El estilo en la obra de Hemingway

El 2 de julio se cumple un aniversario más de la muerte de Ernest Hemingway, motivo por el cual se me ha ocurrido dejar en el blog un sencillo trabajo que realicé hace algún tiempo sobre el estilo literario del escritor. Creo que puede ser una forma de recordarle.

downloadE. Hemingway vivió y murió al estilo de sus obras: de forma violenta y con un ansia desbordante de aventuras y emociones. Polémico  –y al mismo tiempo respetado–  tanto la temática de sus obras, como el estilo directo, sobrio y claro, tuvo una fuerte influencia en la ficción del siglo XX, marcando un antes y un después en la literatura contemporánea de los Estados Unidos.

La mayor parte de su obra la produjo entre los años 1920 y 1950, ganando el premio Pullizer en 1953 por  “El viejo y el mar” –librito que elude cualquier tipo de clasificación– y que le sirvió de peldaño para alcanzar el Premio Nobel de Literatura a toda su obra.

Sus aptitudes literarias comenzó ya a manifestarlas en el diario escolar, usando el alias “Ring Lardner Jr”.

Al acabar sus estudios en 1917, no quiso ir a la Universidad. Se trasladó a Kansas y comenzó a trabajar en el Kansas City. Ya iniciado como periodista, se alista  voluntario en la Primera Guerra Mundial, como conductor de ambulancias. De vuelta a E. Unidos retorna  al periodismo hasta que se traslada a París –después de su primera boda–,  en donde conoce a Gertrude Stein y otros escritores y artistas modernistas expatriados que integrarían el movimiento que dio en llamarse la “Generación Perdida”, de la que también él formaría parte. Participa en la Guerra Española y en la Segunda Guerra Mundial como corresponsal, experiencia que refleja estéticamente en sus obras.  La mayor parte de sus libros se refieren a un héroe enfrentado a la muerte que cumple un código de honor. Por eso sus personajes son matones, toreros, boxeadores, soldados, cazadores y otros seres sometidos a presiones.

A lo largo de su  azarosa vida viajó por diversos países: Francia, Italia, España, África, Norteamérica, Cuba…, viajes que le sirvieron de experiencia para sus libros.

En 1926 el New York Times escribió sobre la primera novela de Hemingway: ”Ninguna cantidad de análisis puede transmitir la calidad de Fiesta. Es una narración verdaderamente apasionante, relatada en una prosa narrativa atlética, dura, magra, que pone en vergüenza al inglés más literario”.

El hecho de que en 1954 Hemingway haya sido galardonado con el Premio Nobel  de Literatura se debe a su maestría como narrador –demostrada con creces en “El viejo y el mar”– y por la influencia que ejerce sobre la literatura contemporánea.

Su obra trata de huir de las sintaxis complicadas, utilizando criterios sencillos, sin subordinación, silenciando cosas que el lector capta sin  que el escritor las exprese.

Henry Louis Gates cree que el estilo de Hemingway se formó  de su experiencia en la Primera Guerra Mundial, como reacción contra el elaborado estilo decimonónico, creando un estilo “en el cual el significado se establece a través del diálogo, a través de la acción y los silencios, una ficción en la que nada importante, o al menos muy poco, se dice de manera explícita”.

Irene Gammel piensa que su estilo fue cuidadosamente cultivado y perfeccionado, con la mirada puesta en la vanguardia de la era.

Porque comenzó como escritor de cuentos, Baker opina que Hemingway aprendió a “obtener el máximo del mínimo”, podando y multiplicando  la intensidad del lenguaje de tal manera que le permitió contar la verdad y aún más que la verdad.

Hemingway  llamó a su estilo la teoría del iceberg o teoría de la omisión: los hechos flotan sobre el agua, pero la estructura de soporte y el simbolismo operan debajo, sin que se vean (como Nik Adans, pescando en “El río de dos corazones”).

Jackon Benson postula que Hemingway utilizó en sus libros detalles de su propia vida y sus experiencias para enmarcar la vida en general. Cree que utilizó sus experiencias con preguntas como “qué pasaría si”.

