El canto del cisne

evalucion

Imposible pasar por alto la ópera Falstaff compuesta por mi operista favorito, Giuseppe Verdi; opera que nada tiene que envidiar a la mejor obra cómica de Mozart, otro de mis compositores preferidos. Esta ópera resultó el canto del cisne de un compositor casi octogenario que, basándose en un magnifico libreto de su amigo Arrigo Boito, que superó las fuentes shakesperianas, compuso una obra alegre, juvenil, de fino y vigoroso humor al mismo tiempo, estrenada en el Teatro de la Scala de Milán el 9 de febrero de 1893 y en el Teatro Real de Madrid el 10 de febrero de 1894.

Es cierto que en su primera etapa como compositor Verdi hizo otro intento de ópera bufa -“Un día de reinado”- con un resultado desastroso; fracaso que vino a coronar una serie de desdichas por las que estaba pasando cuando le hicieron el encargo de esta ópera: en poco tiempo, la muerte de sus dos hijos y de su primera esposa, Margherita Barezzi; además de otros momentos difíciles que a punto estuvieron de echar por la borda su faceta de compositor, viniendo a salvarle del hundimiento la composición de “Nabuco”.

Pero hoy mi intención no es hablar de la vida del compositor de “Falstaff”,  sino  intentar escribir un somero comentario sobre la ópera que acabo de ver por tercera vez (las anteriores con una puesta en escena acorde con la época en que Shakespeare escribió “Las alegres comadres de Windsor” y “Enrique IV”, obras en las que  Arrigo Boito basó el libreto). A pesar de que en aquellas ocasiones los cantantes vestían ropajes de la época, el hecho de que en la función de ayer portasen ropa actual, no restó un ápice de interés a la obra; lo que indica que es una ópera intemporal.

Durante la primera parte de la representación ocurrió algo tan insólito que, en mis más de cuarenta años asistiendo a eventos operístico, sólo recuerdo una ocasión en la que en el Teatro de la Zarzuela el público abucheó la puesta en escena por Pilar Miró de la ópera “Carmen”  y, años más tarde, ocurría algo similar con “El cazador furtivo” de la misma escenógrafa. Pero del descontento de ayer sólo se hacía eco en los entreactos, que fueron muchos, aunque cortos -durante la función el público se mostró correctísimo, aun aguantando las carcajadas que provocaba la ópera- en los que las protestas de algunos espectadores se cruzaban; creyendo yo, con mi habitual despiste, que los actores se habían colado entre el público para dar todavía más realismo a la obra, cosa que sucedió en otras ocasiones.

Pero no se trataba de eso: lo que ocurría es que algunos asistentes se quejaban a voces de la ausencia del cartel luminoso sobre el escenario con la traducción del texto. Aunque suelo leerlo en ocasiones, ayer ni me había percatado de su falta: con lo rápido que se sucedían las escenas, con una línea melódica en cambio constante, ni tiempo para leer subtítulos. Tampoco era necesario, ya que con la expresividad de los actores quedaba todo clarísimo.

Sería arduo pormenorizar la intervención de cada cantante-actor, en general buena;  la impecable actuación de la orquesta dirigida por Daniele Rustione, y otros muchos detalles. Merece no obstante ser destacada la formidable actuación del barítono Roberto De Candia -si bueno como cantante, mejor aún en su faceta histriónica- en el rol de Falstaff.

De Verdi no solo me gustan sus óperas: me cae muy bien, a pesar de su endiablado carácter tan dulcificado por su segunda esposa Joseppina Streponni.

El estreno de Falstat fue un acontecimiento nacional, en el que Joseppina tuvo mucho que ver, aunque sólo fuese animando a su marido -bastante decaído- a que compusiese la ópera y asistiendo al ensayo general de ésta.

