¡Vaya lío!

Estoy convencida de que los regalos de boda que cita Luna en su ultimo microrrelato a todos nos cayó alguno. El mío fue un cenicero “nodriza” acompañado de una máquina para liar pitillos. Además de lo horrible del artilugio -incluida la nodriza- con aquello no había manera de liar nada, como no fuese enzarzarse en una discusión acerca del manejo del chisme. Así que devolví el regalo a la caja de compra y lo retiré de mi vista sin acordarme más de semejante invento.

Cierta mañana, al asomarme al escaparate de la tienda en la que había sido adquirido el regalo en cuestión, pude comprobar que estaba expuesto un modelo idéntico… Al fijarme en el precio (2300 pesetas, un dineral para aquellos tiempos) tomé la decisión de llevar el regalo a la tienda y pedir que me lo cambiasen por algo más práctico.

Al llegar a la tienda, antes de mostrarle el artilugio pregunté a la persona que me atendía si habría inconveniente en cambiar un artículo allí adquirido por otro de la misma valía o más caro, si fuese preciso, pagando la diferencia. El dependiente me respondió que no había problema. Pero al mostrarle la caja, el semblante del joven operó un profundo cambio. Sin articular palabra se fue a consultar mi pretensión con el dueño de la tienda y, sin abrir siquiera la caja para comprobar si el artículo estaba en perfecto estado, me la devolvió alegando que aquel tipo de mercancía no entraba en la categoría de artículos cambiables. Lo supuse desde el momento en que vi el precio en el escaparate. Pero por probar…

Durante años estuvo el regalito de marras guardado en el fondo de un maletero (no soy amiga de regalar a otros lo que a mí no me gusta) y con el tiempo pasó a formar parte de los juguetes preferidos de mis hijos: las niñas utilizaban el cenicero nodriza como expositor de “chuches”; los seis miniceniceros que contenía la “nodriza” se convirtieron en platitos de postre en los que servían a sus muñecas las “chuches” de la nodriza… Y la máquina de hacer pitillos pasó a manos de mis hijos varones para distintos usos nunca relacionados con la elaboración de un pitillo.

Como en mi familia solemos hacer intercambio de toda clase de artículos (libros, ropa, juguetes, instrumentos musicales…) entre sus miembros, es posible que el inventito de marras se encuentre todavía entre los juguetes de algún crío de la familia. O de alguien ajeno a ella, que también pudiera ser, pero menos, porque a nadie se nos ocurriría traspasar a un extraño un cachivache que no se sabe para que sirve. ¿Y si estuviese mostrándose al público en la estantería de un museo de objetos imposibles? Cosas más raras se han visto… Tampoco sería de extrañar que luciese en el salón de una dama de alcurnia, como la que conocí hace años. La buena señora se empeñó en amueblar su casa a base de objetos recuperados de la basura y ¡vaya si lo consiguió! La conocí en el momento en que me disponía a subir en mi Sinca 1000 Familiar, aparcado no lejos de un montón de enseres abandonados que más tarde recogería un camión municipal. Se trataba de una señora con porte distinguido. Y también lo era: distinguida. Me pidió si tendría la amabilidad de ayudarle a cargar en mi coche una cesta de navidad altamente decorativa -vacía, por supuesto, que hoy me atrevo a suponer portadora de un suculento regalo en pago de algún favor recibido- y acercarla a su casa que no quedaba lejos.

Lo cierto es que la señora me cayó muy bien y no puse objeción a lo que me pedía. Con el pretexto de ayudarle a subir la cesta me invitó a su casa, una esplendida mansión, como correspondía a la viuda de un conocidísimo y egregio personaje -del que no creo necesario desvelar el nombre- a juzgar por la foto de boda que presidía salón y que ella también me confirmó. Con los muebles y demás enseres que iba recogiendo de las basuras se había propuesto amueblar el piso de arriba para dejárselo a un hijo que no andaba muy boyante Y lo estaba logrando con gusto exquisito, como pude comprobar. Con la cesta de navidad tenía proyectado montar una preciosa jardinera.

La condenada maquinita, pitillos no liaría, pero a mí me ha metido en un berenjenal del que no sé cómo salir. ¿Qué hago? Puedo acabar diciendo que la encontré adornando el salón del piso la de mi nueva amiga -la dama distinguida- y que mi emoción fue intensa. Pero sería mentir y ese no es mi estilo.

Dejémoslo en que al leer por segunda vez el minirrelato de Luna quise responder a uno de sus comentarios con unas líneas. Y, como soy incapaz de sintetizar como ella lo hace, comencé a liarme cada vez más y esto es lo que hay . Pero dad por seguro que todo lo que cuento es la pura verdad.

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12 comentarios en “¡Vaya lío!

