicieron pasar un rato entretenido, aun cuando lo volvieron loco, sobre todo la pequeña; que lo llamó su padre para ver el ensayo de una obrita corta y una serie de actividades de los alumnos del colegio y le parecieron francamente buenos; que le dio mucha rabia saber que había estado en Coruña y no pudimos vernos; que tenía que haberle llamado más veces o puesto un telegrama a Ferrol, aunque intenté comunicárselo por una serie de medios sin lograrlo.
“Cativiña, no puedes imaginarte la rabia que me dio saber que pudimos pasar juntos unos días en Coruña. Al saber que podías permanecer algún tiempo allí debiste ponerme un telegrama a la Escuela o haberme telefoneado a la Academia y yo me hubiera marchado a la Coruña y estaríamos allí hasta el lunes. No tienes perdón de Dios; a mí me hubiera salido más barato y seguro que quedaría mucho mejor con mis padres. De todos modos me iré el sábado. Supongo que llegaré a Villagarcía con tiempo para coger la última lancha, pues antes me será imposible”.
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Palmeira 17 – 4 – 57
Rafael F. Ráfales
Ferrol
Le cuento que me quemé la mano con el aceite hirviendo al darle la vuelta a una tortilla y duele lo suyo; que recibí su carta cuando aún no la esperaba y me causó mucha alegría; que si no puede venir, lo entiendo y no tiene que preocuparse, al fin y al cabo pronto se marchará a Cartagena y tengo que empezar a acostumbrarme a las ausencias prolongadas; que me cortaron el pelo y tan cortito me lo dejaron que casi no necesito peinarlo, pero que me gusta como me queda; que me reclama mi madre para que baje a echarle una mano; que, aunque me acueste tardísimo, el ratito dedicado a su recuerdo antes de dormirme no me lo quita nadie.
“Está mi madre apurándome para que baje a echarle una mano. No tengo más remedio que quedarme con ella hasta las dos, o más, si quiero que me haga mi vestido y, aun así, no creo que pueda ser”.
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Palmeira 22 – 4 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Le digo que se extrañará de recibir mi carta tan pronto, puesto que acaba de irse, pero que me reclaman de la Magdalena para ser la madrina en las Confirmaciones y poco podré escribirle desde allí; que mientras le escribo se oye la orquesta del baile y lo hacen tan mal que hubiese preferido que no se oyese; que estoy atendiendo al mismo tiempo a la cena, al teléfono y a la carta, pues dejé que mi hermana fuese al cine y mi madre está toda apurada para acompañarme mañana y tengo que bajar a ayudarle; que he tenido que acabar la carta en la Magdalena, pues se nos hizo tardísimo y apenas hemos dormido más de dos horas.
“Ya me encuentro en la Magdalena. Estoy contenta porque me parece que llega esta noche mi prima y así ya no tengo que meterme en jaleos. Además tendré que ayudar en muchas cosas y eso sí que me gusta. Menos mal que aquí la siesta es sagrada y, aunque la odio, hoy me ha venido muy bien un descansito. A lo mejor a la noche o mañana te escribo de nuevo, si es que duermo sola y dispongo de una pluma como ésta”.
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Marín 24 – 4 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Me dice que está de nuevo en la cámara de las torturas, oyendo los ronquidos de los compañeros; a pesar de ello, empieza a pensar que no se está tan mal en la Escuela pudiendo venir los fines de semana a Palmeira; que poco puede contarme, a no ser que se marcharon a sus destinos los alféreces de fragata, que eran unos 50, y se quedaron los 16 de su grupo solos con los alumnos y se entienden bien; que no tienen más jefes que los Oficiales y es un gusto.
“Estos días estoy viviendo de recuerdos, aún me parece que te acabo de dejar. Me hace gracia que cuando llego a Palmeira y digo algo contra ella, pones unos morros muy feos. Eres una completa cría: si supieras lo que gozo con estar junto a ti, aunque sea en el demonio, mejor dicho, en el infierno. ¿Te das cuenta, cativiña, que hoy es miércoles, ya? Me faltan dos días para volver a tu lado. Aunque son las siete de la mañana ya doy por pasado el día y aunque sé que el sábado no te veo hasta la noche, ya considero ese día de fiesta. Neniña, no sé si podrás, pero por si acaso te aviso: si quieres y tu madre te deja, vas hasta la Puebla y así, si queremos, nos vamos al Cine, eso suponiendo que pongan una película que se pueda ver. Que no signifique esto ningún problema para ti; si no pudieses ir, no te preocupes, pasamos el día en Palmeira”.















