El hombre discreto

El comentario de Magdalena a mi relato anterior me trajo a la memoria la respuesta que el Hermano Antonio Zarzosa, fundador del albergue Santa María de la Paz para hombres sin hogar, le dio a la pregunta formulada por uno de los alumnos de 6º de Básica en una visita a dicho centro.

Entre las virtudes que traté de inculcar en mis educandos, una fue la generosidad. Para desarrollarla procuré fomentar situaciones que la encauzasen: como la de hacer rosquillas y buñuelos que los alumnos vendían a sus compañeros en los recreos y con el dinero recaudado apadrinábamos un niño o mitigábamos alguna necesidad. En cuanto las madres tuvieron noticia de mi “ocurrencia”, se pusieron manos a la obra de aquello que mejor sabían hacer y pronto mi iniciativa se vio apoyada con su colaboración aportando bizcochos -muchas veces ya divididos en porciones que procuraban fuesen iguales-, tartas de diversas clases o lo que a cada cual se le diese mejor preparar. Sigue leyendo