Lo dicho: en ristra

Cuando un despiste no pasa de eso, de ser un despiste sin más consecuencias… Pero si ese despiste llega a perturbar el sueño de un tercero a las tres de la madrugada…

El caso es que hace unos días se fue de safari a Nairobi un hijo mío con la familia. Hacía poco más de una semana que había sufrido una intervención quirúrgica y, aunque el hecho no encerraba demasiada gravedad, no había dado suficiente margen de recuperación al postoperatorio. Por tal motivo, como cualquier madre que se precie, no las tenía todas conmigo y esperaba con ansia noticias. Sigue leyendo

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El estilo en la obra de Hemingway

El 2 de julio se cumple un aniversario más de la muerte de Ernest Hemingway, motivo por el cual se me ha ocurrido dejar en el blog un sencillo trabajo que realicé hace algún tiempo sobre el estilo literario del escritor. Creo que puede ser una forma de recordarle.

downloadE. Hemingway vivió y murió al estilo de sus obras: de forma violenta y con un ansia desbordante de aventuras y emociones. Polémico  –y al mismo tiempo respetado–  tanto la temática de sus obras, como el estilo directo, sobrio y claro, tuvo una fuerte influencia en la ficción del siglo XX, marcando un antes y un después en la literatura contemporánea de los Estados Unidos.

La mayor parte de su obra la produjo entre los años 1920 y 1950, ganando el premio Pullizer en 1953 por  “El viejo y el mar” –librito que elude cualquier tipo de clasificación– y que le sirvió de peldaño para alcanzar el Premio Nobel de Literatura a toda su obra. Sigue leyendo

Philip Milton Roth

downloadHace unos días me enteré de la muerte del escritor Philip Roth. Se da la casualidad de que el curso pasado elegí al azar a este escritor –para trabajar sobre él en el taller de literatura al que asisto– por ser los autores del otro lado del Atlántico los menos conocidos para mí, excluyendo los pertenecientes a la mal llamada –pienso– “Generación Perdida”, de la que me tocó trajinar con la obra de Hemingway en cursos anteriores.

Lo que más trabajé en relación con la obra de Philip Roth, es la crítica de los libros que logré leer a lo largo del curso. Sin embargo he preferido insertar en el blog una breve biografía del escritor adaptada a mi perspectiva del personaje.

Ahí os la dejo: Sigue leyendo

Aniversario

Mi recuerdo es hoy para el poeta José Hierro, nacido en Madrid el 3 de abril de 1922 y muerto en 2002. Durante mucho tiempo apenas tuve conocimiento de la obra de este gran poeta. Me sonaba su nombre, poco más. Fue en el año 1997 cuando comencé a interesarme por su poesía, a raíz de un ciclo de conferencias al que asistí, titulado Poesía y Música, en la Fundación Juan March. Cada uno de los poetas participantes leyó y comentó algunos de sus poemas. Después de este encuentro comencé a interesarme por la vida y obra del poeta.

Cronológicamente, José Hierro pertenece a una generación difícil de situar dentro de la poesía española de la posguerra en la que conviven distintas tendencias poéticas. En pocas palabras: José Hierro es un autor nada fácil de etiquetar. Algunos autores tratan de relacionarlo con los poetas de la llamada generación del 50. Otros lo consideran un poeta puente entre la citada generación y las siguientes y hasta vínculo entre los poetas del 27, 36 y 50. En realidad, José Hierro tiene de todo un poco: es un poeta intimista, testimonial, social, existencial, según el momento, sin faltar quien lo excluya de la poesía social. Quizá “Alegría” sea la más existencial de sus poesías, pero su existencialismo es bello y carente de cargas ideológicas explícitas. También existen críticos que tachan su poesía de reiterativa y sin interés. Para gustos, colores. En mí despierta sentimientos. También me llega muy adentro la humildad de este poeta. Sigue leyendo

Mi amigo, el móvil

Esta mañana subí a un autobús de la línea que más frecuento. Por suerte no iba lleno y pude sentarme en mi sitio favorito: como os imaginaréis los que os dignáis echar un vistazo a este blog, justo detrás de la cabina del conductor. En el asiento contiguo al mío se sentó una mujer de unos cuarenta años -rumana, supongo, por el acento- con muy buen porte. Al tiempo que me disponía a continuar leyendo “Andamios”, de Mario Benedetti, la señora rumana (o de donde fuese) comenzó una sonora conversación a través del móvil. Lo de conversación es un decir, porque lo suyo era un monólogo en toda regla. Si al otro lado de la línea (no sé si se dice así, tratándose de un móvil) había alguien, ante la verborrea de la que iba en el autobús no le quedaba un resquicio siquiera para intercalar un monosílabo.

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La primera vez


Tendría yo alrededor de ocho años. Por aquel entonces llegó al pueblo el nuevo farmacéutico. Su única hija, Paquitina, cumplía nueve años a poco de llegar. Para celebrar el acontecimiento, la mamá de Paquitina invitó a merendar a sus nuevas amiguitas, entre las que me encontraba.

Cuando llegué a casa del farmacéutico, las niñas invitadas comenzaban a sentarse en torno a una gran mesa repleta de platos y cestitos con diversos manjares, y vasos de limonada. Algunos de los platos contenían unas frutitas verdes que yo no había visto en mi vida. De vez en cuando, la mamá de Paquitina pasaba ante la concurrencia infantil uno de aquellos platos al tiempo que decía: «Coged aceitunas, que son alimenticias y nutritivas y están muy ricas».
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