Para Zoe  Trodd, la sencillez de la prosa de Hemingway es engañosa: elaboró frases esqueléticas que ofrecen una realidad fotográfica “multi-focal”. Su teoría del iceberg, de la omisión, es la base sobre la que construye. La sintaxis, sin conjunciones subordinantes, crea sentencias estáticas. La técnica de la omisión intencionada, permite al lector llenar el vacío –como si fuese respondiendo a las instrucciones del escritor– y crea una prosa tridimensional.

Hemingway utilizó en sus escritos la palabra “y” en lugar de comas. Este uso del polisíndeton puede servir para transmitir la inmediatez. La oración polisindetónica de Hemingway  utiliza conjunciones para yuxtaponer visiones e imágenes sorprendentes. Con esta forma de escribir trataba de captar “la realidad desnuda, la sucesión de movimientos y sucesos que produce la emoción, la realidad que puede ser valedera dentro de un año o de diez”.

Querer condensar en un breve espacio el estilo y la técnica  de Hemingway –considerado el más representativo de los autores norteamericanos de primera línea– sería imposible. En Google encontraréis críticos a montones.

Cito a José Mª Castellet, por ser español: Este crítico cree que Hemingway es el único superviviente de la “Generación Perdida”, sin tener en cuenta a Faulkner, al que considera una excepción.

Hemingway vivió y murió al estilo de sus obras: de forma violenta y con un ansia desbordante de aventuras y emociones. Polémico  -–pero al mismo tiempo respetado–  tanto la temática de sus obras, como el estilo directo, sobrio y claro, tuvo una fuerte influencia en la ficción del siglo XX, marcando un antes y un después en la literatura contemporánea de los Estados Unidos.

La mayor parte de su obra la produjo entre los años 1920 y 1950, ganando el premio Pullizer en 1953 por  “El viejo y el mar” –librito que elude cualquier tipo de clasificación– y que le sirvió de peldaño para alcanzar el Premio Nobel de Literatura a toda su obra.

Sus aptitudes literarias ya comenzó a manifestarlas en el diario escolar, usando el alias Ring Lardner Jr.

Al acabar sus estudios en 1917, no quiso ir a la Universidad. Se trasladó a Kansas y comenzó a trabajar en el Kansas City. Ya iniciado como periodista, se alista  voluntario en la Primera Guerra Mundial, como conductor de ambulancias. De vuelta a E. Unidos retorna  al periodismo hasta que se traslada a París –después de su primera boda–,  en donde conoce a Gertrude Stein y otros escritores y artistas modernistas expatriados que integrarían el movimiento que dio en llamarse la “Generación Perdida”, de la que también él formaría parte. Participa en la Guerra Española y en la Segunda Guerra Mundial como corresponsal, experiencia que refleja estéticamente en sus obras.  La mayor parte de sus libros se refieren a un héroe enfrentado a la muerte que cumple un código de honor. Por eso sus personajes son matones, toreros, boxeadores, soldados, cazadores y otros seres sometidos a presiones.

A lo largo de su  azarosa vida viajó por diversos países: Francia, Italia, España, África, Norteamérica, Cuba…, viajes que le sirvieron de experiencia para sus libros.

En 1926 el New York Times escribió sobre la primera novela de Hemingway: ”Ninguna cantidad de análisis puede transmitir la calidad de Fiesta. Es una narración verdaderamente apasionante, relatada en una prosa narrativa atlética, dura, magra, que pone en vergüenza al inglés más literario”.

El hecho de que en 1954 Hemingway haya sido galardonado con el Premio Nobel  de Literatura se debe a su maestría como narrador –demostrada con creces en “El viejo y el mar”– y por la influencia que ejerce sobre la literatura contemporánea.

Su obra trata de huir de las sintaxis complicadas, utilizando criterios sencillos, sin subordinación, silenciando cosas que el lector capta sin  que el escritor las exprese.

Henry Louis Gates cree que el estilo de Hemingway se formó  de su experiencia en la Primera Guerra Mundial, como reacción contra el elaborado estilo decimonónico, creando un estilo “en el cual el significado se establece a través del diálogo, a través de la acción y los silencios, una ficción en la que nada importante, o al menos muy poco, se dice de manera explícita”.

