Don Carlo

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La primera vez que asistí a la ópera Don Carlo había bregado duro durante toda la jornada, me sentía medio griposa, salí tarde del trabajo más tarde de lo acostumbrado y, para colmo de males, la obra comenzaba una hora antes de lo habitual, dada su larga duración. Imposible llevar coche a causa de la dificultad para aparcar por la zona. Un taxi, ¡ni soñarlo!, además de caro no era garantía de llegar a tiempo por culpa del atasco que imperaba a la hora de salida de los colegios…. No me quedaba más solución que depender de una combinación entre autobús y Metro. Sigue leyendo

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Un feligrés nada común

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Aquel año veraneaba en Torre del Mar, un bonito pueblo entre marinero y turístico de la Axarquía Malagueña.

A la salida de la misa del domingo, me fijé en un cartel que anunciaba la IX Semana Bíblica. Me parecieron interesantes los temas a exponer; así que me puse al corriente de los requisitos que había que hacer para inscribirse y, sin pensármelo dos veces, me apunté. Sigue leyendo

Don Justino

Al no saber desenvolverme en otros medios, quiero agradecer al historiador Pepe Álvarez Castrelo, desde este humilde blog, la entrañable semblanza que escribió en el Programa de Fiestas de Palmeira sobre la figura de Plácido Betanzos -al que me unía una bonita amistad nacida del cariño que se profesaron desde siempre nuestras madres-, y del inesperado y estupendo trabajo sobre la labor docente que mi bisabuelo materno desarrolló como maestro en Palmeira. Este agradecimiento lo hago extensivo al periodista y escritor  Francisco A. Vidal, que se preocupó de indagar sobre el librito escrito por mi bisabuelo, “La Perla Agrícola”, lo que dio lugar al trabajo de Castrelo.

De “La Perla Agrícola” tuve noticias hace años por un recorte de periódico que guardaba mi madre -“Galicia, hace cien años”- que hacía alusión al citado libro; pero, al no estar familiarizada con la Informática ni conocer la repercusión que tuvo el libro en su día, no se me ocurrió indagar sobre la existencia de algún ejemplar. Me hubiese gustado ilustrar este trabajo con el recorte del periódico, que todavía conservo, pero en este momento no lo tengo a mano.

No puedo dejar de citar el precioso cuento “A Lúa”, escrito por mi amiga y pariente, Magdalena, incansable comentarista del espacio cultural Café Barbantia al que imprime esa combinación de encanto personal y sabiduría que constituyen el rasgo característico de su persona.

Y no se me olvida dar las gracias a la Comisión de Fiestas por ser el vehículo transmisor de los mencionados trabajos.

Aprovecho la ocasión para reeditar un cuento que que escribí en  los albores de este blog como homenaje a los maestros que realizaron su función docente en condiciones precarias y se las ingeniaron para dejar en sus alumnos una huella perdurable. He aquí mi pequeño homenaje:

EL MAESTRO

Mientras esperaba que lo llamasen, se acordó de don Justino: sin  la ayuda del viejo maestro nada de lo que le estaba ocurriendo hubiera sido posible…

Por la mente de Tonio comenzaron a desfilar en tropel una serie de  imágenes: primero aquellas fiebres de su padre, agarradas en Guinea, que casi le dejan ciego. Y, para mayor escarnio, sin pestañas; razón de más para instalarse detrás de las descomunales gafas que le quitaban la poca vista que le quedaba:

—¡Estaría de buen año la morena que te contagió!, ¿eh, Benito?  —se pitorreaban los amigos cuando se presentaba la ocasión. «En un pueblo pequeño, ya se sabe, encima has de aguantar las chanzas. Menos mal que, gracias a las antiparras, todo se fue olvidando y padre se atrevió a salir a la calle».
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Capriccio

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Clemens Krauss fue el autor del libreto de la última ópera de Richard Strauss, Capriccio -estrenada en Munich en 1942-, escrito con la colaboración del propio compositor, casi octogenario, en el que desarrolla una idea de su amigo, el escritor judío Stefan Zweig, planteando el viejo dilema entre la primacía de la palabra o de la música en la ópera:

“Lleva ya el lenguaje canto en su interior, o la música vive sólo impulsada por él? Una está en el otro y quiere ser el otro. La música despierta sentimientos que impelen a la palabra. En la palabra vive un ansia de sonido y de música”. (Richard Strauss y Clemens Krauss: “Capriccio”. Escena VI). Sigue leyendo

De parajarillos y ordenadores

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¡Hola!, de nuevo aquí. El próximo curso trataré re restringir actividades: no se puede abarcar lo inabarcable cuando llegas a cierta edad. Bueno, hasta ahora he logrado alcanzar (casi, casi…) lo que me fui fijando, teniendo en cuenta que mis posibilidades físicas e intelectuales menguan día a día. Y no hablemos del ordenador que, a sus muchos años para una computadora con el disco duro a rebosar, pidió a gritos la jubilación; y el que me trajeron de la tienda parece no cumplir con los requisitos adecuados a mis necesidades. Pero esa es otra historia… Sigue leyendo

El canto del cisne

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Imposible pasar por alto la ópera Falstaff compuesta por mi operista favorito, Giuseppe Verdi; opera que nada tiene que envidiar a la mejor obra cómica de Mozart, otro de mis compositores preferidos. Esta ópera resultó el canto del cisne de un compositor casi octogenario que, basándose en un magnifico libreto de su amigo Arrigo Boito, que superó las fuentes shakesperianas, compuso una obra alegre, juvenil, de fino y vigoroso humor al mismo tiempo, estrenada en el Teatro de la Scala de Milán el 9 de febrero de 1893 y en el Teatro Real de Madrid el 10 de febrero de 1894. Sigue leyendo

Nunca es tarde si la dicha es buena

Cuarenta y cinco años viviendo en Madrid capital y, hasta hoy, no me había dado cuenta de lo poco que conocía de esta región.  Es cierto que había visitado con alguna frecuencia ciudades como El Escorial, Aranjuez, Alcalá de Henares, El Pardo,  Chinchón… y hecho unas cuantas salida a la Sierra… Y, sin embargo, no me había percatado de la existencia de verdaderas joyas perdidas entre montañas de la geografía madrileña, sin apenas contacto con el resto del mundo, si no es porque a mi yerno, tratando de tomar un pequeño respiro en el trabajo cotidiano y huir por unos días de la contaminación,  se le ocurrió buscar al azar en Internet  una casa rural que reuniese las condiciones apetecidas y, a poder ser, bien alejada del mundanal ruido. Sigue leyendo