La importancia del uno

Quisiera que mi historia alertase a las personas demasiado confiadas -más bien despistadas en grado superlativo, diría yo- para que no les ocurra lo mismo que a mí.

Se acercaba mi cumpleaños y mis hijos me pidieron que fuese pensando en algún regalo que me hiciese ilusión y no se tratase precisamente de una aspiradora, un juego de sartenes o un carrito de la compra, que suele ser lo que pido en ocasiones como ésta. “Se acabaron esos regalos…Tendrás que pensar en algo que desees lucir para realzar aún más tu palmito”. (Quiero dejar claro que lo de “realzar el palmito” no me lo estoy inventando sino que fueron palabras textuales). Entonces pensé en unos pantalones hechos a mí medida ya que la inmensa mayoría de los que tengo son heredados.

Al lado de mi casa acababan de abrir una boutique de ropa de señora. Me asomé al escaparate por simple curiosidad, o por inercia, sin ánimo de entrar, ya que los modelos expuestos no eran de mi estilo y encima no soporto que los artículos a la venta no tengan el precio visible.

Y justo en ese momento se llegó a mi lado una vecina:

-Bonitos modelos, ¡eh! Es una tienda cara, pero sus artículos son de calidad.

-Lo que veo no va con mi estilo. Además busco unos pantalones clásicos y aquí no creo que los encuentre.

-Entra y convéncete.

Entré. Y sí que había pantalones, aunque no exactamente los que buscaba. Pero el que me probé me sentaban bien y el precio me pareció bastante razonable -a pesar del comentario de mi vecina-; así que decidí comprar el mismo modelo en dos colores diferentes. De este modo dejaba solucionada la vestimenta de verano sin necesidad de  seguir probando, cosa que odio. Lo que no me gustó ni pizca fue tener que llevar los pantalones a una modista -pagada por la tienda, es de suponer- para adaptar a mi medida el dobladillo de los bajos. Aunque el plazo fijado para recoger los pantalones era de cuatro días, tardé en recogerlos un día más, dándoles así tiempo suficiente para realizar el trabajo con holgura…

Cuando llegué al taller, casi a la hora de cierre, los pantalones seguían colgados sin arreglar. Me dijeron que podía pasar a recogerlos al día siguiente; pero me negué a marcharme de allí sin ellos, por lo menos sin un par, puesto que al día siguiente celebraba el cumpleaños con mis hijos lejos de Madrid.

Mientras esperaba que me doblasen los bajos del pantalón se me ocurrió hacer una foto al pantalón que quedaba colgado, para que mis hijos tuviesen idea del regalo que me habían hecho y… ¡con horror pude comprobar que el precio de un solo pantalón era de 149´50 € y no 49´50 €, como yo había creído leer en la tienda! Por supuesto les dije que a los otros ni tocarlos…

Pero no termina aquí la historia… Al día siguiente de mi cumple, me reuní con mis amigas a tomar un piscolabis y no se me ocurre otra idea que mostrar mis flamantes pantalones:

-¿Cómo los veis? Comprados en un chino por 12€…

Respuesta casi unánime:

-Pues no resultan caros porque te sientan muy bien. (No hubo más comentario).

Os diréis cómo no se me ocurrió preguntar el precio de los pantalones en la tienda…

Pues porque lo vi clarísimo…, pero sin el 1 delante.

Y, para colmo, pagué con tarjeta…

 

 

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5 comentarios en “La importancia del uno

  1. Aunque ya conocía el relato, ahora leyéndolo, todavía me hace más gracia. Te estoy imaginando con esos pantalones tan “chachis” mirándote en el espejo del probador y diciendo: -¡ Qué bien me sientan, pues por este precio me llevo un par ! Menos mal que los bajos, todavía continuaban “allí abajo”, de lo contrario…
    Bueno, con la figura que tú tienes, que todo te sienta como un guante, “pelillos a la mar”. Seguro que estarás preciosa.
    Besiños desde nuestra querida Palmeira.

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  2. Te aseguro que con los de 9€ euros me encuentro igual de estupenda. De los heredados, a veces, me falta o me sobra talla.
    Apenas me asomo al ordenador porque, entre el polvo de la obra en todo el edificio, el polen y lo que estoy abusando del wassap, no me queda otra que darle un descansito a la vista. También cuentan las muchas actividades en las que ando metida. Espero reincorporarme pronto.
    Un fuerte abrazo.

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  3. Me ha divertido tu historia, aunque -lo entiendo- a ti no te haya hecho ninguna gracia. ¡Falta de práctica! Podría contar mis historias con los calzoncillos, casi la única prenda que compro solo, pero… no tengo la chispa tuya para hacerlo, así que con tu historia es suficiente.
    Abrazo y salud.

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  4. Querida Palmeira, acabo de leer esto y ¡es tronchante! Aunque esta historia la editaste hace meses, el tiempo no ha pasado por ella, ¡es un clásico!. Te felicito y aplaudo 👏👏👏 y creo que te sientan de maravilla los pantalones ☺️😗😗

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