
Palmeira 22 – 2 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
Le cuento que he pasado la tarde aburrida y para animarme se me ocurrió disfrazarme y gastarles una broma a las chicas del taller; que estoy deseando que llegue el domingo para hablar con él por teléfono, aunque poco podemos decirnos con tantas escuchas; que haga muy bien todo lo que le manden para que no lo castiguen el sábado y podamos vernos aunque sea en Villagarcía.
“Verás lo que hice: me embadurné toda la cara con polvos de talco, me pinté las ojeras con carbón, hice unos dientes de cebolla y luego me cubrí con una tela negra, aprovechando que mi madre estaba arriba atendiendo a unas señoras, porque, de encontrarse allí, podía darle un patatús. Apagué las luces y me presenté en el taller con una vela encendida. Si vieras cómo chillaban las chicas; y es que parecía la Muerte de verdad. Claro que, por poco, me gano un coscorrón de mi madre por armar aquel jaleo; pero, al menos, logré animarme un poco, aunque fuese a base de una broma tan macabra”.
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Marín 23 – 2 – 57
Mary Carmen G. Fontao
Palmeira
Como de costumbre, me escribe durante la clase de estudio, pendiente de los paseos del profesor; que le gusta recibir cartas, pero ¡qué difícil es escribirlas cuando nada nuevo tienes para contar!; y las llamadas telefónicas…, con cinco personas alrededor -incluido el director del hospital- y las telefonistas curiosas; que recibió dinero de casa Fuentes y se va a dar una mariscada el grupo completo, porque con lo poco que cobran apenas tienen para pagar el autobús.
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Marín 24 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Acabamos de hablar por teléfono y dice que las llamadas telefónicas, además de costarle un riñón por lo rápido que pasan los minutos, hacen que se acuerde más de mí; que hoy es el baile de gala en el Casino de Pontevedra y se alegra de estar de guardia, porque lo pasaría mal al ver a tanta chica de largo y yo no estuviese; que se imagina cómo estaría yo con un traje de esos.
“A partir de mañana voy a intentar no salir a la noche. Ya te decía que casi todas las noches voy a cenar fuera. Quiero no gastar más dinero, pues si sigo a este paso voy a empeñar hasta el sable. Así que intentaré quedarme en la Escuela y te escribiré a las tardes y en las clases de estudio estudiaré un poco de Medicina, pues la estoy dejando muy olvidada, aunque otra cosa no (maldita sea, acaban de llamarme para otro tío; lo malo es si esta noche les da por venir borrachos) puedo hacer con este condenado sistema de la Escuela. Me agradaría poder llevar a cabo lo que digo; lo malo es que las tres horas que pasas fuera de la Escuela son horas de liberación y, si te faltan, los días te parecen enormes; pero habrá que sacrificarse e intentar lo proyectado”.
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Marín 26 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
A pesar de reñirme duro por la ausencia de cartas, es una larga carta muy bonita; que tienen permiso del profesor para estudiar o, poco menos, hacer lo que quieran durante la clase de estudio, y el que no lee una novela le escribe a la novia; que llegó a Pontevedra un compañero de carrera y mañana irán él y Fuentes a reunirse con él; que atendió al hijo del Comandante de Marina de Riveira y le prometió ponerlo al corriente de fiestas y acontecimientos que puedan interesarle; que está enfadadísimo por lo poco que le escribo y si es a propósito no podría hacerlo mejor; que comienza a cansarse de mi falta de interés.
“Mary, esto de las cartas ya es el colmo. Te puedo asegurar que me está molestando bastante, no te lo digo incomodado pero es así; parece que gozas con molestarme y, la verdad, no concibo cómo te cuesta tanto llenar un par de hojas; es vergonzoso que una carta -que escribes de tarde en tarde- traiga una letra enorme y cuando empiezo a leerla me encuentro con que he acabado. ¿No crees que estás abusando un poco? El que sea más o menos complaciente contigo no significa que vaya a aguantar tanto y, te lo digo de verdad, me estoy cansando. Sí, a una carta mía un poco seria, me respondes con una decente, ¿te crees que me conformo? No, hijiña, tardo mucho en olvidarme de las cosas y aunque nada te vuelva a decir, es un pequeño granito que va aumentando”.
Postdata
Es cierto que me escribía con más frecuencia; pero hay que tener en cuenta que a él le resultaba más fácil que a mí expresarse y que yo, durante el día, tenía una serie de obligaciones que me impedían escribir de un tirón y por la noche se iba la luz más de una vez y, con ella, la inspiración.














