El Señor protege a los tontos

Lo que voy a contar hoy, no sé si insertarlo en la categoría de despiste o, más bien, en el de idiotez supina. El caso es que no atino por dónde comenzar mi rocambolesca historia…

Estos días, a causa de un tema que bien podría considerarse laboral, estuve disfrutando de la visita de mi nieto gallego y de su encantadora novia. Por la sencilla razón de que el sábado decidieron vivir la noche madrileña, pensaban acostarse tarde y nadie estaba dispuesto a madrugar, optamos por cambiar los planes que nos habíamos trazado para el domingo, acordando decidir sobre la marcha.

Al ser la primera en levantarme, tomé la iniciativa por mi cuenta: comeríamos en casa, invitando a última hora a la única nieta disponible ese día; la cual aceptó, con la condición de venir acompañada de su flamante novio. Me pareció una idea estupenda, ya que así tendría ocasión de conocerlo.

En principio pensé preparar un buen caldo gallego. Disponía de todos los ingredientes; pero quedó descartada la idea: no había puesto habas a remojo.

Me acordé de medio pulpo cocido que había comprado en una conocida tienda de congelados. Herviría unas patatas y se las agregaría; aunque no fuese lo mismo que cocerlas en el agua del propio pulpo, con algo de pimentón y aceite de oliva (virgen extra, por supuesto), no quedarían nada mal.

Como soy de las que no falte un primero con cuchara…: con un trozo de pechuga -a falta de otra parte más apropiada del pollo- y algún que otro ingrediente que fue apareciendo en el frigorífico, decidí preparar una sopa de fideos. Menos mal que, unos segundos antes de añadir al caldo la pasta, me di cuenta de que mi nieta es celíaca. Por tal razón, la sopa se quedó en consomé con picadillo de todos los ingredientes que, por suerte, eran tolerables para alérgicos al gluten. (Menos mal que los picatostes se los sirve cada uno…).

Además del pulpo -plato estrella- la sopa (que se quedó en consomé) y algún que otro entremés, decidí preparar una tortilla de patata. Desde mi época de recién casada, mi estilo en este arte culinario se inclinó hacia el de “As Casillas” de Betanzos, con bastante éxito; pasándole en su día el testigo a mis hijos a los que todavía les sale más lograda que la mía. Sin embargo, desde hace unos veranos, me estoy inclinando por el estilo “Manolo”, una deliciosa tortilla que descubrí en A Pobra y que, en realidad, era la que hacía mi abuela.

Poco antes de las 14h, fueron levantándose unos, llegando los otros; todos con ánimo de echar una mano.

A mi nieta le endilgué el embolado de cortar el pulpo, en tanto los demás ponían la mesa, preparaban los entremeses, cortaban el pan… La criatura me aseguraba que aquel pulpo estaba un poco duro. Aun así, le salieron unas rodajas bastante proporcionadas que calentó en el microondas, antes de colocarlo en una gran fuente en la que quedaba espacio suficiente para las patatas. Acto seguido comenzó a espolvorearlo todo con pimentón.

-Antes de ponerle la sal voy a probar un trozo, no sea que ya traiga -comentó mi nieta.

Añadiendo a continuación:

¡Abuela…, me parece que este pulpo está crudo!

Y vaya si lo estaba… Lo confirmé en la envoltura que había depositado en el recipiente de los plásticos. (Aquí se recicla).

A una persona que no sea de puerto de mar, no haya cocido pulpo en su vida o ni siquiera catado, se le puede perdonar un lapsus de tal calibre; pero en mi caso…

Después del incidente, mi nieto sugirió asarlo en la plancha… (Sin comentarios).

Menos mal que siempre hago acopio de alimentos para celíacos, por si alguna de mis nietas -tengo dos con alergia al gluten- viene por casa. En esta ocasión había comprado variación de croquetas: de bacalao, queso, espinacas…; así que decidí freír de todas un poco: lo que es bueno para un celíaco, lo es para los que no lo son…

Comencé a freír la primera tanda de espinacas (sabía que estaban buenas porque las había probado unos días antes). En el plástico que las envolvía se leía un enorme SIN verde, dentro de un cuadrado blanco; pero lo que aparecía debajo del SIN, en letra más pequeña (no es justo), no era “gluten” sino “grasa”. Ya puesta a ello…, continué friendo.

-No te preocupes, abuela… Me toca a más tortilla -me animó mi nieta.

Alguien propuso tirar el pulpo… Mi negativa fue rotunda.

(Esta mañana lo he cocido como si nada hubiese pasado; lo he vuelto a aliñar “a feira” y me ha sabido a gloria… Es que de mi abuela -la persona más generosa- aprendí que tirar la comida es el pecado más grande. No lo iba a saber ella que vivió tres postguerras…).

