Don Carlo

vivienda

La primera vez que asistí a la ópera Don Carlo había bregado duro durante toda la jornada, me sentía medio griposa, salí tarde del trabajo más tarde de lo acostumbrado y, para colmo de males, la obra comenzaba una hora antes de lo habitual, dada su larga duración. Imposible llevar coche a causa de la dificultad para aparcar por la zona. Un taxi, ¡ni soñarlo!, además de caro no era garantía de llegar a tiempo por culpa del atasco que imperaba a la hora de salida de los colegios…. No me quedaba más solución que depender de una combinación entre autobús y Metro.

A pesar de los obstáculos, logré llegar al Teatro unos segundos antes de comenzar la función y no es de extrañar que, agotada de tanto ajetreo, me hubiese quedado profundamente dormida en la butaca. Como no tuve tiempo de leer el libreto y desconocía la parte correspondiente a los amores truncados del infante don Carlos e Isabel de Valois, no podría decir a ciencia cierta el tiempo que duró mi siesta. Sólo recuerdo que me despertó el pistoletazo de fogueo y la voz de bajo profundo del Gran Inquisidor. Aunque no creo haber dormido mucho o, por lo menos, no llegué a roncar. De emitir algún ruido extraño, el espectador más próximo me lo haría saber con un discreto codazo.

Dada mi accidentada experiencia con el primer Don Carlo, no las llevaba todas conmigo al ir a ver la última puesta en escena. Y no por miedo a quedarme dormida -sólo ocurrió en aquella ocasión- sino a quedarme anquilosada, habida cuenta de las casi cuatro horas que duraba la función, sin apenas descanso. Pero para sorpresa mía el tiempo transcurrió como si me hallase sumergida en un agradable sueño, metida de lleno en la obra.

En esta ópera -me parece a mí- Verdi introdujo una novela rosa sobre los amores del infante don Carlos con la infanta francesa, para dulcificar lo que realmente quería representar: la lucha contra la opresión política y religiosa personificada en las figuras de Felipe II y el Gran Inquisidor, alcanzando la perfección en su concepción dramática. Según ésta, los personajes, dotados de una complejidad psicológica poco habitual en la ópera de la época, se movían con soltura, estableciendo entre ellos relaciones divergentes que se complementaban. En Don Carlo se entrecruzan -dentro de una gran precisión histórica- el tema de un amor juvenil imposible; la impotencia senil, enmascarada por el poder absoluto; abuso de un poder que anula cualquier afecto; y una falta de comunicación en la que el único ganador es el gran inquisidor. Pero la ópera de Verdi también es un canto a la libertad, al amor, a la amistad, a la valentía, a la compasión y a una serie de valores positivos.

Para lograr lo que se proponía, Verdi jugó con seis grandes voces: bajo profundo, bajo, barítono, tenor, soprano y mezzosoprano.

Trataré de hacer una sinopsis lo más reducida posible de esta ópera, en cinco actos, de Giuseppe Verdi. Libreto de J. Méry y C. du Locle, basado en la obra de F. Schiller:

Acto 1º

Doña Isabel y don Carlos se encuentran por sorpresa en el bosque de Fontainebleau, cuando éste se dirige a pedir la mano de la infanta, surgiendo el amor entre la joven pareja. Cuando más embelesados estaban, aparece un mensajero de palacio felicitando a Isabel como reina de España. La infanta le dice que está cometiendo un error, que ella sólo es la prometida de don Carlos. Pero el paje le desvela que su padre, Enrique II, ha concertado la boda con Felipe II por razones de Estado. Ante los ruegos de sus vasallos pidiéndole que evite una guerra con su matrimonio, Isabel accede a casarse con el que debería ser su suegro.

