Los pájaros también se deprimen

Como vengo haciendo cada mañana, me asomé a la ventada a dejar la comida a los pájaros. Había empezado a nevar y el suelo del jardín comenzaba a ponerse blanco, salvo en las zonas cubiertas por los dos bancos de madera. No se veía ni rastro de las aves y aun así lancé un puñado del alimento que voy reuniendo de un día para otro.

Mi sorpresa fue mayúscula al ver que al reclamo de la comida comenzaron a aparecer pájaros de gran tamaño y diferente plumaje que jamás había visto en el jardín. Hasta algún loro o cotorra había. Ni vestigio de la bandada de gorriones y pequeñas avecillas que acudían cada día a la cita.

A la mañana siguiente, cuando la nieve había invadido todos los rincones del jardín, sólo una paloma apareció encaramada en la bola de una  de las farolas que se encienden al caer la noche. Como de costumbre, lancé un puñado de condumio. La paloma revoloteó a ras del suelo pero no se posó a comer, desapareciendo al poco rato.

Durante los dos o tres días posteriores al comienzo de la nevada, cuando el suelo estaba cubierto por un espeso manto de nieve, ni un solo pájaro se dejó ver.

Fue entonces cuando mi hijo me envió por wassap la noticia que había aparecido en los medios informativos rogando a los ciudadanos que procurasen dejar comida a los pájaros, ya que, debido al frío y la falta de alimento, estaban apareciendo muchas aves muertas. Una nota acompañaba al mensaje: “Te lo envío porque sé que te preocupas”.

Nada más leer el mensaje me asomé al ventanal de la terraza a indagar si sobre la nieve se encontraba el cadáver de algún pájaro y sentí un gran alivio al ver que no había ninguno.

Poco a poco van llegando al jardín algunos gorriones y pequeñas avecillas y, por supuesto, las omnipresentes palomas. Pero su comportamiento ya no es el que era…

Nunca fue el pájaro un animal social con respecto a los humanos y los que frecuentan mi jardín no son una excepción. Se van acercando en cuanto me ven aparecer  y, sin embargo, huyen cuando hago el más pequeño movimiento; por eso desaparezco o me mantengo inmóvil mientras comen.

Pero después de la nevada, su actitud es muy distinta: ya no se paran a comer y a disputarse la comida sino que toman una porción en el pico y desaparecen. ¿Por qué ese cambio?

Ayer por la tarde salí con mi hija a dar el acostumbrado paseo dominical que, más que paseo, se convirtió en un prolongado alto en el camino para contemplar con impotencia y tristeza la tala de gran cantidad de frondosos árboles que no solo adornaban el paisaje sino que oxigenaban el ambiente, proporcionaban sombra en los tórridos día de verano, daban cobijo a gran cantidad de aves y nos proporcionaban otros muchos beneficios.

Fue en ese momento cuando me di cuenta a qué obedecía el cambio operado en los pájaros.

 

*Según fuentes del Ayuntamiento, Filomena ha afectado gravemente a unos 150.000 árboles de los 800.000 ejemplares que tapizan las zonas verdes y calles de Madrid. Una catástrofe ecológica sin precedentes para esta ciudad.

19 comentarios en “Los pájaros también se deprimen

    • Esta mañana habían vuelto. Aunque son muy asustadizos y se espantan con nada, alegran sus trinos. Las palomas me gustan menos porque son descaradas, tragonas y acaparadoras: con un aleteo espantan a los pobres pajaritos y no les permiten comer.. Me pregunto en dónde se habrán metido estos días… El caso es que han vuelto.
      Toda el encanto del Madrid nevado, se esfumó con el deshielo. Ahora sólo se ven ramas caídas mezcladas con suciedad. Ayer, durante el trayecto al hospital, se me cayó el alma a los pies. Con la cantidad de gente que hay sin trabajo, no lo entiendo.
      ¡Cómo ansío poder daros un grandísimo abrazo! .

