Realismo apabullante

En el libro de relatos “Historias de un tranvía”, de mi paisano Wenceslao Fernández Flórez, hay un cuento, “Las tribulaciones de un mal fisonomista”, en el que me encuentro totalmente identificada con el protagonista. Y como este blog nació con el fin de dar cuenta de mis innumerables despistes, hoy quiero narrar las últimas peripecias en la materia.

Por la tarde tenía cita con el dentista. Al acabar, decidí venir a ver “La bomba”, un concurso televisivo que suelo comentar por wassap con mi amiga Magdalena.

Cuando me disponía a encender el televisor, caí en la cuenta de que era miércoles de ceniza: en esas fechas, tenía por costumbre asistir a misa con mi madre y, cuando ella ya no podía acompañarme, al volver a casa con la ceniza en mi frente, se la traspasaba a la suya. En su recuerdo, continúo la tradición de no faltar a misa ese día.

Antes de salir para la iglesia le comenté a Magdalena -vía wassap- que, a causa de mi despiste, no podía ver el concurso. De haberme dado cuenta antes, seguramente hubiese ido a misa por la mañana…

-¡Pero si esta mañana me has enviado un wassap alusivo al miércoles de ceniza…! -repuso incrédula.

-Me lo acababa de mandar mi amiga Nieves, y no se me ha ocurrido pensar que el miércoles de ceniza es hoy.

Acto seguido, me marché a oír misa. La iglesia estaba abierta; pero en ella reinaba la más absoluta oscuridad, cuando, por la hora, tenía que estar alumbrada y con bastantes fieles ocupando los bancos.

Extrañada, me acerqué a las dos únicas personas que había en el templo.

-¿Me podrían decir la causa de que no haya misa esta noche?

-La hay… Pero dentro de media hora -aclaró el hombre.

Entonces recordé que la misa diaria comenzaba a las 20:30 horas, y no a las 20:00 horas, que era el horario de los días festivos. (El despiste no hubiese tenido mayor trascendencia  si no estuviese yendo a esa iglesia, con asiduidad, durante más de treinta años, y si el sacerdote no hubiese recordado el domingo anterior el rito de la ceniza).

No voy a narrar lo que he hecho durante la media hora de espera…, pero sí lo que ocurrió a la salida de misa.

Cuando me prestaba a cruzar el semáforo de la ancha avenida en la que se encuentra situada la iglesia, me fijé en una señora que, aunque más joven que yo, andaba con bastante dificultad.

Ofrecí mi brazo a la señora -parca en palabras- con intención de acompañarla hasta su casa; ofrecimiento que aceptó al instante. Me llamó la atención que, al llegar junto a la mía, se plantó delante del portal.

-Veo que sabe donde vivo… -dije-. Pero no se inquiete, que la acompaño hasta su casa.

-Vivo aquí -fue su respuesta.

-Supongo que hará muy poco que vive…

-Algo más de treinta años…

Por todo ello, si alguien leyó el relato de Fernández Flórez y le parece que exagera, puedo testificar que es de un realismo apabullante.

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6 comentarios en “Realismo apabullante

  1. Yo no he leído ese relato, aunque tengo apuntado a Wenceslao Fernández Flórez desde que te leí algo sobre él, en otra entrada. Hay días en que la memoria parece un agujero negro, absorbe y absorbe datos sin dejar rastro. Por lo menos todo fue anecdótico. 🙂
    Un abrazo enorme

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    • Me anima saber que a las jovenzuelas también se os va “el santo al cielo” alguna vez. ; lo que pasa es que lo mío es recurrente: salgo de una y ya me meto en otra.
      Hace un par de años, las integrantes de una clase de relación personal, acompañamos al Entierro de la Sardina, que se celebraba en un parque público, a un grupo de niños de un colegio estatal. Disfrutamos de lo lindo; porque, además de la procesión con el féretro de la sardina engalanado -incluidas plañideras, también engalanadas- había actuaciones en el Auditorio del parque y chocolatada sobre la hierba. Como ya no existe esa clase, no hubo más propuestas.
      Son festejos que en muchas grandes ciudades pasan desapercibidos.
      Un abrazo grandote.

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  2. Yo tampoco he leído a Fernández Flórez, querida Mari Carmen. Lo anotaré igual que Luna pero, si yo te contase… Ayer mismo vino a saludarme una señora y me quedé como una boba mirándola. Sabía que la conocía de algo, hasta que caí en la cuenta de que era una de la Asociación de Amas de Casa de Ribeira. Creo que el rubor me delató a pesar de que traté de remediarlo como pude. Fisonomista, cero patatero. Tenemos demasiada información en el disco duro, seguro que es eso.
    Es un consuelo al que quiero aferrarme.
    Un placer leerte querida prima.
    Besiños palmeiráns.

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  3. Aferrarme al exceso de información es el único consuelo que me queda… Y también pensar que lo mío viene de viejo; que no es lo mismo que “por ser viejo”.
    Estoy convencida de que tu “disco duro” tiene más amplitud de espacio que uno normal.
    Me alegro que los Carnavales, para mí, pasen sin pena ni gloria -salvo los disfraces de los niños en el “cole”-; porque los recuerdos serían infinitos. Los celebrábamos de niños, de adolescente y ya casados. Y los vivíamos… ¡Cuántas anécdotas…!
    Unha morea de biquiños.

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  4. Todo ello, estoy seguro, fue efecto de la anestesia del dentista… Bueno, me has hecho sonreír, pues nunca había leído tal concurrencia de despistes y contrariedades. Lo del vecino, en este caso vecina, ¡qué quieres que te diga! Sigo preguntando, después de más de 30 años, ¿a qué piso…? Y por los nombres, ni me atrevo a confesarlo.

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  5. No voy a seguir escribiendo la serie de pequeñas desdichas que me han ido sucediendo -algunas reparables-,compensadas con momentos entrañables, que son los que cuentan…
    Del dentista lo que más me preocupa es la serie de antibióticos y antiinflamatorios que te receta para antes, durante y después de la intervención. Es que soy alérgica a los medicamentos… (Por suerte,sólo mentalmente).
    Que disfrutes de una saludable primavera, superando las “alteraciones” propias de la estación.

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