El elixir de amor

Elisir-de-amor

Aquejada de un proceso intestinal largo y latoso, decidí cambiar la entrada de la ópera “El elixir de amor” para la última representación, con la finalidad de restablecerme de mi dolencia. No resultó difícil el trueque y, ahora, lo entiendo; pero en aquel momento no me paré a pensar si con el cambio saldría perdiendo… Con todo, no me arrepiento del aplazamiento, puesto que dio lugar a mi casi total recuperación pudiendo asistir a la función con buen ánimo.

Argumento de la ópera

Acto 1º

Nemorino, joven pueblerino un poco simplón, está que bebe los vientos por Adina, rica terrateniente un tanto casquivana. Pero Adina prefiere a Belcore, un engreído sargento.

Llega al pueblo Dulcamara, charlatán ambulante que se hace pasar por doctor, ofreciendo un elixir maravilloso que puede alcanzarlo todo. Al enterarse de que Nemorino busca un filtro de amor que le haga conquistar a Nadina, Dulcamara le endilga con su verborrea una poción mágica que no es otra cosa que un mal vino de Burdeos.

Acto 2º

Adina acepta la proposición de matrimonio de Belcore. Nemorino, desesperado, compra más elixir a Dulcamara. Para poder pagarlo, se alista en el regimiento de Belcore.

De pronto corre por el pueblo la noticia de que Nemorino ha heredado una inmensa fortuna y las chicas comienzan a mostrar un enorme interés por el muchacho, despertando los celos de Adina que no sabe que Nemorino es rico. Ni siquiera el propio Nemorino tuvo tiempo de enterarse de su nueva posición social y está convencido de que su éxito entre las mujeres se debe a la poción maravillosa que bebió sin tino.

Cuando Dulcamara le cuenta a Adina que Nemorino se alistó en el ejército para poder pagar el elixir con el que esperaba enamorarla, la muchacha se va corriendo a recuperar el certificado que el joven firmó a Belcore, librándolo así de su compromiso con el regimiento, deja plantado al presuntuoso sargento y accede a casarse con Nemorino, que era a quien realmente quería.

FIN

Siendo esta la cuarta (¿o quinta?) representación a la que asisto de este divertido y al tiempo tierno melodrama jocoso de Donizetti, indiscutible obra maestra del género bufo -compuesta en dos semanas por encargo precipitado del empresario del Teatro Canobbiana de Milán, libreto de Felice Romani basado en el guión que Eugenio Scribe escribió para la ópera de Auber, “Le fhiltre”-, es lógico que me permita hacer algunas comparaciones.

Esta última representación, en cuanto a la puesta en escena de Damiano Michieletto, me pareció casi un calco de la que presentó el Teatro Real en 2013, del mismo director de escena: una playa rebosante de arena (en la anterior versión no la había), tanta que los pies de los supuestos bañistas (lo de “supuestos” lo digo por la carencia de mar, representado en una foto al fondo del escenario) se hundían en ella; un cúmulo de tumbonas, sombrillas, flotadores de diversos tamaños, formas y colores; dos palmeras, la atalaya del socorrista, una ducha… y, no podía faltar, un chiringuito regentado por la protagonista, Adina, de la que era empleado -una especie de chico de los recados- el ingenuo Nemorino; todo ello formando un abigarrado y colorido conjunto en el que se mezclaba el variopinto atuendo de los bañistas, menos recatado que en la anterior versión. (Se me olvidaba: en medio de todo este maremágnum de personas, mobiliario y demás cachivaches, todavía quedaba espacio para una especie de monumental tarta conteniendo gran cantidad de espuma en la que los veraneantes, a falta de mar, se sumergían a sus anchas).

En las dos últimas representaciones del Real, de la bucólica aldea vasca que concibieron Donizetti y Felice Romani para ambientar “El elixir de amor”, no quedó nada. Y no se trata de que esta ópera no admita variaciones de lugar y de tiempo. Nada de eso: “El elixir” es una ópera atemporal. Pero tanto bullicio playero diluía la esencia de la obra y la terraza de un chiringuito para cantar un aria tan sentida y expresiva como “Una furtiva lágrima”, no me pareció el lugar más adecuado. Sin embargo, y sin ser la mejor interpretación de de esta aria –a Juan Francisco Gatell se le notaba cierto cansancio, como si le faltase algo de fuelle- resultó emocionante. Del resto de cantantes (Brenda Rae, como Adina; Alessandro Luongo, como Belcore; Erwin Schro, como Dulcamara y Adriana González, como Giannetta, y el coro de bañistas dirigido por el incombustible Andrés Mápero) así como la orquesta conducida por Gianluca Capuano, podría decirse que cumplieron su cometido.