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  1. Los árboles, el frío, la nieve… Si a nosotros nos ha trastocado, a ellos que no pueden quedarse en casa con la calefacción, no encuentran alimento y además, como dices, pierden árboles, ni te cuento. Por suerte algunas estáis atentas y os acordáis de ellos. 😉
    Espero que estés bien. Un abrazo enorme

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    • Poco podemos hacer… Pienso que entre las ramas desgajadas habrán ido muchos nidos. Menos mal que no es época de crianza o todavía sería más triste.
      Tu comentario me ha hecho recordar una poesía que me enseñó mi abuela cuando era muy pequeña:

      “Mira es árbol que a los cielos
      sus ramas eleva erguido;
      en ellas columpia un nido
      donde duermen tres polluelos.

      Ese nido es un hogar,
      no lo rompas, no lo hieras;
      se bueno y deja a las fieras
      el vil placer de matar”.

      A lo mejor la enseñanza de mi abuela, dejó huella…
      Un abrazo grande.

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  2. Las que por aquí transitan son las gaviotas, comen más pienso que Pipa, Odín y Niva, Se ponen a vigilar en el tejado de enfrente y cuando me ven salir con el alimento de los canes empiezan a graznar y aparecen todas en un santiamén.
    Espero que ahora tengas ya nuevamente a esas criaturitas piando en tu ventana, te las cambiaría por estas tan comilonas.
    Un placer leerte.
    Besiños palmeiráns

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  3. De gaviotas y lo tragaldabas que son, tengo bastante experiencia: Como era la mayor; me tocaba vigilar la huerta cubierta de “pateiro”, mientras las jornaleras comían (o jornaleros, que también estaba Rosario o Ventino). No puedes figurarte las carreras que me pegaba tratando de espantarlas, o dejaban la huerta sin abono.
    Hace años, cuando iba poca gente a la playa, disfrutaba observando la enorme bandada que se posaba a descansar en Esteirón. En ocasiones estaba sola con las gaviotas. ¡Qué bello y nostálgico recuerdo!
    Biquiños dende lonxe.

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  4. Querida Mari Carmen, no estaría mal ( estaría muy bien ) leer algo sobre esa guardiana que guardaba celosamente “o pateiro” mientras las jornaleras iban almorzar. Sí, las jornaleras, porque Rosario era una compañera más.
    A ver si en la próxima leemos que la huerta era abundante en frutos gracias “ao pateiriño” que las dichosas e inteligentes gaviotas no podían disfrutar por haber una celosa custodia que lo protegía.
    Máis biquiños dunha palmeirana.

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    • Lo llamábamos “O Agro” y medía unos seis ferrados. Mi abuela tenía dividida una parte en pequeñas parcelas dedicadas a un poco de todo: tomates, pimientos, lechuga, cebollas, ajos, guisantes, judías…, habones. En la parte más extensa alternaba la siembra del trigo con la del maíz.
      No recuerdo fruta más deliciosa: los melocotones duraznos, las peras de san Juan, las claudias de puro almíbar, las distintas clases de manzanas… Y “os fatons”, la fruta más humilde. También había un castaño y un nogal.
      Lo que me daba bastante miedo era encontrarme con los perros de José Juan, que siempre andaban sueltos. Sobre todo el mastín. El “Cros”, bastante gordo y asmático el pobre, inspiraba más lástima que miedo.
      No sé si los productos del “Agro” debían su calidad al “pateiro”; pero el cuidado que les prodigaba mi abuela regándolos y arrancando las malas hierbas, tenía mucho que ver.
      ¡Cuántos recuerdos me ha hecho revivir tu comentario! Aquí lo dejo o esto se puede convertir en una nueva historia.
      Bonitiños sonos.

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  5. Y después de la tempestad, llegó la calma…

    Con los 16 ºC con los que nos asombra la madre naturaleza estos días, nuestro barrio se ha llenado de langostas (y de ciclistas). E impresiona lo bien criadas que se ven todas ellas (y ellos). ¿Dónde estaban durante la nevada? Da gusto verlas reaparecer, aunque corro a tapar el naranjito, porque el año pasado bastaron menos de 4 días para que una preciosa langosta lo dejase sin una sola hoja. Los pajarillos se están haciendo un poco más de rogar, pero van llegando poco a poco para alegría de todos.

