Lembranza

Ayer asistí a la misa funeral de un amigo muy querido: Pepe o Cristobo, para la mayoría de los vecinos de Palmeira; don José, para otros, en función de su trabajo como radiotelegrafista de Marina; Pepiño para los íntimos, entre los que se encontraban los miembros de mi familia materna. Por el lado paterno guardábamos un parentesco indirecto, ya que una hermana suya estaba casada con un tío mío, hermano de mi padre.

Como comentaba a un amigo y lector de este blog, la misa en recuerdo de Pepe resultó francamente emocionante. El coro bordó una serie de canciones elegidas para el momento, poniendo un mayor énfasis, si cabe, en la Salve Marinera cantada al final de la misa en honor del fallecido y en reconocimiento de los muchos favores prodigados altruistamente a todo el que acudía a él durante el desempeño de su cargo en la Marina.

También una mención especial para don Manuel, nuestro párroco en funciones que, a pesar de la afonía que viene arrastrando, nos dirigió, aunque corta, una hermosa homilía.

Pero la nota más impactante de la celebración la pusieron los tres nietos del finado: el nieto, leyendo la epístola con voz firme y segura; la más pequeña de las nietas interpretando, con bella y atrayente voz, una canción de ritmo moderno alusiva al abuelo; la mayor nos deleitó y emocionó leyendo una semblanza del difunto, en la que la figura de éste quedó en el lugar que le corresponde: como un hombre bueno que dedicó su vida a hacer el bien a propios y ajenos.

Una sencilla, atípica y preciosa celebración.

Es curioso: mucho antes de su muerte, bullía en mi mente la intención de narrar en mi blog una anécdota que me ocurrió siendo niña en la que el protagonista era Pepe. (De forma oral, la conté muchas veces). Pero creer que en vacaciones vas a tener tiempo para todo, es un soberano error. Sin embargo hoy quiero sacar el tiempo de mis horas de sueño, escribiendo lo que siento, frente al mar, con las luces de la ría haciéndome guiños.

Tendría a lo sumo 8 ó 9 años. Me encontraba en el muelle con otros niños, viendo como el vapor salía con rumbo a La Toja. Entre los pasajeros se encontraba la trinca inseparable formada por Pepita Colomer, mi tía Victoria y Pepe o Cristobo.

Cuando ya habían soltado amarras, Pepe se fijó en mí e inmediatamente ordenó al patrón que acercase de nuevo la embarcación al muelle para recogerme.

Aunque mi tía alegaba mil razones para dejarme en tierra, entre ellas el soponcio que le causaría a mis padres si no regresaba a casa (de aquella no existían los móviles); Pepe lo solucionó enseguida mandándoles un recado por una persona de confianza.

Aquel viaje a La Toja quedó grabado en mi mente infantil como algo grandioso. Recuerdo los apuros de Pepe amonestando a cada instante a Pepita Colomer, graciosísima contando chistes; pero con un vocabulario, según él, inapropiado delante de una niña.

Podría seguir contando otras anécdotas…

Cómo no querer a Pepe y a su mujer, Amelia, a la que tanto quiso su marido y por la que se desvivió durante su larga enfermedad… Aunque con el tiempo, y las circunstancias, nos fuimos distanciando físicamente, siempre quedó latente ese cariño que jamás se borra.

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5 comentarios en “Lembranza

  1. Persona encantadora que se hacía querer. Disfrutaba ayudando, sin esperar nada a cambio. El pueblo de Palmeira supo agradecérselo hace años con un emotivo homenaje -al que tuve la suerte de asistir- celebrado en un hotel casi rodeado de mar.
    Un día me lo encontré en una estación de metro, después de años sin vernos. Me llevé una gran alegría. Creí que íbamos a tomar el mismo tren y me dijo que bajaba al andén sólo por ver la gente que iba y venía. Al morir contaba 103 años.
    Un abrazo y muchas gracias por estar siempre ahí.

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  2. Aunque no he tenido la suerte de conocerle, recuerdo las loas que mamá le dedicaba cuando se hablaba de él. Pepe o Cristobo, se había encargado de la preparación de papeles que los palmeiranes necesitaban para ir a EE.UU. evitándoles ir a Madrid. Siempre ha sido un personaje en nuestro pueblo. Seguro que estará muy agradecido de que tú lo menciones con este precioso recordatorio.
    Besiños cariñosos, querida Mari Carmen.

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  3. Así era Pepe… Por cierto que, comentando con Encarnita lo bien que habían sabido seleccionar las canciones interpretadas durante el acto litúrgico, me afirmó que había sido José Alberto el que eligió el repertorio para el funeral de su padre.
    Un beso.

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