  1. Oye, como me ha gustado esto de encadenar entradas y relatos de blog en blog. Creo que nunca he visto un cenicero nodriza como el que comentas, pero pienso que lo he imaginado muy bien con tus descripciones. Un regalo que no tiene desperdicio, ya ves, sirve como juego y como impulsor de ideas…
    Yo siempre doy dinero en las bodas, si compro algo es porque lo piden los novios expresamente. Es una pena que alguien se gaste el dinero en algo que no se va a usar.
    Muy curioso lo de la mujer que adornaba con objetos de la basura, aunque no me sorprende que encontrara cosas decentes. En Vitoria hay un programa (no recuerdo de quién), en el que tú llevas las cosas que no usas, y otras personas a quienes le interesen se lo quedan. Se les da una segunda vida y se reduce la basura, es buena idea.
    Besotes 🙂

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  2. En realidad este “lío” iba destinado a tu minirrelato “La solución”, como respuesta a un comentario que haces al comentario de Carlos. Y como cada vez me iba alargando y liando más -a pesar de recortarlo cuanto podía-, al final opté por meterlo en mi blog. En realidad lo metieron otros por mí, ya que tengo que acudir a alguien que ilustre con alguna foto lo que escribo. Y ese alguien, sin encomendarse a Dios ni a los santos, subió la foto y el “lío” sin darme tiempo a desliarlo.
    Gracias, Luna, por ser la primera en tus siempre amenos comentarios.
    Felices Pascuas de Resurrección. He de vestirme a cien, porque tengo que salir ¡ya! a comer con la familia.
    Muchos besos.

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  3. Querida Mari Carmen: he leído tu entrada en el móvil desde cama, ya sabes que estoy con trancazo, pero me he levantado un ratito, pues al leerlo me vino a la memoria algo que oí hace tiempo en la radio. Era un programa de Carlos Herrera, y había un espacio de una hora en el que participaban los oyentes. Aquel día, se trataba de eso: de regalos inservibles. El relato en cuestión, era que al participante le habían regalado unas lámparas de mesita de noche para la nueva casa que iban a estrenar los recién casados. Cuando vieron el regalo, dieron las gracias muy amablemente fingiendo que les gustaba aquella aberración, pero nunca volvieron a salir de sus cajas que fueron a parar al altillo.
    Un día, la que se las había regalado se presentó de improviso, y mientras la que había recibido el regalo la entretenía, el marido sacó las lámparas de las cajas y metió a todo correr las otras debajo de la cama. Cuando llegaron a la habitación (quería ver el nuevo hogar) y vio sus lámparas, con una sonrisa de oreja a oreja, le pidió que las encendiera para ver como lucían al estar iluminadas. Al encenderlas, salió un gran resplandor de debajo de la cama. Con el apuro, se había olvidado de desenchufarlas antes de meterlas en el escondite.
    Me ha encantado tu relato.
    Besiños, me vuelvo a la cama.

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  4. Yo conozco el caso de un regalo de ida y vuelta: un cuadro de tema religioso que regalan a una pareja de recién casados para colgar a la cabecera de la cama de matrimonio, considerado una verdadera joya por la persona que se lo regala. Cada vez que esta persona les hace una visita -que no son pocas- tienen que colocar el cuadro a la carrera, porque el novio -ahora marido- se niega rotundamente a dormir con aquella imagen sobre su cabeza y tampoco encuentra lógico andar colgando y descolgando el cuadro cada día.
    No quisiera pasar el bochorno de los protagonistas de tu anécdota. Pero estar día a día con la espada de Damocles encima, como los míos… Aunque, bien mirado, lo de tenerla encima, en este caso, resulta un contrasentido.
    Rezo para que te pongas pronto bien.
    Biquiños.

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  5. Gracias,Luna. El antibiótico parece que va haciendo su labor. Besiños, reina. Y por supuesto otro enorme para la protagonista del espacio. Muá muá.

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  6. Uy, en eso de los regalos hay que andarse con mucho tiento: lo que para unos es una preciosidad para otros es un horror. Por mi parte, como no estoy segura de que los agasajados comulguen con mis gustos y tampoco quiero obligarles al trasiego de andar sacando el regalo cuando esperan mi visita (como me ocurre a mi con una pareja de platitos de colgar en la pared que me regalaron), también he optado por el ingreso en la cuenta corriente…¡con eso tienes la certeza de que no fallas! Un beso Palmeirana.

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  7. Está visto que quien más quien menos tiene alguna anécdota sobre los regalos de boda. Como soy conservadora todavía luzco más de uno de la mía en alguna vitrina sin haberles dado el uso para el que fueron fabricados. ¿A quién se le puede ocurrir servir un whisky, por ejemplo, en frasca con incrustaciones de plata y vasos a juego? A mi, no. Prefiero servirlo directamente de la botella y en vasos más toscos. El hecho de tener a la vista esos regalos, en alguna ocasión me hizo quedar la mar de bien ante quienes me los regalaron.
    Por supuesto que lo de ingresar dinero es un buen invento.
    Estoy para el arrastre… Menos mal que voy dando fin a los embolados que me han surgido. O que me he buscado. (De todo un poco)
    Abrazos sin fuerza.

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