Horas bajas de una bisabuela

Hasta el momento actual tenía la sensación de estar soportando con la moral bastante elevada este encierro forzoso motivado por una pandemia que nadie sabe a ciencia cierta de donde proviene… Me sentía bien porque había comenzar a organizar mi tiempo de una forma rentable -a pesar de las constantes interferencias con mensajes, wassaps y llamadas telefónicas-: estaba aprendiendo a colocar  cada cosa en el lugar adecuado al tiempo que me detenía a recordar momentos vividos, a seleccionar libros leídos antaño para leerlos de nuevo, a ver una y otra vez los vídeos de mis bisnietos mostrando lo fácil que resulta divertirse en casa, y hasta escenificar algún cuento con el móvil para que mis bisnietos se rían de la “Bisa” y no la borren de su memoria.

Pero esta tarde del 29 de abril, mi ánimo se desmoronó hasta el punto de  romper a llorar con amargura.

Son poco más de las seis de la tarde. Hace unos momentos sentí griterío en la calle. Me apetecía ver a los niños correteando y acerqué las narices al cristal del ventanal: en la acera de enfrente un padre con tres chiquillos cuyas edades oscilarían entre tres y siete años, tiraba hacia sí del más pequeño que se esforzaba por soltarse de su mano para cruzar la calle en dirección a la otra acera en la que un matrimonio con otros tres niños de edades similares actuaban de manera análoga. Al final los de la acera de enfrente lograron tranquilizar al más pequeño y se fueron calle arriba cabizbajos. Los otros muchachos se quedaron mirándolos sin hacer un gesto. No he vuelto a ver un solo niño por la calle en toda la tarde.

Pienso en mis bisnietos de dos y nueve años y siento una tremenda angustia. Es cierto que en los vídeos que recibo se ve felices a los dos hermanos jugando en casa, a pesar de la diferencia de edad. Pero en la calle la situación es distinta: un niño pequeño no tiene capacidad para discernir cuál es la razón que le impide acercarse a los amigos y experimento la sensación de que su frustración resulta todavía más grande. Desde que nace el niño se hace gregario, acostumbrado a convivir con otros peques en guarderías y colegios infantiles; por esta razón, en las actuales circunstancias,  acaba encontrándose más a gusto en casa en donde las cosas no han variado y, para colmo, en gran parte de los casos, se ve arropado por los padres. (Me gustaría que sucediese así en todos los hogares, sin embargo escuchamos casos estremecedores en los que la convivencia familiar resulta un tormento para el niño).

Es la visión de una bisabuela en horas bajas, pero por suerte no es lo habitual: trato de sacar algo positivo del momento en el que estamos metidos, procurando afrontar el presente sin agobiarme poniendo la vista en un futuro nada prometedor. Me conformaría si el bichito de marras le diese un toque a los que rigen los vaivenes del mundo y tomasen conciencia de que es más reconfortante compartir que expoliar.

6 comentarios en “Horas bajas de una bisabuela

  1. Comparto totalmente tu pena abuela, pero a mí no tanto los niños (que volverán a jugar seguro en los próximo meses) sino las abuelas y abuelos y personas que tengan la salud más flojita. Para vosotros el ir con cuidado parece que va a ser algo más que meses. De todas formas va a ser un buen momento para que empecemos a cuidar como se merecen a nuestro mayores.

    Me gusta

    • Lo sé, Julia.. Por eso me siento privilegiada al tener una familia como la que tengo. Amigas más jóvenes no pueden valerse por si mismas.y viven solas. En las actuales circunstancias lo más que puedo es llamarlas de vez en cuando por teléfono. Esperemos que el calor, por lo menos, adormezca al virus y nos deje tranquilos una temporada. Quién sabe si mientras tanto los investigadores no encontráis algún remedio que lo aniquile… Como decía don Hilarión: “Hoy las ciencias adelantan”..
      Cuánto deseo daros un achuchón de los de verdad.

      Me gusta

  2. Querida Mari Carmen, yo opino lo mismo que Julia. Los niños tienen una capacidad sorprendente de fantasear e idear juegos y pasatiempos con los que pueden disfrutar aunque sea en el recogimiento del domicilio, en cambio, para la gente mayor, es un impedimento mucho más pesado. Los que tenemos la suerte de tener un pequeño espacio exterior aún podemos respirar un poco de aire, y aún así… Imagínate los que viven en pisos pequeños e interiores.
    A ver si no volvemos atrás y el confinamiento se acaba de una vez por todas. Lo deseo con ansia.
    Muchos besos desde tu tierra que te espera con afán y con mucha salud.

    Me gusta

  3. Completamente de acuerdo con las dos, Magdalena: hay demasiada soledad en el mundo,,,
    Hace días llamé por teléfono a una amiga de la que me había distanciado al irse a vivir fuera de Madrid, seguramente por no estar sola. Me respondió un hijo diciendo que se había muerto. La noticia me afectó muchísimo, porque era una mujer llena de vitalidad aunque su vida no discurriese por un camino de rosas. Hace años pasó un verano conmigo en Palmeira. No creo que la llegases a conocer.
    Gracias por estar siempre ahí. Un abrazo imaginario grandísimo.
    .

    Me gusta

  4. Hola, Carmen, espero que ya estés mejor. Esta situación no es fácil y es normal tener altibajos, sean los niños el «detonante» o cualquier otra cosa. Creo que también debemos permitirnos estar tristes y desahogarnos de vez en cuando. Eso no quiere decir que no seamos fuertes o que no podamos con esto, solo que somos humanas.
    Desde mi experiencia, creo que los niños son los que mejor llevan esto. A mí, desde luego, me preocupan más mis padres, que por suerte están bien.
    ¡Un abrazo muy fuerte y mucho ánimo!

    Me gusta

  5. Estoy contigo, Luna, en que somos los mayores los más necesitados de atención en momentos tan difíciles. Yo no me quejo, porque mis fuerzas, a pesar de la edad, no flaquean demasiado y cuento con el apoyo de los hijos en caso de necesitarlos. Lo que me duele en el alma es no poder hacer más por las personas en soledad. Y son tantas…
    Ojalá que este encierro nos mueva a colocarnos en el lugar del otro y al regresar a la vida ordinaria nuestro comportamiento sea más humano.
    Un fuerte abrazo a distancia.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .