Una explicación impecable

Ocurrió en la época de María Castaña, cuando todavía me consideraba joven y de buen ver, a juzgar por los requiebros que me lanzaban al pasar los componentes del sexo opuesto.

Aquella mañana me dirigía, tirando de mi recién estrenado carrito de la compra, al mercado de la pequeña capital de provincias en la que residía. Por aquel entonces no había llegado aún la invasión de «hipers» de la que hoy disfrutamos, y el único mercado con el que contábamos quedaba en el lado opuesto de la ciudad. Sigue leyendo

Anuncios

El caso es que sigo en las mismas

Hace unos días leí en Café Barbantia un artículo de Fidel Vidal en el que comentaba la obra de teatro del escritor gallego Álvaro Cunqueiro, “El incierto señor Don Hamlet”.

Como no conocía la obra comentada y muy poco de lo escrito por Cunqueiro, decidí ponerme al día, comenzando por “Don Hamlet”; pero como en mi librería habitual no disponían de este libro ni daban con la forma de lograrlo, me fui a una biblioteca municipal. Allí tampoco encontré lo que buscaba. A cambio me traje dos libros del escritor: “La bella del dragón” -una recopilación de artículos publicados entre 1977 y 1978- obra en la que  narra, con una imaginación desbordada no exenta del más puro realismo cuajado de fino humor, episodios de “amores, sabores y fornicios” ocurridos a lo largo de la historia. El otro libro, “El año del cometa” es una novela metafísica, vanguardista que trata de la naturaleza humana… (El caso es que me estoy yendo por los Cerros de Úbeda, puesto que no vengo aquí a hablar de la literatura de Señor  Cunqueiro -líbreme Dios de tal cosa sin tener un mínimo conocimiento de la cuestión- sino de algo que me sucedió en relación con esta). Sigue leyendo

Only the Sound Remains

Hace unos días, cuando salía de casa con dirección al Teatro Real, me crucé con una vecina que, al saber que iba a la ópera, me advirtió de que su hijo -asistente puntual a eventos operísticos- se había salido de la sala a media función por no poder soportarla, asegurándome que era la primera vez que hacía tal cosa.

Como prefiero asistir a una obra, del tipo que sea, sin escuchar criterios anticipados y sacar mis propias conclusiones, no le di demasiada importancia al comentario de mi vecina, agarrándome a aquello de que “para gustos se pintan colores”. Sin embargo, ahora que parecía estar cogiéndole gusto a las óperas de vanguardia, después de asistir a “Only the Sound Remains”, tengo que reconocer que he pegado un retroceso en mi apreciación del género. Si aguanté las dos horas escasas -por suerte duró poco- lo hice, simple y llanamente, por comprobar por mi misma hasta dónde podía llegar el colmo de lo aburrido. Y conste que para nada influyó la advertencia de mi vecina. Sigue leyendo

Noviembre, mes para el recuerdo.

Cuando niña, me aterraban las historias de aparecidos y, sin embargo, eran estas historias con las que más disfrutábamos mis amigas y yo. Por las noches, a la salida del rosario, nos sentábamos en la escalinata de una casa -pared medianera con la casa de mi abuela- que hoy se quedó reducida a dos o tres peldaños a causa de las muchas capas de alquitrán que fue recibiendo la carretera -antes de tierra- a lo largo de los años. Nos contábamos las más lúgubres historias de espectros en las que casi siempre hacía acto de presencia la Santa Compaña.
Sigue leyendo

El Señor protege a los tontos

Lo que voy a contar hoy, no sé si insertarlo en la categoría de despiste o, más bien, en el de idiotez supina. El caso es que no atino por dónde comenzar mi rocambolesca historia…

Estos días, a causa de un tema que bien podría considerarse laboral, estuve disfrutando de la visita de mi nieto gallego y de su encantadora novia. Por la sencilla razón de que el sábado decidieron vivir la noche madrileña, pensaban acostarse tarde y nadie estaba dispuesto a madrugar, optamos por cambiar los planes que nos habíamos trazado para el domingo, acordando decidir sobre la marcha. Sigue leyendo

Generosidad

Un domingo del mes de septiembre. A la puerta de la iglesia algunas señoras detrás de una mesa recogían dinero para la campaña contra el cáncer. Con mi despiste habitual, entendí que  aquel dinero iba destinado a Cáritas.

Saqué la cartera del bolso y deposité mi donativo en la bandeja, dejando muy claro que si no era más espléndida en mi aportación se debía a que tenía una asignación mensual por banco dedicada a esa institución. Sigue leyendo

Increíble…, pero cierto.

Lo que ganaba como albañil asalariado no le alcanzaba para mantener a su familia: la mujer y un hijo de siete años. Por eso emigró a Alemania, después de pedir consejo a un amigo que se había ido años atrás; el cual le aseguró que los camareros españoles estaban muy bien conceptuados en aquel país y, como no le iban a pedir currículo, con ganas de trabajar y unas lecciones que el mismo le daría, tenía empleo asegurado. Sigue leyendo