Mis compañeros de camino

En cierta ocasión alguien me preguntó si los libros tenían algún significado en mi vida.

Respondí que para mí libros y música estarán siempre fuertemente ligados, pues los dos son, a partes iguales, mis más grandes pasiones, mis compañeros inseparables en la difícil singladura de la vida. Los dos –libros y música- fortalecen por igual mi espíritu inquieto y están prestos a venir en mi ayuda a cualquier hora del día o de la noche que los llame, transportándome a lugares insospechados. Y están ligados, además, porque al escuchar una pieza musical siento siempre la necesidad de conocer el momento y las circunstancias en que fue concebida, comenzando así a bucear en la vida de su artífice. Y la vida de éste me acerca a otras vidas ciertamente interesantes.

El amor a los libros se lo debo a mi abuela materna. Me contaba que desde muy niña se había criado con una madrastra. Una buena mujer, aunque no entendiese que una muchacha decente pudiera perder su tiempo en lecturas. Por tal razón se veía obligada a esconder en el agujero de un roble viejo* el único libro que poseía, regalo de su padre.  Aquel libro tenía por título “Las tardes de la Granja”. En  él, un campesino —de nombre, Palemón—  contaba a sus hijos un cuento cada semana, a juzgar por el número de narraciones que contenía el libro. Se trataba de narraciones didácticas en las que se ponían de manifiesto los vicios y las virtudes, saliendo victoriosas las últimas: así la generosidad frente al egoísmo, por ejemplo.

En el libro también quedaba reflejado el tema de los castigos —a veces necesarios— pero siempre aplicados en su justa medida, en el momento oportuno y desde la perspectiva del amor.  Nunca llegué a conocer este libro, pues desapareció antes de que yo naciera, pero sí sus enseñanzas a través de mi abuela.

Más tarde mi abuela comenzó a nutrirse con los cuentos de Calleja –únicos a su alcance- aunque un tanto desvirtuados, pues casi siempre cambiaba los finales y aquello que no le convencía. En sus “arreglos” los personajes malvados acababan siendo redimidos gracias al ejemplo y generosidad de los buenos.

Con sus narraciones, mi abuela me fue inculcando el amor a la lectura; pero sobre todo me indicó el camino de la amistad, la generosidad, el perdón, el sacrificio, el amor y respeto a los mayores otras muchas virtudes que hemos ido olvidando con el tráfago de   la vida y que intento transmitir a mis nietos ¡Ojalá logre hacerlo con la misma fuerza y cariño que ella lo hizo conmigo!

*El episodio, real en este caso, lo trasladé en forma ficticia al cuento “Asalto a la Biblioteca”
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2 comentarios en “Mis compañeros de camino

  1. Buenas tardes querida prima:
    Cada vez que te leo, más me convenzo de que te has equivocado de profesión. Tienes una facilidad para escribir asombrosa. Ahora mismo acabo de releer de nuevo a Carmen y no me extraña que lo haga así de bien. ya dice el refrán ” De tal palo tal astilla “. Ha heredado tu dialéctica narrativa.
    Os doy la enhorabuena a las dos por lo magníficamente bien que os expresáis contando vuestras vivencias.
    Besiños palmeiráns.

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  2. Tú sí que eres buena escribiendo. Buena es poco:buenísima.
    Espero salir pronto del desaguisado en el que me veo metida sin comerlo ni beberlo (si lo bebo sale en catarata, para más guasa) y coger de nuevo las riendas de mi vida normal.
    Se dice que a la tercera va la vencida… Yo me conformaría con que fuese a la cuarta. En eso estoy.
    Un abrazo.

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