Un par de rosas

Se había quedado una tarde tristona, pero sin lluvia. Un poco de niebla, eso sí. El aguacero caído durante toda la mañana había cesado y, mientras miraba la calle desierta, pensó que, desde que tenía uso de razón, era la primera vez que dejaba de visitar el camposanto en día tan señalado. A pesar de que ningún deudo estaba enterrado en el cementerio de la gran urbe, tenía por costumbre dejar un puñado de rosas rojas en alguna sepultura desprovista de flores, en recuerdo del marido muerto.

Andaban cerca las cinco de la tarde y pronto caería la noche. A pesar de ello algo la impulsaba a lanzarse a la calle y tomar el primer autobús que pasase con rumbo al cementerio. Se sonrió al recordar que “las costumbres se hacen leyes”, según la frase tan repetida por su abuela.

 El autobús no tardó demasiado y apenas traía pasajeros. A lo largo del trayecto se subió alguno más, pero se fueron apeando dejándola sola con el conductor. Una parada más adelante éste anunció: Final de trayecto.

A pesar de haber realizado aquel recorrido durante más de quince años, al bajar del autobús se sintió desorientada sin saber hacia que lado tirar. Frente a ella se extendía una larga muralla, pero no se divisaba la entrada principal del lugar sagrado ni tampoco puesto alguno de flores. Fue al cruzar la calle con intención de tirar hacia la izquierda cuando advirtió que dos personas salían por una puerta a su derecha.

Sin pensárselo un segundo se dirigió hacia aquella puerta y se introdujo en el cementerio. Dentro del recinto no se veía alma viviente. A pesar de ello avanzó por una vereda entre sepulturas intentando localizar la zona del cementerio que le era familiar. Nada…

Fue entonces cuando se dio cuenta de que aquel cementerio tenía algo extraño: faltaban las cruces en las sepulturas… Comenzó a sentir miedo, pues intuía que algún grupo de desalmados se había dedicado a profanarlo, noticia frecuente en los medios informativos de la época.

Con rapidez se volvió en busca de la salida, instante en el que se fijó en una gran losa blanca cubierta de flores. Parecía como si todas las flores del cementerio se hubiesen dado cita sobre aquella sepultura. En aquel momento recordó el motivo que la había llevado al cementerio: depositar unas rosas en una tumba vacía.

No se lo pensó dos veces: buscó entre la montaña de flores que tenía ante sí, retiró un par de rosas y las depositó sobre la tumba más cercana desprovista de flores.

La curiosidad pudo más que el miedo: se acercó de nuevo a la gran losa blanca y deslizó las flores hasta que le permitieron leer el nombre de la persona allí enterrada (del que sólo sobresalía una letra negra): DOLORES IBARRURI.

Otro despiste más para su larga colección: se había metido en el cementerio civil.

Tiempo de meditación

 

Hoy que el momento caótico que nos toca vivir invita a reflexión, creo que el hermoso poema del Mário de Andrade se presta a ello.

Me lo dejaron en el wassap (adjudicándoselo a Pedro Salinas) y, a pesar de conocerlo, lo había olvidado. Sólo con ver el título recordé gran parte. Lo traslado a mi blog con el deseo de que alguien más lo lea.

Aunque a lo largo de mi vida traté siempre de distinguir entre lo esencial y lo superfluo, la pandemia me está enseñando a valorar todavía más lo que realmente vale la pena tener en cuenta: la entrega a los demás, pues siempre encontrarás algo de ti que puedas compartir.

 

                                         MI ALMA TIENE PRISA

 

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos, y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a manipuladores y oportunistas.

Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros. 

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso  como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca con sus triunfos. Que no se considere electa antes de hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan solo andar del lado de la verdad y de la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas… Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Si… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y mi conciencia.

