Covid 19

palmeira

Desde este encierro domiciliario voluntario que me he impuesto hace varios días a causa de la pandemia que venimos sufriendo, pude observar que gran parte de la población se mostraba ajena a la grave situación que estamos atravesando y continuaba sin cumplir unas normas mínimas de convivencia: a pesar de hacerse pública a través todos los medios informativos la necesidad de permanencia de los ciudadanos en sus domicilios -salvo excepciones no muy claras- miraba como la gente entraba y salía, sin guardar la mínima distancia recomendada, en la confitería que alcanzo a ver desde mi ventana. Y lo que es peor: ayer el jolgorio y griterío de los niños -y de los no tan niños- que llegaba desde el parque cercano hacía suponer que eran muchos los que se habían echado a la calle. Entiendo que resulte duro para los padres mantener a los chavales encerrados en casa, pero mucho peor sería que la enfermedad se extendiese a pasos agigantados y el personal sanitario que está al pie del cañón acabe también enfermo o extenuado.

Hoy, sin embargo, parece que la responsabilidad y la calma han llegado a la ciudad: apenas transitan coches por una calle en la que los atascos eran frecuentes, y por las aceras casi no se ven peatones. Alguno que va a comprar pan reciente. Poco más. Sólo al anochecer se escuchan los ladridos de los perros con más intensidad de lo acostumbrado -será por el silencio reinante- como si sus dueños se pusiesen de acuerdo para organizar una especie de tertulia canina.

Pero no todo ha de ser malo mientras soportamos este encierro obligado: para los que vivimos en la ciudad resulta una tregua en el ambiente contaminado, porque jamás habíamos soñado poder respirar a pleno pulmón un aire tan puro sin salir al campo, aunque sea desde los balcones.

También quiero hacer mención de las serenatas nocturnas y aplausos dedicados al personal sanitario y a todos los colectivos que continúan dando el callo para que a los ciudadanos no nos falte da nada. Es una delicia escuchar las voces de grandes y chicos siguiendo el ritmo de la canción elegida. Ayer mi nieta me envió un vídeo hecho en su urbanización, en la que domina la población infantil y tiene en proyecto una actuación conjunta con los instrumentos que cada uno toca.

Más adelante, por descontado, llegará el desplome económico… Pero mientras tanto tratemos de hacer frente a la epidemia con sentido común. Por suerte hoy disponemos del tan vilipendiado móvil -no sin motivo- que, en ocasiones como ésta, nos acerca a nuestros familiares y amigos con el wassap, vídeos y hasta videollamadas.

Y cuando llegue el desplome económico -esperemos que sea llevadero- intentemos dejar de mirarnos a nosotros mismos y hagamos lo que podamos por el que menos tiene -por desgracia la fábula del sabio y las hierbas sigue hoy más vigente que nunca- y que no todo sea palabrería estéril. Comenzando por los políticos.

Alguna vez leí en un libro de teología que todos tenemos parte en la continuación de la Creación, que Dios la había dejado incompleta para que siguiésemos construyéndola y no destruyéndola. A pesar de salirme del tema, me apetecía terminarlo de esta manera.

6 comentarios en “Covid 19

  1. Así estamos nosotros también, en casita desde el jueves, aunque aún no fuera obligatorio.
    Espero que estéis todos bien, y ánimo con estos días, que imagino serán más duros con el avance del tiempo…
    Un fuerte abrazo

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  2. Gracias, Luna, por ser como siempre la primera. Estoy llevando bien este encierro obligado, a pesar de creer que me iba a sobrar tiempo para realizar muchas cosas que tenía pendientes e iba aplazando. Nada de eso: es tal el bombardeo de mensajes, videos, llamadas telefónicas y todo tipo de comunicación a distancia que no me deja un momento de respiro. De lo que está ocurriendo, me preocupan los hijos y nietos que continúan trabajando fuera de casa y todas las personas que están entregadas a los demás, ya sea por obligación o por puro altruismo.
    No sé colocar la ilustración: Carmen está agobiada de trabajo y a mis nietas les piden una serie de datos para entrar en mi blog que no sé enviar por el móvil.
    Un abrazo a distancia.

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  3. A veces cuando algo apetece es por algo. Me encanta que te haya apetecido porque te ha quedado bordado. Desconocía ese texto del libro de teología con el que acabas tu entrada; ojalá que sepamos seguir esa construcción del orbe que Dios nos ha dejado incompleta, pero en este caso soy un poco pesimista.
    Como siempre, querida Mari Carmen, da gusto leerte.
    Moitos biquiños desde este encierro involuntario pero necesario y un fuerte abrazo

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  4. Muchas gracias, Magdalena, por tus comentarios siempre tan alentadores.
    A mi también me gustó la frase que leí hace años. Por eso me viene de vez en cuando a la memoria. Hoy más que nunca, porque jamás se trató tan mal a la naturaleza: robándole espacio sin medida al mar, quemando los bosques, construyendo edificios monstruosos, contaminando las aguas con tanta basura… Y aún nos quejamos de que en ocasiones se rebele.
    Me anima que el coronaviros no haya visitado esa zona. Espero que en verano todo haya pasado -dicen que el calor lo destruye- y podamos pasear sin temor a contagios.
    Unha morea de bicos virtuais dende este Madrid convulso

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  5. Gracias, Julio. Lo cierto es que a Madrid lo está castigando duro el demonio del coronavirus. Tenemos dos casos de familiares indirectos hospitalizados; pero, lentamente, se van recuperando. También nos dio un susto una nieta por la sintomatología que presentaba. Menos mal que se quedó en un susto.
    Esperemos alcanzar de una vez el dichoso “pico” y comenzar el descenso.
    Que tu sueño sea placentero.
    Salud.

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