De parajarillos y ordenadores

gorrion

¡Hola!, de nuevo aquí. El próximo curso trataré re restringir actividades: no se puede abarcar lo inabarcable cuando llegas a cierta edad. Bueno, hasta ahora he logrado alcanzar (casi, casi…) lo que me fui fijando, teniendo en cuenta que mis posibilidades físicas e intelectuales menguan día a día. Y no hablemos del ordenador que, a sus muchos años para una computadora con el disco duro a rebosar, pidió a gritos la jubilación; y el que me trajeron de la tienda parece no cumplir con los requisitos adecuados a mis necesidades. Pero esa es otra historia… Sigue leyendo

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Nunca es tarde si la dicha es buena

Cuarenta y cinco años viviendo en Madrid capital y, hasta hoy, no me había dado cuenta de lo poco que conocía de esta región.  Es cierto que había visitado con alguna frecuencia ciudades como El Escorial, Aranjuez, Alcalá de Henares, El Pardo,  Chinchón… y hecho unas cuantas salida a la Sierra… Y, sin embargo, no me había percatado de la existencia de verdaderas joyas perdidas entre montañas de la geografía madrileña, sin apenas contacto con el resto del mundo, si no es porque a mi yerno, tratando de tomar un pequeño respiro en el trabajo cotidiano y huir por unos días de la contaminación,  se le ocurrió buscar al azar en Internet  una casa rural que reuniese las condiciones apetecidas y, a poder ser, bien alejada del mundanal ruido. Sigue leyendo

Lembranza

Ayer asistí a la misa funeral de un amigo muy querido: Pepe o Cristobo, para la mayoría de los vecinos de Palmeira; don José, para otros, en función de su trabajo como radiotelegrafista de Marina; Pepiño para los íntimos, entre los que se encontraban los miembros de mi familia materna. Por el lado paterno guardábamos un parentesco indirecto, ya que una hermana suya estaba casada con un tío mío, hermano de mi padre.

Como comentaba a un amigo y lector de este blog, la misa en recuerdo de Pepe resultó francamente emocionante. El coro bordó una serie de canciones elegidas para el momento, poniendo un mayor énfasis, si cabe, en la Salve Marinera cantada al final de la misa en honor del fallecido y en reconocimiento de los muchos favores prodigados altruistamente a todo el que acudía a él durante el desempeño de su cargo en la Marina. Sigue leyendo

Pasar por la vida sin enterarme

Esta mañana he visitado por primera vez el Museo del Grabado de Artes. No me perdono que, habiendo nacido en Palmeira, vivido en mi pueblo natal mi primera juventud y veraneando año tras año en este precioso rincón de las “Rías Baixas”, no me haya enterado antes de la existencia del citado museo. Aunque sólo hayan transcurrido diez años desde su apertura y los pocos indicadores que pudimos ver en el trayecto hasta el museo: un pequeño cartel con caracteres de un color nada llamativo. Sigue leyendo

Don José Couceiro

Lo recuerdo con la sotana raída, de un negro que se tornaba amarillento por el uso. Decían que la sotana raída se debía a que el pecunio que percibía por su labor pastoral, apenas le llegaba para cubrir necesidades ajenas. No sé por qué al recordarlo me viene también a la mente aquel otro cura, personaje de Unamuno, que cumplía su cometido mejor que el clérigo más creyente, sin serlo. No sé si don José era creyente o no, pero su modo de llevar a cabo el destino que eligió -o que otros eligieron para él, pues a los diez años nadie está capacitado para saber lo que quiere- era el del más ferviente creyente.

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Día de Reyes

Día de Reyes…, a la espera de que vayan llegando hijos, nietos y bisnietos a recoger los regalos que han dejado Sus Majestades de Oriente. Es tradición –desde hace más de treinta años- que los Magos depositen sus presentes en el salón de mi casa. Al principio, cuando vivía mi madre –la Bisa: apelativo cariñoso que más tarde me cedería, pasando ella a ser la Tata- todos los primos se quedaban a dormir en esta casa tendiendo colchones por el suelo. No era cuestión de necesidad, pero procuraban estar juntos el mayor tiempo posible, puesto que, al vivir en ciudades distintas, se veían de tarde en tarde. Sigue leyendo

El padre Hortelano

Sucedió hace mucho tiempo. Ni siquiera sé si seguirá viviendo…

Aquel domingo no había podido asistir a misa y la última de mi parroquia estaba a punto de finalizar. Alguien me informó que en los Redentoristas de Félix Boix se celebraba cada domingo una misa a las nueve de la noche. Aunque se acercaba la hora de comenzar,  el tráfico era fluido por tratarse de día festivo y sólo me llevaría unos minutos llegar hasta la iglesia. Sin pensármelo dos veces, cogí el coche y allá me fui.  No recuerdo la fecha, pero sí que se trataba de una noche invernal, a juzgar por la enorme sensación de frío que se sentía.

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