El arte de saber elegir el complemento adecuado

Me considero sobria en el vestir —que no es sinónimo de anticuada—. Bueno… No siempre. Con cierta frecuencia suelo renovar mi armario con ropa heredada de mis hijos e hijas, nietos y nietas (incluyendo entre hijos e hijas a nueras y yernos: como está mandado). Y hasta es posible que haya heredado algo de mi nieto político… Aunque lo veo difícil, a no ser que la pieza en cuestión haya encogido a fuerza de lavados…

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É das mulleres

Por aquel entonces —tendría yo unos 15 años— cuando una mujer daba a luz lo hacía en su propia casa, asistida por una comadrona titulada y —en el peor de los casos— por una partera aficionada que fue aprendiendo el oficio de traer niños al mundo sin el requisito de un título que lo acreditase.

Hacía muy pocos días que una vecina había tenido un bebé, y mi madre —como símbolo de buena vecindad— me envió con un regalito de confección casera (solía ser un juboncito con patucos a juego) al domicilio de la parturienta. Sigue leyendo

Para gustos, colores

Se dice que «las comparaciones son odiosas». Pero después de asistir a la ópera Carmen en el Teatro Real, y siendo esta la cuarta interpretación de esta ópera a la que asisto a lo largo de mis muchos años en contacto con la lírica, creo que es lícito comparar, teniendo en cuenta que el arte es evolutivo y que con el paso del tiempo se ven las cosas desde otra perspectiva. Aun valorando estos factores, la última versión a la que asistí es la que sale peor parada. Al menos a mi entender, que no es el de una experta sino el de una simple aficionada, aunque con algunas horas de vuelo. Sigue leyendo