Increíble…, pero cierto.

Lo que ganaba como albañil asalariado no le alcanzaba para mantener a su familia: la mujer y un hijo de siete años. Por eso emigró a Alemania, después de pedir consejo a un amigo que se había ido años atrás; el cual le aseguró que los camareros españoles estaban muy bien conceptuados en aquel país y, como no le iban a pedir currículo, con ganas de trabajar y unas lecciones que el mismo le daría, tenía empleo asegurado. Sigue leyendo

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El Oso de Luna

Cuando niños, bajábamos a la playa de Cruces por el portalón del Bacelo. Con el tiempo, en lo que antes fueron la casa y huerto de mi abuela, se construyó un edificio de pisos y con él desapareció el portalón por el que antaño bajábamos a la playa. Pero también desapareció la playa de nuestros juegos y en su lugar hoy disfrutamos de un bonito paseo marítimo. Sigue leyendo

Un cursillo acelerado

Esta historia se la dedico a mi amigo Pablo. Sin su concurso no se me hubiese ocurrido escribirla. Parece que con los años los recuerdos se van haciendo afines y los suyos me hicieron evocar esta  historia real que voy a contar y que estuve tentada de relatar hace meses, cuando una persona en un programa de televisión de bastante audiencia explicó cómo su padre -doctor en estética, si mal no recuerdo- era el pionero de la cirugía plástica en España. Después de oír su relato, caí en la cuenta de que el pionero en esta rama de la cirugía fue mi marido. Sigue leyendo

¡Vaya lío!

Estoy convencida de que los regalos de boda que cita Luna en su ultimo microrrelato a todos nos cayó alguno. El mío fue un cenicero “nodriza” acompañado de una máquina para liar pitillos. Además de lo horrible del artilugio -incluida la nodriza- con aquello no había manera de liar nada, como no fuese enzarzarse en una discusión acerca del manejo del chisme. Así que devolví el regalo a la caja de compra y lo retiré de mi vista sin acordarme más de semejante invento. Sigue leyendo

No es oro todo lo que reluce

Cuando vimos la casa nos quedamos deslumbrados. Ni por asomos habíamos soñado llegar a disfrutar de un salón tan amplio, tan bonito y tan impecablemente cuidado. Claro que los muebles de los que nosotros disponíamos no estaban a la altura de los elegantes muebles que vestían el salón del chalet en venta. No era de extrañar que la amiga que nos llevó a verlo nos asegurase que los vecinos de la urbanización siempre que salía el tema comentaban que aquel chalet era el más bonito y envidiado del entorno. El precio -sin resultar una ganga- no era desorbitado, dada la categoría de la vivienda. Aun así tendríamos que soportar durante años una hipoteca por encima de nuestros posibles pero, por muchos equilibrios que hubiésemos de hacer, estábamos convencidos de que la aventura valía la pena. Sigue leyendo

¡Chócala!

Se acercaba el Día del Padre. La profesora de 5º de Básica encargó a los alumnos que trajesen a la clase de manualidades un bloque de barro destinado a modelar un cenicero para regalar a sus padres.

Borja –un alumno muy avispado- se acercó presuroso a la mesa de la maestra y, con voz casi en grito:

-Señorita, ¡yo a mí padre no le hago ningún cenicero! Sigue leyendo