Los pájaros también se deprimen

Como vengo haciendo cada mañana, me asomé a la ventada a dejar la comida a los pájaros. Había empezado a nevar y el suelo del jardín comenzaba a ponerse blanco, salvo en las zonas cubiertas por los dos bancos de madera. No se veía ni rastro de las aves y aun así lancé un puñado del alimento que voy reuniendo de un día para otro.

Mi sorpresa fue mayúscula al ver que al reclamo de la comida comenzaron a aparecer pájaros de gran tamaño y diferente plumaje que jamás había visto en el jardín. Hasta algún loro o cotorra había. Ni vestigio de la bandada de gorriones y pequeñas avecillas que acudían cada día a la cita. Sigue leyendo

Tarde de Reyes

Tarde de Reyes…. ¿Triste…? Diferente, quizá: el lugar de la tristeza dio cabida a la nostalgia. Nostalgia de tiempos en los que se recibía a los Magos en la casa de la abuela.

 Sí…, nostalgia de hinchar globos, colgar guirnaldas del techo (tareas encomendadas a la hija y al nieto mayor), envolver algún regalo de última hora, colocar el nombre de su destinatario a cada presente…  Desde fecha inmemorial el regalo que la abuela solicita para sus hijos consiste en el apadrinamiento de un niño, al parecer sin fecha de caducidad, que los Reyes se encargan de trasladar a otro chaval cuando el apadrinado se hace mayor. Cerca de cuarenta años repitiéndose el mismo ritual, aunque con alguna variante en el decorado. ¡Ah!, sin olvidar la bandeja con el refrigerio para los Reyes, séquito y camellos.

Pero la añoranza más grande de la abuela  -“Bisa”- es no haber podido ver la carita de los más pequeños: de asombro, al llegar y contemplar tanto regalo junto; de alborozo jubiloso, al ir descubriendo los regalos de cada uno…  Y, remontándose unos pocos años atrás, la cara de la “Bisa” (madre de la abuela, que le cedió a la hija apelativo de “Bisa” al ostentar ella el de “Tata”, diminutivo de tatarabuela) al recibir los suyos de manos de los más pequeños acompañados de villancicos. Y el recuerdo del “Muy temprano esta mañana”, villancico que cantaba junto a la Tata” al abrirse de par en par las puertas del salón engalanado. De todo ello la abuela-bisa guarda preciosas instantáneas y vídeos que muchas noches le hacen sonreír antes de irse a la cama.

Pero hoy, a causa de la dichosa pandemia, ya nada es igual: cada hijo ha recibido a los Reyes en su casa sin dar lugar a ese contacto familiar entre hermanos y primos en el que se terminaba comiendo roscón en la cocina de la abuela, aunque estuviesen un poco apretujados. Lo mismo ocurrió los otros días festivos de la Navidad en la que solían reunirse alrededor de una veintena de comensales que recibían al nuevo año tocando varios instrumentos -acordes y por separado-, canciones y baile.

Ya nada es igual, pero algo queda del espíritu navideño ya que a media mañana comenzaron a llegar -por etapas- hijos, nietos y bisnietos  a casa de la abuela para entregarle, con las debidas medidas de seguridad, los presente que los Magos le fueron dejado en cada casa.

Todavía hubo un encuentro en el parque y, a falta de abrazos de verdad (lo que más echa en falta la abuela-bisa), con gestos de cariño.

Al escribir este pequeño revoltijo de sensaciones, me viene al recuerdo la poesía de Bécquer: “Volverán las oscuras golondrinas…”.

N.B.: siento no poder publicar fotografías de mayor calidad. Casi todas las imágenes que conservo de las Navidades  son vídeos tomados con el móvil  y el resultado, cuando se extrae un fotograma, deja bastante que desear…