Entre los recuerdos que tengo de anteriores puestas en escena de esta ópera, sobresale un Nemorino interpretado por José Carreras en sus años mozos en el Teatro de la Zarzuela -si mi memoria no falla- caracterizado como un pobre e infeliz labriego; y el de Antonino Siragusa, en el 2006, en el Teatro Real. También el Dulcamara de Ruggero Raimondi, de esta misma representación, dejó huella. Pero es que este bajo-barítono es mi preferido.

En el “Elixir de amor” la melodía brota espontánea, desde la bonita cavatina del primer acto (“Cuanto é bella”), hasta el final de la obra con la repetición de la barcarola. Y no hablemos del cuidado tratamiento de la orquesta con los preciosos solos de los instrumentos de cuerda… Se trata de una ópera con personalidad propia, aunque tenga algunos visos rosinianos. La idea que tuvo Donizetti de introducir un aria tan romántica como “Una furtiva lágrima” –la romanza más famosa para tenor lírico- en una ópera bufa, sólo a él se le pudo ocurrir. No me extraña que se le considere el puente tendido hacia el romanticismo y precursor de la ópera de Verdi.

Aunque la última representación de esta ópera no fuese la mejor, valió la pena asistir a ella.

9 comentarios en “El elixir de amor

  1. Soy dura de roer y creo que la recuperación es total. Lo malo es que tengo alergia a la bata blanca y acudo al médico cuando no queda otra. Y, encima, se equivocan en el diagnóstico… La experiencia me ha servido para darme cuenta de la cantidad de personas ancianas que van solas a urgencias a altas horas de la noche por no tener a nadie que las acompañe. Intentaré escribir algo sobre el tema..
    Muchas gracias por estar ahí.
    Un abrazo grandísimo..

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      • Yo también voy sola a todas partes. Pero en este caso fue Carmen la que se empeñó en acompañarme sin demora -por segunda vez- a urgencias, por indicación de una cuñada médico que no vive en Madrid pero tuvo claro el mal que me aquejaba, por las explicaciones que Carmen le dio. Lo que realmente me agobiaba era ver a mi hija pasando la noche en vela, mientras me hacían un montón pruebas, sin poder terminar un trabajo urgente y de relevancia.que se traía entre manos. Lo mismo me ocurrió la noche que se quedó mi hijo que comienza la jornada a las siete: en cuanto me preguntaron si quería irme a casa, bajo mi responsabilidad, no lo dudé. Todavía tuve que volver una tercera vez,.. Pero aquí estoy dispuesta a dar guerra si el ordenador me lo permite, que ésta es otra…
        Me voy con Magdalena.
        Besos.

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  2. Querida Mari Carmen; te digo lo mismo que Luna, ya sabes que nunca he asistido a la ópera pero, solamente con leer tus reseñas ya casi me doy por satisfecha. Sabes escenificarlas tan bien, que parece que una está escuchando “Una furtiva lágrima” interpretada ( a pesar de ese bullicio playero) por ese bajo- tenor de tu preferencia.
    No te pregunto por tu salud pues, ahora ya sé que te encuentras como una rosa y lista nuevamente para incorporarte a lo cotidiano.
    Besiños palmeiráns y salud, como nos desea siempre Julio.

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  3. Como de vez en cuando nos comunicamos por wassap, conoces muy bien mis andanzas hospitalarias, hasta con muestras gráficas. Mis reseñas operísticas son de poca monta: para eso tenemos a Google en el que los entendidos se explayan a gusto. Yo trato de contar lo mejor que puedo lo que siento cuando asisto a algún evento de este tipo.
    Ruggero Raimondi me entusiasmó desde la primera vez que lo oí cantar en “El barbero de Sevilla”, , como cantante y como actor, en el papel de don Basilio.
    Moitos biquiños.

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  4. Es una de las pocas óperas de Verdi que no tuve ocasión de ver. Me encantaría conocer tu opinión. Mi problema intestinal creo que ya es historia. Muchas gracias por tus buenos deseos.
    Acaba de llamarme un hijo desde Galicia quejándose de la fuerte lluvia que están sufriendo, incluso un tornado. Para mí es gloria bendita ver caer un chaparrón en Madrid. Por suerte está lloviendo, aunque flojo.
    Salud.

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