Cuento de Navidad

Lo veía cada semana el día que le correspondía hacer la compra en el hipermercado. Tendría apenas cumplidos los veinte años. En su tez negra, con los rasgos propios de la raza, sus ojos desprendían un halo de nobleza.

La primera vez que se encontraron, el muchacho le ofreció un ejemplar de “La Farola”. Marina, cargada con las bolsas de la compra, rehusó el ofrecimiento con un movimiento de cabeza.

A la semana siguiente el chaval seguía allí, ofreciendo su mercancía. En esta ocasión, Marina le compró un ejemplar de la revista; pero no se la llevó, alegando que ni siquiera disponía de tiempo para hojear la prensa diaria. El chico se lo agradeció con un lacónico: “Grasias”.

Poco a poco, Marina fue intimando con aquel muchachito de modales correctos e interesándose por su vida. Se llamaba Alín y era de Ruanda. A su padre lo habían asesinado de una forma brutal durante una revuelta; y su madre, aterrada, temiendo que sus hijos corriesen la misma suerte, huyó hacia la frontera refugiándose en el Zaire. Al principio vivieron en un campo de refugiados y más tarde en una especie de Misión cristiana. Pero Alín, el mayor de los hermanos, no se resignaba a vivir sin futuro y decidió lanzarse a la aventura.

Dando tumbos, llegó a Madrid con la esperanza de reunir un capital que le permitiese establecerse algún día con su familia en Ruanda. Su proyecto: crear una pequeña granja agrícola familiar.

Se acerca la Navidad y, aunque Marina vive sola, en estas fechas su casa se llena con la presencia de hijos, nietos y hasta de algún allegado. De pronto se le ocurre una idea: invitar a Alín a la cena de Nochebuena. Se lo comunica a sus hijos y les parece una excelente idea.

A Alín se le llena la cara de alegría cuando Marina se lo propone, pero declina la invitación, alegando que si la aceptase dejaría solo a su compañero de habitación y él nunca haría eso. “No te preocupes -le dijo Marina sin pensárselo dos veces- donde caben veinte, caben perfectamente veintidós. Tráete a tu amigo”.

***

Seguramente en muchas ocasiones estamos tentados a actuar como lo hizo Marina. Lo malo es que el miedo irracional a lo desconocido nos paraliza, impidiéndonos actuar como verdaderos seres humanos.

Pero hay otras formas de mostrarse solidario. Intentemos de alguna manera que nuestra Navidad sea comprometida. No nos quedemos sólo con lo superficial, con el gasto desmesurado en comilonas y regalos. Que nuestra alegría no radique en eso, que sea más auténtica. Pensemos que en muchas partes del mundo, y a nuestro lado, hay personas que carecen de lo indispensable o que viven en soledad, niños sin un solo regalo… Con compadecernos no basta. Hay que ponerse manos a la obra, desde las posibilidades de cada uno.

Pues, hala.

Desde este humilde blog, os deseo a todos SALUD, PAZ, AMOR y… GENEROSIDAD.

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11 comentarios en “Cuento de Navidad

  1. Hace poco leí el libro “Alegría con Gambo” de Iñaki Alegría, un pediatra que se ha trasladado a una parte muy pobre de Etiopía a dirigir y trabajar en el único hospital de la zona. En él leí una frase de Pere Casaldàliga: “No es que exista un mundo desarrollado y un mundo subdesarrollado, tenemos solo un mundo mal desarrollado”. Me pareció tan obvio y tan cierto. Algunos tenemos más de lo que necesitamos y otros tienen menos de lo que necesitan, debería ser más fácil repartir. Yo intento poner mi granito de arena, colaborando habitualmente con algunas causas y puntualmente con otras. Mi hija mayor hace tiempo que elije algunos de sus juguetes para donarlos, también está atenta a cuando hay campañas de recogida de material escolar u otras cosas. Este año ha sido el primero que he llevado juguetes con el mediano, de cuatro años. No le hacía mucha gracia en principio, pero parece que lo ha entendido, aunque decía que quería repartirlos él a los niños que no tienen: uno para cada uno.
    Que tu mensaje llegue lejos y que disfrutéis de unas bonitas Navidades. Un abrazo enorme.