 MARIO DE ANDRADE

*Fotografía de Pablo Matera

 

Don Justino

Al no saber desenvolverme en otros medios, quiero agradecer al historiador Pepe Álvarez Castrelo, desde este humilde blog, la entrañable semblanza que escribió en el Programa de Fiestas de Palmeira sobre la figura de Plácido Betanzos -al que me unía una bonita amistad nacida del cariño que se profesaron desde siempre nuestras madres-, y del inesperado y estupendo trabajo sobre la labor docente que mi bisabuelo materno desarrolló como maestro en Palmeira. Este agradecimiento lo hago extensivo al periodista y escritor  Francisco A. Vidal, que se preocupó de indagar sobre el librito escrito por mi bisabuelo, “La Perla Agrícola”, lo que dio lugar al trabajo de Castrelo. Sigue leyendo

Lo dicho: en ristra

Cuando un despiste no pasa de eso, de ser un despiste sin más consecuencias… Pero si ese despiste llega a perturbar el sueño de un tercero a las tres de la madrugada…

El caso es que hace unos días se fue de safari a Nairobi un hijo mío con la familia. Hacía poco más de una semana que había sufrido una intervención quirúrgica y, aunque el hecho no encerraba demasiada gravedad, no había dado suficiente margen de recuperación al postoperatorio. Por tal motivo, como cualquier madre que se precie, no las tenía todas conmigo y esperaba con ansia noticias. Sigue leyendo

El estilo en la obra de Hemingway

El 2 de julio se cumple un aniversario más de la muerte de Ernest Hemingway, motivo por el cual se me ha ocurrido dejar en el blog un sencillo trabajo que realicé hace algún tiempo sobre el estilo literario del escritor. Creo que puede ser una forma de recordarle.

downloadE. Hemingway vivió y murió al estilo de sus obras: de forma violenta y con un ansia desbordante de aventuras y emociones. Polémico  –y al mismo tiempo respetado–  tanto la temática de sus obras, como el estilo directo, sobrio y claro, tuvo una fuerte influencia en la ficción del siglo XX, marcando un antes y un después en la literatura contemporánea de los Estados Unidos.

La mayor parte de su obra la produjo entre los años 1920 y 1950, ganando el premio Pullizer en 1953 por  “El viejo y el mar” –librito que elude cualquier tipo de clasificación– y que le sirvió de peldaño para alcanzar el Premio Nobel de Literatura a toda su obra. Sigue leyendo

Philip Milton Roth

downloadHace unos días me enteré de la muerte del escritor Philip Roth. Se da la casualidad de que el curso pasado elegí al azar a este escritor –para trabajar sobre él en el taller de literatura al que asisto– por ser los autores del otro lado del Atlántico los menos conocidos para mí, excluyendo los pertenecientes a la mal llamada –pienso– “Generación Perdida”, de la que me tocó trajinar con la obra de Hemingway en cursos anteriores.

Lo que más trabajé en relación con la obra de Philip Roth, es la crítica de los libros que logré leer a lo largo del curso. Sin embargo he preferido insertar en el blog una breve biografía del escritor adaptada a mi perspectiva del personaje.

Ahí os la dejo: Sigue leyendo

Aniversario

Mi recuerdo es hoy para el poeta José Hierro, nacido en Madrid el 3 de abril de 1922 y muerto en 2002. Durante mucho tiempo apenas tuve conocimiento de la obra de este gran poeta. Me sonaba su nombre, poco más. Fue en el año 1997 cuando comencé a interesarme por su poesía, a raíz de un ciclo de conferencias al que asistí, titulado Poesía y Música, en la Fundación Juan March. Cada uno de los poetas participantes leyó y comentó algunos de sus poemas. Después de este encuentro comencé a interesarme por la vida y obra del poeta.

Cronológicamente, José Hierro pertenece a una generación difícil de situar dentro de la poesía española de la posguerra en la que conviven distintas tendencias poéticas. En pocas palabras: José Hierro es un autor nada fácil de etiquetar. Algunos autores tratan de relacionarlo con los poetas de la llamada generación del 50. Otros lo consideran un poeta puente entre la citada generación y las siguientes y hasta vínculo entre los poetas del 27, 36 y 50. En realidad, José Hierro tiene de todo un poco: es un poeta intimista, testimonial, social, existencial, según el momento, sin faltar quien lo excluya de la poesía social. Quizá “Alegría” sea la más existencial de sus poesías, pero su existencialismo es bello y carente de cargas ideológicas explícitas. También existen críticos que tachan su poesía de reiterativa y sin interés. Para gustos, colores. En mí despierta sentimientos. También me llega muy adentro la humildad de este poeta. Sigue leyendo

