Se lo debo a Kraus

Ayer recibí un mensaje de Magdalena -que es la que me da siempre el toque de atención cuando supone que algo puede interesarme- para que leyese en Café Barbantia un artículo sobre ópera. Un artículo que, como tantos otros de este pensador, sobrepasa mis alcances intelectuales.

Y como una cosa lleva a la otra, después de leer la crítica operística de un filósofo tan conocedor de la condición humana, se me ha ocurrido escribir cómo surgió mi interés por la ópera, en el que mucho tuvo que ver el tenor Alfredo Kraus

Corría el año 58, en el que mi marido -por aquel entonces, mi novio- ejercía como médico en el “Ciudad de Alicante”, barco requisado a la marina mercante para ser utilizado como hospital de campaña, con base en Las Palmas, a causa del conflicto de Sidi-Ifni.

En sus cartas, mi novio (hoy suena obsoleto este vocablo) no cesaba de elogiar a un tenor del que había asistido a dos recitales de los que salió plenamente convencido de que aquel cantante lírico daría muchísimo que hablar. Por supuesto, se trataba de un joven Alfredo Kraus antes de cantar “La Traviata” en el San Carlos de Lisboa con la Callas, que fue el espaldarazo que lo lanzó a la fama. (Quiero hacer una pequeña  aclaración: en aquel momento todo mi bagaje operístico se reducía a la película “El Rey Loco”, en la que supongo habría alguna alusión Wagner; la película “El Gran Caruso”, interpretada por Mario Lanza; y una “Traviata” en la que el rol de Alfredo estaba a cargo de Plácido Domingo.)

Más tarde, ya casados, mi marido me regaló dos longplays del cantante: una selección de la película “Gayarre”, en la que Kraus daba vida al histórico tenor roncalés del que, por desgracia, no existen grabaciones; y otro de música melódica. De este disco, una canción -aunque corta- me causó un gran impacto: “Lejos de ti”. Y después de la muerte de mi marido, me conmovía mucho más cada vez que la escuchaba. Esto creó en mí interior como una necesidad de ver y oír en directo al intérprete de la canción.

Pero escuchar a Kraus sólo podía hacerse obteniendo un abono para la ópera, de la que, por no estar habilitado el Teatro Real, todas las funciones se celebraban en el Teatro de la Zarzuela.

Obtener un abono para la ópera en aquellas fechas, además de caro, era casi un imposible. Por otra parte, el hecho de haber pagado el abono comportaba asistir a las ocho o nueve óperas que se representaban durante la temporada, sin tener siquiera la certeza de que cantase Kraus.

Al poco tiempo de llegar a Madrid, una amiga y compañera de trabajo me ofreció el abono de un hermano que se ausentaba durante dos años, aconsejándome que me hiciese socio de “Amigos de la Ópera” ya que, de esta manera, resultaría más fácil lograr un abono en propiedad.

Seguí el consejo de mi amiga y, al terminar el plazo de entrega del abono prestado, ya disponía del mío propio para la temporada siguiente. Añoro aquella localidad en primera fila  de “paraíso” en  La Zarzuela que tanto me hizo disfrutar. Y también pasar algunos momentos apurados, como cuando en la ópera “Don Carlo” me despertó un pistoletazo de fogueo. Y no es de extrañar que me hubiese dormido, novata en una  ópera que duraba cinco horas, con tanto bajo profundo entre los inquisidores y, para remate, el carrerón que tuve que pegarme al salir del trabajo para llegar a tiempo a la función.

En 1997 abrió sus puertas el Teatro Real y los abonados de la Zarzuela tuvimos preferencia en elegir localidad. Aunque la que tengo ahora es mejor, siempre añoré las veladas en el Teatro de la Zarzuela del que guardo un grato recuerdo.

Como es de suponer, a lo largo de 42 años asistiendo a eventos operísticos, pude ver todas las óperas interpretadas por Alfredo Kraus en Madrid; asistir a una cena homenaje en honor del tenor -con el que me hice una foto- organizada por la Asociación de Amigos de la Ópera; a conferencias a cargo del cantante; y también a una charla coloquio en la que pude explicarle con detalle lo mucho que había influido el tenor en  mi afición a la ópera.

Y como no quiero extenderme demasiado, consideraré esta entrada como un anticipo de las muchas peripecias que me han ocurrido en la larga asistencia a eventos operísticos -fruto, en su mayor parte, de mi condición de irremediable despistada- y que iré contando en este blog.

Anuncios

7 comentarios en “Se lo debo a Kraus

  1. Gracias, Luna, por estar siempre ahi.
    A Magdalena le agradezco sus toques de atención; pero que me considere una experta en ópera… Para colmo se lo dice a un filósofo de altura. Me mete en cada compromiso…
    Un abrazo grandote.

    Me gusta

  2. Como siempre, es un lujazo leerte, querida Mari Carmen. Tú haces que con tu prosa, hablando de ópera, tengamos la capacidad de saber mirar las cosas de una manera más lúdica. Creo que no te conté que hace unos días soñé que estaba en la opera contigo, estábamos aquí en nuestro pueblo, en el ya desaparecido Cine Millán, pero cuando desperté mi desencanto y yo fuimos uno.
    En “Casablanca” decían: “Siempre nos quedará París”. Yo te digo : Siempre nos quedarán los paseos por el puerto de Palmeira tarareando canciones de nuestro folclore gallego.
    Besiños palmeiráns compartidos con nuestra también querida Luna.

    Me gusta

  3. El Cine Millán… ¡cuántos recuerdos…! Y las películas con más de un rombo que teníamos que ver a escondidas… Añoro aquella etapa en la que poco necesitábamos para ser felices.
    Deseo que pase el tiempo rápido para recuperar nuestros paseos veraniegos. Y también quisiera que los días tuviesen muchas más horas. ¡Vaya paradoja la mía!
    Y ¿por qué no cambiar Paris por Madrid? Podemos ponernos de acuerdo en la fecha y te cedo mi abono. Lo mismo le digo a Luna. Con prole y todo.
    Un abrazo enorme para las dos.

    Me gusta

  4. Muchas gracias, querida Mari Carmen; me encantaría, ya lo sabes pero, también conoces mis limitaciones. De momento me conformo con verte y charlar contigo cada verano.
    Besiños palmeiráns.

    Me gusta

  5. Dentro de pocos días veré de nuevo “El oro del Rin”, prólogo de la tetralogía “El anillo del Nibelungo”. A pesar de no sentir simpatía alguna por el personaje Wagner, su música me fascina. No sé si llegó a crear la “obra de arte total”, unificando literatura, teatro y música, como pretendía; pero no se puede negar que sus dramas musicales difieren en gran medida de la ópera tradicional. A pesar de ser grandiosa su música, me quedo con Verdi.
    Gracias por el detalle de visitar mi blog.
    Salud.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.