
Palmeira 5 – 2 – 57
Rafael F. Ráfales
Marín
La mala calidad de la tinta apenas permite leer lo escrito; parece ser que tengo bastante que estudiar, debido a unas posibles Oposiciones, y el tema que me traigo entre manos -Geografía Política- no se me da nada bien; que todavía he llegado hoy de Villagarcía a causa del temporal y durante el viaje, Ana Mª y yo, hicimos un montón de proyectos que le contaré el día que nos veamos de nuevo; que acaba de irse la luz y, si no vuelve, tendré que estudiar con una vela.
“Acaba de marcharse la luz y el caso es que si no vuelve me hace una jugada. No tendré más remedio que estudiar con una vela y así no sé el tiempo que aguantaré. Vivir en un pueblo pequeño (llámalo aldea, si quieres, anda) es un verdadero asquito”.
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Marín 5 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Es una carta muy larga y muy bonita, en la que me cuenta montones de cosas, a pesar de tener un dedo “escacharrado” de tanto remar y realizar una serie de ejercicios físicos con los que castigaron a toda la promoción a causa de la barrabasada de uno solo que pretendía fastidiar a todo el grupo; para completar, nada más entrar de guardia, tuvo que atender a un marinero que se había quemado las piernas con una garrafa de gasolina ardiendo y, al finalizar, su dedo escacharrado parecía una salchicha; que al terminar la guardia le entregaron mi carta y le pareció preciosa; de la suya, son tantas las cosas que me gustan que es difícil elegir.
“Sí, cativiña, lo que te dije del día de la Jura es tan cierto como que tú existes. No sé si surgirán inconvenientes, pero de momento y hasta ese día mi mayor alegría será que tú estés a mi lado. ¿Te acuerdas de cuando acabé la carrera? Tú fuiste el único ser querido que estuvo a mi lado y muchas veces tengo pensado que en aquellos momentos, cuando veía resuelto uno de los problemas de mi vida, fueses tú precisamente la que estuvieses conmigo. No puedo permitir que en este segundo paso vayas a dejarme y sea como sea estarás a mi lado. Además tengo la otra razón: quiero convencer a mis padres para que vengan aquí -comprenderás que a mí me agradará que lo hagan y supongo que a ellos les gustará igualmente-; pues bien, me parece que esa será la ocasión ideal para que te conozcan; sé que les vas a agradar y que ese día será uno de felicidad para todos nosotros”.
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Marín 7 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Se queja siempre de que sus cartas parecen cortadas por el mismo patrón, porque en la Escuela nunca sucede nada diferente al día anterior; que el único lugar en el que logra escribir es la clase de estudio, siempre con el miedo a que lo pillen y no le dejen salir el sábado;
que tienen en el dormitorio un tío que ronca, pero más que los ronquidos le molestan los gritos de los compañeros para que se calle; el resultado es que anda todo el día dormido.
“Ayer recibí una carta de mi tío el de Vigo. Hace unos tres años que no lo veo. Es un hermano de mi madre que hace unos años se vino a vivir a Vigo, estamos muy unidos y, francamente, me gustaría ir a visitarlo (rompe después esa carta, no me la remitas). A pesar de todo tengo ganas de volver junto a ti. Si el sábado se presenta bueno, lo haré, pero si el tiempo no lo está, entonces voy a Vigo. He estado pensándolo y creo que es mejor así. Mientras el tiempo permanezca de esta forma me expongo a hacerte una visita y encontrarme sin lancha para volver con lo que tendría un gran disgusto y un castigo grande. Siendo así es preferible que aproveche el mal tiempo para ir a Vigo un sábado, vendría el domingo por la mañana e iría a comer con el médico que me invitó con lo que mataría dos pájaros de un tiro; así quedaría completamente libre y podría ir todos los domingos a verte hasta que me tocase guardia”.
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Marín 9 – 2 – 57
Mary-Carmen G. Fontao
Palmeira
Como no tiene otro momento para hacerlo, me escribe en la clase de estudio pendiente de que no lo pillen y le metan un “paquete”; que también está escribiendo a sus padres, pues su hermano Luis se pegó un buen porrazo en la nariz, con fractura, y quiere darles algunos consejos; que intentó dos veces hablar conmigo por teléfono y no hubo manera; que, encima, tiene que llamarme desde el Hospital y hay tanta gente al lado que parece que todos están pendientes de lo que dice y eso le corta; que su tío de Vigo insiste en que vaya a verlos algún fin de semana y seguramente aprovechará el próximo, que parece que habrá temporal y no podrá venir a Palmeira.
“Cativiña, me pregunto ahora qué es lo que te puedo decir. Realmente es más que difícil escribir frecuentemente desde aquí, ya que no tienes nada nuevo que decir. Es pasarse días y días encerrado oyendo siempre las mismas conversaciones, idénticas quejas, constantes esperanzas de que venga el sábado. El hablarte de que si hacemos instrucción o saltamos el potro, no creo que sea muy agradable de leer y esto es lo único que te puedo decir, ya que aquí estoy tan alejado del Mundo que no me entero de nada de lo que sucede fuera de estas murallas. Cada vez que pienso que desde que estoy aquí no leo un periódico me quedo admirado. Antes me dedicaba a leer una serie de ellos para estar al corriente de lo que sucede en el Mundo, ahora como no venga él a mí a contarme sus penas, yo no me entero de nada”.