Sinopsis de la ópera

Acto 1º

Taberna de la Jarretera. El doctor Cajus entra furioso acusando a Sir Falstaff -un caballero obeso, barrigón y entrado en años- y a sus compinches de fechorías, Bardolfo y Pistola, de haber robado en su casa.  Falstaff  logra calmar a  Cajus y regaña a sus amigotes por lo mucho que ha ascendido la cuenta de la taberna y lo malos que son como ladrones. Pronto maquina otra argucia para conseguir dinero: seducir a dos comadres con maridos adinerados (Alice Ford y Meg Page) a las que escribe sendas cartas de amor, dándoselas a sus secuaces para que las entreguen a sus destinatarias; pero estos se niegan, alegando que va contra su honor. Falstaff  los echa a escobazos y busca un paje que entregue las cartas.

En el jardín de los Ford,  Alice y su hija Nannetta reciben la visita de  Meg Page y la señora Quickly, comprobando Alice y Meg que han recibido la misma carta de amor. Entre las cuatro deciden urdir un plan para dar su merecido a Falstaff. Cuando Ford , Bardolfo, Pistola y Fenton (un empleado de Ford) llegan al jardín, las mujeres entran en casa; pero Nannetta se queda rezagada para robarle un beso a Fenton. Los dos jóvenes están enamorados, aunque el padre de Nannetta pretende casarla con el doctor Cajus.

Las mujeres por su parte deciden concertar una cita entre Alice y Falstaff y los hombres, por la suya, que Bardolfo y Pistola presenten a Ford a Falstatt con un nombre falso.

 Acto 2º

Taberna de la Jarretera.  Bardolfo y Pistola, compinchados con Ford, fingen arrepentimiento y le dicen a Falstatt que fuera le espera una dama.  Entra la señora Quickly y le comunica que las cartas han llegado a su destino  por separado y que debe acudir a casa de Alice después de las dos, que es cuando el señor Ford, su marido, no está en casa. Falstaff, entusiasmado se acicala para la cita. Al poco rato, Pistola y Baldolfo le presentan a Ford disfrazado. Este cuenta a Fastaff que está perdidamente enamorado de Alice. Pero Faltaff le dice que él la ha seducido y que en unos momentos tendrán un encuentro. Ford, que desconoce los planes de su mujer, está furioso, porque cree que ella lo engaña.

Salón de la casa de Ford. La señora Quickly informa a Alice, Meg y Nannetta de la reacción de Falstaff; pero a Nannetta sólo le preocupa que su padre quiere casarla con el doctor Cajus. Su madre y las demás mujeres le aseguran que eso no ocurrirá. Alice se queda sola para recibir al gordinflón que, nada más llegar, la corteja sin miramientos, aunque antes intentó atraerse también a la hija. Enseguida entra la señora Quickly  avisando que se acerca Meg. A toda prisa Falstaff se esconde detrás de un biombo. Meg trae la noticia de que Ford está llegando hecho una furia. Rápidamente las mujeres meten a Falstaff dentro de un cestón de ropa sucia. Llega Ford con Fenton, Bardolfo y Pistola y, mientras los hombres registran la casa, Fenton y Nannetta se esconden detrás del biombo para pegarse un morreo. Ford los oye besarse y cree que se trata de Falstaff y Alice. Indignado echa a Fenton de su casa y continúa con la búsqueda. Mientras tanto Falstaff medio asfixiado comienza a quejarse y las mujeres, con ayuda del servicio, tiran el cestón al río Támesis con Falstatt dentro.

Acto 3º

Exterior de la Taberna de la jarretera. Falstaff, quejándose de la mediocridad del mundo, ahoga sus penas en la bebida caliente que le sirve el tabernero. Pronto aparece la señora Quickly con un nuevo mensaje de Alice en el que le dice que sigue enamorada de él y le espera a medianoche en el parque de Windsor, que a esa hora se tiene por lugar embrujado, rogándole que vaya vestido de cazador negro.  Falstaff  vuelve a caer en la trampa.

Por otra lado, Fenton y las demás mujeres planean disfrazarse de espíritus para asustar al insensato Falstaff. Ford -curado de celos- promete casar a Cajius con Nanneta esa misma noche y le dice como va a ir disfrazada para que pueda reconocerla; pero la señora Quickly los escucha por casualidad y urde un plan con Alice.