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  6. Es súper triste ver los escenarios que ha dejado Filomena, la verdad es que parece increíble que semejantes árboles puedan partirse de esa manera.
    Me encanta la reflexión que has hecho sobre los pájaros. Cuanto mejoraríamos como sociedad si dedicaramos un ratito de cada día a los que nos rodean. Da lo mismo árbol, gorrión o persona, todos seres vivos conectados de alguna u otra manera. Me alegra muchísimo saber que hay personas que prestan atención a aquello que para muchos pasa desapercibido. Gracias a ti sabemos que los pájaros también se deprimen.

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  7. A pesar de disfrutar con cierta regularidad de tu presencia física -guardadas las reglamentarias distancias- me alegra mucho encontrarte por aquí, cosa nada frecuente.
    No tenía noticia de las invasiones de langosta. Si he de ser sincera, no recuerdo haberme encontrarme con un enjambre en mi dilatada vida (como mucho algún que otro saltamontes solitario). Pero ahora que lo dices, en una ocasión me enseñaste tu naranjito echado a perder. No me acordaba que las causantes fuesen las langostas.
    Me ha hecho ilusión tu entrada. Un abrazo inacabable, aunque sólo sea de brazos cruzados.

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  8. ¡Qué alegría, Icíar, encontrarte también por aquí…! Lo que siento es no haber podido ilustrar la entrada de los pájaros con alguna foto; pero son tan asustadizos (mucho más desde que están sufriendo el calvario de la tala) que alzan el vuelo en cuanto estiro los brazos con el móvil. Lo único que logro es fotografiar a unas cuantas palomas que ni se inmutan mientras tragan. Además son tan pequeños que ni se ven.
    Espero que subas pronto un nuevo vídeo con esas clases lúdico-didácticas tan divertidas y necesarias en estos momentos.
    Un montón de besos.

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  9. No sé de la depresión de los pájaros, pero sí sé que con los pasados fríos es la primera vez que me encontré tres mirlos muertos en la calle. Me impresionó porque hace tiempo me preguntaba a dónde iban a morir los pájaros, ya que -habiendo tantos- nunca me los encontraba muertos, y escribí un poema titulado “Cementerio de pájaros”, tomando el tema y haciendo una metáfora del mismo sobre la vida humana. Pero lo de esta vez ha sido algo muy real.
    Un abrazo hasta Palmeira. Salud.

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    • Gran parte de esta mañana la he dedicado a buscar en tu extensísima lista de publicaciones el poema “Cementerio de pájaros”. Al final lo he encontrado; pero antes he podido comprobar que no solo es buena tu poesía: las reseñas de teatro, ópera y zarzuela (o lo que te propongas) son insuperables. Es un deleite leerte, porque escribes con sentimiento y maestría. ¡Cómo me hubiese gustado conocer antes tu obra!, cuando todavía resultaba posible asistir a eventos culturales.
      Por cierto que, además, he tenido la oportunidad de realizar unos cuantos ejercicios gimnásticos con el doctor Jaramillo de “SAVIA Y SALUD EPS” que figura en tu blog.
      Para mí también resulta un misterio el lugar en el que se encuentran los pájaros muertos.
      Salud y felices sueños.

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  10. Se me ha encogido en corazoncillo al leerte. Siendo franca no me había parado a pensar en las consecuencias de esta macro tala más allá de lo que supone para los propios árboles. Esperemos que los pajaritos puedan recuperarse pronto. Desde luego algunos tienen más suerte que otros (¡tus vecinos!).

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  11. Ya no gozan de ese privilegio: por lo visto los pájaros son portadores de enfermedades y no es conveniente dejarles comida. Lo cierto es que nadie frecuenta ese parque, a no ser el jardinero cuando le toca retirar las hojas muertas. Pero no se deben infringir las normas de convivencia.
    De todos modos, Carmen encontró un parque abandonado junto a la M30, al que no van personas y los pájaros campan a sus anchas, lo que resulta un buen motivo para darnos un largo paseo.
    Me gustaría verte más por aquí, a pesar de ignorarte. Es que me meto en demasiados líos.
    Un montón de besos.

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