Ahí va el Hombre Muerto

Ayer asistí en el Real a la ópera en dos actos “Dead Man Walking” (“Ahí va el hombre muerto”, en el argot de los guardias de las prisiones americanas al referirse a un condenado a la pena máxima en el momento en que es trasladado a la cámara de ejecución), primera ópera del compositor estadounidense Jake Heggie, basada en el libro homónimo de la hermana Helen Prejean que ya había sido adaptado al cine en 1995.

No voy a pararme demasiado en la ficha artística ni el argumento de la obra (basado en un hecho real) de los qué podéis informaros largo y tendido en Internet. Trataré de plasmar mi apreciación personal. Poco más. Sigue leyendo

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Don José Couceiro

Lo recuerdo con la sotana raída, de un negro que se tornaba amarillento por el uso. Decían que la sotana raída se debía a que el pecunio que percibía por su labor pastoral, apenas le llegaba para cubrir necesidades ajenas. No sé por qué al recordarlo me viene también a la mente aquel otro cura, personaje de Unamuno, que cumplía su cometido mejor que el clérigo más creyente, sin serlo. No sé si don José era creyente o no, pero su modo de llevar a cabo el destino que eligió -o que otros eligieron para él, pues a los diez años nadie está capacitado para saber lo que quiere- era el del más ferviente creyente.

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Mi amigo, el móvil

Esta mañana subí a un autobús de la línea que más frecuento. Por suerte no iba lleno y pude sentarme en mi sitio favorito: como os imaginaréis los que os dignáis echar un vistazo a este blog, justo detrás de la cabina del conductor. En el asiento contiguo al mío se sentó una mujer de unos cuarenta años -rumana, supongo, por el acento- con muy buen porte. Al tiempo que me disponía a continuar leyendo “Andamios”, de Mario Benedetti, la señora rumana (o de donde fuese) comenzó una sonora conversación a través del móvil. Lo de conversación es un decir, porque lo suyo era un monólogo en toda regla. Si al otro lado de la línea (no sé si se dice así, tratándose de un móvil) había alguien, ante la verborrea de la que iba en el autobús no le quedaba un resquicio siquiera para intercalar un monosílabo.

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Día de Reyes

Día de Reyes…, a la espera de que vayan llegando hijos, nietos y bisnietos a recoger los regalos que han dejado Sus Majestades de Oriente. Es tradición –desde hace más de treinta años- que los Magos depositen sus presentes en el salón de mi casa. Al principio, cuando vivía mi madre –la Bisa: apelativo cariñoso que más tarde me cedería, pasando ella a ser la Tata- todos los primos se quedaban a dormir en esta casa tendiendo colchones por el suelo. No era cuestión de necesidad, pero procuraban estar juntos el mayor tiempo posible, puesto que, al vivir en ciudades distintas, se veían de tarde en tarde. Sigue leyendo

El padre Hortelano

Sucedió hace mucho tiempo. Ni siquiera sé si seguirá viviendo…

Aquel domingo no había podido asistir a misa y la última de mi parroquia estaba a punto de finalizar. Alguien me informó que en los Redentoristas de Félix Boix se celebraba cada domingo una misa a las nueve de la noche. Aunque se acercaba la hora de comenzar,  el tráfico era fluido por tratarse de día festivo y sólo me llevaría unos minutos llegar hasta la iglesia. Sin pensármelo dos veces, cogí el coche y allá me fui.  No recuerdo la fecha, pero sí que se trataba de una noche invernal, a juzgar por la enorme sensación de frío que se sentía.

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El foulard

Al observar el desarrollo de las elecciones catalanas y a los tertulianos que las están comentando, no me queda otra opción que hacer alusión a la bufanda o fular (del francés, “foulard”), sobre todo en los hombres, que siempre eran los más reacios en seguir los dictados de la moda y hoy son los primeros en adoptarlos.

Es cierto que la bufanda –o fular– siempre estuvo en boga. Y no digamos para aquellos que no disponían de posibles con qué adquirir un gabán que les quitase el frío o se veían obligados a venderlo para llevarse algo comestible a la boca o comprar medicinas (como les ocurría a los protagonistas de “La boheme”, opera a la qué asistí ayer; aun que, en esta ocasión, creo que sólo uno de ellos llevaba bufanda: para muestra un botón…). Sigue leyendo