Irene Gammel piensa que su estilo fue cuidadosamente cultivado y perfeccionado, con la mirada puesta en la vanguardia de la era.

Porque comenzó como escritor de cuentos, Baker opina que Hemingway aprendió a “obtener el máximo del mínimo”, podando y multiplicando  la intensidad del lenguaje de tal manera que le permitió contar la verdad y aún más que la verdad.

Hemingway  llamó a su estilo la teoría del iceberg o teoría de la omisión: los hechos flotan sobre el agua, pero la estructura de soporte y el simbolismo operan debajo, sin que se vean (como Nik Adans, pescando en “El río de dos corazones”).

Jackon Benson postula que Hemingway utilizó en sus libros detalles de su propia vida y sus experiencias para enmarcar la vida en general. Cree que utilizó sus experiencias con preguntas como “qué pasaría si”.

Para Zoe  Trodd, la sencillez de la prosa de Hemingway es engañosa: elaboró frases esqueléticas que ofrecen una realidad fotográfica “multi-focal”. Su teoría del iceberg, de la omisión, es la base sobre la que construye. La sintaxis, sin conjunciones subordinantes, crea sentencias estáticas. La técnica de la omisión intencionada, permite al lector llenar el vacío –como si fuese respondiendo a las instrucciones del escritor– y crea una prosa tridimensional.

Hemingway utilizó en sus escritos la palabra “y” en lugar de comas. Este uso del polisíndeton puede servir para transmitir la inmediatez. La oración polisindetónica de Hemingway  utiliza conjunciones para yuxtaponer visiones e imágenes sorprendentes. Con esta forma de escribir trataba de captar “la realidad desnuda, la sucesión de movimientos y sucesos que produce la emoción, la realidad que puede ser valedera dentro de un año o de diez”.

Querer condensar en un breve espacio el estilo y la técnica  de Hemingway –considerado el más representativo de los autores norteamericanos de primera línea– sería imposible. En Google encontraréis críticos a montones.

Cito a José Mª Castellet, por ser español: Este crítico cree que Hemingway es el único superviviente de la “Generación Perdida”, sin tener en cuenta a Faulkner, al que considera una excepción.

La generación perdida… ¿Por qué?

 

 

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14 comentarios en “El estilo en la obra de Hemingway

    • Te supongo disfrutando del sol de mi tierra gallega, pero no te imagino sin un ordenador a mano. O sin papel y bolígrafo para que nada se te escape. Siento que no nos veamos, pero tendría que poseer el don de la ubicuidad.
      Un fuerte abrazo con mi deseo de unas estupendas vacaciones con los tuyos.

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      • Ahora mismo estoy «disfrutando» de las tormentas en mi tierra guipuzcoana, pero ya falta poco. A mí también me da mucha pena, pero encontraremos ocasión 🙂
        En mi último cumpleaños mi marido me regaló una tablet, para que no tuviera que andar cargando con el ordenador cuando salimos. Así que tienes razón, le dedico menos tiempo, pero no desconecto de esto del todo.
        Un besazo

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  1. Sin lugar a dudas un amante de los sanfermines. Cuentan que era raro no verle por Pamplona por esas fechas. Interesante lo escrito por Carmen. Conocía un poco su biografía, pero siempre es bueno recordar a tan insigne escritor, y de la pluma de Carmen, que tan bien lo describe todo. Y ya no cuento sus relatos personales, (me refiero a los de ella) con los cuales me río tanto. Me encantaría conocer el famoso “Hotel La perla” donde Hemingway se hospedaba. Incluso cuentan una anécdota, de que la primera vez que llegó a Pamplona, no tenía dinero suficiente para costear la estancia en dicho hotel, y le indicaron otro más económico. Posiblemente más tarde, se pudiera comprar el hotel completo.

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    • No conocía la anécdota del hotel más barato. Siempre se aprende alguna cosa más. Y en lo de mis relatos, puedes estar segura de que me quedo corta. Por lo menos en el tema de los despistes y “otras vicisitudes”. Últimamente son muchas las peripecias que me ocurren, pero cuando pretendo dar cuenta de ellas ya se me han olvidado. Así anda mi memoria.
      Muchas gracias por tus inmerecidas loas.
      Unha chea de biquiños.

