La palabra más amplia

Con los ojos cerrados traté de buscar en mi interior el vocablo más amplio en contenidos, cayendo en la cuenta de que podía echar mano de muchos: existencia, amor, ilusión, libertad, hogar… Como todos me parecían válidos —razonándolos— opté por dejar la cuestión “aparcada”.

Fue un domingo —13 de mayo— en un pueblo perdido en la geografía manchega, entre olivares y prados cuajados de bellísimas flores silvestres —explosión de colores—, donde decidí que la más amplia y más hermosa palabra se llamaba PAZ. Sigue leyendo

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Frase del día

taller en familia

«Si no se produce felicidad, no se tiene derecho a ella».
(José Luís Sampedro)

Creo que su obra traduce su pensamiento: «La sonrisa etrusca», por ejemplo.

«Hay que querer a la persona a la que se enseña y, sobre todo, enseñarle a ser él mismo: amor y provocación».

Para mí que utilizaba la mayéutica, el método que aplicaba Sócrates.

Fue José Luís Sampedro el que tuvo la genial ocurrencia de dejar sobre un banco aquellos libros de los que puedes desprenderte (aunque te cueste un poco).

Arte en estado puro

Ayer asistí como invitada a un taller de iniciación al arte en el Centro Cultural de Sanchinarro.

El taller lo dirigía Icíar Casado, directora del gabinete Psicología y Logopedia Bla Bla antes citado.

Psicología y Logopedia  Bla Bla, y las actividades presentadas fueron realizadas por Pablo Matera, ilustrador gráfico y profesor de Iniciación al Arte en el Gabinete

Aunque el taller estaba dirigido a niños y niñas de entre cuatro y doce años, la participación  de los padres (y abuelos) resultó fundamental en la ejecución de las actividades.

El tema presentado ayer hacía referencia al desarrollo del lenguaje hablado en el hombre de las cavernas, apoyada la charla con dibujos animados que gesticulaban y emitían sonidos.

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Dímelo con música

En ocasiones, cuando me paro a pensar en las cosas buenas que le debo a la vida, coloco en lugar preferente «la capacidad que Dios puso en algunas personas para componer música: ese lenguaje universal que todos —o casi todos, porque hay fieras que ni la música doma— entendemos sin necesidad de saber idiomas».
Decía Verdi: «La música es universal. Sólo a los necios y a los formalistas se les ocurre inventar escuelas y sistemas. No existe la música italiana, alemana o turca, sólo existe la MÚSICA». Sigue leyendo

Del móvil al soneto


Odio el móvil. Lo odio por múltiples razones que resultaría arduo enumerar y que no me parece éste el lugar más adecuado. Esto no presupone que no lo utilicen en múltiples ocasiones (muchas veces más de lo que debiera, sobre todo el wassap) para comunicarme con mis amigos  o grabar momentos muy especiales con los míos. Con la familia suelo hablar por el teléfono fijo.

Como os decía: odio el móvil por infinidad de razones, pero una en especial me trae a mal traer: no soporto que me envíen mensajes tremebundos de índole religiosa en los que te anuncian las mil  y una desgracias si no los reenvías a 20 destinatarios por lo menos. Como es de suponer, se van directos a la papelera. Aunque alguna vez llegué a picar, porque se me hacía difícil pensar que el remitente pudiese dar crédito a semejantes majaderías. Sigue leyendo

Conocí a Dios en Madrid

Hace unos 40 años —a poco de llegar a Madrid— me encontraba deambulando por la Gran Vía, bajando hacia Cibeles. Estaba anocheciendo. A mi izquierda vi una iglesia abierta y decidí entrar por si había misa o, simplemente, hacer una visita al Santísimo y curiosear un poco. La iglesia se veía vacía. A lo sumo, dos o tres personas.

Después de rezar la consabida estación a Jesús Sacramentado, me dediqué a observar las imágenes. Se acercaba la Semana Santa y en una capilla lateral, sin colocar aún en el lugar adecuado para su exposición a los fieles, había un Cristo yacente. Me acerqué al féretro acristalado y, al contemplar aquella imagen ensangrentada tan sola, algo sucedió en mi interior. Parecía como si Cristo estuviese diciéndome: «Si de veras me amas, mira el rostro de las personas que están junto a ti…». Sigue leyendo

Sin arreglo

Ya sé que soy un poco deslavazada en mi manera de presentar los trabajos: como dirían en mi pueblo, «mezclo fabas con castañas». En este sentido, el orden nunca fue mi fuerte. La prueba podéis verla en este blog que, en principio, había sido creado para colgar la reseña sobre la procesión del Cristo de los Navegantes y completarla con «Antología del despiste y otras vicisitudes». Sigue leyendo