Por la noche en el parque, Fenton cantan su amor a Nannetta con una tierna romanza -que elle responde de lejos- mientras espera que comience la mascarada. Las mujeres entregan a Fenton una túnica de monje para poder arruinar el plan da Ford y Cajius. Al aparecer Falstaff vestido de cazador negro con casco de cuernos, se esconden todos. Cuando se acerca a Alice, aparece Meg gritando que los demonios están a punto de llegar al parque. Nanneta disfrazada de reina de las hadas ordena a los espíritus que ataquen a Falstaff que suplica clemencia. En el bapuleo reconoce a Bardolfo entre los demonios y la broma concluye; admitiendo Fastaff que lo tenía merecido, aunque sin él no se habrían divertido.

Ford anuncia que terminará el día con una boda. Aparece otra pareja que también desea casarse y Ford celebra los dos enlaces sin darse cuenta de que ha casado  a Cajius con Bardolfo, que se ha puesto el disfraz de Reina de las Hadas, y que la otra pareja son Fenton y Nannetta.

Contento de no ser el único burlado, Falstaff proclama que todo en el mundo es burla y que el hombre nace burlón; pero ríe mejor quien ríe el último.

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7 comentarios en “El canto del cisne

  1. Lo normal es que el público se exprese simplemente con la intensidad y duración de los aplausos.
    Cuando asistí a la puesta en escena de “El cazador furtivo”, Pilar Miró resultó una adelantada de las vanguardias, mostrando un escenario que, para representar un bosque, se reducía a tres paredes formadas por paneles verdes de los que algunos se entreabrían para dar paso a la luz: había que echarle mucha imaginación para suponer que aquello era un bosque… Completaba el decorado, si mal no recuerdo, un triángulo -o algo así- con un ojo, que debía de ser el símbolo de la masonería. En otra escena: una cocina que tenía por mobiliario un hornillo de butano, un tablero de formica con cuatro patas y una silla del mismo material. Y por último, la habitación de Agathe, la protagonista femenina, con un camastro y poco más. No me extraña que los espectadores, que no hacía tanto habíamos visto la misma ópera con un bosque con todas las de la ley, resultase, por lo menos, chocante.(Puedo asegurar que yo no pateé: mi protesta fue aplaudir poco).
    Este Falstaff me encantó. Parece imposible que la obra maestra de Verdi la haya compuesto a los ochenta años y, siendo una verdadera comedia, resulte tan romántica y humana.
    Felices sueños y un montón de besos.

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  2. Pienso igual que Luna. Para Pilar Miró debió de ser muy triste que pateasen en una de sus obras.
    La literatura clásica había puesto de moda la frase latina que reproduce Cervantes, (“de vez en cuando hasta Homero se duerme”) Seguro que hoy en día no le ocurriría eso.
    Me alegro de que lo hayas pasado así de bien. En tu comentario has sabido trasmitir ese recreo o solaz del que Falstaff te ha hecho partícipe y tú nos has sabido transferir.
    Un biquiño desde Palmeira acompañado de “moitas apertas”.

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  3. “Mal pocado…” Pero, gracias.
    A Verdi también le patearon “Un día de reinado”. A Wagner, en París, le “reventaron” las representaciones de “Tannhäuser” y a Beriloz, de “Los Troyanos”. (Por citar algunos casos). Como ves, nadie se libra de los caprichos del público; y en aquella época era precisamente el que mandaba.
    Lo cierto es que disfruté mucho con Falstaff. No puedo decir lo mismo a la salida, que tomé el metro en sentido contrario. Pero esa es otra historia…
    Bonitos sonos.

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  4. Aunque a deshora, muchas gracias, Julio, por tu animoso comentario. Llevaba bastante tiempo sin asomarme al ordenador; pero, a partir de hoy, espero poder hacerlo, a pesar de no haber acabado por completo con las actividades en las que estoy inmersa. Y lo que es más importante: dispongo de un ordenador que espero no me cause problemas.
    Un saludable comienzo de semana.

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