Cirugía de urgencia


Como últimamente tenía abandonado este blog por infinitas razones, una de ellas la de leer y comentar los trabajos de otros, he decidido trasvasar algunos de esos comentarios, aunque tenga que añadir una pequeña aclaración —como lo estoy haciendo en este caso— y, de ser necesario, corregir algún pequeño error, sin desvirtuar el contenido del comentario.

Respuesta a la simpatiquísima historia de Francisco A. Vidal Blanco, publicada en Café Barbantia el 9 de febrero de 2017.

Y es que no hay idioma más idóneo que el gallego para expresar sentimientos. Pero con el giro que ha tomado en los últimos años, excede a mis conocimientos.

La historia del cerdito me trae al recuerdo otra historia similar, aunque en este caso no hay veterinario que quede en evidencia:

Todavía era yo una niña. Al lado de la vivienda de mi abuela había una pequeña huerta con un gallinero en el que, al atardecer, se recogían unas 15 ó 20 gallinas…, y un gallo. Durante el día andaban sueltas por la huerta (o sueltos, según se mire).

Aquella mañana faltaba una gallina. Nos dimos cuenta porque era la única que tenía el cuello desplumado (es de suponer que la favorita del gallo).

Al ver que la gallina no daba señales de vida, mi abuela se asomó al gallinero y encontró al pobre animal tumbado en el suelo, más muerto que vivo y con el pescuezo muy hinchado.
Al divulgarse la voz sobre el estado de la gallina, salieron todas las alumnas del taller de costura de mi madre y rodearon a mi abuela, la cual sostenía a la gallina en sus brazos sin saber que partido tomar, aunque más bien era partidaria de rematarla con un suave y rápido corte en el cuello para que dejase de sufrir.

Entre las alumnas de mi madre había una muchachita, menuda y vivaracha, hija de labradores de A Magdanela (no sé si se escribe así en gallego) que, al escuchar las intenciones de mi abuela, se opuso rotundamente diciendo que ella se hacía cargo de la gallina.

Acto seguido pidió que se le proporcionasen: una aguja de coser más bien fina (o dos, por si había necesidad de reemplazo), una hoja de afeitar, unas tijeras bien afiladas, agua hirviendo para desinfectar el material —aunque, dada la urgencia del caso, era preferible prescindir de este requisito—, y un poco de hilo blanco. Tal vez hubiese pedido algún desinfectante, pero de eso no me acuerdo.

Con el material a punto, se sentó en una silla, se subió un poco la falda, sujetó las patas de la gallina con los muslos (más cómodo hubiese sido si la moda de vestir pantalones las mujeres estuviese implantada) y comenzó a abrir el buche con un corte más limpio que el del mejor cirujano —teniendo en cuenta que, dadas las prisas, no se encontraron hojas de afeitar— mientras una compañera de las más audaces le ayudaba a sujetar la gallina.

Abierto el buche, entre el arsenal de alimento acumulado, la improvisada cirujana se encontró con una aguja de respetable tamaño que atravesaba el esófago de la gallina hasta incrustarse probablemente en la molleja, dado el tamaño de la aguja y lo agarrada que estaba.

Una vez vaciado el buche y extraída la aguja, la operadora se aplicó a suturar la piel, labor que realizó con la pericia y meticulosidad propias del más avezado cirujano…

Pero entonces si que fueron necesarias varias manos para asir con fuerza al animal, porque, una vez liberado de lo que obstruía su aparato digestivo, trataba de zafarse, a picotazo limpio de las manos que la sujetaban.

A pesar de las protestas de la gallina, la cirujana acabó con éxito su labor. Prueba de ello es que, nada más desasirse de sus aprehensoras, salió rauda a reunirse con sus compañeras de corral, al tiempo que engullía todo lo que encontraba a su paso.

Como decimos en Galicia: «Está para outra».

3 comentarios en “Cirugía de urgencia

  1. Me encantan los dichos gallegos y, sobre todo, la facilidad que tienes para encontrar siempre el más apropiado. Impresionante la historia pero más impresionante todavía que haya ocurrido en realidad.

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  2. Lo inverosímil fue la reacción de la gallina, unos segundos antes moribunda, saliendo a la carrera a llenar de nuevo el buche. Pienso que la cirujana de ocasión, hubiese resultado una excelente veterinaria.
    Gracias por leer mis entradas antiguas. Me hace mucha ilusión. Un abrazo.

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