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  2. Querida Marin… Quiero decir, Mari Carmen; me ha gustado mucho – como siempre – tu nuevo relato. En estas fechas el incremento de nuestra sensibilidad es sustancial y nuestra benevolencia debería perdurar desde enero a diciembre, aunque como tú bien dices,el miedo a lo desconocido paraliza también las buenas acciones. En este mundo traidor si fuese posible repartir nuestros medios con toda equidad, sería lo ideal, porque ya conoces aquello de “Virtud y valores van juntos”. Lo que ocurre es que a veces juegan al escondite y cada uno va por un lado diferente y no se encuentran.
    Besiños palmeiráns cargados de amor y paz.
    FELIZ NAVIDAD

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  3. Querida Luna: Tu comentario da para mucho. A ver por dónde empiezo…
    Completamente de acuerdo con la frase de Pere Casaldágila, del que seguí sus pasos cuando estaba en auge la Teología de la Liberación. Estoy convencida de que si el dinero que recaudan las oenegés (creo que me estoy inventando la palabra) llegase íntegro a su destino -ello no exime a los Gobiernos, por supuesto, de un aporte económico ineludible y de legislaciones más justas y comprometidas- muchos países no se verían obligados a emigrar en bandada. (Digo esto porque en cierta ocasión me vi obligada a suspender la cuota del apadrinamiento de un niño y trasladarla a otra ONG que me merecía más confianza, al enterarme de que ese dinero lo estaban utilizando en beneficio propio los creadores de la tal ONG. Y ya que lo he insinuado, otro día escribiré con más detalle cómo ocurrieron los hechos).
    Tu respuesta también me trae al recuerdo a otro sacerdote, el Padre Hortelano -del que hice mención en este blog-, que se fue con un grupo de universitarios a instruir a las comunidades campesinas más desfavorecidas del Perú.
    Son muchas las personas altruistas, incluso entre los pudientes; pero en ocasiones no se trata de un acto desinteresado sino que lo realizan por puro protagonismo. Aun así, bienvenido sea.
    Me alegra que inculques en tus hijos esos sentimientos humanitarios. Mis hijos hacen otro tanto. Y yo todavía procuro compartir mi tiempo y mis servicios con alguien que pueda necesitarlos.
    Un grandísimo abrazo navideño.

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  4. Magdalena, te admiro. El comentario de Luna me obligó a acudir a los libros sobre la Teología de la Liberación que tenía olvidados. En ellos encontré una serie de frases subrayadas y anotaciones de mi puño y letra de las que no recordaba nada.
    Te dejo unos versos de León Felipe que te van muy bien; porque tú, solita, sabes manejar con el mejor estilo la “jubia” que Dios nos dejó a cada uno.

    “Detrás de ti no hay nadie. Nadie.
    Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.
    Pero tuyo es el tiempo. El tiempo y esa jubia
    con que Dios comenzó la creación.”

    León Felipe

    Nueva antología rota

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  5. Me ha vuelto a pasar lo mismo: no admite comentarios intermedios. Tengo que colocarlo en la última entrada.
    Me voy a continuar con el árbol y el belén. Siempre había sido labor de mis nietas; pero andan con actuaciones musicales navideñas, con salidas a otras ciudades, y no quiero dejarlo para última hora.

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  6. Emocionante y aleccionadora historia, Magda. En las estrofas de las coplas al ramo leonés dejé estos versos, entre otros, para ser cantados, pero sería mejor para ser puestos en práctica tal y como lo hace Marina, la protagonista de tu relato:

    “De la tierra nazcan frutos
    y lleguen a vuestra mesa
    abundantes y copiosos
    sin que nada falte en ella

    para poder compartir
    con los más pobres la cena
    de nochebuena, y si sobra
    que vuelvan por nochevieja.”

    A mí también me queda pasar de la teoría a la práctica, pero ¡quién sabe…! Mi abrazo.

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  7. No te preocupes, Julio: en ese sentido tendría que pasarme la vida pidiendo disculpas. Lo mío raya en lo cómico, en cuanto a despistes, o en el absurdo…; según se quiera ver. Menos mal que se trata de lapsus sin consecuencias graves. Tal vez sea verdad que Dios protege a los tontos.
    Acabo de llegar de Mirasierra de pasar la Nochebuena. Cuando entran en el juego varias familias, no queda más remedio que repartirse de la mejor manera. El día de Fin de Año, todos en mi casa. Es tradición. Resulta una fiesta entrañable en la que se cantan villancicos, se toca algún instrumento y se baila; terminando con juegos divertidos y didácticos, a pesar de que parte de la juventud se va de cotillones. Procuramos disfrutar sin necesidad de grandes dispendios. Con los tiempos que corren es la única forma de poder compartir un poco con los que menos tienen.
    Son días de mucho ajetreo, no sólo por el jaleo en casa; también y, sobre todo, porque parece que todas las actividades lúdicas de colegios y conservatorios, comidas con antiguos compañeros…, se dejan para los días anteriores a la Navidad. Digo esto porque apenas me puedo acercar al ordenador.
    Un abrazo con mis mejores deseos de que el 2019 sea propicio para ti y los tuyos.

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