Las óperas de Briten que tuve ocasión de ver

Después de asistir a la representación de “Gloriana” he de reconocer que Benjamín Briten es un operista de excepción, además del mejor compositor de su época, abarcando prácticamente todos los ámbitos de la música seria.

La primera ópera a la que asistí de este autor -“Peter Grimes”- y también la primera que compuso, me causó cierta desazón. Al principio ni siquiera llegué a entenderla, hasta que fui ahondando en la identidad de los personajes a los que Briten dio vida, tan opuesta a la mentalidad de la gente del entorno en qué se desenvolvían, incapaz de comprender lo distinto -rasgo común en los protagonistas de sus óperas- siendo los sentimientos y actuaciones de sus héroes, tan diferentes a los de la gente que los rodea, la causa de unos conflictos que terminan en tragedia. Como le ocurrió a Peter Grimes, un pescador al que no veían con buenos ojos los habitantes de una pequeña localidad marinera del Mar del Norte.

Esta ópera ha sido considerada una alegoría de la opresión homosexual, pero también puede interpretarse como un repudio de la pederastia. La ambigüedad del personaje creado por Briten deja margen al espectador para que forme su propio juicio.

Después de “Peter Grimes”, llegó al Real “La vuelta de tuerca”, ópera basada en la obra homónima de Henry James, cuyo estreno tuvo lugar en el “Teatro La Fenice” de Venecia en 1954 con bastante éxito, siendo representada después del estreno en todos los teatros del mundo, aunque no sea de las más habituales en los carteles. Se trata de una ópera que por su temática supongo se podría catalogar dentro de un realismo mágico anticipado, en la que cada escena está precedida de una variación dodecafónica sobre el tema, volviendo a la tonalidad inicial en el desenlace, describiendo a lo largo de la acción un giro en forma de tuerca. Es la más perturbadora de las óperas de Briten: un relato magistral de la novela de Harry James que nos introduce en una historia de depravación en la que sueños y realidad se confunden y los personajes se mueven en la tortuosa frontera entre el bien y el mal.

La ópera “Gloriana” -título tomado del apelativo que daban los poetas de la época a la reina Isabel I de Inglaterra para magnificar la figura de la soberana- se sale en cierto modo de la temática habitual en Briten, al menos de lo que llevo visto de este compositor. Está basada esta ópera en la obra de Lytton Strachey, “Elizabeth and Essex”, en la que el autor narra los amores del joven y alocado Roberto Devereux, conde de Essex, con la anciana “Reina Virgen” y las intrigas y conspiraciones del conde en su intento de dominar Irlanda. Aunque la reina se siente atraída por la juventud – menos de 20 años, cuando ella cumplía 53- y encantos del duque, no le queda otra alternativa que firmar su condena de muerte por lealtad hacia sus súbditos y porque ejercer el poder implica la renuncia de todo sentimiento como mujer. Por todo ello Isabel se siente atrapada entre las obligaciones de reina y los amores tormentosos con el joven, ambicioso y excéntrico noble. Se trata de una ópera en la que se refleja el comportamiento humano en toda su crudeza.

La composición de “Gloriana”, concebida para festejar la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra en 1953, no convenció a los aristócratas, políticos y diplomáticos del momento porque dejaba en mal lugar las estructuras de la identidad británica. Esta fue la razón de que la crítica se ensañase tras el estreno de la obra -no por motivos musicales o dramáticos- que no volvió a escena hasta medio siglo después.

Al final, Briten, homosexual y pacifista, logra ser aceptado por la puritana sociedad inglesa, pese a su relación con el tenor Meter Pears para el que fueron creadas la mayor parte de las obras cantadas del compositor. La música para una sola voz parece ser la más característica de Briten. Pears fue el destinatario de muchas de estas piezas.

La fuerza de la música vocal de Briten ha llevado a algunos a menospreciar su obra instrumental. El tipo de música desarrollada por este compositor es difícil de encuadrar en los estilos establecidos: lo mismo encuentras elementos tradicionales, dodecafónicos y hasta atonales. Al llegar a la mayoría de edad, Briten es un compositor que se pone de moda.

En este escueto comentario me limito a hacer mención de las óperas de Briten a las que asistí. Todas ellas tienen en común la lucha interna de unos personajes a los que las circunstancias o su idiosincrasia forzaron a actuar de una manera fuera de lo común.

Creí que nunca llegaría a desligarme de la ópera tradicional y, dentro de este género, de la ópera romántica decimonónica. No es así. Cada día voy teniendo más en cuenta a la ópera contemporánea. Ello no implica que las obras del romanticismo dejen de ser para mí las preferidas. Cada vez valoro más las buenas óperas vanguardistas, sin detrimento de las tradicionales a las que no renuncio.

