Lo tengo decidido: “¡No me la quito!”

Esta mañana estaba citada para hacerme la analítica de trámite. En esta ocasión, más que de trámite, de necesidad; puesto que un requisito que realizaba cada semestre, a causa de la dichosa pandemia hube de posponerlo hasta pasado año y medio. Y servidora, intuyendo lo que iba a suceder -aumento de medicación al canto-, tampoco ejerció demasiada presión para que le prestasen atención facultativa con urgencia.

Y claro: si la analítica general era inmejorable, por la ausencia de pócimas que la alterasen, el factor reumático andaba por las alturas, sucediendo lo que me temía…

Y el aumento de medicación imponía frecuentar más las analíticas por  aquello de que los efectos colaterales pudiesen resultar peores que la propia enfermedad.

El caso es que esta mañana tocaba extracción de sangre y allá me he ido.

La sala de espera estaba atestada de pacientes. En cuanto sonó mi nombre en el altavoz me metí como un rayo en la cabina asignada deseando dejar cuanto antes el hospital.

Nada más entrar, la enfermera me soltó:

-¡Se ha equivocado de cabina!

-¡No! Esta es la cabina 5. Lo pone en la puerta.

-Para la cabina 5 estamos llamando a Carmen González Fontao.

-¡Y aquí estoy! -respondí con un poco de guasa al ver que la enfermera me miraba, remiraba y comprobaba los papeles que tenía en la mano en los que figuraba mi edad.

-¡Te aseguro soy yo! Si no lo crees le pido el bolso a mi hija, que está afuera, y te muestro el documento de identidad.

-Si está tan segura tendré que creerlo…

 -¡La culpa la tiene la mascarilla! -afirmé-. Para completar, llevo gafas y melena larga a dos colores, por falta de tinte (¿a ver quién se mete en la peluquería con la que está cayendo?) y no precisamente porque lo haya puesto de moda una de las princesas de Mónaco, según he oído… Para colmo, hoy se me ocurre vestir vaqueros y calzado deportivo…

¡Y dicen que el hábito no hace al monje…!

Lo dicho: ¡no me desprendo de la mascarilla ni para comer! Si es preciso, las encargo con cremallera.

Aunque una dama no está obligada a revelar su edad, para que el amable lector comprenda mi alegría (y coquetería) ante el comentario de la enfermera baste con decir que esta servidora ya tiene algún que otro biznieto preadolescente.

13 comentarios en “Lo tengo decidido: “¡No me la quito!”

    • Es que me miras con ojos de nieta mayor… Me encanta verte de nuevo por aquí. Últimamente frecuento poco mi blog y veo que tengo bastantes comentarios atrasados, entre ellos uno de Oli. Creo que es su primera entrada y la dejé sin respuesta.
      No se puede abarcar tanto: hoy me he metido a elaborar pan sin gluten y ¡menudo desastre!
      Un abrazo en el que quepáis los cuatro.

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  1. ¡Doy fe de que la anécdota es cierta! Pero lo que no dice palmeiralibre es que la incredulidad de la enfermera no es nada nuevo en su día a día. Lo que no es de extrañar porque, como abuela que soy, pregunto: ¿cuántos de nosotros que acumulamos ciertos añitos montamos en bicicleta, saltamos a la cuerda a ritmo pop rock, hacemos virguerías con la peonza (y el diábolo), bailamos en cuanto suenan dos notas y, general, tiramos “palante” con lo que nos echen? Añádele el gusto por la ópera, la escritura y la lectura por aquello de cultivar la cosa intelectual, y la capacidad de reírse por lo de mantener una mente sana in corpore sano y obtenemos la auténtica “Fórmula vital palmeiralibre”: infalible contra los efectos indeseables del tiempo, respetando todos sus beneficios, que haberlos haylos, y muchos. Por cierto, la fórmula también es estupenda para lucir unas preciosas y personales arrugas de expresión.

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    • Lo que da importancia a mi anécdota es la ilustración. Me entró un ataque de risa en cuanto la vi. ¿De dónde has sacado esa destreza tardía para el dibujo? Me dejas atónita. A este paso pronto le harás sombra a Pablo… Pero que quede clarito que mi cintura y mis caderas todavía conservan la línea y que mi atuendo sigue siendo clásico, aun con vaqueros.
      Tampoco te pases adjudicándome habilidades que no poseo: en mi vida disfruté de un diábolo en propiedad. El primero que cogí en mis manos era de Paquitina, la hija del nuevo farmacéutico y, aunque me lo dejaba porque éramos vecinas y amigas, yo era bastante más pequeña y apenas lograba elevarlo unos centímetros del suelo. Será por eso que nunca sentí demasiado aprecio por el juguete. Frustración, seguramente.
      Aunque no salga demasiado favorecida, me encanta tu dibujo.

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  2. No me extraña para nada la anécdota, querida Mari Carmen, pues pareces una chica de buen ver. Ya le gustaría a muchas jovencitas tener la figura que tú luces. Ya me imagino a la enfermera mirándote de arriba abajo y no creyendo que aquella persona tuviera la edad que marcaba su ficha.
    Muy buena anécdota, y muy buena caricatura. Enhorabuena al dibujante y enhorabuena a la bisa que nadie diría que está en la tercera generación.
    Moitos biquiños palmeiráns.

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  3. Otra que me ve con buenos ojos… Gracias, Magdalena. Pero todos tenemos nuestro talón de Aquiles y el mío son las manos. A pesar de ello, trato de sacarles un buen rendimiento.
    La caricatura es de Carmen. Como yo no tengo idea es ella la que pone las ilustraciones. Menos mal, porque sin un adorno el blog quedaba muy desangelado.
    Unha aperta ben forte.

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  4. ¡Qué divertida y refrescante anécdota, y cómo me has hecho sonreír con la cremallera de la mascarilla! En fin, siempre es bueno hacer de la necesidad virtud, y no hay nada mejor como vivir con esa naturalidad y alegría que exhibes, Carmen. Muchas gracias.

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  5. Esa no es tu abuela…¡¿CÓMO?! ¿QUE ES TU ABUELA?
    Me pasa con mucha mucha frecuencia cuando enseño fotos familiares y nunca me sorprende, la verdad.
    Pero es que además de jovencita, guapérrima!!!
    ¡Menos cremitas antiarrugas y más (como dice Máximo Disaster) “Fórmula vital palmeiralibre”!

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  6. Me pregunto qué ocurriría si, encima, recurriese a las “cremitas antarrugas”. Es para lo único que soy perezosa.
    Bromas aparte: me hace muchísima ilusión verte por aquí.
    Un montón de besos con mascarilla.

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  7. Lo malo es que las neuronas van a su aire: esta mañana he salido en busca de una farmacia de guardia (después de pedir información sobre la más cercana) y no veas la caminata que me he pegado hasta caer en la cuenta de que había tomado la dirección opuesta. Y eso que me conozco la calle al dedillo…
    Un abrazo grande.

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