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  2. La primera novela que leí de Hemingway fue “El viejo y el mar”. Quedé tan enganchada que me compré “París era una fiesta” y luego siguió “Por quién doblan las campanas” que la escribió después de finalizada la guerra civil española y que él había cubierto en calidad de periodista. La última fue “El jardín del Edén” y te doy la razón, Carmen, sobre lo que dices al comienzo de tu magnífico texto: “una persona con ansia desbordante de aventuras y emociones”. Si no has leído “El jardín del Edén” cuando vengas te la presto, a ver que opinas de ese triángulo amoroso que la propia esposa le sirve en bandeja.
    Fantástico todo lo que has escrito y como lo has expuesto. Enhorabuena.
    Besiños palmeiráns.

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  3. No sé a qué es debido, pero no logro dominar el ordenador. Ahora ya no sólo se queda pegado el puntero del ratón sino que también se cubre la pantalla por una cortina azulada. (Cousas do demo).
    No leí “El jardín del Edén”, pero son tantos los libros que tengo asignados para las vacaciones que no sé de dónde voy a sacar tiempo. Lo tuyo es inconcebible: ni el propio Kant se organizaría mejor.
    Biquiños mixturados.

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  4. Menudo atracón!!! Magdalena se los ha leído todos. Siempre dedicada a la lectura con pasión. Quise seguirla, acercarme a ella culturalmente, pero no me ha sido posible. Es una mujer de talento profundo. Lo demuestra en sus largas y amenas conversaciones con Carmen por el Puerto, y sus magníficos comentarios por el Barbantia. Es por lo que recuerdo ahora una de las famosas frases de Arquímedes, donde dice: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Magdalena no moverá el mundo, pero darle un bolígrafo y moverá, con su “sapiencia”, lo que le echen. Por cierto Carmen: No te preocupes por dedicar ese tiempo a la lectura. Lo haré yo por ti, que tengo más necesidad de ello. Besos desde este bello rincón de Palmeira, que tú conoces muy bien.

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  5. No te quejes, que tú también escribes “dabuti”. Lo de Magdalena es caso único. Pero a su inteligencia nata va unido el esfuerzo, el tesón y -sobre todo- una organización de la que tú y yo carecemos. Por lo menos, yo. ¡Menudo desastre…!

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  6. Siempre admirables los descubrimientos y recordatorios que nos dejas, Carmen. Se agradecen. De la inabarcable nómina de autores de todos los tiempos en cada ocasión nos acercas a la persona oportuna. Y a mí me aportas datos que desconocía; entre ellos, me gustó la manera de enjuiciar su estilo como “la teoría del iceberg o teoría de la omisión: los hechos flotan sobre el agua, pero la estructura de soporte y el simbolismo operan debajo, sin que se vean”. En cierto modo, creo que en eso consiste también el estilo poético.
    ¡Buen verano! Abrazo y salud.

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  7. Amigo Julio:
    Ha sido Magdalena la que me ha informado de tu comentario -hace rato- a la llegada de una celebración familiar. Ando tan descontrolada últimamente que ni tiempo me queda para asomarme a mi blog. Menos mal que en general se trata de acontecimientos alegres, y algunos no tan buenos son bastante llevaderos.
    Me ilusiona tu precioso comentario. Viniendo de ti, que sabes decir cosas tan bonitas sin merecerlas, muchísimo más.
    Tienes razón al expresar que en poesía -en la tuya al menos- se utiliza la teoría del iceberg: unas pocas bellas palabras nos obligan a interpretarlas. Muchas veces son los silencios, la parte omitida, los que nos hablan. No lo dejas todo dicho: pretendes que busquemos en nuestro interior el significado de las cosas que percibimos. A mí me parece estupenda esa teoría: creo que una buena obra puede y debe transmitir mucho más de lo qué está escrito. Como ocurre con tu poesía.
    Claro que no siempre llueve a gusto de todos y la “teoría del iceberg” también tiene sus detractores.
    Felices sueños y salud.

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