Acto 2º

En el monasterio de Yuste un misterioso monje ora anta la tumba de Carlos V. El infante, desolado, busca refugio en aquel lugar y cree oír la voz de su abuelo. Aparece Rodrigo, el marqués de Posa, amigo de Carlos. Éste le confiesa que ama a su madrastra. Rodrigo le asegura que es correspondido, pero le aconseja que la olvide y se dedique a ayudar al pueblo flamenco a salir del yugo al que lo tiene sometido su padre. Los dos jóvenes se juran amistad eterna. En ese momento llega la comitiva real al monasterio

Mientras Felipe reza ante la tumba de su padre, en el exterior la princesa de Éboli y las damas de la reina cantan un romance morisco. Cuando llega la reina, Rodrigo, con la excusa de entregarle una carta de su madre, le da una nota de Carlos pidiéndole audiencia. Cuando éste aparece confesándole de nuevo su amor, Isabel lo rechaza, ya que el matrimonio la obliga a ser fiel a su marido.

Al salir del monasterio y ver sola a la reina, Felipe se enfurece con la dama de compañía y la expulsa. Luego le pide a Rodrigo que vigile a Isabel y a Carlos porque desconfía de ellos. El de Posa ruega al rey que sea benévolo con Flandes, pero Felipe se niega y le dice que a quien debe temer es al gran inquisidor.

Acto 3º

Jardines de la reina. Es de noche. Carlos asiste a una cita que le piden en un mensaje que el cree de Isabel. De pronto aparece una dama a la que abraza apasionadamente por confundirla con la reina. Al ver que se trata de la princesa de Éboli, la rechaza. La intrigante noble, al intuir que Carlos ama a Isabel, lo amenaza con contárselo al rey. En ese instante llega Rodrigo en su ayuda dispuesto a matar a la de Éboli. Don Carlos se lo impide.

En una plaza frente a la basílica de Nuestra Señora de Atocha, varios herejes van a ser quemados públicamente en un auto de fe. Algunos diputados flamencos, conducidos por don Carlos, irrumpen al paso del cortejo pidiendo clemencia al rey. Éste la niega acusándolos de rebeldía. El infante se abalanza sobre su padre y Rodrigo lo desarma. El rey nombra duque al de Posa ante la mirada atónita de Carlos. De lo alto se oye una voz celestial acogiendo las almas de los condenados.

Acto 4º

En su alcoba, el rey medita tristemente sobre su soledad, cuando llega el gran inquisidor exigiéndole que Carlos y Rodrigo sean condenados por herejes. Cuando marcha el inquisidor, Felipe comprende que el trono debe plegarse al altar. A continuación entra Isabel quejándose de que le ha desaparecido un cofre. Felipe se lo muestra acusándola de adulterio por contener un retrato de Carlos. Isabel cae desmayada acudiendo a socorrerla la princesa de Éboli, quien confiesa haber sido ella la que se apropió del cofre y la amante de Felipe II. La reina, dolida, le dice que tiene que abandonar la corte. Antes de ingresar en un convento, la princesa intentará salvar a Carlos.

En la prisión, el infante recibe la visita de su amigo Posa, quien le comunica que se inculpó de ser suyos unos documentos que comprometían a don Carlos. Por tal razón lo declararon traidor y sólo le quedan unos instantes de vida. Suena un disparo que hiere gravemente a Posa, quien antes de morir ruega al infante que salve a Flandes, momento en que el rey llega a la prisión con buenos propósitos hacia su hijo entregándole la espada al tiempo que pretende abrazarlo; pero el infante lo rechaza. El pueblo se rebela, siendo dominado por el gran inquisidor. Carlos logra huir con ayuda de la princesa de Éboli.

Acto 5º

En el monasterio de Yuste, Isabel reza ante la tumba del emperador. Mientras espera la llegada de Carlos a punto de marchar a Flandes, evoca el momento en que se conocieron en Fontainebleau. Aunque Carlos le dice que mientras lucha su pensamiento estará con ella, se despiden como madre e hijo. En ese momento llega el rey con el gran inquisidor. Felipe trata de arrestar a su hijo cuando el misterioso monje que aparece al principio del segundo acto arrastra a Carlos al sepulcro.

