Llegar a viejo tiene su intríngulis

Estoy totalmente convencida de que los años potencian los despistes. El mío de ayer -o los míos, porque se dieron en cadena- así lo confirma.

Como es mi costumbre, al atardecer bajé a dar unas vueltas por el paseo marítimo. Estaba un poco triste, ya que por la mañana se habían marchado mis hijos y nieto y parecía haber quedado la casa vacía, a pesar de que el hueco que dejan unos, muy pronto vienen otros a ocuparlo. (Ventajas de familia numerosa… Aunque lo ideal sería reunirnos todos al mismo tiempo, cosa que sólo ocurre en Navidad).

Al llegar al Puerto pregunté a mis amigas el horario de misas del día siguiente, respondiéndome que, al no ser festivo, sólo había una a las 8:30 horas de la tarde.

-¡Cómo no va a ser festivo mañana si es el día de la Asunción…! –inquirí.

-El día de la Asunción es hoy. A ver si te enteras.

-En ese caso oiré la misa de mañana con doble intención.

Mi afirmación era sincera, puesto que san Roque es un santo que me cae muy bien, desde siempre, y  trato de honrar su día en el santoral oyendo misa.

El caso es que jamás se me había pasado por alto una fiesta de guardar ni de felicitar a los amigos que celebran su santo ese día. Tal vez el despiste hubiese quedado un tanto atenuado a causa de tener in mente que mis hijos se marchaban el día 14 -tomando a última hora la decisión de alargar las vacaciones un día más- y esa es la fecha que quedó grabada en mi meollo.

Pero no quedó ahí la cosa.  Al regreso del paseo envié un correo electrónico a una amiga vasca, comentándole que al día siguiente iría a oír misa en honor a san Roque sin olvidarme de llevar el móvil para hacer fotos durante una procesión muy original en la que grandes y chicos –algunos en brazos de sus madres- pasan nueve veces por debajo de la peana del santo implorando su protección ante las asechanzas del diablo.

Media hora antes de la misa empezaron a repicar las campanas, lo que me hizo suponer que era la señal de salida de la procesión, cuando lo normal sería que saliese después de la misa, como en años anteriores. “Tal vez el cambio se deba a la escasez de clero”, pensé.

Ante aquel imprevisto, acabé de acicalarme a toda velocidad y salí a la calle como un rayo.

En el camino me crucé con un primo que acababa de llegar de Madrid y casi ni me paré a hablar con él: mi objetivo era el de hacer unas buenas fotos para enviar a mi amiga Luna.

Mi extrañeza fue en aumento al llegar al atrio y ver el recinto vacio, cuando lo suyo sería encontrarlo abarrotado de gente esperando la salida de la procesión. Sobre todo de hombres, que son los que se pasan la mayor parte de la misa fuera de la iglesia, sentados en el pretil del atrio.

Entré en el templo. Apenas una docena de personas ocupaban algunos bancos. Entonces fue cuando caí en la cuenta de que aquella imagen era la de san Roque y no la de san Miguel, el santo que tiene su fiesta el 29 de septiembre y a cuya procesión, alrededor de la iglesia, no dejo de asistir cuando nada me impide alargar mis vacaciones.

Por más que lo pienso, no sé cómo pude cambiar las fiestas y atributos de dos santos tan dispares, conociendo como conozco la historia de cada uno y viendo a san Roque expuesto en un lugar preferente del templo durante la novena… Por mucho que intente enmendar la plana, no cabe la más pequeña duda de que en este caso no hay despiste que valga: son los años los que me la jugaron. No hay otra.

Sentí mucho no haber hecho las fotos para mandarle a Luna. A cambio escuché una emotiva misa cantada en gallego y castellano por el  coro local -que cada año conoce mejor su oficio-  en la que pude comprobar, con la intervención de  solistas de los dos sexos, que en Palmeira siguen en auge estupendas y bellas voces.

 

 

 

 

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6 comentarios en “Llegar a viejo tiene su intríngulis

  1. Así que ese fue el día de despistes, je, je. No te preocupes por las fotos, el año que viene 😉 Me apena por ti, que anduviste sin respirar para nada. En fin, no se puede estar a todo: hijos, nietos, amiga vasca, misas, santos… no son los años, ¡es el exceso de pensamientos!
    Por cierto que San Miguel es el patrón de mi pueblo, y efectivamente, las fiestas grandes empiezan un poco antes del 29 de septiembre y acaban unos días después. Y en el corpus sale de procesión con dantzaris (bailarines), es bonito aunque la procesión se hace muy, muy larga.
    Besazos

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  2. Los pensamientos también cuentan: son tantos los que me bullen que, al tratar de plasmarlos, me quedo en blanco o con tal cacao mental que no sé hacia qué lado tirar.
    Y luego está el condenado ordenador: llevo como una semana intentando meter el despiste que has leído. Menos mal que han llegado de Madrid mi nieta y una amiga y me echaron de nuevo un cabo. Parece ser que, en esta ocasión, el rechazo de la contraseña era debido a que estaba entrando por el acceso para invitados. Lo dicho…
    Un abrazo.

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  3. Querida Mari Carmen:
    Antes de salir a tu encuentro (o tú al mío) quiero dejar por escrito, mi felicitación por tu magistral entrada relatando tus encadenados despistes; pero antes, recalcar lo que hemos comentado infinidad de veces: ¡no son los años!, es el “disco duro” que rebosante de sapiencia lo tienes saturado de información. ¿Acaso, no eres tú la que a veces me presta la palabra que busco y que no encuentro?
    Tú, que has leído “El Quijote” ¿no te acuerdas del gazapo cervantino cuando don Miguel cambió varias veces en ese gran libro el nombre de Teresa Panza? por tanto, consuélate pensando en que al “El príncipe de los ingenios” también le pasaban esas cosas. Piensa en aquella frase tan bonita, que yo te dedico en estos momentos: “La perfección para ser perfecta, necesita algún venial desliz”.
    Hasta vernos en el puerto, querida. Biquiños.

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  4. Lo malo es que la información de mi “disco duro” -cada vez más duro- está inconexa: lo mismo le endoso una frase de Plutarco a Séneca y ni me entero.
    Tengo una máxima muy frecuente en mi vocabulario: “Líbreme Dios de las personas perfectas…” Creo que expresa lo mismo que la frase que me dedicas y que te agradezco, porque es exactamente lo que pienso.
    Los sabios siempre tuvieron fama de despistados… Ya me gustaría a mí beber el agua en la que había lavado las uvas, como le ocurrió a Pasteur, y tener los conocimientos del eminentísimo científico.
    De tertulia con mis nietas se me olvidaba hacer la visita al ordenador.
    Gracias por tu amable comentario.
    Hasta mañana en la fiesta del pulpo.

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  5. Querido Julio:
    Aunque a destiempo, agradezco tu comentario. Estaba convencida de haber respondido.
    Esta tarde he asistido a una misa funeral verdaderamente emotiva. El coro cantó como nunca, sobre todo la salve marinera que le dedicó al finado al final de la misa. Pero lo más impresionante fueron la bonita canción -de ritmo moderno- que interpretó una de las nietas, con preciosa voz, y la más bonita y auténtica semblanza del difunto relatada por la otra nieta. Un funeral un tanto atípico y muy emocionante. La persona fallecida sólo contaba 103 años.
    Después de la misa nos reunimos, algunos familiares y amigos, en una terraza frente al mar.
    Un saludable abrazo marinero.

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