Cuento de Navidad

Lo veía cada semana el día que le correspondía hacer la compra en el hipermercado. Tendría apenas cumplidos los veinte años. En su tez negra, con los rasgos propios de la raza, sus ojos desprendían un halo de nobleza.

La primera vez que se encontraron, el muchacho le ofreció un ejemplar de “La Farola”. Marina, cargada con las bolsas de la compra, rehusó el ofrecimiento con un movimiento de cabeza.
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Una explicación impecable

Ocurrió en la época de María Castaña, cuando todavía me consideraba joven y de buen ver, a juzgar por los requiebros que me lanzaban al pasar los componentes del sexo opuesto.

Aquella mañana me dirigía, tirando de mi recién estrenado carrito de la compra, al mercado de la pequeña capital de provincias en la que residía. Por aquel entonces no había llegado aún la invasión de «hipers» de la que hoy disfrutamos, y el único mercado con el que contábamos quedaba en el lado opuesto de la ciudad. Sigue leyendo

Increíble…, pero cierto.

Lo que ganaba como albañil asalariado no le alcanzaba para mantener a su familia: la mujer y un hijo de siete años. Por eso emigró a Alemania, después de pedir consejo a un amigo que se había ido años atrás; el cual le aseguró que los camareros españoles estaban muy bien conceptuados en aquel país y, como no le iban a pedir currículo, con ganas de trabajar y unas lecciones que el mismo le daría, tenía empleo asegurado. Sigue leyendo

El Oso de Luna

Cuando niños, bajábamos a la playa de Cruces por el portalón del Bacelo. Con el tiempo, en lo que antes fueron la casa y huerto de mi abuela, se construyó un edificio de pisos y con él desapareció el portalón por el que antaño bajábamos a la playa. Pero también desapareció la playa de nuestros juegos y en su lugar hoy disfrutamos de un bonito paseo marítimo. Sigue leyendo

Un cursillo acelerado

Esta historia se la dedico a mi amigo Pablo. Sin su concurso no se me hubiese ocurrido escribirla. Parece que con los años los recuerdos se van haciendo afines y los suyos me hicieron evocar esta  historia real que voy a contar y que estuve tentada de relatar hace meses, cuando una persona en un programa de televisión de bastante audiencia explicó cómo su padre -doctor en estética, si mal no recuerdo- era el pionero de la cirugía plástica en España. Después de oír su relato, caí en la cuenta de que el pionero en esta rama de la cirugía fue mi marido. Sigue leyendo

¡Vaya lío!

Estoy convencida de que los regalos de boda que cita Luna en su ultimo microrrelato a todos nos cayó alguno. El mío fue un cenicero “nodriza” acompañado de una máquina para liar pitillos. Además de lo horrible del artilugio -incluida la nodriza- con aquello no había manera de liar nada, como no fuese enzarzarse en una discusión acerca del manejo del chisme. Así que devolví el regalo a la caja de compra y lo retiré de mi vista sin acordarme más de semejante invento. Sigue leyendo

No es oro todo lo que reluce

Cuando vimos la casa nos quedamos deslumbrados. Ni por asomos habíamos soñado llegar a disfrutar de un salón tan amplio, tan bonito y tan impecablemente cuidado. Claro que los muebles de los que nosotros disponíamos no estaban a la altura de los elegantes muebles que vestían el salón del chalet en venta. No era de extrañar que la amiga que nos llevó a verlo nos asegurase que los vecinos de la urbanización siempre que salía el tema comentaban que aquel chalet era el más bonito y envidiado del entorno. El precio -sin resultar una ganga- no era desorbitado, dada la categoría de la vivienda. Aun así tendríamos que soportar durante años una hipoteca por encima de nuestros posibles pero, por muchos equilibrios que hubiésemos de hacer, estábamos convencidos de que la aventura valía la pena. Sigue leyendo