Para gustos, colores

Se dice que «las comparaciones son odiosas». Pero después de asistir a la ópera Carmen en el Teatro Real, y siendo esta la cuarta interpretación de esta ópera a la que asisto a lo largo de mis muchos años en contacto con la lírica, creo que es lícito comparar, teniendo en cuenta que el arte es evolutivo y que con el paso del tiempo se ven las cosas desde otra perspectiva. Aun valorando estos factores, la última versión a la que asistí es la que sale peor parada. Al menos a mi entender, que no es el de una experta sino el de una simple aficionada, aunque con algunas horas de vuelo.

Otra expresión popular es la de «para gustos se pintan colores». Sin embargo, este dicho no atañe a la escenografía del Real, aunque en esta ocasión apareciesen algunos visos de color: como la bandera roja y gualda en lo alto de un mástil, en un escenario casi vacío, con unas paredes más negras que la noche (a las que ya estamos habituados los abonados), en el que todo el decorado a lo largo de la representación se redujo al citado mástil con la bandera, una cabina telefónica, el toro de Osborne, un Mercedes de los años 70 y -cuando éste abandona el escenario- la irrupción de otros diez coches de la misma marca y modelo. La aparición de tanto auto en escena me hizo recordar por un instante la película «Fiebre del sábado noche» (¿o era «Grease»…?), pero en el film las escenas eróticas no llegaban al desenfreno de la ópera, aunque en ésta sólo se quedasen en insinuaciones.

Creo que de las cuatro versiones de Carmen a las que asistí, la que me causó más impacto fue la interpretada por Teresa Berganza. A mi parecer esta mezzo es a Carmen lo que Alfredo Kraus, a Werter: parece como si ambos personajes fuesen creados exclusivamente para ellos. Aunque en el caso de Kraus su identificación con Werter es irrepetible.

En cuanto a la actuación musical: los coros chillaban en exceso y la orquesta sonaba demasiado fuerte y, en algunos momentos, un tanto descompasada. Muy buena la actuación de los Pequeños Cantores. Los demás cantantes cumplieron sin nada destacable. Quizá Jean Teitgel haya sido el mejor de los cantantes secundarios en el papel de Zúñiga y Eleanora Burato en el rol de Micaela, aunque su actuación escénica -adecuada a la escenografia- poco tuviese que ver con la Micaela pueblerina y angelical de Bizet. Buena la representación teatral de Anna Goryachova, con algunos momentos de decaimiento en el canto, y un Francesco Meli (don José) que no estuvo a la altura como actor -la ópera no deja de ser teatro cantado- y un poco forzado en el canto. Al dúo final de Carmen y don José sí lo favoreció, le imprimió fuerza, el escenario completamente vacío.

No me gusta ir por la vida de puritana, ni creo que lo sea, pero todo tiene su punto de moderación y lo excesivo suele caer en el mal gusto. Y la puesta en escena de esta ópera me pareció exagerada en tópicos, violencia, sexo contenido e insinuaciones eróticas. Aunque el erotismo exacerbado ya no nos coge por sorpresa a los que asistimos a las bacanales del «Tannhäuser» con dirección escénica de Ian Judge o al nauseabundo «Wozzeck» del propio Calixto Bieito con aberrantes escenas necrófilas, escatológicas, coprógenas y porno.

Para mí, Carmen no es una españolada, como opinan muchos. Es ni más ni menos la historia de una mujer -producto de la sociedad que le toca vivir- que adelanta comportamientos que más tarde se considerarán normales. ¿Es una feminista en ciernes? Tal vez, sin pretenderlo. Pero creo que se trata más bien de una mujer libre de prejuicios sociales, sexuales o morales y que su libertad para hacer lo que le viene en gana radica en el hecho de no depender de nadie, puesto que el tipo de trabajo que desempeña le proporciona esa independencia de la que muy pocas mujeres disfrutaban en la época en que Bizet compuso la ópera. La gran soprano española Teresa Berganza, que ha estudiado a fondo el personaje, dijo de él que «los sentimientos que suscita se deben a la seguridad, belleza interior y fuerte temperamento que caracterizan a este tipo de mujer universal».

Conclusión: demasiada iconografía, demasiada metáfora, demasiado simbolismo que te hacen perder la esencia de la ópera. Y el ambiente tan cuartelario y violento de esta puesta en escena asfixia todo lo que no es sexo, presentando a una Carmen que deja de ser ella misma: la Carmen sensual, amoral, fuerte y frágil al mismo tiempo.

No sé. A lo mejor, tratando de descifrar lo simbólico, no me enteré de la misa la media.

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9 comentarios en “Para gustos, colores

  1. Tengo una amiga que describe las películas de una forma tan vívida y particular que casi lo paso mejor cuando me las cuenta que cuando las veo. Tanto es así, que a veces le pido que me cuente una, aún habiéndola visto. Contigo me pasa algo parecido: no acabo de “cogerle el punto” a la ópera pero me encanta leer tus explicaciones y opiniones al respecto. Quizás no lo tenga todo perdido en ese terreno…

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  2. Si te metes en Internet encontrarás comentarios para todos los gustos de críticos de altos vuelos. Yo escribo de una manera simple y un poco deshilvanada lo que se me ocurre sobre lo que veo y escucho, sin meterme en honduras de las que no sabría salir. Por cierto : tengo una crítica que escribí en su día sobre el “Wozzet” de Bieito y creo que viene a cuento publicarla. En cualquier momento lo hago.
    Gracias por leerme y un beso grandote..

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  3. Te confesaré que no soy amante de la opera (¿una cuestión de gustos y colores, ignorancia pura y dura, no lo habré probado lo suficiente, una cuestión de prejuicios…?; probablemente un poco de todo). No obstante, te diré que envídio tu pasión por la opera. Y mirá, hasta creo entender el trasfondo de lo que nos cuentas. Tu defiendes a tu “Carmen” y estás en tu derecho. Un abrazo.

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  4. Mi afición a la ópera surgió por puro accidente. Es un poco largo de contar, pero me propongo hacerlo en una de mis entradas, aunque más bien tendría que ser por entregas… Me quedo con “una cuestión de gustos”. Claro que el gusto puede variar cuando asistes por ¿necesidad? temporada tras temporada a todas las óperas programadas. Ahora en secreto: prefiero la música clásica o melódica.
    Muchas gracias y un abrazo por leerme.

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  5. Acabo de levantarme y he leído tu comentario desde el móvil. Me ha parecido excelente. El arte consiste en mezclar lo útil con lo placentero y tú esa mezcolanza la dominas a la perfección en tus descripciones. Es un placer leerte.
    Besiños palmeirans.

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