FIN

No voy a extenderme mucho más sobre el desarrollo de la ópera, que me pareció muy logrado. En la versión del Teatro Real -la llamada “de Módena”- se recupera el primer acto, que había sido eliminado en alguno de los cambios llevados a cabo por el autor de la obra, sin el cual las relaciones entre los personajes no serían entendibles.

Creo que en la sesión a la que asistí, los cantantes cumplieron -con algún pequeño desliz en los agudos-, al igual que en la faceta dramática. Nada que objetar sobre la orquesta que, para mí, estuvo impecable. Ensimismada en el conjunto de la obra, no hubo lugar para otras disquisiciones.

Me pareció acertada la escenografía da Robert Jones, muy en consonancia con la personalidad de Felipe II; lo mismo que el vestuario de Brigitte Reiffenstuel. Es difícil sacar partido a un único escenario, compuesto en su totalidad de ladrillos grises, que sufre ligerísimos cambios, a telón abierto a lo largo de la obra.

Para diferenciar los lugares en los que se desarrolla la ópera en cada momento, el director de escena echa mano de distintos símbolos: cuando se trata del Monasterio de Yuste, aparece colgado un botafumeiro; para la alcoba de Felipe II, se añade un gran cortinaje; para el tema del Auto de Fe, aparece una gran cruz de fuego; la prisión queda representada bajando una reja…

Es posible que para muchos Don Carlo no sea un espectáculo grandioso. A mi me lo pareció. Por eso la publico hoy, que es el cumpleaños del autor, pues su obra pervive.

6 comentarios en “Don Carlo

  1. Me ha encantado tu sinopsis sobre la obra, querida Mari Carmen. Mejor contada, imposible.
    Ayer me decías que era muy extenso lo que habías escrito y que lo habías acortado un poco. Te aseguro que aunque no lo hicieras, está tan magistralmente narrada, que a mí, incluso me has dejado con la miel es los labios.
    Gracias por darme a conocer esas magnificas obras operísticas.
    Besiños desde nuestra Palmeira.

    Le gusta a 1 persona

    • Me encanta la buena música: sinfónica, lírica, melódica, dodecafónica… No concibo un mundo sin música. Pero mis conocimientos musicales no pasan de tener el oído más o menos sensibilizado. Mi relación con la ópera (creo que lo conté en este blog) surgió porque era la única forma de escuchar a Kraus en vivo. De eso hace más de cuarenta años.
      Por ser el cumpleaños de Verdi, se me ocurrió ilustrar el trabajo con la casa en la que nació, en Roncole.
      Unha morea de bicos por estares aí.

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    • Estuve en el monasterio de Yuste hace más de cuarenta años. Lo recuerdo como un lugar austero alejado del mundanal ruido.
      De esta última versión de Don Carlo, no me gustó como resolvieron la escena de la muerte, tirado de cualquier forma sobre un sepulcro. A pesar de haberme dormido, recuerdo que al final de la otra desaparecía envuelto en niebla transportado por su abuelo. Resultaba más emocionante.
      Un abrazo grandísimo con mi agradecimiento.

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  2. No viene a cuento, pero te cuento que conozco el monasterio de Yuste. Mi madre es de un pueblo cercano, Aldeanueva de la Vera.
    A mí cuatro horas me parecen muchas para una obra (de lo que sea), si se te pasó tan rápido seguro que es muy buena. En cualquier caso, tu crónica me ha parecido muy interesante.
    Un besazo enorme

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  3. Amiga Carmen, tus reseñas sobre ópera siempre resultan ser un aliciente para aquellos que, como yo, son un poco reacios al género, aun estimando todos sus merecimientos. Sabes que he visto algunas obras y las he disfrutado, aunque no con la intensidad con que, por ejemplo, lo hace mi mujer, apasionada de ella. Mil gracias y mi abrazo. Salud.

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  4. Gracias a ti, Julio, por tu grato comentario. Ando liada en tantas actividades que no me queda tiempo ni para leer las reseñas de los entendidos. Seguramente son contrarias a mi parecer. El caso es que disfruté hasta la escena final, que me pareció muy pobre.
    Salud y un abrazo.

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