Por ser la última que compuso, dejo para el final la cuarta ópera de Briten a la que asistí, “Muerte en Venecia”, basada en la obra homónima de Thomas Mann. ¿Trata esta obra de una obsesión erótica o es simplemente una mera contemplación intelectual? Luís Gago lo define como “mero hedonismo visual con tintes eróticos envueltos en un halo de enamoramiento, pero probablemente sin auténtica pulsión sexual”.

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8 comentarios en “Las óperas de Briten que tuve ocasión de ver

  1. Querida Mari Carmen: No sabes cuanta envidia siento cada vez que te leo, especialmente cuando escribes sobre óperas. Como bien sabes, nunca he asistido a una, y cuando veo la forma en que las comentas con tanta erudición y conocimiento, yo, que estoy tan orgullosa de ser de pueblo, en estos momentos me cambiaría por una urbanita aunque solamente fuese por unas horas. Creo que incluso diría lo mismo que dijo Julia Roberst cuando el guaperas de Richard Gere le compra el precioso vestido rojo y la lleva a ver “La Traviata” en la película “Pretty Woman”. ¿Te acuerdas de la frase? si no la recuerdas en la próxima te la digo, ja, ja, ja.
    Enhorabuena, querida. Fantástico.
    Besiños desde nuestra querida Palmeira.

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  2. Querida Luna, ya que lo preguntas… Cuando él, (Richard) le pregunta que le ha parecido la ópera, ella le responde: “Uf, por poco me meo de gusto en las bragas”. La señora que compartía palco con ellos preguntó con los ojos abiertos como platos: ¿Qué ha dicho? y él respondió: “Que la música de La Traviata la embriaga”.
    Besiños, para ambas.

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    • Muy buena la respuesta.!!! Respecto a la ópera, andaba, más o menos, como yo. Con la diferencia, eso sí, de que una, no se mearía. Gran amante de la ópera es Carmen.

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  3. La pregunta de Luna a Magdalena me ha sacado del apuro: tampoco recordaba la ocurrencia de Julia Roberts a pesar de haber visto varias veces la película. También la tenía, pero acabo de recordar que alguien se la llevó sin retorno hace mucho tiempo.
    Os cedería gustosa mi tarjeta de abonada, pero tendría que ser por separado y a óperas distintas.
    Ando metida en mil y una actividades de las que espero estar algo más aligerada la próxima semana. Mañana terminaré con las de índole literaria en las que me toca participar y son las que me roban más tiempo. Magdalena sabe de lo que hablo.
    Un abrazo y muchas gracias a las dos por animarme con vuestros comentarios, con el deseo de que hayáis pasado un bonito día de la Madre.

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  4. Tu comentario, Carmen, destila rigor y buen hacer en un estilo impecable, claro y didáctico. Siento cierta envidia por esa manera de disfrutar de un género que a mí se me resiste. He asistido a varias óperas animado por la afición de mi mujer, que sigue las temporadas del Euskalduna en Bilbao, y debo confesar que me gustaron, pero no me han hecho fiel seguidor de ellas.

    Me gusta el contenido de los temas que tratan las óperas que comentas de Benjamín Briten, ya que se aleja de los convencionales dramas amorosos para acercarse a los problemas, hechos texto y música, actuales -o de todos los tiempos- revelando sus aristas y descubriendo su lado dramático. Entiendo que es una superación del género, para el cual parecía que estaba reservada una sola clase de argumento, tal vez considerando de poca nobleza otros más comunes y con poca “clase” para ser abordados operísticamente.

    No soy ningún entendido en ópera, como puedes ver (ni en ninguna otra disciplina), pero aprecio el descubrimiento que me haces con tu artículo y me anima a estar más receptivo ante este género.

    Gracias y abrazo.
    Salud.

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  5. Gracias, Julio, por tu comentario. Para mí es muy importante, aunque reconozco que mis conocimientos operísticos son muy elementales. Mi afición surgió del deseo de conocer a Kraus en persona. Es una bonita historia que tal vez cuente cualquier día.
    A causa del polen que sufrimos en esta zona de Madrid -es curioso: otros años que parecía como si nevase no era tan molesto- casi no puedo abrir los ojos. Creí haber mejorado, pero esta tarde se me ha ocurrido dar una larga caminata por el parque y creo que he vuelto a las andadas. Me niego a tomar antihistamínicos, pues pienso que no se trata de alergia sino del polvillo que se mete en los ojos. Lo malo es que no llueve.
    Gracias de nuevo, un abrazo y salud.

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