Mi amigo, el móvil

Esta mañana subí a un autobús de la línea que más frecuento. Por suerte no iba lleno y pude sentarme en mi sitio favorito: como os imaginaréis los que os dignáis echar un vistazo a este blog, justo detrás de la cabina del conductor. En el asiento contiguo al mío se sentó una mujer de unos cuarenta años -rumana, supongo, por el acento- con muy buen porte. Al tiempo que me disponía a continuar leyendo “Andamios”, de Mario Benedetti, la señora rumana (o de donde fuese) comenzó una sonora conversación a través del móvil. Lo de conversación es un decir, porque lo suyo era un monólogo en toda regla. Si al otro lado de la línea (no sé si se dice así, tratándose de un móvil) había alguien, ante la verborrea de la que iba en el autobús no le quedaba un resquicio siquiera para intercalar un monosílabo.

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La primera vez


Tendría yo alrededor de ocho años. Por aquel entonces llegó al pueblo el nuevo farmacéutico. Su única hija, Paquitina, cumplía nueve años a poco de llegar. Para celebrar el acontecimiento, la mamá de Paquitina invitó a merendar a sus nuevas amiguitas, entre las que me encontraba.

Cuando llegué a casa del farmacéutico, las niñas invitadas comenzaban a sentarse en torno a una gran mesa repleta de platos y cestitos con diversos manjares, y vasos de limonada. Algunos de los platos contenían unas frutitas verdes que yo no había visto en mi vida. De vez en cuando, la mamá de Paquitina pasaba ante la concurrencia infantil uno de aquellos platos al tiempo que decía: «Coged aceitunas, que son alimenticias y nutritivas y están muy ricas».
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Autorretrato rápido

¿Cómo soy? Ni yo misma lo sé. ¿Cómo me ven los otros? Lo desconozco. Nunca traté de indagar sobre el particular. Puedo intuir algo, a juzgar por los comentarios gratuitos —bien adulativos o en forma de consejo— por parte de personas de mi entorno.

Ahora que me lo preguntas trataré de describirme lo más honestamente posible:

Físicamente, a la vista está, el espejo no engaña. Tal vez en ocasiones  —dependiendo del ángulo visual o del foco de luz— se muestre compasivo conmigo difuminando arrugas o imperfecciones. Parece como si por unos segundos retrocediese en el tiempo trasladándome a mis años mozos. ¡Vana ilusión…! Claro que, a mis años, no voy a pedirle peras al olmo. Sigue leyendo

Mis compañeros de camino

En cierta ocasión alguien me preguntó si los libros tenían algún significado en mi vida.

Respondí que para mí libros y música estarán siempre fuertemente ligados, pues los dos son, a partes iguales, mis más grandes pasiones, mis compañeros inseparables en la difícil singladura de la vida. Los dos –libros y música- fortalecen por igual mi espíritu inquieto y están prestos a venir en mi ayuda a cualquier hora del día o de la noche que los llame, transportándome a lugares insospechados. Y están ligados, además, porque al escuchar una pieza musical siento siempre la necesidad de conocer el momento y las circunstancias en que fue concebida, comenzando así a bucear en la vida de su artífice. Y la vida de éste me acerca a otras vidas ciertamente interesantes. Sigue leyendo

Un excelente programa

Los sábados de 8hs a 9hs de la mañana hay un programa en Radio Clásica —«Maestros cantores»— que recomiendo a todos los amantes de la lírica. Lo descubrí hace un par de semanas y siento no haber dado antes con él, por lo ameno y por lo mucho que me habré perdido, a juzgar por lo poco que he podido escuchar.

descargaPrecisamente hoy me hubiese gustado oír el programa completo, pero me he despertado más tarde de lo acostumbrado y he perdido la mayor parte. Me hubiese gustado haberlo oído completo porque el artista invitado es uno de mis cantantes favoritos: Ruggero Raimondi. Creo que fueron Alfredo Kraus y él los cantantes de ópera que más me hicieron vibrar durante los más de 40 años de asistencia ininterrumpida a eventos líricos. Sigue leyendo