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13 comentarios en “El Señor protege a los tontos

  1. Ja, ja, ¡si ya te decía la pobre que estaba muy duro! Me has recordado una vez que le hice a la mayor comerse un puré que había preparado para la pequeña, cuando empezaba con los sólidos (solo verduras hervidas, ni sal ni nada). Ella decía que estaba soso, pero como a menudo protesta con la comida yo ni caso. Por suerte me di cuenta cuando llevaba la mitad más o menos…
    Besazos

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    • Pensándolo bien, pasar de los alimentos lácteos a los preparados con verduras, carne, pescado…, tiene que resultar un martirio para el bebé mientras no se acostumbra su paladar a nuevos sabores. Menos mal que no nos queda constancia de ello…
      Cuanto más lo cavilo, el episodio del pulpo me parece pura ficción. Qué me ocurran esas cosas…
      Gracias por estar siempre en primera fila. Un beso muy grande.

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      • Para algunos sí, pero los míos lo llevaron muy bien, creo que tenían ganas de comer como “los mayores”.
        Esas cosas ocurren y no solo a ti, solo que todos no nos atrevemos a contarlas. Tampoco lo haríamos con tanta gracia 😉
        Besazos

        Le gusta a 1 persona

  2. Bueno bueno, abuela. Tengo que decirte que ayer me compré unas apetecibles galletas de jengibre de estas típicas alemanas que tenían en el envoltorio dos símbolos en grande muy parecidos a los de la espiga de trigo tachada. Mi sexto sentido celiaco me hizo fijarme en los símbolos detenidamente mientras me metía una en la boca. Eran sin lactosa y sin frutos secos, con mucho gluten.
    Con esto quiero decir que tu error es perfectamente comprensible, que la manera en la que venden ahora todos estos nuevos productos dietéticos a menudo induce a error (hasta para los que los consumimos todos los días).
    Lo del pulpo eso sí, no tienes perdón! jajaja

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  3. Pero si el propio color desvaído lo estaba diciendo… Tenías que ver los esfuerzos de Olivia mientras lo cortaba sin enterarse de nada hasta que lo probó. No te cuento la qué se organizó con el intento de asarlo a la plancha… Lo bueno es que nos reímos mucho, a pesar de quedarnos con las ganas del pulpo casi listo para servir que, con el pimentón por encima, disimulaba.
    No creas que no me bulle la idea de ir unos días a Alemania. Me lo pensaré… Aunque lo mío es realizar las cosas por impulsos, sin pensármelo.
    Que tu estancia entre los germanos resulte fructífera. Besos.

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  4. Qué historia más divertida! Seguro que la chavalería se lo pasó en grande haciendo chistes alrededor de tu despiste culinario
    Y aquí tampoco se tira nada, de un cacillo de lentejas, que no da para plato, hacemos unas croquetas, le añadimos especias árabes y se les queda un sabor a falafel maravilloso…
    Un montón de besos (bien cocidos en cariño😉)

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  5. Es la primera vez que oigo “croquetas de lentejas”. Y soy de las que experimentan en la cocina. Con lentejas sobrantes, lo más que logré fue convertirlas en puré; sobre todo si las había cocinado sólo con vegetales. Siempre se aprende algo… Cualquier día hago una prueba.
    Muchas gracias, por doble partida.

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  6. Me ha entrado hambre… Bueno, el despiste, fenomenal. De cualquier modo hay otros: no hace mucho mi mujer trajo unos percebes estupendos… y también empezamos a comerlos crudos, fríos, sosos y acuosos. Terrible. A golpe de microondas acabamos el desaguisado. Sin comentarios, salvo que el desastre se perpetró ne la intimidad y sin invitados.

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  7. Me infundes ánimo con la alusión al despiste de tu mujer. A veces empiezo a preguntarme si el alzhéimer estará haciendo acto de presencia. Pero luego me tranquilizo pensando que lo mío es cosa de toda la vida.
    Hoy ha sonado la flauta: he preparado, sin un solo tropiezo, un riquísimo caldo gallego para quince personas. Al no encontrar grelos he tenido que hacerlo con repollo. Aun así, quedó de lujo. Por una vez he aceptado sin falsa modestia los piropos de los comensales.
    ¡Qué bien…! Al comprobar la hora en el ordenador me doy cuenta de que no he atrasado los relojes.
    Bonitos y saludables sueños.

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  8. ¡Ay, abuela, no me he podido reír más recordando el momento! Al final, por la compañía, una comida de lo más sabrosona oiga.
    Reafirmo lo que veo que te ha comentado mi queridita hermana sobre la facilidad para confundirse a la hora de los productos sin gluten… a mi últimamente me pasa un montón con las patatas fritas.
    ¡Un beso!

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  9. No había visto tu entrada -otro despiste gordo-; pero el que mucho aprieta…, ya se sabe.
    En la cuestión celíaca, hay que reconocer, por suerte, que la cosa nunca llegó a mayores. Menos mal que el despiste no se hereda o lo llevaríais claro.
    Lo raro es que siguieses cortando el pulpo, a pesar de lo duro que estaba… Y lo de asarlo a la parrilla ya fue el colmo del dislate. Tirarlo…, como pretendía Santi. No sabes tú lo bueno que estaba cocido y aliñado al día siguiente… Me puse como el Quico.
    ¿Cuándo organizamos otra? Intentaré mejorar la imagen que los futuros nietos políticos se habrán llevado de la abuela.
    Un montón de besos.

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