¡Vaya lío!

Estoy convencida de que los regalos de boda que cita Luna en su ultimo microrrelato a todos nos cayó alguno. El mío fue un cenicero “nodriza” acompañado de una máquina para liar pitillos. Además de lo horrible del artilugio -incluida la nodriza- con aquello no había manera de liar nada, como no fuese enzarzarse en una discusión acerca del manejo del chisme. Así que devolví el regalo a la caja de compra y lo retiré de mi vista sin acordarme más de semejante invento. Sigue leyendo

Anuncios

Dios nos colla confesados

Después de asistir a la ópera “Carmen” en el Teatro Real, recordé la última representación de Wozzeck con el mismo director de escena: Calixto Bieito. En esta ocasión salí del Teatro alucinada, crispada y con el estómago revuelto. En el autobús de regreso a casa, a falta de otra cosa comencé a escribir sobre el mismísimo cuadernillo de la sinopsis lo que pensaba de aquella puesta en escena preguntándome cómo los responsables del Real la habían permitido. Ahora que acabo de comprobar que la escenografía de la ópera “Gloriana” de Briten será llevada a cabo por el mismo escenógrafo, sólo me queda exclamar “Dios nos colla confesados”, expresión utilizada en Galicia cuando las cosas se ponen feas. Sigue leyendo

No es oro todo lo que reluce

Cuando vimos la casa nos quedamos deslumbrados. Ni por asomos habíamos soñado llegar a disfrutar de un salón tan amplio, tan bonito y tan impecablemente cuidado. Claro que los muebles de los que nosotros disponíamos no estaban a la altura de los elegantes muebles que vestían el salón del chalet en venta. No era de extrañar que la amiga que nos llevó a verlo nos asegurase que los vecinos de la urbanización siempre que salía el tema comentaban que aquel chalet era el más bonito y envidiado del entorno. El precio -sin resultar una ganga- no era desorbitado, dada la categoría de la vivienda. Aun así tendríamos que soportar durante años una hipoteca por encima de nuestros posibles pero, por muchos equilibrios que hubiésemos de hacer, estábamos convencidos de que la aventura valía la pena. Sigue leyendo

Una noticia triste


Esta mañana, nada más conectar con la Clásica, me he enterado de la muerte del director de orquesta Jesús López Cobos del que guardo muchos y buenos recuerdos de su paso como director de orquesta por el Teatro de La Zarzuela -en los entrañables años heroicos de la ópera- y el Teatro Real. Ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes -entre otros muchos galardones- no solo por su brillante trayectoria artística, en la que dejó huella el hecho de haber obtenido la licenciatura en Filosofía y Letras, sino también por su intachable personalida, este músico no fue profeta en su tierra o al menos no lo fue tanto como en el extranjero. Sigue leyendo

Una buena ópera: Street Scene

En un período de quince días asistí en el Teatro Real a dos óperas ambientadas en Estados Unidos: la primera “Dead Man Walking” (comentada en este blog) y la otra, “Street Scene”, de Kurt Weill.

En realidad no sabía a ciencia cierta si aquello que estaba presenciando y escuchando (me refiero a “Street Scene”) se trataba de una obra teatral, una revista musical o una ópera. Fuere lo qué fuese, me encantó. Cada uno es dueño de catalogarla desde su personal punto de vista: para mí resultó una obra grandiosa con los ingredientes propios de una gran ópera actualizada, renovada. Sigue leyendo

Ahí va el Hombre Muerto

Ayer asistí en el Real a la ópera en dos actos “Dead Man Walking” (“Ahí va el hombre muerto”, en el argot de los guardias de las prisiones americanas al referirse a un condenado a la pena máxima en el momento en que es trasladado a la cámara de ejecución), primera ópera del compositor estadounidense Jake Heggie, basada en el libro homónimo de la hermana Helen Prejean que ya había sido adaptado al cine en 1995.

No voy a pararme demasiado en la ficha artística ni el argumento de la obra (basado en un hecho real) de los qué podéis informaros largo y tendido en Internet. Trataré de plasmar mi apreciación personal. Poco más. Sigue leyendo

Don José Couceiro

Lo recuerdo con la sotana raída, de un negro que se tornaba amarillento por el uso. Decían que la sotana raída se debía a que el pecunio que percibía por su labor pastoral, apenas le llegaba para cubrir necesidades ajenas. No sé por qué al recordarlo me viene también a la mente aquel otro cura, personaje de Unamuno, que cumplía su cometido mejor que el clérigo más creyente, sin serlo. No sé si don José era creyente o no, pero su modo de llevar a cabo el destino que eligió -o que otros eligieron para él, pues a los diez años nadie está capacitado para saber lo que quiere- era el del más ferviente creyente.

Sigue leyendo