El sí categórico


En cierta ocasión asistí por un corto espacio de tiempo a un taller de Literatura. Tuve que dejarlo con pena, porque para llegar al Centro en el que se impartían las clases tenía que depender de dos autobuses –además de una larga caminata- y mis obligaciones domésticas no me permitían ausentarme tanto tiempo de mi domicilio.

En una de las pocas clases a las que asistí, el profesor nos mandó escribir algo que hiciese referencia a este título: “El sí categórico”. Y, aunque mis dotes líricas dejan mucho que desear, decidí responder con una poesía. Esto es lo que escribí:

EL SÍ CATEGÓRICO

Le dije que no a Leandro,
mas un no sin convicción:
era guapo, el condenado,
morenazo y hombretón.

Traté de esquivar a Ernesto
y a Cosme dejé plantado,
lo mismo hice con Lorenzo,
al que siguió un buen listado

Y, por fin, llegó Agapito:
bajo, torpón y canijo,
caído el hombro derecho,
“malpocado”, el pobrecito.

Me invitó a café con churros
(una ración para dos)
en un bar bastante cutre:
¡qué bajo he caído yo!

Deambulamos por la “rue”
sin rumbo, bajo la lluvia,
por más taxis que pasaban
no se dignó tomar uno.

Me dejó hecha una sopa
junto a la boca del Metro,
yo echaba rayos y chispas,
pero sólo era por dentro.

Y me llamó al otro día
y también dije que sí.
Y fue este sí tan auténtico,
categórico y cabal
que a cada instante me digo:
“¡este tío que tendrá…!”

¿O será que a las mujeres
quien nos entienda no hay?

A pesar de su falta de calidad literaria –dada mi escasez de dotes poéticas– no podéis figuraros el partido que le saque al poemilla en cuestión en una charla sobre poesía romántica que se celebraba en un Centro Cultural de Mayores para festejar la festividad de san Valentín:

Al terminar la conferencia, los organizadores brindaron al público la oportunidad de subir al escenario a leer poesía de Bécquer. Después de unas cuantas intervenciones me atreví a levantar el brazo y preguntar si podía recitar algo de mi cosecha.

–Mucho mejor si es suya –respondieron los que presidían la mesa.

No sé la razón, pero por primera vez en mi vida me sentí cómoda en un escenario, sin asomo de miedo escénico. Y mira que soy tímida…

Comencé pidiendo perdón por el atrevimiento, pero también dije que creía que después de escuchar tanta poesía romántica, profunda y culta, un cambio de tercio no vendría mal.

Conozco a alguien que opina que “lo que uno escribe tiene que ser necesariamente leído por otro” (Yo no necesité leer, pues me lo sabía de memoria). Será verdad, pero a mí me dio resultado: creo que la gente se rió hasta desternillarse, por el énfasis que puse en cada verso, en cada estrofa en el momento oportuno, y no precisamente por la calidad de la obra. No sé si lo habría logrado leyendo la obra de otro.

Por una vez, sonó la flauta.

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11 comentarios en “El sí categórico

    • No sé qué ha ocurrido que le colocado las dos respuestas a Luna, después de una lucha titánica intentando meter una en tu comentario. Lo mío no tiene remedio.Creo que las gafas tienen bastante culpa: ahora mismo estoy escribiendo sin ellas y veo mucho mejor. Y no es que hayan costado poco… Trataré de solucionar el problema esta tarde en la farmacia. .

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  1. ¡Ojalá hubiese muchos Agapitos como el de mi poemita! Suelen ser personas a las que nada se les da regalado y procuran guardar de las vacas gordas para las flacas. Si tratas de entenderlas te das cuenta de su valía.
    Seguro que a mi Agapito no le ocurriría lo que a tu Gabriel.
    Otro besazo.

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  2. En realidad mi respuesta a Luna era también para ti..
    Me alegra que sientas simpatía por Agapito.. A veces confundimos la buena administración con la tacañería. Conozco a algunos “Agapitos” con muy pocas necesidades para ser felices, pero que siempre tienen de donde sacar si el momento lo requiere. Claro que… todo tiene su término medio.
    Otro besazo.

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  3. No era de buen ver, invitaba en lo barato y ni un taxi cogió con todo lo que llovía…; y cuando la vuelve a llamar, va ella y le dice ese sí categórico que tenía reservado. No hay duda, Agapito valía un potosí (aunque no sé qué ando enredando en estas cuestiones, pues yo a las mujeres las entiendo lo justo, es decir, más bien tirando a poco). A mí también me habría gustado asistir a esa charla y oírte recitar el poema. Un saludo.

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  4. Se dice que la poesía tiene dos finalidades: una, es la de dar placer al lector, la otra es instruirlo. No voy a decirte que eres Calderón de la Barca pero, placer sí me has dado, y el ingenio debe considerarse como instrucción, de modo que has cumplido con los dos objetivos.
    No dejes de hacernos otros regalitos poéticos.
    Besiños palmeiráns.

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  5. En esta ocasión sonó la flauta por casualidad. Lo mío no es la lírica sino más bien el lenguaje de andar por casa y malamente. Tú, en cambio, tienes capacidad para abarcarlo todo y no entiendo cuál es el motivo que te impide lanzarte al ruedo con trabajos propios. Tus comentarios a los trabajos de otros dan fe de lo que digo.
    Me espera el dentista. Apertas e biquiños. .

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  6. Perdona, Alvaro, pero acabo de ver que no respondí a tu comentario. Tenían razón mis compañeros: lo mío es de antología (lo de los despistes). Y con los años, ya ni te cuento. Haces muy bien en no enredarte tratando de entender a las mujeres. Lo digo por propia experiencia. Un abrazo y muchas gracias por leerme.

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